El fin del petróleo (II): “La sala de los pistachos”

Un profesor de economía (Sam) ponía el siguiente ejemplo a sus alumnos de secundaria a propósito del fin del petróleo:

 (…) Existe una cantidad finita de petróleo en el planeta. Gastamos cantidades inmensas de petróleo todos los días. Evidentemente, un día se agotará, ¿O no?

Sam se calló y observó las caras que le miraban. ¿Contestaría alguien?

–         Bueno, parece que el petróleo se agotará – dijo Amy.

–         Amy, ¿te gustan los pistachos? – le pregunto Sam.

–         Pues… como a todo el mundo.

–         Imagínate que por tu cumpleaños te regalo una habitación llena de pistachos con cáscara. Es una habitación grande, tan grande como esta aula, digamos. Está llena de pistachos hasta la altura de metro y medio. Hay millones de pistachos. Feliz cumpleaños, Amy. Bienvenida a la sala de los pistachos. Son todos para ti. Cada vez que te apetezca, puedes entrar a coger cuantos quieras, gratis. Puedes invitar a tus amigos. Sólo tenéis que entrar y coger. Estás encantada, claro…

–         ¿Encantada?

–         Oh, bueno, bastante contenta. Ayúdame un poco – dijo Sam sonriendo -. Estás contenta porque te gustan los pistachos. Fuera de la sala de los pistachos, son muy caros. Y dentro, son gratis. Sólo hay una norma en la sala de los pistachos: al ir comiendo los pistachos hay que dejar las cáscaras en la misma habitación. No se pueden sacar. Al principio, no es problema. Los primeros días, o acaso semanas o meses, hay cantidad de pistachos. Pero a medida que van pasando los años, cada vez cuesta más encontrar un pistacho. Las cáscaras ocupan mucho sitio. Cuando entras con tus amigos tardáis horas, revolviendo entre las cáscaras vacías, para encontrar uno lleno. Tus amigos te dicen: “Vamos a dejar de hacer esto”. “¿Por qué? – les preguntas-. ¿Es que ya no os gustan los pistachos?”. ¿Y qué contestan tus amigos?

–         Pues que los pistachos ya no son gratis – dijo Amy.

–         ¡Exacto! – exclamó Sam triunfante -. Al cabo de un tiempo, sale más a cuenta pagar los pistachos en una tienda que pasarse horas buscándolos entre el montón de cáscaras vacías. El coste de los pistachos de la sala de los pistachos es demasiado elevado. Lo mismo pasa con el petróleo. Antes de que se extraiga la última gota de crudo, dejaremos de usar el petróleo y lo habremos substituido por otras fuentes de energía. Sería demasiado difícil encontrar nuevos yacimientos. O demasiado caro extraerlo (…)

Rusell Roberts, El corazón invisible (Antoni Bosch, 2001), pp. 5-6.

Con respecto al tema del petróleo, es ineludible mencionar el libro de Juan Rosell, presidente de Foment del Treball, sobre la materia: ¿Y depués del petróleo, qué? (Deusto, 2007). En el libro, Rosell nos da una perspectiva sobre el sector del petróleo, que podemos esperar de cara a futuro así como las alternativas energéticas de las que disponemos. Sin duda libro imprescindible para adquirir criterio con respecto al debate energético.

Para los que quieran profundizar en este tipo de temas hay una lectura iniciatica clave: The Ultimate Recource, del gran Julian Simon (el anti-Malthus).

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El fin del petróleo (I)

Andy Robinson (periodista que mejor no leer)) escribía ayer sobre el fin del petróleo en La Vanguardia. Dicho artículo se hacía eco de la enésima predicción sobre el fin de la era del petróleo. En efecto, desde que el club de Roma pronosticase que el petróleo se agotraía antes de llegar a 1990 en los 70s, con la primera crisis del petróleo, que cada año se revisan dichas predicciones sobre el fin del oro negro que parecen estar condenadas a no cumplirse nunca.

¿Por qué no se cumplen nunca estas predicciones (profecías)? En primer lugar, porqué el mundo es dinámico y cambiante. Si algo caracteriza a una sociedad capitalista es su rápida adaptabilidad: si el precio sube, es reflejo de escasez, hemos de consumir menos de ese bien, así disciplinamos nuestro comportamiento de forma eficiente y dinámica. De la misma manera, una subida en los precios es reflejo de una necesidad que no esta siendo cubierta de forma satisfactoria (si este sistema de precios no esta intervenido), es decir, se revela la existencia de una rentabilidad potencial para aquellos empresarios que sepan satisfacerla. Por eso, cuando la cotización del Brent se dispara, las reservas se multiplican de forma milagrosa. El motivo es simple, las empresas tienen mayores incentivos para buscar petróleo: muchas prospecciones que no son rentables cuando el barril de petróleo oscila entre los 40-50 dólares, sí lo son con el barril a 100 dólares.

