El problema es la capacidad de repago

En la actualidad existe el debate, muchas veces mal orientado, de si España es una economía comparable a la de Portugal, Grecia o Irlanda (esta última en vías de recuperación). Si bien es cierto, que España mantiene todavía unos ratios moderados, sobretodo con respecto a su endeudamiento, el riesgo que están descontando los mercados financieros, y que hace que muchas veces a España se la meta en el mismo saco que Grecia, no viene tanto de un apalancamiento excesivo, sino de una duda razonable sobre su capacidad de repago.

En suma, en cualquier operación financiera el análisis fundamental que realizará el prestamista es un análisis de la capacidad de repago del deudor. En este sentido, es importante conocer las fuentes de ingresos y gastos y poder determinar la capacidad de repago de la deuda. Los planes del gobierno no han sabido transmitir tranquilidad ni solvencia por ningún lado. Por un lado, el inmovilismo del gobierno en cuanto a reformas estructurales se refiere – condición sine qua non para reemprender la senda del crecimiento sostenido –, están retardando nuestra recuperación siendo, hoy por hoy, el letargo el escenario más plausible para nuestra economía en los próximos años, lo que debilita las proyecciones de generar ingresos en el corto y medio plazo.

A esta muy limitada capacidad de generar ingresos (letargo económico), se unen unas fuertes necesidades de financiación fruto bien de los mal llamados planes de estímulo impulsados por el Gobierno, así como el gasto derivado de los estabilizadores automáticos. Nuevamente, la falta de valentía y determinación a la hora de emprender reformas de calado que permitiese una reactivación de la economía, y por lo tanto liberar recursos de las finanzas públicas, esta restando credibilidad a los planes de austeridad del gobierno. Si ha esto sumamos la dificultad de aligerar el sector público y cortar la hemorragia de gasto público, parece una quimera que España pueda devolver el equilibrio presupuestario a los niveles del pacto de Estabilidad en 2013.

Sólo una reforma profunda de nuestro mercado laboral, que permitiese un rápido ajuste de los salarios (y no un ajuste vía el despido masivo como ahora ha pasado), permitiría a nuestra economía recuperar parte de la competitividad pérdida durante los años de borrachera crediticia sin repercutir negativamente sobre las finanzas públicas, y por añaduría en el conjunto del sistema financiero. A esta reforma del mercado de trabajo, es especialmente apremiante, un verdadero plan de contingencia fiscal que devuelva el equilibrio presupuestario de la nación y no siga hipotecando nuestra recuperación con previsibles subidas de impuestos en el corto y medio plazo que sólo alargarían el letargo económico. Sólo así recuperaremos nuestra competitividad. Sólo así volveremos a reemprender la senda del crecimiento sostenido. Sólo disiparemos las dudas sobre nuestra capacidad de repago de nuestra deuda.

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