Crónica de una situación anunciada

Por enésima vez el Gobierno con su presidente a la cabeza ha visto como la tozuda realidad se imponía a las palabras y las buenas intenciones. Ya lo advertimos en su día en elEconomista: “para que nuestra deuda soberana no siga su particular descenso en los ratings internacionales, no podemos permitirnos más salidas en falso. España únicamente recuperará la senda del crecimiento sostenido con importantes reformas estructurales que permitan depurar los excesos y errores del pasado”. Para ello, añadíamos, hacía falta valentía y determinación a la hora de cortar de forma drástica el gasto público y emprender las reformas estructurales que nuestra economía necesita.

Esta bajada en los ratings (con independencia de la credibilidad que puedan tener las agencias de calificación) agudiza las tensiones en el sistema financiero y encarecerá aún más el endeudamiento de la nación. En paralelo, las cifras del paro siguen subiendo dando a entender que no hemos tocado fondo: la falta de propuestas económicas claras esta alargando inútilmente el necesario ajuste interno al que se enfrenta nuestra economía. Ya es oficial: dos de cada diez españoles están en el paro. Cifra récord de 4,6 millones de parados, 1,2 puntos más respecto al último trimestre del año. Todo esto, mientras el ministro de Trabajo ha estado repitiendo una vez tras otra que la recuperación del empleo era inminente.

Pero esto no es todo. Desde el ministerio de Industria, dirigido por el buen keynesiano Miguel Sebastián (más socialista que Zapatero), se ha conseguido subir la factura energética dañando, aún más, la competitividad de nuestra economía. Ver para creer. En 2009, las renovables ingresaron 6.215 millones en concepto de primas. Estas fuertes primas han conseguido subir el recibo de la luz en un 36,8% entre 1998 y 2009, situándose ya por encima de la media de la UE. La crisis ha puesto de manifiesto lo insostenible de dichas políticas de primas y subvenciones y ahora hay que revisar a la baja y con urgencia dichas políticas (que por otro lado ya han creado su propio grupo de interés, rent seekers en terminología hayekiana). Con todo, la política energética del gobierno sigue siendo errática, condicionada al voto y los intereses cortoplacistas del momento, y sin objetivos claros (ver post).

Cómo dijo aquel político catalán: “fets no paraules”. Es hora de actuar, las palabras ya no sirven (si algún día sirvieron). Mostrar el descontento con las agencias de calificación como hizo recientemente la vicepresidenta Fernández de la Vega en Nueva York sirve de bien poco. La salud de nuestra deuda soberana puede que sea buena, pero las perspectivas sobre nuestra solvencia en el futuro es poco menos que alarmante si no invertimos las tendencias actuales. Una vez más repetimos: es necesario poner negro sobre blanco las políticas de austeridad y las reformas estructurales que permitan el necesario ajuste  interno de nuestra economía y, a la postre, permitan recuperar la credibilidad de nuestra deuda soberana en los mercados financieros.

Argentina

En diciembre de 2001 estalló la más grave crisis financiera que ha asolado Argentina en toda su historia. Después de una crisis financiera en 1995, Argentina se enfrento al llamado “corralito”, que supuso el cierre al acceso de los ciudadanos a sus depósitos bancarios. Luego vino la expropiación con una triplicación de la tasa de inflación y una rebaja, de más de la mitad, en el valor en dólares de sus depósitos. De esta forma, los argentinos veían como su nivel de riqueza se reducía de forma dramática en un abrir y cerrar de ojos. En paralelo, la deuda soberana de Argentina cayó en default convirtiéndose en la mayor suspensión de pagos de la historia y condenando la frágil economía argentina a contraerse más de un 10% en 2002. Como suele pasar en estos episodios, la crisis financiera y presupuestaria argentina fue atribuida al neoliberalismo rampante del presidente a la sazón Carlos Menem. Sin embargo, como señala Carlos Rodriguez Braun, el liberal de Menem (sic) estableció una política económica con un profundo acento intervencionista: aumento de los impuestos, aumento del gasto público y aumento del endeudamiento público. Los tres a la vez. Todo lo anterior era incompatible con el tipo de cambio establecido con el dólar de un peso argentino igual a un dólar. Los mercados financieros no son tontos y no tardaron en descubrir el pufo devolviendo a la realidad las fantasiosas políticas intervencionistas de Menem y ajustando de forma drástica la economía Argentina. Convendría recordarlo.

