Lecciones de la Gran Depresión

De un tiempo a esta parte, numerosos analistas han realizado mil y un análisis sobre las diferencias y similitudes de nuestra crisis actual con la Gran Depresión que caracterizó los años 30 del pasado siglo. Sin embargo, muchos de estos análisis, no todos, adolecen de graves errores conceptuales cuya influencia en nuestra particular crisis pueden ser demoledores.

Durante años, la vulgata oficial culpaba al capitalismo liberal como origen de la Gran Depresión. El discurso rezaba que Hebert H Hoover, republicano, habría respondido al crac bursátil de 1929 con las fuerzas del mercado y el equilibrio presupuestario para devolver el crecimiento económico. Esto no tuvo efectos, y sólo la determinación de Franklin D Roosevelt desde 1933, bajo el prisma keynesiano, y pese que ganó las elecciones prometiendo bajadas de impuestos, hizo posible la recuperación de la economía americana. Esta tesis, es la comúnmente aceptada. Sin ir más lejos, el pasado domingo en La Vanguardia, Xavier Batalla (que es tanto lo que sabe de Irán, como lo que ignora de economía) caracterizaba a Roosevelt como el salvador de la economía americana y “reinventor” del capitalismo.

Sin embargo, esto no es cierto. Para empezar, Hoover fue un gran socialista (Bernaldo de Quirós señala como para Benjamín Anderson, a la sazón economista jefe del Chase Manhattan Bank, Hoover fué el fundador del New Deal) que se embarcó en enormes planes de intervención y planificación para hacer frente a la crisis sin precedentes en la historia: fijación de salarios en niveles incompatibles con el empleo, subsidios masivos a empresas en dificultades, aumento del gasto público, inversión en obra pública. Resultado: postergación de la crisis, dejando a EE.UU. en una situación de depresión extrema con una tasa de paro del 25 por 100.

Este plan de intervención de corte keynesiano para salir de la crisis se acentuó con la llegada de Roosevelt a la Casa Blanca en 1933. En efecto, la nueva administración demócrata aprobó la National Recovery Act que inundó de regulaciones los mercados, limitó la competencia en muchos ámbitos, y sobretodo impulso numerosas medidas que distorsionaron enormemente la estructura de precios en la economía. Estas distorsiones afectaron el funcionamiento de los mercados postergando el inevitable ajuste, y condenando la economía de Estados Unidos a un largo letargo del que no salió hasta los comienzos de los años 40. Como señala Lorenzo Bernaldo de Quirós, Roosevelt y su New Deal consiguió “una depresión dentro de una depresión”. No en vano, la tasa de paro en EE.UU. no bajo del 14 por cien hasta 1941. Como siempre, los datos son muy testaduros con los mitos (se pueden consultar en el Bureau of Economic Analysis).

El corolario de todo esto es muy simple: los macroproyectos de gasto públicos impulsados desde el prisma del New Deal no ejercieron ningún estímulo a la economía sino más bien todo lo contrario. En efecto, las subidas impositivas posteriores para financiar tan ingente cantidad de gasto público tuvieron un efecto perverso sobre la inversión privada deprimiendo aún más la economía estadounidense. Los abultados déficits no sacaron a ningún país de la crisis. Así pues, la Gran Depresión fue un producto directo del intervencionismo más radical en la esfera monetaria primero, y fiscal después.

7 Responses to Lecciones de la Gran Depresión

  1. El análisis que hace Murray Rothbard de la crisis del 29, como siempre, intachable.

    • luistorras says:

      Gracias por el comment Jordi! Si te gusto el libro de Rothbard, no dejes de ojear el de Charles Kindleberger, The World in Recession 1929-1939. Otra de las obras definitivas que ilustran muy bien el carácter ciclico de la historia y como Paulson, Gaithner, Obama, Romer y compañía… estan repitiendo muchos de los errores que cometieron las administraciones de Hoover y Roosevelt por no comprender el funcionamiento de los mercados financieros. Muy interesante.

  2. Angel Martin says:

    No puedo resistirme a ponerte un artículo que publiqué sobre el tema en LD, que se titula precisamente como tu post: http://www.libertaddigital.com/opinion/autores-invitados/la-gran-depresion-48058/

    Creo que hay un punto en el que puede que simplifiquemos un poco. Y es el decir que Hoover o Roosevelt actuaron “bajo el prisma keynesiano”. Keynes publicó su obra en 1936, bastante después de que se respondiera de corte intervencionista a la crisis. Además, no todas las medidas que se aplicaron fueron necesariamente de corte keynesiano, como los incrementos de regulaciones, intervenciones en salarios (esto no lo tengo muy claro). Otros autores señalan que Roosevelt actuó más improvisadamente que otra cosa. Y luego vio en Keynes cierto apoyadero teórico.

