El debate sobre la subida de impuestos vuelve a centrar el debate político. Dejando a un lado los argumentos económicos y morales sobre una hipotética subida de impuestos, hay un hecho previo en el que pocos reparan y es el cuestionarse el por que de tanto gasto (funcionarios, agencias, y diferentes partidas de gasto que aumentan de forma sistemática de una año a otro). El déficit fiscal se puede corregir aumentando los ingresos (lo que no implica una subida de impuestos, sobretodo en una coyuntura recesiva como en la que estamos inmersos) o mediante un ajuste en los gastos. Esta segunda opción siempre acaba en un segundo plano del debate.

Hace ya unas semanas, en el programa Àgora de TV3, Ramón Tamámes, keynesiano y nada sospechoso de ser liberal, exigia displina con respecto al gasto y se hacía eco a su vez del comentario del profesor José Barea quién en una charla reclamo un ejercicio de presupuesto cero, es decir, elaborar los presupuestos partiendo de una hoja en blanco – y no aplicando un aumento porcentual con respecto a los presupuestos del año pasado -, justificando así la utilidad social de cada una de las diferentes partidas. Toda partida de gasto público representa un coste económico (pérdida de eficiencia) y un coste social (pérdida de bienestar) por lo que es importante ser conscientes de este coste para no incluir gratuitamente partidas de coste que no son necesarias.

El Cato Institute de Washington ha empezado una serie de articulos con el sugerente título de Donwsizing the Federal Government. Dichos articulos pretenden desgranar cada una de las partidas de gasto del presupuesto federal y analizar su utilidad o no teniendo en cuenta su coste en pérdida de bienestar (ya que cada partida de gasto se ha de sufragar via impuestos, es decir, dinero que los individuos dejan de poder gastar libremente para delegar su gasto en el funcionariado de turno).

Conclusión: antes de plantear cualquier subida de impuestos conviene reflexionar a fondo sobre la necesidad de dicho impuesto. Es importante ser conscientes del enorme coste económico y social que implica el gasto público en pérdidas de eficiencia y bienestar. Esto último implica un gran reto y es del redefinir el rol del gobierno en nuestras sociedades modernas.

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