Crónica de una situación anunciada

Por enésima vez el Gobierno con su presidente a la cabeza ha visto como la tozuda realidad se imponía a las palabras y las buenas intenciones. Ya lo advertimos en su día en elEconomista: “para que nuestra deuda soberana no siga su particular descenso en los ratings internacionales, no podemos permitirnos más salidas en falso. España únicamente recuperará la senda del crecimiento sostenido con importantes reformas estructurales que permitan depurar los excesos y errores del pasado”. Para ello, añadíamos, hacía falta valentía y determinación a la hora de cortar de forma drástica el gasto público y emprender las reformas estructurales que nuestra economía necesita.

Esta bajada en los ratings (con independencia de la credibilidad que puedan tener las agencias de calificación) agudiza las tensiones en el sistema financiero y encarecerá aún más el endeudamiento de la nación. En paralelo, las cifras del paro siguen subiendo dando a entender que no hemos tocado fondo: la falta de propuestas económicas claras esta alargando inútilmente el necesario ajuste interno al que se enfrenta nuestra economía. Ya es oficial: dos de cada diez españoles están en el paro. Cifra récord de 4,6 millones de parados, 1,2 puntos más respecto al último trimestre del año. Todo esto, mientras el ministro de Trabajo ha estado repitiendo una vez tras otra que la recuperación del empleo era inminente.

Pero esto no es todo. Desde el ministerio de Industria, dirigido por el buen keynesiano Miguel Sebastián (más socialista que Zapatero), se ha conseguido subir la factura energética dañando, aún más, la competitividad de nuestra economía. Ver para creer. En 2009, las renovables ingresaron 6.215 millones en concepto de primas. Estas fuertes primas han conseguido subir el recibo de la luz en un 36,8% entre 1998 y 2009, situándose ya por encima de la media de la UE. La crisis ha puesto de manifiesto lo insostenible de dichas políticas de primas y subvenciones y ahora hay que revisar a la baja y con urgencia dichas políticas (que por otro lado ya han creado su propio grupo de interés, rent seekers en terminología hayekiana). Con todo, la política energética del gobierno sigue siendo errática, condicionada al voto y los intereses cortoplacistas del momento, y sin objetivos claros (ver post).

Cómo dijo aquel político catalán: “fets no paraules”. Es hora de actuar, las palabras ya no sirven (si algún día sirvieron). Mostrar el descontento con las agencias de calificación como hizo recientemente la vicepresidenta Fernández de la Vega en Nueva York sirve de bien poco. La salud de nuestra deuda soberana puede que sea buena, pero las perspectivas sobre nuestra solvencia en el futuro es poco menos que alarmante si no invertimos las tendencias actuales. Una vez más repetimos: es necesario poner negro sobre blanco las políticas de austeridad y las reformas estructurales que permitan el necesario ajuste  interno de nuestra economía y, a la postre, permitan recuperar la credibilidad de nuestra deuda soberana en los mercados financieros.

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