Monthly Archives: February 2010

Lecciones de la Gran Depresión

De un tiempo a esta parte, numerosos analistas han realizado mil y un análisis sobre las diferencias y similitudes de nuestra crisis actual con la Gran Depresión que caracterizó los años 30 del pasado siglo. Sin embargo, muchos de estos análisis, no todos, adolecen de graves errores conceptuales cuya influencia en nuestra particular crisis pueden ser demoledores.

Durante años, la vulgata oficial culpaba al capitalismo liberal como origen de la Gran Depresión. El discurso rezaba que Hebert H Hoover, republicano, habría respondido al crac bursátil de 1929 con las fuerzas del mercado y el equilibrio presupuestario para devolver el crecimiento económico. Esto no tuvo efectos, y sólo la determinación de Franklin D Roosevelt desde 1933, bajo el prisma keynesiano, y pese que ganó las elecciones prometiendo bajadas de impuestos, hizo posible la recuperación de la economía americana. Esta tesis, es la comúnmente aceptada. Sin ir más lejos, el pasado domingo en La Vanguardia, Xavier Batalla (que es tanto lo que sabe de Irán, como lo que ignora de economía) caracterizaba a Roosevelt como el salvador de la economía americana y “reinventor” del capitalismo.

Sin embargo, esto no es cierto. Para empezar, Hoover fue un gran socialista (Bernaldo de Quirós señala como para Benjamín Anderson, a la sazón economista jefe del Chase Manhattan Bank, Hoover fué el fundador del New Deal) que se embarcó en enormes planes de intervención y planificación para hacer frente a la crisis sin precedentes en la historia: fijación de salarios en niveles incompatibles con el empleo, subsidios masivos a empresas en dificultades, aumento del gasto público, inversión en obra pública. Resultado: postergación de la crisis, dejando a EE.UU. en una situación de depresión extrema con una tasa de paro del 25 por 100.

Este plan de intervención de corte keynesiano para salir de la crisis se acentuó con la llegada de Roosevelt a la Casa Blanca en 1933. En efecto, la nueva administración demócrata aprobó la National Recovery Act que inundó de regulaciones los mercados, limitó la competencia en muchos ámbitos, y sobretodo impulso numerosas medidas que distorsionaron enormemente la estructura de precios en la economía. Estas distorsiones afectaron el funcionamiento de los mercados postergando el inevitable ajuste, y condenando la economía de Estados Unidos a un largo letargo del que no salió hasta los comienzos de los años 40. Como señala Lorenzo Bernaldo de Quirós, Roosevelt y su New Deal consiguió “una depresión dentro de una depresión”. No en vano, la tasa de paro en EE.UU. no bajo del 14 por cien hasta 1941. Como siempre, los datos son muy testaduros con los mitos (se pueden consultar en el Bureau of Economic Analysis).

El corolario de todo esto es muy simple: los macroproyectos de gasto públicos impulsados desde el prisma del New Deal no ejercieron ningún estímulo a la economía sino más bien todo lo contrario. En efecto, las subidas impositivas posteriores para financiar tan ingente cantidad de gasto público tuvieron un efecto perverso sobre la inversión privada deprimiendo aún más la economía estadounidense. Los abultados déficits no sacaron a ningún país de la crisis. Así pues, la Gran Depresión fue un producto directo del intervencionismo más radical en la esfera monetaria primero, y fiscal después.

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La sobrevaloración del consenso

La semana pasada, en el Parlamento, el debate entre Rodríguez Zapatero y Rajoy se centro en la necesidad de llegar a un acuerdo sobre las medidas adoptar para afrontar la crisis. Esa misma semana, la Corona había hecho un llamamiento a las fuerzas políticas en esa línea que había sido recogida con mucha habilidad por la bandada socialista, con Leire Pajín a la cabeza. También por Duran-Lleida, uno de los que sale reforzado tras el debate. De esta forma, Zapatero constituía una Comisión para analizar las medidas para abordar la crisis y llegar a un consenso con el tándem SalgadoSebastián a la cabeza.

