La persistencia en el error

Una de las grandes cuestiones de la presente crisis es la de porqué políticos de todos los partidos parecen hacer oídos sordos a las recomendaciones de los economistas que, en la mayoría de casos, alcanzan amplios consensos sobre gran variedad de temas. En este sentido, parece que los nubarrones en Grecia no desaparecen, principalmente por la falta de determinación política a la hora de emprender reformas estructurales profundas, mientras en España no nos queramos dar cuenta de la gravedad de la situación y sigamos perdiendo un valioso tiempo para empezar a enderezar nuestra débil posición financiera.

Desde Bruselas se ha exigido a Grecia una reducción del déficit en 9 puntos porcentuales de aquí a 2013, objetivo que, sin duda, implica medidas drásticas para la economía helena que parece no estar muy por la labor. Es por eso, que economistas como Martin Feldstein, profesor de Harvard y antiguo asesor de Ronald Reagan quién ya advirtió sobre las debilidades del Euro hace dos décadas, ha señalado que este objetivo es poco menos que una fantasía. Este es también el diagnostico de Lorenzo Bernaldo de Quirós, quién hace una semana que alertaba en ABC sobre la falta de medidas profundas en la economía de Grecia para afrontar la importante crisis presupuestaria a la que se enfrenta y como, sin dichas medidas (que incluían fuertes liberalizaciones en los mercados) sería imposible cumplir con el plan marcado desde la Comisión Europea. En efecto, sí Grecia no emprende de forma inmediata una radical liberalización y privatización de los mercados y una drástica reducción del gasto público corre graves riesgos de caer en default o incluso de ser expulsada del Euro lo que sería dramático para su economía como ya hemos señalado desde esta tribuna.

Sin embargo, la difícil coyuntura de la economía griega no parece que este apremiando a nuestro Gobierno a la hora de tomar medidas concretas que alivien de forma efectiva el déficit público y las reformas necesarias para reactivar la economía real. Estamos perdiendo un valioso tiempo a la hora de enderezar los graves problemas coyunturales (déficit y paro), y estructurales (reforma laboral, principalmente) que debilitan nuestra posición financiera en el corto plazo y la solvencia futura de la economía en el largo plazo. Y es que, únicamente cuando se recorte de forma drástica los gastos de las administraciones públicas y se liberalicen los mercados, principalmente el laboral, con todo lo que ello supone, España podrá empezar a pensar en clave de recuperación. Lo demás son sólo palabras vacías.

En este escenario, la única excepción a la norma parece ser Irlanda en donde sí se están afrontando importantes planes de contención fiscal al tiempo que se han bajado impuestos y se han liberalizado mercados para facilitar el ajuste y la absorción de los distorsionadores efectos de la burbuja inmobiliaria. Esperemos, por el bien de la economía y de la finanzas públicas del Reino, que nuestros políticos tomen nota y empiecen a ser resolutivos cuanto antes. Como dice en estos casos mi buen amigo Emili Masferrer recordando las palabras de Maquiavelo: “las batallas no se evitan, sólo se posponen y siempre en contra tuya”.

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