La soberanía del consumidor

En la economía capitalista los medios de producción son propiedad de particulares o asociaciones de particulares, como las sociedades mercantiles. Los propietarios usan los medios de producción directamente para producir, o bien los prestan, a cambio de una compensación, a otros que quieran producir esos bienes. (…)

A primera vista, parece que los empresarios deciden qué debe producirse y cómo realizarse la producción. Sin embargo, como no producen para sus propias necesidades sino para la de todos los miembros de la comunidad, tienen que vender lo producido en el mercado a los consumidores, es decir a aquellos individuos que desean usarlos y consumirlos. El empresario sólo tiene éxito y obtiene beneficios si sabe cómo producir de la forma mejor y más barata – es decir, con un mínimo empleo de material y mano de obra – los artículos que más urgentemente demandados por los consumidores. Por lo tanto, son los consumidores, no los empresarios, quienes determinan la dirección y el objetivo de la producción. Ellos son los amos, y los empresarios deben esforzarse, por su propio interés, en satisfacer los deseos de los consumidores de la mejor forma que puedan.

Se ha dicho que la economía de mercado es una democracia de consumidores, porque hace posible que las preferencias de los consumidores se expresen en un plebiscito celebrado día a día.

Ludwig von Mises, Crítica del intervencionismo. El mito de la tercera vía (Madrid: Unión Editorial, 2001), p. 247.

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