Sin embargo, el toque de atención que nos dieron los mercados a principios de febrero (ver El riesgo país de la economía española) no fue, precisamente, por falta de consenso, diálogo o talante, que dice nuestro Presidente, sino por una falta de proyecto. La obsesión por adoptar un consenso, que ha llegado ya al debate de las pensiones (basta ver los periódicos de hoy), es pensarse que el consenso es la solución. Y eso es falso. España es un enfermo que necesita cuidados intensivos. Y el alcohol normalmente escuece. Si el consenso ha de servir para postergar lo inevitable, esto es las reformas que tenemos pendientes, lo único para lo que servirá es para edulcorar lo que queda de legislatura a Zapatero, pero para nada más.

Ahora necesitamos liderazgo y propuestas resolutivas encaminadas a cortar la hemorragia de gasto público y empezar las reformas estructurales que necesita nuestra economía con carácter de urgencia (laboral, pensiones, educación, fiscal, administrativa). Sin duda, el temporal es mala época para hacer reformas, pero ese es el coste que hay que asumir cuando uno gobierna el país en base a los índices de popularidad y no marcando una agenda con los asuntos que realmente importan, aunque sean costosos políticamente en el corto plazo.

Al igual que un capitán de barco no somete a votación sus decisiones en medio de la tempestad, la cobardía de Zapatero no puede camuflarse con un falso consenso con políticas aguadas. Además, eso es justo lo que no necesitamos: más bandazos y más políticas erráticas que no son ni blanco ni negro. La semana pasada, Antonio Maqueda en el editorial de elEconomista, señalaba como Napoleón cuando no le interesaba aprobar una ley constituía una comisión. Señor Presidente: tiene mayoría en el Congreso y margen para gobernar de manera resolutiva. Tome decisiones sin miedo y gobierne. Si algo no nos gusta ya se lo diremos en las urnas.

Salarios y productividad

En un reciente articulo en el The Economist, se volvía a poner el dedo en la llaga por enésima vez en las debilidades de la economía española haciendo leña del árbol caído. El semanario británico advertía que España concentra en una misma economía todos los males que limitan el crecimiento en la eurozona: arrastramos un importante pasivo bancario (sobretodo las familias) al igual que Irlanda; tenemos importantes rigideces a la hora de determinar los salarios como en Grecia o Portugal; además, estos aumentos no van ligados a los aumentos de la productividad, como también pasa en Italia. Como miembro de la Unión Monetaria, acaba el párrafo del The Economist, todos estos problemas de pérdida de competitividad con respecto a otros países de la zona Euro no se pueden atajar devaluando la divisa.

¿Qué hay de cierto y qué de exagerado? La parte mala esta clara: España debe de modificar sustancialmente su marco institucional, sobretodo su mercado de trabajo, para dejar de perder competitividad con otros países de la eurozona con los que competimos. Según datos de la OCDE, en España la productividad por trabajador durante los 10 primeros años de Euro aumento en promedio un 0,2% anual. Para el mismo periodo, el aumento de los salarios se ha disparado (en parte por la exuberancia irracional orquestrada por los Bancos Centrales). Tanto es así, que para 2011-12 se esperan subidas salariales entorno al 1-2,5%. Este bajo crecimiento de nuestra productividad se explica por la importancia que tienen sectores poco productivos en nuestra economía como son el turismo y la construcción.

En cualquier caso, esta tendencia es suicida e insostenible. Si queremos ser ricos, esta riqueza se tiene generar en el mercado y de forma paulatina. Los salarios altos no pueden ser el resultado de la sobreprotección de los sindicatos, o de la voluntad política de uno u otro gobierno. Simplemente porque a la larga estos “altos” salarios se convierten en más paro al no ser productivos. El camino es a la inversa. Hemos de modificar nuestro marco institucional para favorecer el ahorro y la acumulación de capital, facilitar la creación de nuevas empresas y la regeneración de nuestro tejido industrial y empresarial. Sólo así conseguiremos acumular más capital, poder invertir en estructuras de producción más complejas, más productivas, más competitivas con respecto a otros países y así, a la postre, poder subir salarios (resultado directo de ser más productivos, más ricos).

El endeudamiento de España

En agosto de 2007, estalla la crisis financiera con claridad y la depresión económica se empezó hacer notar en España. Esta contracción del crecimiento se intentó frenar con políticas de demanda (aumento del gasto público o políticas keynesianas), en vez de intentar mejorar el marco institucional, soporte del tejido productivo, o políticas económicas por el lado de la oferta, que dicen los académicos. El ciclo expansivo ha estado financiado principalmente con el endeudamiento de las familias, que ha día de hoy todavía arrastran un importante pasivo hipotecario. A partir de finales de 2007, este crecimiento, o menor decrecimiento, ha venido alimentado por el endeudamiento de las administraciones públicas, con el consiguiente debilitamiento de sus finanzas (déficit del 11,4% a día de hoy, y en aumento). En resumen, todos endeudados o muy endeudados, y la casa por barrer.

