Monthly Archives: June 2010

La reforma de nuestro sector público

España acumula una larga serie de desequilibrios de la etapa expansiva: déficit comercial, pérdida de competitividad generalizada, apalancamiento de hogares y empresas, y el sobre dimensionamiento de algunos sectores, en especial el inmobiliario, pero también el sector público. La borrachera del crédito tuvo sus efectos en la recaudación fiscal que creció de forma exponencial alimentando las fantasías de nuestros políticos que veían que había dinero para todo y para todos.

Basta señalar el aumento exponencial registrado en la recaudación del impuesto de sociedades para darse cuenta de la magnitud de la burbuja crediticia. En 1994 se recaudaron 8.267 millones por concepto de dicho impuesto comparado con los 44.823 que se recaudaron en 2007. La cifra casi se quintuplica en 13 años. Según muchas previsiones, serán menos de 20.000 millones para 2010. Como era de esperar, este aumento en los ingresos públicos ha ido acompañado de un fuerte crecimiento del gasto público, tanto en partidas de gasto social como de funcionamiento corriente. En la abundancia, son pocos los que se esfuerzan en hacer una gestión eficiente de los recursos.

En este sentido, otra de las grandes reformas pendientes es la una reforma profunda y global de nuestras administraciones públicas, para que nuestro sector público no se convierta en un lastre añadido para nuestra recuperación futura. En opinión de este analista dicha reforma tendría dos ejes principales: gastar menos y gastar mejor. Para el primero resulta esencial reducir el peso del sector público en nuestra economía. Esta reducción en el gasto exige un compromiso de disciplina presupuestaria y consolidación fiscal de todas las administraciones (estatal, autonómica, y local). Resulta esencial reducir las partidas corrientes, el tamaño de las administraciones, y reducir el número de funcionarios que se ha venido multiplicando de forma exponencial durante la etapa expansiva.

Por otro lado, no sólo se trata de gastar menos, sino se trata de gastar mejor. En este sentido, nuestras administraciones públicas tienen que perder peso, mientras mejoran su eficiencia y en orientación a resultados. En este punto resulta especialmente importante la introducción de mecanismos de mercado en las grandes partidas de gasto de nuestro Estado del Bienestar: sanidad, pensiones, educación y desempleo. Los mecanismos de mercado lejos de ir en contra de la calidad de los servicios o poner en duda la universalidad de los mismos, añadirían disciplina al gasto y mejorarían la asignación de recursos disponibles.

Aligerar las necesidades de financiación del Estado resulta esencial en el contexto actual en el que nuestras finanzas públicas y su solvencia futura están en tela de juicio en los mercados internacionales. Por añaduría, sólo devolviendo el equilibrio presupuestario a las cuentas públicas de la nación y aplicando medidas liberalizadoras a nuestra economía que podremos empezar hablar de recuperación o algo que se le parezca.

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Las necesidades de la economía española

En la actualidad, España se enfrenta a un cuadro económico que acumula graves desequilibrios fruto de la etapa expansiva, y la falta de reformas económicas en el pasado. A saber: (1) una excesiva concentración de recursos en el sector inmobiliario; (2) un elevado endeudamiento de empresas y familias; (3) y unos riesgos potenciales para la competitividad como consecuencia de una década de aumentos de costes y precios superiores a los de la Unión Monetaria. Estos graves desequilibrios amenazan el potencial de crecimiento futuro de la economía y ponen en entredicho la recuperación si no son atajados con valentía y determinación por parte del gobierno con el soporte mayoritario de las fuerzas políticas.

Además de estos tres desequilibrios principales, la economía española acumula dos desequilibrios adicionales que a día de hoy debieran ser las dos grandes prioridades en materia de política económica: (4) un rápido deterioro de las cuentas públicas. Traducido en una aumento exponencial del binomio déficit/deuda con los riesgos globales para la economía que ello supone, y  (5) el intenso aumento del desempleo. En primer lugar, el crecimiento acelerado del binomio déficit/deuda puede provocar subidas de tipo de interés para compensar una subida del riesgo si dicho endeudamiento no va acompañado de toda una serie de reformas estructurales que permitan reactivar la economía poniendo en entredicho la solvencia del país. Además, dicho aumento del endeudamiento dificulta, aún más, el acceso al crédito del tejido productivo, ya que es el sector público el que monopoliza la captación de fondos.