Todas estas predicciones catastrofistas sobre el fin del petróleo, junto con los riesgos del cambio climático, tienen un objetivo último muy claro: la justificación de la intervención del Estado y su necesidad para corregir los presuntos fallos del mercado. Se arguye que el sistema capitalista alienta el consumo sin límite y de que las tasas de crecimiento son insostenibles. Sin embargo, paradójicamente, la solución al problema energético es justamente la contraria: más mercado, no menos. El sistema capitalista es el único capaz de asegurar una correcta asignación de los recursos, y disciplinar su uso (como decíamos antes, si el precio sube baja el consumo). Por otro lado, no resulta casual que los dos grandes desastres medioambientales de nuestro planeta hayan tenido lugar en países socialistas: la Unión Soviética y China.

Las nuevas predicciones sobre el fin del petróleo y su supuesto “peak” de producción no nos tienen que alarmar.  La edad de piedra no se acabo por falta de piedras, sino por la invención de una alternativa mejor. Lo mismo ocurrirá con el petróleo. Antes de que se consuma la última gota de petróleo, y si dejamos actuar a los mercados con normalidad, estaremos utilizando otras fuentes de energía mucho más eficientes y mejores que las actuales. Inventar cosas nuevas y mejorar el presente esta en nuestro ADN.

Cicerón

El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado.

Marco Tulio Cicerón, año 55 a.C. (*)

(*) Cita apócrifa (sino e vero e ben trovato). Cita que podría subscribir cualquier pensador moralista (Hume, Tocqueville, Balmes)

China y la crisis

El tema de cómo la crisis esta afectando a la economía China, y sobretodo, cuáles pueden ser sus efectos sobre las grandes políticas económicas en las que esta enbarcada China en la actualidad, es un gran misterio a día de hoy. El desconocimiento, la opacidad, y la complejidad de la propia sociedad china hacen todavía más complicado el análisis.

Stephen Roach, economista jefe para Asia de Morgan Stanley, se mostraba pesimista hace unos meses en su visita a Madrid a próposito del futuro de la economía de China. Roach señalaba los graves desequilibrios internos que acumula China como el origen del problema, desequilibrios que pueden dificultar el ajuste debilitando el potencial de crecimiento futuro de su economía.

Sin embargo, no es menos cierto afirmar que China cuenta con una situación más ventajosa para salir de la crisis. A diferencia de otras economías, como la española, China ha sufrido en mucho menor medida los efectos de la burbuja (esto es, graves distorsiones en la estructura productiva del país lo que posterga el crecimiento económico hasta que no se han depurado los errores cometidos durante la fase expansiva). Además, cuenta con una estructura más felxible que la mayoría de economías occidentales con lo que el ajuste puede ser mucho más rápido y a un menor coste (aunque esto, dicho sea de paso, tampoco es muy difícil).

En cualquier caso, la crisis ha puesto en tela de juicio los desequilibrios internos de la economía china (disparidad de rentas, sistema financiero opaco y poco eficiente, elevado % de empresas públicas, falta de un mercado interno sólido) y en mi opinión, y bajo la premisa de que los chinos son gente muy inteligente, este hecho ha de servir para acelerar las reformas pendientes (aunque acepto la visión pesimista de Roach).

Al respecto de todo esto, Ángel Martín en su blog Procesos de aprendizaje, comenta algunos de los elementos relevantes de la crisis del crédito en China y cómo puede la coyuntura actual afectar al crecimiento económico del gigante asiático (que por otro lado, sufre del descredito de la mayoría de análistas económicos, por ejemplo el de Eamon Javers corresponsal de Newsweek, por su falta de método, exceso control político y falta de transparencia).

Is China headed toward collapse?