Tanto es así, que según diversos estudios y noticias, recogidos por el profesor Juan Velarde, situan el pasivo medio por español en 87.000 EUR (200.000 EUR por familia). En 2008, el endeudamiento de las familias era del 85%, el de las empresas no financieras un 136%, de las empresas financieras un 75%, y de las administraciones públicas un 47%. En conjunto, estamos hablando de un endeudamiento total de más del 300% del PIB – bastante más que el endeudamiento de Grecia, por ejemplo. Además tenemos 4,5 millones de parados (tasa del 20%) y un sistema crediticio frágil. Puesto en perspectiva, no parece tan extraño que los mercados financieros se muestren preocupados con respecto a nuestra economía en su conjunto y su capacidad de hacer frente a este endeudamiento.

Por eso urge reformar el mercado de trabajo (descentralizar la negociación colectiva), simplificar trámites administrativos, reducir el número de funcionarios, reducir cotizaciones sociales, mejorar la competitividad de sectores clave (energía, telecomunicaciones, transporte, navegación), y bajar y reducir la complejidad de impuestos y tasas a PYMES y clases medias-altas. En otras palabras, mejorar nuestro marco institucional, hacerlo más competitivo. Y por supuesto, cortar la espiral de gasto público en la que estamos metidos si queremos hacer frente con solvencia a nuestro pasivo bancario.

Carta resposta a Enric Vila

Estimat Enric,

Moltes gràcies per la teva carta i les teves paraules. Gran regal d’aniversari. Dit això, al tema que ens ocupa.

La teva carta identifica la nostra gran discrepància: la necessitat, o no, de tindre un Estat propi, un exèrcit, per poder competir en igualtat de condicions, i poder defensar el que és nostre. Em dius, i segurament amb raó, que en el món en el que ens ha tocat viure, el concepte de marc institucional va estrictament lligat a la existència d’un Estat. Bé. Però no ens confonguem. Les institucions son prèvies a la irrupció del Estat. Carl Menger, austríac de pàtria i d’escola de pensament, ho explicava molt bé: el mercat per funcionar necessita d’un marc que li doni suport, d’unes institucions que li permetin funcionar, i aquestes surten de manera espontània sense la necessitat de cap estat: la llengua, el dret, l’ètica, la moral, la importància de la família, el matrimoni, el respecte als contractes, o la propietat privada, no les va inventar ningú, sinó que és a través del temps, de generacions i generacions, que s’estableixen unes pautes de comportament considerades com les mes idònies, que incorporen enormes quantitats de coneixement, i que en diem institucions. El gran jurista romà Cato, per exemple, ja n’era plenament conscient d’aquesta idea. Si alguna cosa, crec jo,  caracteritzarà el segle XX d’aquí uns quants segles serà, precisament, el despreci aquesta idea i l’obsessió constructivista dels Estats durant els últims anys.

Dit això, i per no perdre el fil del tema que ens ocupa, que no és pas baladí, et diré que per mi el problema no és que Catalunya no tingui un “Estat” propi. El problema es que Madrid en té massa. En aquest context, el que ens cal és més intel·ligència, com molts cops has dit tu parlant de Companys o Pla. El quid de la qüestió és com desmantellem els antics “Estats-nació” de forma eficient, no com en fem de nous. Per mi la clau rau en no replicar aquest model caduc d’Estat, que pretén fer-se amb el monopoli de la identitat col·lectiva, entre d’altres monopolis que la idea d’Estat inevitablement implica. Això no només ho dic jo, ho insinua amb altres paraules Amin Maalouf (que ara esta tan de moda; Les identitats que maten) o el premi Nobel d’Economia Amartya Sen (Identitat i violència). El conflicte no és tant per la falta d’un Estat propi, sinó per la manca de llibertat. Per exemple, el tema no és si l’educació té que ser en català o en castellà, el tema és que els pares tindrien que poder triar ells en llibertat. I poder triar l’anglès si fes falta. I les llengües i cultures tindrien que competir entre elles, aquesta paraula que tan poc ens agrada. La gent té que tenir el dret de gastar els seus diners en allò que per ell és més valuós. Per mi el català ho és. I no crec que haguem de patir per això.