En segundo lugar, la desproporcionada evolución de nuestra tasa de desempleo durante la fase contractiva del ciclo ha puesto de manifiesto las deficiencias institucionales de nuestra economía, especialmente en el mercado de trabajo, que además tienen un grave impacto sobre nuestro tejido empresarial, principal activo para nuestra recuperación. Esta desproporcionada tasa de paro supone un obstáculo adicional para el ajuste de las finanzas públicas, el saneamiento y reestructuración de las instituciones financieras y, en definitiva, para la recuperación del crecimiento en una especie de círculo vicioso del que sólo saldremos con una profunda reforma de nuestro mercado laboral.

Con este cuadro macroeconómico resulta imprescindible un liderazgo político fuerte capaz de enderezar el rumbo del barco ahora en aguas turbulentas. En este sentido, alcanzar el mayor consenso posible entre los principales partidos y agentes sociales puede resultar un factor facilitador añadido, aunque no sea imprescindible. Resulta apremiante un plan de consolidación fiscal que corte la hemorragia de gasto público. Es importante que la reducción del gasto público incluya partidas estructurales, reducción del tamaño de las administraciones (otro sector sobredimensionado durante la etapa expansiva), y de las grandes partidas que sustentan el Estado del Bienestar. Todos tendremos que hacer sacrificios en el ajuste, pero estos son inevitables si queremos depurar los excesos del pasado y reemprender cuanto antes la senda del crecimiento sostenido, así como mantener la viabilidad del sistema en su conjunto.

En paralelo al plan de consolidación fiscal, y como ya hemos apuntado, resulta igualmente apremiante el empezar el abanico de reformas que puedan contribuir a detener la destrucción de empleo y tejido empresarial y que permitan la reabsorción por el mercado laboral del elevado número de parados que acumula nuestra economía. Entre otras, una reforma laboral con dos elementos fundamentales. Por un lado, la descentralización de la negociación colectiva, que permitiría una mayor flexibilidad del ajuste entre empresa y trabajadores que no dañase la competitividad futura de la compañía y asegurase su viabilidad. En efecto, con carácter general, los convenios colectivos de ámbito sectorial han venido fijando incrementos salariales más elevados que los establecidos en el ámbito individual para cada empresa, por lo que el tejido empresarial ha estado sometido a una mayor presión en sus costes, con la correspondiente pérdida de competitividad en los últimos años, reflejada entre otros indicadores, en nuestro abultado déficit comercial.

Por otro lado, resulta igualmente importante flexibilizar el mercado laboral incluyendo nuevas modalidades contractuales que no disuadan la contratación. En efecto, la falta de flexibilidad a la hora de fijar una parte nuclear de las condiciones laborales debido a nuestro actual modelo de negociación colectiva hace que muchas compañías se vean obligadas a recurrir al contrato temporal de forma masiva. En suma, se ha de facilitar una mayor capacidad de organización interna e introducir modalidades de contratación permanentes que se ajusten mejor a la realidad de cada compañía.

Por último, es necesaria una simplificación de la normativa existente, sobre todo en el ámbito laboral y fiscal que tanto impacto tiene sobre nuestras empresas. Reducir los costes de transacción para facilitar la creación y materialización de empresas. En la actualidad, el entorno administrativo resulta una carga adicional para las empresas. No sólo se trata de regular menos, si no mejor. La disminución de las cargas administrativas a las empresas y la eliminación de la superposición de normas estatales y autonómicas resultan esenciales para mejorar la competitividad de las PYMES, que configuran el grueso de nuestro tejido empresarial. Como también lo son la mejora de la competencia y reformas liberalizadoras que permitan un rápido ajuste y corrección de los excesos del pasado.

En conclusión, España se enfrenta a una importante crisis de modelo económico con independencia de la crisis financiera mundial que atraviesa la economía. Es por eso que resulta esencial un paquete sólido de reformas estructurales encaminadas a liberalizar la economía y permitir el necesario ajuste y saneamiento de nuestro tejido productivo para que este pueda recuperar la competitividad y volver a crecer sobre una base sólida. Por añaduría, estas reformas resultan también indispensables para corregir las tensiones existentes en nuestro sistema bancario, y corregir los graves desequilibrios de nuestras cuentas públicas.

