Venezuela: socialismo, escasez y pobreza

En un brillante articulo sobre Venezuela, Mary O’Grady del Wall Street Journal recordaba como Milton Friedman una vez señaló con ironía: “si el gobierno estuviese a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habría escasez de arena”. Friedman acudió a la hipérbole para remarcar los perniciosos efectos que un sistema socialista de planificación central tiene sobre la economía. En efecto, existe una amplia evidencia empírica de cómo los sistemas socialistas de planificación multiplican la miseria y extienden la pobreza allí donde sus políticas son aplicadas. Parece que ahora es a Venezuela la que por desgracia le esta tocando morder el polvo por culpa de las fantasías colectivistas.

Después de sucesivas expropiaciones, nacionalizaciones, fijaciones de precios y demás intervenciones Estatales durante los últimos cuatro años en el sector cafetero por parte del gobierno de Hugo Chávez, en 2009, y por primera vez en toda su historia, Venezuela no produjo suficientes granos de café para satisfacer su demanda interna. Hoy en día es importador de café y hace frente a una grave escasez. Ver para creer. Sin duda el colapso de la industria del café no deja de ser un grave síntoma de lo que esta aconteciendo en todo el país. La economía se prevé que se contraiga un 2,6% este año con una inflación que superará el 30%.

La historia de las sucesivas intervenciones en el sector del café de Venezuela son dramáticas y recuerdan la fabula de “la increíble máquina de hacer pan” – el cuento de la caperucita roja para los liberales de los cinco continentes. La escasez de café empieza cuando Chávez decide considerar el café como una materia prima “prioritaria”. Sin embargo, en vez de dejar que el mercado actúe y la mano invisible cumpla su función, el gobierno se dedica a elaborar sofisticados planes de estímulo e intervención en el sector que sirvieron como elementos disuasorios al libre ejercicio de la función empresarial en el sector. El resultado: escasez de café a los cuatro años.

Una vez instalados en el barrizal, y como suele ser habitual en los regimenes populistas y también en los que no lo son, el chivo expiatorio fueron los empresarios. Chávez dirigió las culpas a las empresas tostadoras que fueron confiscadas a precio de saldo el verano pasado. Sin embargo, y como era de esperar, que el gobierno controlara las empresas tostadoras no iba hacer más productivo el ya dañado sector del café venezolano. Con posterioridad se ha ido sabiendo que las tostadoras del país a penas funcionaban al 30-40 por cien de su capacidad por falta de cosechas de café. Hasta el punto de llevar al colapso al sector en su conjunto.

Lo del sector del café no deja de ser un caso más del fracaso económico y social del régimen chavista. Por añaduría, el incremento de la pobreza resultado de dichas políticas no hace más que incrementar los recelos y la beligerancia del dictador hacía los opositores generando nuevas oleadas de nacionalizaciones que no hacen otra cosa que acrecentar, aún más, el fracaso económico de su revolución en una especie de circulo vicioso que tiene una difícil salida. Nuevamente, el mundo tiene la demostración empírica de los resultados económicos y sociales de la revolución socialista: Venezuela es una economía colapsada. Ahora sólo queda despejar la incógnita de cómo y cuando el dictador aceptará de forma pacífica el fracaso de su revolución.

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