Mises: The Man Who Predicted the Crisis

Artículo sobre Ludwig von Mises en el Wall Street Journal de Mark Spitznagel (The Man Who Predicted the Crisis). El artículo es un breve resumen de la teoría de los ciclos económicos que Mises expuso ya en 1912 con tan sólo 31 años (traducido al inglés en 1934: The Theory of Credit and Money ) donde argumentaba como un aumento del crédito sin respaldo de ahorro real (fiat money) distorsionaba de forma grave la estructura de producción, y era el orígen de las dinámicas auge-recesión de las economías.

Salamanca: cuna del pensamiento liberal

Cito la columna de Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana, en Actualidad Económica (23-29 de octubre) en donde explica de forma clara y sucinta los orígenes del pensamiento liberal, que no se encuentran en Escocia, como muchos sostienen, sino en Salamanca.

Por mucho que se repita lo contrario, Adam Smith no es el padre de la ciencia económica. Esta ciencia ya estaba bien desarrollada cuando el escocés lanzó su órdago contra el mercantilismo. La manía que tienen mucho esconomistas con la paternidad de Smith debería ser estudiada por los psicólogos. Los economistas, en cambio, deberían concentrarse en el estudio de cómo las ideas de la primera (¿y única?) escuela de economía española se abrieron camino hasta influir en pensadores tan importantes como Condillac, Galiani, Turgot o el propio Smith. El desconocimiento que reina en nuestro país sobre el origen español de las ideas económicas y del pensamiento liberal son buena muestra de lo que el dominio estatal sobre la educación ha logrado hacer a la enseñanza.

Los juriconsultos y teólogos españoles habían desarrollado un formidable nivel de coherencia en materia económica más de dos siglos antes de que a Smith se le ocurriera hablar de la mano invisible. La idea del orden espontáneo del libre mercado también puede encontrarse en los autores de la llamada Escuela de Salamanca, aunque sin mano que no se ve.

En efecto, la historia del pensamiento económico clásica empieza con Adam Smith, que publicó en 1776 La Riqueza de las Naciones, e ignora por completo toda una tradición de pensadores que durante el Siglo de Oro español, y siguiendo la tradición aristotélica de los primeros juristas romanos, sentaron las bases de la ciéncia económica moderna, desarrollando un sólido y completo marco conceptual que sentaría las bases del pensamiento liberal continental que ha llegado a nuestros días. Entre otros pensadores, Juan de Salas, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta, Luis de Molina, Diego de Covarrubias y Leyva, Tomás de Mercado, Luis Saravia de la Calle o Juan de Mariana entre otros.

Todos ellos teólogos y juristas; dominicos, agustinos o jesuitas en su mayoría; profesores de universidad y arzobispos; ministros del Rey y pensadores de referencia en su tiempo; desarollaron la ciéncia económica en multitud de ramas y matérias: teoría subjetiva del valor, precio justo, sobre la inflación y la alteración del dinero, equilibrio de las finanzas públicas, la ley natural y el derecho internacional, la separación de poderes y el rule of law, las bases de la democrácia o los derechos individuales.

El profesor Jesús Huerta de Soto en su página web tiene un fenomenal resumen sobre las aportaciones de la Escuela de Salamanca a la ciéncia económica en la sección “articles in english”, con el título de “Juan de Mariana”.

La soberanía del consumidor

En la economía capitalista los medios de producción son propiedad de particulares o asociaciones de particulares, como las sociedades mercantiles. Los propietarios usan los medios de producción directamente para producir, o bien los prestan, a cambio de una compensación, a otros que quieran producir esos bienes. (…)

A primera vista, parece que los empresarios deciden qué debe producirse y cómo realizarse la producción. Sin embargo, como no producen para sus propias necesidades sino para la de todos los miembros de la comunidad, tienen que vender lo producido en el mercado a los consumidores, es decir a aquellos individuos que desean usarlos y consumirlos. El empresario sólo tiene éxito y obtiene beneficios si sabe cómo producir de la forma mejor y más barata – es decir, con un mínimo empleo de material y mano de obra – los artículos que más urgentemente demandados por los consumidores. Por lo tanto, son los consumidores, no los empresarios, quienes determinan la dirección y el objetivo de la producción. Ellos son los amos, y los empresarios deben esforzarse, por su propio interés, en satisfacer los deseos de los consumidores de la mejor forma que puedan.

Se ha dicho que la economía de mercado es una democracia de consumidores, porque hace posible que las preferencias de los consumidores se expresen en un plebiscito celebrado día a día.

Ludwig von Mises, Crítica del intervencionismo. El mito de la tercera vía (Madrid: Unión Editorial, 2001), p. 247.