El problema es la capacidad de repago

En la actualidad existe el debate, muchas veces mal orientado, de si España es una economía comparable a la de Portugal, Grecia o Irlanda (esta última en vías de recuperación). Si bien es cierto, que España mantiene todavía unos ratios moderados, sobretodo con respecto a su endeudamiento, el riesgo que están descontando los mercados financieros, y que hace que muchas veces a España se la meta en el mismo saco que Grecia, no viene tanto de un apalancamiento excesivo, sino de una duda razonable sobre su capacidad de repago.

En suma, en cualquier operación financiera el análisis fundamental que realizará el prestamista es un análisis de la capacidad de repago del deudor. En este sentido, es importante conocer las fuentes de ingresos y gastos y poder determinar la capacidad de repago de la deuda. Los planes del gobierno no han sabido transmitir tranquilidad ni solvencia por ningún lado. Por un lado, el inmovilismo del gobierno en cuanto a reformas estructurales se refiere – condición sine qua non para reemprender la senda del crecimiento sostenido –, están retardando nuestra recuperación siendo, hoy por hoy, el letargo el escenario más plausible para nuestra economía en los próximos años, lo que debilita las proyecciones de generar ingresos en el corto y medio plazo.

A esta muy limitada capacidad de generar ingresos (letargo económico), se unen unas fuertes necesidades de financiación fruto bien de los mal llamados planes de estímulo impulsados por el Gobierno, así como el gasto derivado de los estabilizadores automáticos. Nuevamente, la falta de valentía y determinación a la hora de emprender reformas de calado que permitiese una reactivación de la economía, y por lo tanto liberar recursos de las finanzas públicas, esta restando credibilidad a los planes de austeridad del gobierno. Si ha esto sumamos la dificultad de aligerar el sector público y cortar la hemorragia de gasto público, parece una quimera que España pueda devolver el equilibrio presupuestario a los niveles del pacto de Estabilidad en 2013.

Sólo una reforma profunda de nuestro mercado laboral, que permitiese un rápido ajuste de los salarios (y no un ajuste vía el despido masivo como ahora ha pasado), permitiría a nuestra economía recuperar parte de la competitividad pérdida durante los años de borrachera crediticia sin repercutir negativamente sobre las finanzas públicas, y por añaduría en el conjunto del sistema financiero. A esta reforma del mercado de trabajo, es especialmente apremiante, un verdadero plan de contingencia fiscal que devuelva el equilibrio presupuestario de la nación y no siga hipotecando nuestra recuperación con previsibles subidas de impuestos en el corto y medio plazo que sólo alargarían el letargo económico. Sólo así recuperaremos nuestra competitividad. Sólo así volveremos a reemprender la senda del crecimiento sostenido. Sólo disiparemos las dudas sobre nuestra capacidad de repago de nuestra deuda.

Presentació de l’Acció Humana en Català

La primera edició de l’Acció Humana al català ja esta enllestida i sortirà a la venta el proper 7 de maig. Adjunto la Presentació de l’obra. Un text a càrrec de la junta directiva del Institut von Mises, presidit per Juan Torras i amb seu a Barcelona.

És una satisfacció per als promotors i socis de l’Institut d’Opinió Ludwig von Mises amb seu a Barcelona haver impulsat l’edició en català de l’obra senyera del pensador austríac nacionalitzat als Estats Units Ludwig von Mises (1881-1973), com un homenatge als que estan convençuts de la potència creadora i transformadora de les idees. També és important per a la defensa racional d’un marc teòric i institucional que permeti l’anàlisi d’un ordre social obert  i de les seves dinàmiques de canvi. Tot plegat en un context de cooperació social i divisió del treball, entre éssers humans que exerceixen les llibertats d’acció i associació, en un entorn de recursos escassos.