    A toda esta historia también hay que agregarle el tema de la REGIME UNCERTAINTY de Robert Higgs.

    Creo que utilizaré tu post para un art. posterior en LD😉

  3. luistorras says:

    Sin duda. Muchas veces nombramos eventos del pasado en base a sucesos que acontecieron después. No en vano, no se habla de modelo keynesiano hasta que el premio Nobel John Hicks lo formaliza con su famoso modelo IS-LM (que ignora por completo la función del ahorro y del tiempo en la economía).

    Sin embargo, a principios de los años 30, Keynes ya había empezado a publicar articulos hablando de las bondades de un Estado fuerte que en determinados momentos pudiera intervenir en la economía de manera efectiva (aunque durante esos años, su obra se centro sobretodo en el análisis del sistema monetario).

    Tengo pendiente la lectura de la biografía de Keynes para comprender mejor el personaje y su tiempo😉

    Felicidades por tu articulo en LD. Como siempre súper completo! Una clase de economía en toda regla. A las fuentes que citas, únicamente añadiría el completo estudio de Charles P. Kindleberger, The World in Depression 1929-1939. Hace poco que lo han reeditado en su edición al castellano. Muy bueno, aunque a ratos muy denso por el detalle de las explicaciones de Kindleberger con respecto a las leyes que se aprobaron en su momento y sus nefastas consecuencias para la economía.

    Un abrazo!🙂

  4. blaufosc says:

    Interesantes ambos artículos, sin duda. Vengan de donde vengan, las ideas fundamentadas siempre son bienvenidas. Pero uno, en su ignorancia, se pregunta si los sistemas teóricos resisten la prueba de su humanización. El papel lo aguanta todo pero la realidad puede con todo: sobre el papel el libre mercado es impecable, como puede serlo el comunismo o el mismo estado social. Pero luego resulta que los “sistemas” deben gobernarlos seres humanos y aquí es donde todo sistema teóricamente impecable se va, hablando en plata, a hacer puñetas.

    El mercado libre puro y duro no funciona, por injusto. El comunismo integral no funciona, por inoperante. El estado social… bueno, creo que es la solución menos mala. Creo que es cuestión de equilibrio. Tan dañino es un modelo donde la redistribución es realment deficiente como otro donde la excesiva protección crea auténticas rémoras para el sistema.

    Podermos ponerle la etiqueta que queramos. Podemos trazar sobre el papel lo que nos plazca. Pero lo cierto es que, cuando a la gente se le toca mucho las narices, salta. Y salta mal. Miles de años de historia hablan claro, pero con los últimos 250 años de historia occidental deberiamos haberlo aprendido.

    • luistorras says:

      Blaufosc,

      Muy interesante la reflexión que propones. Históricamente parece que exista este supuesto trade off entre, digamos, resultado económico y resultado social en el sistema capitalista. Sin embargo, este trade off es muy falacioso en tanto en cuanto el sistema capitalista funciona sobre la base de que se ajusta a la propia naturaleza del hombre.

      Los filósofos hace tiempo que elucubrarón sobre la idea fundamental de que el hombre es esencialmente un animal libre. Y en su régimen de libertad, el hombre a ido desarrollando de forma espontánea unas pautas de comportamiento para protegerse y hacer avanzar su civilización: las instituciones. De entre estas, destacamos la familia, sin duda, el lenguaje, el dinero (que permite el intercambio), la ética, la propiedad privada, el respeto a la palabra dada, los contratos, la personalidad jurídica, el derecho, etc. Es por eso que decimos que nadie se inventó el sistema capitalista, este surge de manera espóntanea cuando el hombre actúa en un régimen de libertad.

      Sin embargo, cuando este marco institucional que surge de manera espontánea a través de los años (generaciones) es agredido de forma discrecional por la regulación de los diferentes burócratas, intervencionistas y socialistas de todos los partidos, empiezan las descordinaciones y los problemas. Sinó haz una prueba: allí donde el grado de intervención en los mercados en mayor, hay una mayor conflicitividad laboral y una mayor concentración de industrias. En los mercados que son más abiertos y más libres, la conflictividad laboral es baja y el poder de las empresas está más repartido.

      Es un tema complejo que requeriría diversos post. Los primeros juristas romanos, como Cato, ya erán consicentes de esta idea. Prometo alguna cita relevante al respecto para clarificar este punto.

      Muchas gracias por tus comments!

      Un saludo,

  5. […] hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa (Winston Churchill dixit; ver post sobre la Gran Depresión). El debate persiste por los matices: no es lo mismo un ajuste fiscal en […]

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