Monthly Archives: May 2010

El principio del fin

La semana pasada tuvimos la primera buena noticia en materia de política económica desde que empezó la crisis hace más de 1.000 días. El ejecutivo socialista anunciaba una serie de medidas, principalmente en partidas de gasto social, para reducir el abultado déficit del Estado que se cierne como una gran losa sobre nuestro crecimiento futuro. Sin entrar a valorar cuestiones de fondo, se trata de una medida tremendamente positiva para nuestra economía que emprende así, por fin, el camino de salida al difícil cuadro macroeconómico al que nos enfrentamos.

Si bien es cierto que el abultado déficit era el resultado de las funestas políticas llevadas a cabo por el gobierno, y que de forma sistemática se han venido denunciando desde esta tribuna, la decisión de recortar el gasto público ha sido una decisión valiente y tremendamente positiva. Ahora esta por ver que estas medidas tengan continuidad y que incluyan medidas que no sólo corten la hemorragia del gasto, sino que también reactiven la economía: aspecto ineludible si se quieren llevar a cabo los objetivos de contención fiscal fijados por Bruselas para 2013.

Política económica en dos vertientes. En primer lugar, el plan emprendido por el gobierno tiene que incluir no sólo dolorosos, pero necesarios, recortes en gasto social, sino que también dicho plan debe de reducir el tamaño de las Administraciones Públicas para mejorar su eficiencia. Por último, también seria necesario completar dichas medidas con recortes en otras partidas presupuestarias referentes a subvenciones y subsidios varios, o gastos superfluos. En época de crisis no es momento para lujos inecesarios: el “back to basics” también aplica al sector público.

En segundo lugar, siguen resultando imprescindibles reformas que nos permitan aligerar las cargas de gasto social (subsidios de desempleo), y reactivar la economía, lo que permitiría volver a generar ingresos fiscales, y por añaduría liberar tensiones en el sector financiero (reducción tasas de morosidad, incremento demanda de vivienda, etc…). Para que todo lo anterior se cumpla necesitamos líderes valientes que sepan tomar el pulso a la situación y acometer las difíciles reformas que la economía necesita en una coyuntura en donde el tiempo apremia.

Como ya hemos afirmado en alguna otra ocasión, la propia catarsis del mercado y su ajuste a la baja, es ya una parte consustancial de la propia recuperación. Depurando malas inversiones y reorientando los recursos de nuevo aquellos sectores efectivamente productivos, es decir demandados en el mercado de forma libre, estamos generando la base sólida necesaria para generar de nuevo crecimiento económico sostenido en el futuro.

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PIIGS (5): España

España, al igual que Irlanda, ha sufrido de forma muy virulenta la borrachera del crédito, especialmente grave en el sector de la construcción e inmobiliario, y arrastra un importante endeudamiento de su sector privado. En este sentido, y aunque el sistema financiero español ha mostrado una mayor solidez que sus homólogos anglosajones, todavía esta por ver como se digerirá la burbuja acumulada en los balances de bancos y cajas y como se afrontará la reestructuración del sector a fin y efecto de recapitalizarlo para que el crédito vuelva a fluir. Por otro lado, España arrastra un déficit estructural en materia de regulación laboral y liberalización de mercados lo que acentuado los síntomas de la crisis: tasa de paro (superior al 20%, de las más elevadas del mundo) con el consiguiente debilitamiento de las finanzas públicas (agravado a su vez por los mal llamados planes de estímulo). Es por eso que en el caso español es especialmente apremiante reformas estructurales en el mercado de trabajo que permitiesen atajar la hemorragia del paro y la reactivación de la economía con medidas liberalizadoras. Por último, un importante recorte en el gasto público – tanto en partidas corrientes como partidas estructurales de gasto social –, completa el trinomio de medidas pendientes para la economía española en el corto medio plazo.

PIIGS (4): Grecia

De las cinco PIIGS, la helena es la economía que seguramente se enfrente a un cuadro macroeconómico más complejo y, sin duda, cuya deuda soberana más cerca está de caer en default. No en vano, algunos analistas como Martin Feldstein han descontado este hecho recientemente. No sólo la economía Griega se ha beneficiado de una ventajosas condiciones crediticias que ha servido de base al crecimiento durante la etapa expansiva, sino que además parte de este crecimiento se ha basado en un fuerte estímulo del gasto público (la naturaleza del déficit heleno es más bien estructural). Para más inri, este fuerte endeudamiento resultado de repetidos y abultados déficits fue convenientemente maquillado por Goldman Sachs. Nuevamente, la combinación de una política monetaria excesivamente laxa y un déficit estructural de la economía helena durante estos últimos años ha propiciado una fuerte pérdida de competitividad insostenible con el “nivel de vida” llevado hasta el momento. En la actualidad, el cuadro macroeconómico de Grecia se caracteriza por un elevado endeudamiento del 113% del PIB, una fuerte contracción del PIB, y un diferencial de tipo de interés en aumento lo que alimenta el circulo recesivo al que se enfrenta. Para enderezar este complicadísimo cuadro macroeconómico el primer ministro Yorgos Papandreu se ha embarcado en un dramático plan de contención fiscal que todavía esta por ver si conseguirá atajar la hemorragia de gasto público y podrá devolver los más de 200 millones de dólares que adeuda a prestamistas extranjeros. Ahora esta por ver si dicho plan llega o no a tiempo…