La missió de l’Institut respon precisament a aquest objectiu d’incentivar el pensament i el debat, alhora que difondre les idees que propicien un procés social en què la persona es pugui desenvolupar en l’exercici de les llibertats.

Aquest projecte no hauria estat possible sense el suport que el professor von Mises va rebre al seu dia de Joaquín Reig Albiol —deixeble directe del seu seminari a Nova York els anys cinquanta— i del seu germà Luis Reig. La Fundación Ignacio Villalonga aconsegueix publicar a l’Espanya del franquisme, en els anys del Pla d’Estabilització, les obres de Hayek, Röpke i von Mises, especialment La Acción Humana (1963). Posteriorment és Unión Editorial (deu edicions en castellà de La Acción Humana) qui manté la difusió de les idees d’aquests pensadors en èpoques difícils com el franquisme tardà i els anys de la transició fins a l’actualitat.

Amb la lectura d’una ressenya sobre l’obra de von Mises al desaparegut El Correo Catalán, el professor d’economia i arquitecte Juan Torras Trias en té coneixement a la darreria dels anys cinquanta. Des d’aleshores no en deixarà l’estudi i la difusió, i generarà una munió de seguidors pel seu contingut de ciència econòmica, com un paradigma alternatiu al neoclàssic keynesià, i per la defensa d’un ordre social en llibertat.

A la meitat dels seixanta els germans Reig mantenen el contacte personal amb Torras Trias i amb el professor Lucas Beltrán, que havia estudiat els anys trenta amb F. Hayek a Londres. Tots foren membres pioners a Espanya de la Sociedad Mont Pelerin creada per Hayek el 1947, en què van reunir els principals intel·lectuals del moment per desenvolupar i difondre els principis i institucions que havien d’inspirar una societat basada en l’exercici de les llibertats i una economia de mercat, en un moment en què el socialisme i l’intervencionisme s’apoderen del món polític i intel·lectual d’occident. La Sociedad va fer la primera reunió a Espanya a Madrid el 1978 amb la presència de Hayek i la segona a Barcelona el 1997.

Aquesta edició en català no hauria estat possible sense l’acció decidida d’aquests pioners i altres que els han acompanyat, en un entorn hostil a les seves idees, però tampoc sense el coratge intel·lectual del mateix von Mises, la biblioteca del qual fou requisada primer pels nazis poc després d’entrar a Viena i anys més tard per l’Exèrcit Roig en ocupar Berlín. No es va obrir al públic fins a la caiguda del Mur. Els defensors del materialisme dialèctic sempre han tingut clara la importancia de les idees, també les de l’economista austríac.

Com remarca el professor von Mises, aquells que volen viure en un món de cooperació social en pau, llibertat i progrés han d’estar disposats a defensar les seves idees i el marc conceptual i institucional que fan possible la seva existència.

Volem finalment agrair en nom dels membres de l’Institut el suport del professor Jesús Huerta de Soto, que ha fet un pròleg especial per a aquesta edició, la feina de l’equip del Grup 62, i l’ajut a l’edició del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. També manifestem el nostre agraïment a les institucions , sense els quals no hauria estat possible la difusió d’aquesta obra.

Antonio Argandoña, Lorenzo Bernaldo de Quirós, Antoni Fernández Teixidó, Enrique Gomis, Lluís Monset, Francesc Solé Parellada, Juan Rosell, Joaquín Trigo, Juan Torras

Junta de l’Institut d’Opinió Ludwig von Mises

“Aquesta obra hauria de estar a la biblioteca de cada persona que pensa”. The Wall Street Journal

Teoría del ciclo económico: ajuste y recuperación

De entre todas las explicaciones a los ciclos económicos, sólo la teoría elaborada por la llamada escuela Austríaca de economía supera la prueba del algodón. En efecto, únicamente la teoría completada por Ludwig von Mises incorpora una compresión completa del papel del ahorro en la economía, así como una elaborada teoría del capital, la gran laguna de la escuela neoclásica, lo que permite elaborar una explicación global y coherente a porqué nuestras economías se comportan de forma cíclica siguiendo un patrón maniaco-depresivo en palabras del profesor Huerta de Soto. Resulta imprescindible una buena comprensión de la teoría del ciclo para entender en que consiste el ajuste en el que estamos inmersos y como podemos facilitarlo para minimizar la fase recesiva y reemprender cuanto antes la senda del crecimiento.