Tu molts cops em parles de la batalla per les engrunes. Jo et dic, que no es tema de grandària. I menys en el paradigma global que ens ha tocat viure – ja em parlat altres cops d’això amb Ohmae, Florida o Tremosa damunt la taula. En alguna altre ocasió, ja he explicat com el benestar i la riquesa en el futur estarà determinada per la nostra capacitat d’innovar (Adaptar-se per innovar). De fer coses noves per competir en els mercats globals. Per això no ens cal un Estat propi. Ens cal més llibertat. Llibertat perquè el nostre teixit industrial i empresarial, el nostre principal actiu, no mori i ans al contrari, es pugui reinventar i créixer. I això no ho pot decidir ni impulsar cap Estat, ni Parlament, ni cap govern. És un “model” que estar per ser descobert per el nostre exèrcit d’empresaris que en el nou marc de llibertat buscarien noves formes de satisfer necessitats humanes, que ni tan sols ara podem arribar a imaginar. És per això que insisteixo: l’única arma que tenim per afavorir això, l’única batalla en la qual val la pena invertir energies, és la batalla per la llibertat. Una altre cop, per guanyar credibilitat, et diré que això tampoc ho dic jo, ja ho deia al 1776 Adam Smith (La riquesa de les nacions; Economía sostenible). Tot això, ho resumia, arrel del teu excel·lent llibre sobre Josep Pla, en un article titulat de forma prou ilustrativa: “Catalunya no necessita un Estat per ser lliure”.

El problema d’Espanya és Madrid. Vivim en un món en xarxa que té que combinar la globalitat amb la localitat, i sembla que a Madrid encara no s’hagin enterat. I quan dic Madrid, em refereixo al món corporatiu–polític–administratiu – o plutocràcia – de la capital. És un model caduc i contra més temps hi estem lligats pitjor. Potser et sonara estrany, però per a mi, hi ha més similituds entre una persona de Burgos, o Vigo, o Logroño, i una de Barcelona que amb una de Madrid. A més, que com deixes entreveure tu mateix en la teva carta, aquest canvi de paradigma, aniria també en benefici del propi Madrid (malgrat es tindria que posar les piles!, igual que altres regions d’Espanya que històricament han viscut subvencionades). És per això, que el que no podem fer es caure en la trampa de replicar aquest “model” a Barcelona i Catalunya. Hi ha solucions molt millors.

En la teva carta, de forma molt clara, expliques com els anglesos s’han adormit i el que tu els hi reclames és més competència. Que competeixin en marc institucional amb els escocesos i així, evitaran tornar-se a quedar enrere. A Espanya es pot aplicar la mateixa formula. El meu resum en titulars ja l’he dit alguna altre vegada: “deixeu-nos competir”. I no només a nivell Espanya, sinó a nivell Europa. A nivell món. Un Estat que ens “protegeixis” el que és nostre, ens acostumaria a tots a viure a través d’aquest Estat, que deia Bastiat. I aquest risc te tans anys com la nostre civilització. Ciceró, en un dels seus episodis més clarividents, deia: “El pressupost ha d’equilibrar-se, el Tresor ha de ser reaprovisionat, el deute públic ha de ser disminuït, l’arrogància dels funcionaris públics ha de ser moderada i controlada, i l’ajuda a d’altres països ha de ser eliminada perquè Roma no faci fallida. La gent ha d’aprendre novament a treballar, en lloc de viure a costa de l’Estat.” (cita que sino è vero è ben trovatto). Insisteixo, el que ens cal és més llibertat.

Deixant de banda un moment la qüestió cabdal, estic d’acord amb tu que les semblances amb Grècia, Portugal o Hongria són anecdòtiques, malgrat el camí recorregut és semblant: “easy money”, apalancament financer, bombolla actius/ pujada salaris, inflació, contracció política monetària, punxada de la bombolla, recessió, debilitament de les finances públiques, crisi pressupostaria. No m’atreviria a dir que Espanya està com el Regne Unit, jo crec que estem millor. Hi podríem estar encara molt millor si fóssim valents, triéssim líders valents, i no ens fes por canviar les coses i deixar aquesta falsa il·lusió de viure a costa del Estat. Però això ho deixo per un altre dia.

