Teoría del ciclo económico: ajuste y recuperación

De entre todas las explicaciones a los ciclos económicos, sólo la teoría elaborada por la llamada escuela Austríaca de economía supera la prueba del algodón. En efecto, únicamente la teoría completada por Ludwig von Mises incorpora una compresión completa del papel del ahorro en la economía, así como una elaborada teoría del capital, la gran laguna de la escuela neoclásica, lo que permite elaborar una explicación global y coherente a porqué nuestras economías se comportan de forma cíclica siguiendo un patrón maniaco-depresivo en palabras del profesor Huerta de Soto. Resulta imprescindible una buena comprensión de la teoría del ciclo para entender en que consiste el ajuste en el que estamos inmersos y como podemos facilitarlo para minimizar la fase recesiva y reemprender cuanto antes la senda del crecimiento.

La actual crisis es el resultado de un proceso generalizado de malas inversiones como consecuencia de la manipulación artificial de los tipos de interés por parte de los bancos centrales, principalmente la Reserva Federal. Las políticas de “easy money” sin respaldo de ahorro real, esto es sin la necesidad de captar depósitos como paso previo a la concesión de créditos, ha provocado que el conjunto de los agentes económicos emprendiesen proyectos de inversión no rentables, mientras otros quedaban desatendidos. El resultado ha sido el sobre dimensionamiento de determinados sectores, afectados por la burbuja inflacionista en los precios, que ahora, cuando la política de crédito fácil en base a un tipo de interés artificialmente bajo e insostenible se acaba, se enfrentan a su irremediable ajuste.

Dentro de la teoría Austríaca del ciclo económico, la recuperación económica no es más que la liquidación de estas malas inversiones para que puedan surgir de nuevas. En suma, la crisis, el ajuste a la baja de nuestra economía, es parte esencial de la propia recuperación. Sin embargo, para que este ajuste se produzca tienen que darse tres elementos fundamentales: un ajuste de los precios relativos (alterados durante la etapa expansiva) para que así los empresarios puedan ver que inversiones son verdaderamente rentables, un incremento del ahorro para financiar estos nuevos proyectos, y una recolocación de los factores productivos hacia aquellas industrias que realmente son productivas. Es por eso, que hecho un buen diagnóstico, la mayoría de economistas y analistas serios del país están reclamando un recorte drástico del gasto público (y se han mostrado críticos con iniciativas como el PlanE, lo que permitiría bajar impuestos y facilitar el ahorro de familias y empresas), y están defendiendo la liberalización de los mercados para que dicho ajuste se produzca de la manera más rápida e indolora posible (sobretodo en lo que se refiere al mercado laboral).

En base a este marco conceptual, podemos identificar de forma clara los grandes errores en materia económica del ejecutivo socialista, y de otros muchos gobiernos de las economías avanzadas, en su reacción a la crisis (básicamente provocados por el mal diagnóstico del problema). Pensemos en los mal llamados planes de estímulo (de corte keynesiano) en sectores muy afectados por la burbuja (construcción, PlanE, o automoción, Plan Renove) que sólo han servido para postergar dicho ajuste mientras se malgastaba el dinero de los contribuyentes. Una vez agotado el estímulo, dichos sectores se siguen enfrentando a su irremediable ajuste con el agravante de haber debilitado las finanzas públicas y haber hipotecado la recuperación futura de la economía – el gasto público de hoy, son los impuestos de mañana. Finalmente, la falta de reformas estructurales de calado en los mercados de factores de producción, principalmente el laboral, esta dificultando enormemente la reubicación de los recursos hacía los sectores productivos condenando al paro a un número cada vez mayor de personas.

En conclusión, estamos inmersos en un doloroso proceso de ajuste de la misma forma que el borracho se enfrenta a una resaca después de una noche de fiesta – podemos decir que nos hemos emborrachado de crédito barato. Una vez se ha bebido, la resaca resulta inevitable: nos podemos tomar una última copa a las cinco de la mañana, pero eso sólo postergará lo inevitable. En este sentido, las políticas de gasto público sólo han servido para obstaculizar y retrasar lo inevitable mientras se debilitan de forma acelerada las cuentas públicas de la nación. Por añaduría, el inmovilismo del gobierno con respecto a las reformas estructurales que facilitarían el ajuste dificulta, aún más, los procesos de quiebra y regeneración de nuestro tejido productivo añadiendo una pesada carga a las finanzas públicas y al conjunto del sistema financiero.

One Response to Teoría del ciclo económico: ajuste y recuperación

  1. […] En los mercados verdaderamente libres (otro día entramos a describir que significa y que requisitos implica que un mercado sea libre) la oferta y la demanda se ajustan cada día en un proceso de ajuste natural continuo evitando, por tanto, crisis generalizadas fruto de errores masivos y continuados. En efecto, si un mercado esta intervenido (y esta intervención puede ser profusa y por múltiples vías) la oferta o la demanda están estimuladas de forma artificial; cuando el estímulo desaparece porqué deja de ser sostenible se procede al irremediable ajuste (ver mi artículo “Teoría del ciclo económico: ajuste y recuperación”). […]

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