La actual crisis es el resultado de un proceso generalizado de malas inversiones como consecuencia de la manipulación artificial de los tipos de interés por parte de los bancos centrales, principalmente la Reserva Federal. Las políticas de “easy money” sin respaldo de ahorro real, esto es sin la necesidad de captar depósitos como paso previo a la concesión de créditos, ha provocado que el conjunto de los agentes económicos emprendiesen proyectos de inversión no rentables, mientras otros quedaban desatendidos. El resultado ha sido el sobre dimensionamiento de determinados sectores, afectados por la burbuja inflacionista en los precios, que ahora, cuando la política de crédito fácil en base a un tipo de interés artificialmente bajo e insostenible se acaba, se enfrentan a su irremediable ajuste.

Dentro de la teoría Austríaca del ciclo económico, la recuperación económica no es más que la liquidación de estas malas inversiones para que puedan surgir de nuevas. En suma, la crisis, el ajuste a la baja de nuestra economía, es parte esencial de la propia recuperación. Sin embargo, para que este ajuste se produzca tienen que darse tres elementos fundamentales: un ajuste de los precios relativos (alterados durante la etapa expansiva) para que así los empresarios puedan ver que inversiones son verdaderamente rentables, un incremento del ahorro para financiar estos nuevos proyectos, y una recolocación de los factores productivos hacia aquellas industrias que realmente son productivas. Es por eso, que hecho un buen diagnóstico, la mayoría de economistas y analistas serios del país están reclamando un recorte drástico del gasto público (y se han mostrado críticos con iniciativas como el PlanE, lo que permitiría bajar impuestos y facilitar el ahorro de familias y empresas), y están defendiendo la liberalización de los mercados para que dicho ajuste se produzca de la manera más rápida e indolora posible (sobretodo en lo que se refiere al mercado laboral).

En base a este marco conceptual, podemos identificar de forma clara los grandes errores en materia económica del ejecutivo socialista, y de otros muchos gobiernos de las economías avanzadas, en su reacción a la crisis (básicamente provocados por el mal diagnóstico del problema). Pensemos en los mal llamados planes de estímulo (de corte keynesiano) en sectores muy afectados por la burbuja (construcción, PlanE, o automoción, Plan Renove) que sólo han servido para postergar dicho ajuste mientras se malgastaba el dinero de los contribuyentes. Una vez agotado el estímulo, dichos sectores se siguen enfrentando a su irremediable ajuste con el agravante de haber debilitado las finanzas públicas y haber hipotecado la recuperación futura de la economía – el gasto público de hoy, son los impuestos de mañana. Finalmente, la falta de reformas estructurales de calado en los mercados de factores de producción, principalmente el laboral, esta dificultando enormemente la reubicación de los recursos hacía los sectores productivos condenando al paro a un número cada vez mayor de personas.

En conclusión, estamos inmersos en un doloroso proceso de ajuste de la misma forma que el borracho se enfrenta a una resaca después de una noche de fiesta – podemos decir que nos hemos emborrachado de crédito barato. Una vez se ha bebido, la resaca resulta inevitable: nos podemos tomar una última copa a las cinco de la mañana, pero eso sólo postergará lo inevitable. En este sentido, las políticas de gasto público sólo han servido para obstaculizar y retrasar lo inevitable mientras se debilitan de forma acelerada las cuentas públicas de la nación. Por añaduría, el inmovilismo del gobierno con respecto a las reformas estructurales que facilitarían el ajuste dificulta, aún más, los procesos de quiebra y regeneración de nuestro tejido productivo añadiendo una pesada carga a las finanzas públicas y al conjunto del sistema financiero.