Hi ha més qüestions que em venen al cap de forma més o menys ordenada, però no acabaré mai la carta i els nostres lectors no en tenen la culpa. Ens veiem al Zanzibar.

Luis

L’Acció Humana. Tractat d’economia

No hay manera de evitar un colapso final de un boom generado por la expansión del crédito. La alternativa es únicamente si la crisis sucede de forma más temprana como resultado de un abandono voluntario del proceso de expansión crediticia, o más tarde de forma catastrófica con el colapso total del sistema.

Ludwig von Mises

Properament, per iniciativa del Instititut von Mises, sortirà la primera edició en català de la que segurament sigui una de les obres més influents en el pensament econòmic, polític i social de tots els temps: L’Acció Humana de Ludwig von Mises.

“Aquesta obra hauria de estar a la biblioteca de cada persona que pensa”. Wall Street Journal

Notas sobre el riesgo país de la economía española

A raíz de mi artículo sobre el riesgo país de la economía española me han llegado algunas cuestiones interesantes al respecto que me dispongo a intentar contestar a continuación:

1) ¿Es tan dramática la situación de España? ¿Somos el cáncer de Europa?

Si hacemos la foto, y cogemos el Balance de “España S.A.”, las cifras son más alentadoras que las de otros países de nuestro entorno. En efecto, la mayoría de países de la Unión están más endeudados que nosotros. Sin embargo, cuando algún país se enfrenta a una crisis de deuda, lo verdaderamente relevante no es su nivel de endeudamiento, sino su capacidad de pago.

Una crisis de deuda o presupuestaria, hace referencia a una pérdida de credibilidad con respecto a la capacidad de pago del deudor. En este caso España. Como estamos hablando de una economía, el dato clave es la capacidad de crecer, PIB, en el largo plazo. Esta es la variable que ahora mismo esta en entredicho porque los inversores ven a España en un callejón sin salida y sin perspectivas de que se afronten políticas económicas que permitan enderezar esta situación y generar nuevamente crecimiento económico sostenido.

Sin embargo, existen motivos para la esperanza. En mi opinión, España cuenta con los activos necesarios para superar la actual coyuntura de crisis, lo que no nos podemos permitir (como hacía mención en mi articulo) son más salidas en falso.

2) ¿Nos pueden echar del Euro? ¿Qué pasaría?

La Unión Monetaria establece unas normas relativamente estrictas con respecto a la entrada y salida de miembros de la Unión. Además que una eventual salida del Euro por parte de España, o de otros países en peor situación como Grecia, seria desastrosa para la economía (aumento exponencial del riesgo país por las consiguientes devaluaciones). Es por eso, que lo considero un escenario impensable.

Después de una crisis bancaria viene una crisis de deuda. Históricamente, los países, incluida España en diversos momentos, han procedido a devaluar sus divisas. Esta devaluación con respecto a las otras divisas se traducía en una mejora de la competitividad que permitía corregir los desequilibrios internos a costa, eso sí, del empobrecimiento de la población local (mejoras de la competitividad vía “precio”). De esta manera, los gobiernos podían afrontar crisis presupuestarias y de modelo, sin necesidad de acometer las necesarias reformas estructurales en el país (que normalmente tienen un elevado coste social). En este sentido: ¡bendito sea el Euro! Que obligará a nuestros políticos hacer los deberes a la hora de afrontar crisis económicas.

3) ¿Qué es el riesgo país?

Toda inversión tiene dos elementos clave: retorno y riesgo. A mayor riesgo percibido por parte del inversor, mayor será el retorno que exija este para prestar los fondos. Los países, como las empresas, pueden endeudarse para financiar sus políticas económicas y sociales. Para esto, acuden a los mercados internacionales en donde los inversores evalúan el riesgo de estas inversiones, y en función de este riesgo exigen un mayor o menor retorno.

Los gobiernos emiten Bonos (títulos de deuda) que son subscritos por los inversores. En el caso de España estos bonos se llaman Letras del Tesoro. Dependiendo del país, y del riesgo que perciban los inversores pedirán más o menos retorno a esta inversión para prestar estos fondos. Alemania, por ejemplo, para financiar su gasto público tiene que pagar relativamente un interés bajo en comparación con otros países. Decimos que los bonos alemanes son una inversión sin riesgo, ya que los inversores apenas tienen dudas sobre la solvencia del Gobierno alemán. No podemos decir lo mismo de los Bonos que emite Portugal, por los que los inversores internacionales reclaman un tipo de interés mayor.