PIIGS (3): Italia

De entre los PIIGS, Italia es la economía menos expuesta a la burbuja y que mantiene más controlado su endeudamiento privado (las familias italianas están endeudadas en un 40% PIB, en comparación al 85% de las españolas). Sin embargo, como en los demás casos, acumula serios desequilibrios en sus cuentas públicas: 5% déficit con un endeudamiento del 116%. Esto sumado a un anémico crecimiento económico, caída del 4,8% del PIB en 2009, no la hace indemne sobre las dudas sobre su solvencia futura. El Gobierno de Berlusconi ha establecido un plan de incentivos fiscales y desgravaciones con el objetivo de reactivar la economía lo que no ha evitado que el déficit público haya seguido aumentando hasta llegar al 12,6% del PIB, aumentando el endeudamiento un 5%. Al igual que en el caso español, Italia tiene que emprender importantes medidas liberalizadoras y reformas estructurales que permitan ganar competitividad a su tejido industrial (su principal activo junto con una buena marca), y un mayor control del gasto público que devuelva el equilibrio a sus finanzas públicas. Este equilibrio presupuestario, y similar al caso de España, debería de incluir una reforma del modelo de Estado que permitiese una efectiva corrección de las fuertes disparidades entre el norte, rico, y el sur, pobre, pese a las fuertes transferencias de las últimas décadas.

PIIGS (2): Irlanda

Irlanda es, junto con España, una de las economías más afectadas por la burbuja inmobiliaria y de las que han experimentado una mayor contracción de la economía en 2009: un 7,4 %. Durante los años de borrachera crediticia, la economía Irlanda experimento elevadas tasas de crecimiento basadas en la liberalización, apertura y flexibilidad de sus mercados que bien le valieron el apelativo de “tigre celta”, pero también en unas condiciones crediticias excesivamente laxas fruto de su incorporación a la moneda común que distorsionaron de forma grave el sector inmobiliario. Fruto de esta exposición a la burbuja, y el consiguiente apalancamiento de familias y empresas, su sistema financiero ha sufrido enormes tensiones y la economía celta ha tenido que emprender fuertes medidas para reactivar la economía que han incluido importantes recortes en el gasto público. Por el momento, pese a mantener una elevada tasa de paro (14%) y un elevado endeudamiento (66%), es quién más rápidamente a sabido transmitir una hoja de ruta de recorte de gasto público más liberalización de mercados para facilitar el ajuste y “digestión” de la burbuja, y recuperar cuanto antes la competitividad perdida.

PIIGS (1): Portugal

El acrónimo de PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain) fue una ocurrencia periodistica de finales de los ochenta para refereirse a economías pequeñas, poco fiables, más bien populistas y proclives acumular grandes déficits públicos que en un momento dado pudiesen dañar la credibilidad de la por entonces hipotética moneda única. Con la presente crisis financiera al grupo se ha unido Irlanda (siendo ahora PIIGS o GIPSY en su versión más simpática), cuyo espectacular crecimiento en la última década se ha visto ennegrecido por la sombra de la burbuja inmobiliaria que ha sacudido de forma muy grave su sistema financiero obligando al gobierno a salir al rescate de numerosas entidades financieras.

Afirmaba León Tolstói que las familias felices son todas iguales mientras que las infelices lo son cada una a su manera. En efecto, si bien existen características comunes a estas cinco economías, la problemática subyacente a cada una de ellas es muy distinta. En suma, los PIIGS son economías altamente endeudadas en términos relativos que arrojan dudas razonables a sus prestamistas sobre su solvencia futura. La solvencia de un país viene determinada por su competitividad, esto es su capacidad de crecer de forma sostenida – es decir, sin generar desequilibrios en el cuadro macroeconómico –, en el largo plazo. En términos generales, la pérdida de competividad de estas economías se ha ido acumulando con el paso de estos últimos años al crecer más los salarios que la productividad. Este hecho se veía compensando por un endeudamiento externo en unas condiciones muy laxas. Dinámica, a todas luces, del todo insostenible en el largo plazo.