La importancia de la política económica

Ayer se presento en Madrid el libro España, claves de prosperidad (Gotaagota, 2010), coordinado por Luis de Guindos, antiguo secretario de Estado de economía y claro candidato a Ministro de Economía en un hipotético gobierno presidido por Rajoy. El libro sintetiza de forma clara y divulgativa las políticas económicas que caracterizaron el periodo 1996-2004: periodo único en nuestra historia económica en el que se convino crecimiento y estabilidad. Escrito por algunos de los ideólogos y teóricos en los que se fundamento gran parte de la acción de gobierno de aquellos años, como Lorenzo Bernaldo de Quirós, Alberto Nadal o José Manuel Romay, el libro fue presentado por José María Aznar, Rodrigo Rato, Mariano Rajoy, y el propio de Guindos.

El libro se centra en poner negro sobre blanco algunas obviedades de sentido común pero que sin duda parece que no esta de más recordar. Primero, resulta una lanza a favor de la últimamente demostrada función pública. La actual situación que atraviesa en la actualidad la economía española, subrayó Rajoy en su intervención, no es fruto de la casualidad sino de la inoperancia política del gobierno socialista que no esta sabiendo liderar y articular una política económica que permita afrontar la situación que estamos atravesando. No es que no sepamos qué hacer, es que el cauce político para hacerlo esta obstruido. Por el contrario, cuando se dispone de una buena política económica, con unos objetivos claros, y globales enfatizó Rato, y coherentes, los resultados en términos de mejoras en el crecimiento económico y de bienestar no tardan en llegar. En este sentido, el exministro también recordó cómo la política económica tiene que ser el resultado de un ejercicio teórico previo y no el resultado de la improvisación en base a la coyuntura del momento (política de bandazos a los que nos tiene acostumbrado Zapatero).

Segundo, el libro es un recordatorio de la evidencia empírica en cuanto a política económica se refiere, señalando los principios que funcionan y que sirvieron de grandes pilares en materia económica entre 1996 y 2004 en los que tan buenos resultados obtuvo España: (1) equilibrio presupuestario y (2) libertad económica. La primera se consigue con valentía y determinación política. La segunda, mediante profundas reformas estructurales. Otro de los mensajes que resalta el libro, y que me parece fundamental, es la importancia que tienen las ideas y a las que muchas veces no prestamos la atención necesaria. En efecto, sólo cuando uno aplica una política económica fundamentada en un marco teórico sólido y solvente que las economías crecen y son prosperas. En la actualidad, no estamos sino viviendo en propia carne los costes de una política económica fundamentada en un marco teórico en crisis, incapaz de dar una explicación coherente y completa a los problemas a los que se enfrenta nuestra economía, y del que sólo se derivan diagnósticos erróneos y falsos remedios.

Finalmente, se puso de relieve la importancia de contar con un equipo detrás para la consecución y buena aplicación de dichas políticas – no en vano en la elaboración del libro han participado hasta 20 autores. Los ponentes aprovecharon la ocasión para poner el dedo en la llaga en la inoperancia en términos económicos de los gobiernos socialistas. Por un lado en su incapacidad de aglutinar un proyecto coherente en materia de política económica, y de reunir a un equipo al uso. Por otro lado, porqué en el transcurso de nuestra historia nunca un gobierno socialista nos ha sacado de una crisis económica. Muchas veces, subrayó Rajoy durante el transcurso de su intervención, nos olvidamos que los derechos sociales no son sino fruto de un ejercicio previo de buena gestión económica, lo que a la postre permite realizar políticas sociales y de cohesión. Los socialistas, en su inoperancia económica y para afrontar de forma solvente la actual coyuntura, señaló Rajoy, están hipotecando el futuro de los españoles y debilitando las garantías sociales de nuestro modelo de bienestar.