Luces y sombras sobre el FROB

El 26 de junio de 2009 se aprobaba por Real Decreto Ley (RD 9/2009) por el que se constituía el Fondo de Reordenación Organizada Bancaria, el órgano encargado de poner orden en la reestructuración del sistema español y dotado con un presupuesto de 9.000 millones de Euros con cargo a los presupuestos Generales del Estado (se han emitido bonos a 5 años con la garantía del Reino de España). Si bien la medida de establecer un mecanismo que ayudase a la reestructuración del sector financiero era necesaria, puede que las estrategias utilizadas no sean las óptimas para alcanzar los objetivos de sanear el sistema al menor coste posible para que el crédito pueda volver a fluir con normalidad.

El gran problema del sistema financiero español se encuentra en el valor de los activos que acumula en sus balances que es muy superior al que previsiblemente se podrían realizar en el medio-largo plazo y que añaden incertidumbre su solvencia. Fruto de la burbuja inmobiliaria muchas cajas han acumulado en sus balances activos que difícilmente son realizables a los precios en los que están contabilizados. A este importante problema que puede representar que supone un elevado riesgo de quiebra para muchas entidades hay que sumar la falta de capital de muchas entidades que han tenido que realizar fuertes provisiones, problemas de liquidez (que han dado como resultado la llamada “guerra del pasivo”), exceso de capacidad (personal y oficinas),o importantes problemas de gestión y de estructura organizativa, muchas veces resultado de la injerencia política de los gobiernos regionales de donde operan.

Ante esta complicada situación de nuestro sistema de cajas de ahorro, que cuenta con honrosas excepciones como es el caso de La Caixa, el FROB basa su estrategia de saneamiento principalmente en las fusiones entre entidades. Sin embargo, puede que esta no sea la mejor manera de sanear nuestro sistema financiero. En primer lugar, el término fusión es confuso ya que siempre hay una empresa absorbente y una absorbida. El pez grande se come al pequeño. De estas mal llamadas fusiones, el economista Jaume Llopis señalaba recientemente, como la evidencia empírica demuestra que en el 75% de los casos de todas las fusiones habidas en el mundo en los últimos 10 años la entidad resultante no aporta más valor que el que aportaban las dos compañías  por separado antes de la fusión: hay choque de culturas, fuga de talento, y en general, no se suelen cumplir todas las sinergias esperadas.

En este sentido, parece erróneo pensar que la fusión entre dos o más entidades pueda solventar los principales problemas que hemos mencionado. En la actualidad, se están cerrando acuerdos en los que prevalecen los intereses políticos por encima de los intereses económicos. Y eso es siempre un mal presagio. ¿Qué sinergias hay entre dos cajas? ¿Quién manda (punto candente en todos los procesos y cuyas soluciones hasta el momento son nefastas)? ¿Quién empieza a cerrar oficinas? ¿Dónde? ¿Cuál es el Plan de Negocio conjunto de la entidad resultante (si que existe alguno)? Donde no hay criterio económico los mecanismos de mercado no pueden actuar y el coste económico de la “reorganización” del sistema se encarece peligrosamente.

Por añaduría, existen argumentos adicionales que desaconsejan forzar las fusiones entre entidades. En un entorno globalizado como el actual, conviene ser prudente sobre las supuestas ventajas de ser una entidad grande. Grande sí, pero que el tamaño no vaya en perjuicio de la agilidad. Quizás el tamaño fuera una garantía de éxito en mercados estables. Hoy es mejor ser ágil (no esta claro que los órganos de gobierno de las entidades resultantes vayan ha ser más eficientes desde un punto de vista de gestión). Esta también el choque de culturas, seguramente el punto más difícil de gestionar en una fusión entre dos compañías. A este aspecto se une el dilema de saber quién gobierna y como la entidad resultante. Por el momento, las entidades resultantes serán gobernadas por los mismos gestores que las han llevado a la ruina. En otros casos, se han establecido turnos rotatorios entre los diversos gestores de las entidades que configuran la fusión de dos o más cajas. A todas luces, un elemento perverso que encarece aún más el coste de la restructuración del sistema para el contribuyente.