Portugal lleva una década de crecimiento anémico en su economía en un comportamiento similar al experimentado por Japón desde inicios de los noventa. En 2009, y como subproducto de la crisis financiera, el PIB luso se contrajo un 2,7% llegando la tasa de paro al 10,4%. Durante la última década, este crecimiento anémico se ha estimulado de forma artificial con sucesivos planes de gasto público de corte keynesiano y, en los últimos años de bonanza, mediante unas excepcionales condiciones crediticias fruto de la incorporación de Portugal en la Unión Monetaria. Al igual que en España, este hecho ha ido postergando las necesarias reformas estructurales que hubiesen permitido Portugal recuperar la competitividad perdida y generar crecimiento sostenible. En la actualidad, el ejecutivo de José Sócrates ha emprendido un ambicioso plan de contención del gasto público que incluye rebajas salariales a los funcionarios públicos por debajo de la inflación, rebajas en el gasto social, y subidas de impuestos para reequilibrar las maltrechas finanzas públicas (9,3% déficit/ 76% deuda a finales de 2009). Este ambicioso plan de contención fiscal esta acompañado de un plan para privatizar un buen número de empresas públicas. Sin embargo, todavía esta por ver la capacidad del ejecutivo socialista de emprender reformas estructurales de calado que permitan recuperar la competitividad y devolver el crecimiento a la economía lusa.

España en tiempo de descuento (publicado en elEconomista)

En las últimas horas, y como ya descontaban muchos analistas, los mercados financieros nos han vuelto a dar un severo toque de atención: los inversores están perdiendo confianza en España S.A. a marchas forzadas, y el Ibex se desploma por momentos.

Desde hace meses, estamos insistiendo en la imperiosa necesidad de emprender reformas estructurales y cortar la hemorragia del gasto público como únicas salidas posibles a la difícil coyuntura en la que nos encontramos y, a la postre, recuperar la credibilidad sobre nuestra solvencia futura en los mercados. Evidentemente, ni Zapatero ni ninguno de sus ministros nos lee. Ni a nosotros, ni por lo que parece, a nadie.

¿Por qué nos castigan los mercados? Con independencia de nuestras cifras de endeudamiento o el efecto contagio derivado de la crisis griega, los mercados nos están penalizando por la falta de proyecto del ejecutivo socialista, que ha sido incapaz de articular nada que se asemejara remotamente a un plan de acción para hacer frente de manera solvente a la crisis. Por el contrario, la estrategia del Gobierno se ha centrado en las palabras y en movimientos erráticos y confusos que han acrecentado, aún más, la sensación de descontrol e improvisación a los inversores internacionales. Palabras vacías, huérfanas de una acción política clara que difícilmente devolverán la solvencia a la economía española y que han acabado con la paciencia de nuestros prestamistas.

Estos próximos días escucharemos todo tipo de teorías conspirativas y confabulaciones en contra de España y su Ejecutivo: todos necesitamos de un chivo expiatorio, y ahora la culpa es de los especuladores internacionales. Llevamos más de dos años a la deriva en materia de política económica, y no hacer nada ya es optar por una estrategia. Una estrategia errónea, como ahora se esta demostrando.

En unas recientes declaraciones, Luis de Guindos señalaba algunas de las claves a la hora de llevar a cabo una política económica efectiva. Fundamentalmente, ésta tiene que ser clara e interpretable por los mercados financieros. Es importante que los objetivos y la agenda política en materia económica se transmitan de forma clara a los inversores y se cumpla en el transcurso del tiempo. De la misma forma que una compañía presenta su plan de negocio a sus accionistas y prestamistas, también los países tienen que transmitir credibilidad con respecto a su endeudamiento. Parece obvio, pero nuestro presidente parece no tenerlo claro. El profesor Juergen Donges iba aún más lejos al afirmar en una entrevista la semana pasada: “Es mejor un mal plan que la ausencia de uno”. Al final, si de algo recelan los inversores es de la incertidumbre. El dinero es muy miedoso. Resulta bastante ilustrativa la descripción que un político conservador hacía sobre la política de Rodriguez Zapatero: “Se ve que no pretende nada, y lo ha conseguido”.

La economía española está en tiempo de descuento. Acumulamos un doble retraso. Por un lado, muchas de las dolorosas reformas (y me refiero, sobre todo, a la modernización de nuestro mercado de trabajo) se tenían que haber abordado durante la época de bonanza. Una vez instalados en la recesión, aunque aún más dolorosas, dichas reformas resultaban imprescindibles para que la economía española volviese a crecer, pero decidimos no hacer nada. Ahora se tendrán que llevar a cabo con la premura que nos venga impuesta de fuera.

Estamos en una dinámica autodestructiva con pintas de acabar en tragedia griega si nadie lo remedia. Para romper este círculo vicioso, insistimos una vez más, las reformas estructurales resultan un elemento imprescindible. Y es que, como muchas veces me recuerda un buen amigo en estos casos, citando a Maquiavelo: “Las batallas nunca se evitan, únicamente se posponen y siempre en tu contra”.

España en tiempo de descuento