En suma, el libro constituye como un activo para nuestra historia económica. Las cifras, como el algodón, no engañan. No entienden de siglas políticas y están allí para quién las quiera analizar. España no esta condenada a sufrir un letargo económico los próximos años. Por el contrario, nuestra economía ha demostrado que tiene un elevado potencial de crecimiento si se aplican políticas sensatas en materia económica. Como explica muy bien el libro: lo hemos demostrado en el pasado.

¿Mercado o Estado?, esa es la cuestión

Ayer se presento en la Fundación Rafael del Pino el libro ¿Mercado o Estado? (Deusto, 2010) de Jordi Sevilla y Lorenzo Bernaldo de Quirós. El libro, si bien es una más de las numerosas novedades editoriales sobre la crisis, incorpora elementos nuevos que la hacen especialmente atractiva. Primero, incorpora las dos principales visiones de la crisis: la socialdemócrata (o nueva keynesiana) y la liberal clásica. Su estilo es sereno y dialogante, en donde los dos autores han hecho el esfuerzo de aportar datos en cada una de sus afirmaciones. Finalmente, el libro no se queda únicamente en el diagnóstico, si no que aporta soluciones. El acto estuvo presentado por Amadeo Petitbó, y entre los asistentes destacar la presencia de antiguos altos cargos de los gobiernos Aznar, con figuras destacadas como Luis de Guindos, Isabel Tocino o Miguel Arias Cañete, entre otros.

Los autores estuvieron acompañados de dos padrinos de excepción: Cristóbal Montoro y Carlos Solchaga. Cada una de las interpelaciones de los cuatro economistas se convirtió en una estocada intelectual en la yugular del adversario: fue un duelo de floretes y una ocasión única de ver contrapuestas ambas visiones con respecto a nuestra muy particular crisis económica. Montoro empezó subrayando como la crisis que afrontamos no ha sido una sorpresa: “España, estaba en una situación extremadamente débil cuando aconteció la crisis financiera. Sólo era necesario observar el saldo financiero de la Balanza de Pagos para comprender la insostenibilidad en el largo plazo de nuestro modelo de crecimiento”.

Estas fuertes necesidades de financiación de nuestra economía la hacían especialmente vulnerable a cualquier contracción del crédito en los mercados internacionales. Ante esta situación, prosiguió, sólo cabe hacer un buen diagnostico y aplicar los remedios al uso. En este sentido, crítico a Sevilla para quién los fallos en política económica del gobierno socialista son más errores en proporción y cantidad que no de orientación.  Montoro se expreso justo en la línea opuesta, y acusó al gobierno precisamente de acometer graves errores intelectuales (de orientación) en materia de política económica y presupuestaria. El principal problema del déficit no son los estabilizadores automáticos, concluyó.

El segundo round fue para Carlos Solchaga, histórico ministro socialista responsable de diversos ajustes externos (es decir, vía depreciación de la divisa), en otros periodos recesivos de nuestra historia económica. Sin entrar a describir la maraña de confusiones eincoherencias en el discurso del ex ministro, sí que me voy a permitir matizar algunos de sus errores, en mi opinión, más notables. Solchaga se mostro como un gran defensor de la tercera vía: hay “fallos de Estado” pero sobretodo, enfatizó, hay “fallos de mercado”. En base a este diagnóstico, el tratamiento es claro: más Estado e intervencionismo a fin y efecto de corregir los presuntos fallos de la economía de mercado. Sin embargo, lo que muchas veces se percibe como un “fallo de mercado” no es sino una consecuencia, una distorsión, producto directo de una intervención previa o, en su caso, un error de diseño institucional que genera entre los agentes económicos situaciones de riesgo moral. Este es el caso, por ejemplo, de nuestro sistema financiero internacional. En efecto, toda  nuestra arquitectura financiera está viciada con graves errores de diseño institucional que incluyen importantes privilegios históricos que el Estado concedió a la banca (como el sistema de reserva fraccionada) que atentan de forma directa contra los principios más básicos del derecho privado, ya que a la postre estos privilegios implican una violación de la propiedad privada, y que nada tiene que ver con el capitalismo o las economías de mercado. No es de extrañar pues, que el origen de la crisis se sitúe en el mercado más intervenido de todos y en el que el Estado tiene pleno monopolio.