Este riesgo país, se refleja en el diferencial de tipo de interés que tiene que pagar un bono de deuda pública de cualquier país con respecto a un valor de referencia, normalmente un bono de deuda alemán. Si el diferencial, o spread es alto, los inversores perciben un relativamente alto riesgo país.

La jornada del jueves pasado, reflejó un aumento de la percepción de riesgo de España con respecto a su deuda soberana que tuvo su síntoma más claro en el diferencial de tipos de su deuda con respecto a los Bonos del Tesoro alemán, y en la Bolsa (que es un indicador anticipado de los mercados). Esta pérdida de credibilidad podrá estar más o menos justificada. En cualquier caso, ha de servir de toque de atención para empezar a ser resolutivos con respecto a las reformas que tenemos pendientes (educación, fiscal, laboral, administrativa).

4) ¿Qué podemos hacer los jóvenes al respecto para mejorar la situación?

En mi opinión dos cosas. Primero, formarnos, leer mucho, tener criterio con respecto a estos temas, y defenderlo con honestidad y valentía. Segundo, intentar hacer nuestro trabajo, el que sea, lo mejor que podamos intentando mejorar cada día.

5) ¿Es casualidad que cuando las cosas van mal en economía gobierne el PSOE? ¿El PP lo haría mejor?

Como dije, y reitero mi opinión, el gobierno del PSOE no ha hecho los deberes, que en este caso básicamente consistía en liderar a la sociedad en su conjunto a emprender las reformas necesarias (otro día hablaré de cuales son y como deberían abordarse) para evitar precisamente la situación en la que nos encontramos ahora. Dicho esto, no es seguro que el PP lo hubiese gestionado mejor. Quizás peor es difícil, pero en la oposición tampoco ha sabido articular un discurso claro de alternativa a la inactividad del gobierno. No creo que Campa, actual Secretario de Estado de Economía, sea mejor o peor que Luis de Guindos, Secretario con Rato. Sin embargo, si que es verdad que el ejecutivo socialista se ha dormido en los laureles y ha marcado una agenda de gobierno fantasiosa en la que no se han abordado las prioridades que realmente tenía el país. La idea que quiero transmitir, es que el problema no es el partido que gobierne, sino de que realmente exista un liderazgo con ideas claras.

6) ¿Qué es una devaluación?

Una devaluación es una bajada del valor de una divisa con respecto a otra. En suma, una devaluación de una divisa hace que las cosas de fuera (que los economistas llaman exportaciones) sean comparativamente mas caras. Esta subida relativa en el precio de las “mercancías” de fuera con respecto las “cosas” producidas localmente, hace que disminuya el consumo de las primeras en comparación con las segundas.

El saldo de la diferencia entre lo que un país vende fuera (exportaciones) y lo que compra al exterior (importaciones) es la Balanza Comercial. La teoría dice que en el largo plazo, esta balanza tiene que estar más o menos equilibrada, ya que un superávit en alguno de los dos sentidos no es sostenible.

España ha ido perdiendo competitividad estos últimos años. Esto quiere decir, que los productos de las empresas españolas eran comparativamente más caros (o peores) que los del exterior (ya sean importaciones de bajo valor añadido de China, o coches alemanes). En otras palabras, lo que se fábrica en España al precio que se fábrica es difícilmente vendible fuera (pérdida generalizada de competitividad). Este hecho se ha visto reflejado, entre otros indicadores, en el aumento del déficit comercial.

Este déficit se tiene que financiar de alguna manera. En el corto-medio plazo, pidiendo financiación en el exterior, pero esta dinámica (que también han tenido otros países) tiene un límite. En su momento, una devaluación de la peseta nos empobrecía a todos pero corregiría levemente este desajuste ganando competitividad vía precio. Seriamos más “pobres” pero también más baratos (tipo China). Era como volver atrás, pero esto permitía al político de turno (por ejemplo, Solchaga o Boyer), afrontar este tipo de crisis sin abrir el melón de las reformas estructurales que siempre conllevan un importante desgaste político al partido que esta en el gobierno.

Con el Euro, esta salida en falso ha dejado de estar encima de la mesa. Ahora sólo cabe esperar que nuestros líderes asuman sus responsabilidades y pongan el hilo a la aguja.