A la intervención de Solchaga, siguió la exposición de Jordi Sevilla. Sevilla empezó resaltando lo que une a ambas ideologías: su tronco común con la ilustración y el amor común por la razón, lo que permite el debate intelectual y el avance, aunque a veces lento y un poco en forma de espiral (añado yo), en el mundo de las ideas. Después, el discurso continuo con la maraña de ideas poco conexas, a veces incompletas o fruto de un mal diagnóstico (los socialistas intuyen que el origen de la actual crisis financiera esta en las laxas políticas monetarias por parte de los institutos emisores, pero no saben cómo desarrollar una crítica consistente a la misma), iniciado con la intervención de Solchaga. En suma, Sevilla identifica correctamente algunos de los síntomas pero no identifica de forma efectiva, y sobre todo de manera consistente, las causas. También cayó en algunos tópico falaces como que las desigualdades sociales han aumentado (será desde que gobierna el ejecutivo socialista hasta hoy), y una definición estática de mercado (definición en base a los libros de texto de teoría económica neoclásicos) que nada tiene que ver con el proceso dinámico de permanente ajuste que es lo que realmente consiste el mercado en la economía real y no la fantasiosa y simplista economía de manual Samuelson.

Finalmente tomo la palabra Lorenzo Bernaldo de Quirós. En su interpelación, empezó remarcando algunos de los errores de comprensión sobre teoría económica y diagnóstico por parte de Sevilla y, sobretodo, Solchaga. En primer lugar, señaló como no existe tal dicotómica entre el comportamiento de las personas dentro del ámbito público o privado, al igual que no es cierto que exista una dicotomía entre clases sociales como sostenía Marx. Todos actuamos en beneficio propio, en un entorno incierto y dinámico intentado maximizar nuestro bienestar. En este sentido, la presente crisis no es sino una concatenación de “fallos de Estado” cuyo origen se sitúa en las nefastas políticas monetarias llevadas a cabo por la Fed, y en menor medida, el BCE, por una regulación inadecuada, y por un maco institucional deficiente que ha hecho que los parámetros de crecimiento de la economía española fuesen insostenibles en el escenario del medio y largo plazo. Llegados a este punto, sólo caben dos alternativas posibles para recuperar la competitividad (y volver a una senda de crecimiento): una devaluación externa vía depreciación de la divisa, episodio bien conocido por Solchaga, o una devaluación interna vía reducción de salarios.

Bernaldo de Quirós también señaló su preocupación por el ajuste inmobiliario, al que todavía le queda recorrido, y por la normalización del sistema bancario, en cuyos balances se acumula gran parte de la burbuja inmobiliaria que con la actual coyuntura puede ser de difícil digestión. Finalmente, centro su discurso en la crisis presupuestaria a la que se enfrenta la economía española. En este sentido fue contundente, y recordó la existencia de una extensa evidencia empírica que señala los perniciosos efectos que tienen las escaladas del binomio déficit/deuda en entornos recesivos (más aún cuando gran parte de esta emisión de deuda está siendo absorbida por el propio sistema financiero en un entorno de extrema liquidez). España corre graves riesgos de “japonizarse”, concluyó. Ante este escenario recesivo y de descontrol del gasto público, resulta imprescindible el diseño de un plan de contingencia creíble, una reforma profunda del mercado laboral y ahondar en la liberalización de los mercados (véase el caso de Irlanda). Lo demás son salidas en falso y palabras vacías. Keynes decía que en el largo plazo todos muertos. Sin embargo, como ironizó Bernaldo de Quirós, puede que este largo plazo sea muy corto.

En conclusión, un duelo ideológico en directo que sirvió de aperitivo a lo que es, sin duda, un gran libro sobre la crisis. En efecto, el libro resulta un magnifico ejercicio intelectual, y una ocasión única de ver contra puestas las dos grandes corrientes del pensamiento actual con respecto a la Gran Crisis.