Es por eso, que el FROB siendo un elemento necesario, debiera haberse llamado FLOB: Fondo de Liquidación Ordenada Bancaria. En efecto, hubiese sido más claro y transparente, además de mucho menos caro, liquidar aquellas entidades financieras que no tienen futuro, cuyo Plan de Negocio no tiene sentido, y aplicar los fondos del FROB en recapitalizar de forma individualizada aquellas entidades que si sean viables. De esta forma, el erario público se vería liberado de más recursos en un momento muy delicado para las cuentas públicas, lo que supondría un alivio para los contribuyentes y para la ansiada recuperación económica. Por ahora, el único resultado previsible de dicho proceso es el aumento de paro, por la personas que entren dentro de las sinergias previstas, sin que se produzcan avances en la gestión, rentabilidad o recapitalización de las entidades beneficias con dichos fondos.

La pelota no entra por azar

Ahora que se acercan las elecciones a Can Barça parece un momento propicio para hacer balance sobre el estado de la institución y aprovechar la ocasión para repensar como mejor se le puede dar un nuevo impulso al club que lo consolide como uno de los mejores del mundo. Laporta, con sus errores y aciertos tanto en contenido como en forma, pasará como uno de los grandes Presidentes del club en toda su historia.

En primer lugar, Laporta y su equipo, me permito enfatizar la palabra equipo, han modernizado el club profesionalizando su gestión. El Barça ha dejado de ser, sobretodo en lo deportivo, un club presidencialista en donde es el presidente el que decide las grandes cuestiones deportivas, para pasar a tener un modelo de gestión que identifica y separa correctamente la función económica, de la deportiva y la social. No sólo se ha diseñado de forma correcta el modelo sino que se ha creído en él y se ha cumplido de forma estricta: desde 2003, dos entrenadores y un solo director técnico. En este aspecto, se ha de sumar el acierto de apostar por un modelo y estilo de juego acorde con la institución y respetar este modelo asumiendo los riesgos que tiene jugar al ataque y apostar por el fútbol espectáculo.

En segundo lugar, Laporta ha dado el salto global del club multiplicando por tres los ingresos y modernizando el modelo económico. Ferran Soriano en su libro sobre el mundo de la empresa y el fútbol, La pelota no entra por azar, señalaba la importancia de saber a qué juegas, esto es definir con acierto cuál es tu mercado – a quién te diriges –, y en función de que tipo de club quieras ser – global o doméstico –, diseñar el modelo de negocio, de club, adecuado para cumplir dichos objetivos. El Barça tiene una vocación de club global, capaz de aspirar a todos los títulos siempre, y jugando un fútbol espectáculo. Para eso necesitas contar con los mejores jugadores: de casa y de fuera. Y para eso necesitamos ingresos, y estos a su vez se consiguen si tu equipo genera audiencia televisiva por un lado (jugando muchos partidos y jugando un fútbol atractivo), y generando ilusión, que generalmente se traduce también en venta de camisetas. Estamos ante el famoso círculo virtuoso.

El Barça ha sabido posicionarse de forma brillante durante los últimos años. El acuerdo de Unicef, el fichaje de Ronaldhino, el fútbol vistoso y al ataque de Rijkaard y Guardiola, la apuesta por Iniesta y Xavi, el juego mágico de Messi, la actitud poco beligerante y prepotente de sus jugadores, la discreción y seriedad de sus dos entrenadores, o incluir la senyera en la camiseta son decisiones que refuerzan el posicionamiento del club en una dirección muy determinada. Un club comprometido con la sociedad, con el fútbol espectáculo, que aspira ha practicar el mejor fútbol del mundo, y que no renuncia a su catalanidad, sino que la integra en su ADN de forma natural y la proyecta del mismo modo al exterior.

A día de hoy el posicionamiento del club es uno de sus principales activos junto con la Masia y una cultura y modelo de juego claro y bien definido. En cualquier organización es importante tener una cultura, una manera de hacer, una visión de hacer las cosas, que te permita orientarte y permita a los de fuera adaptarse. En este sentido, la gran herencia del estilo del “dream team” de Cruyff y la escuela Ajax ha sido asentar unas bases de jugar un fútbol espectáculo que se han ido transmitiendo en las categorías inferiores de tal forma que el esquema de juego se ha ido asimilando con el tiempo hasta el punto de que en la actualidad entrenador y pilares de la plantilla se han educado en el mismo estilo de fútbol.

Finalmente esta la gestión social y institucional. No es fácil. Quizás la excelencia institucional sea lo más difícil de lograr en un club como el Barça. Se trata de representar a más de 140.000 socios, no sólo en Catalunya, sino también en España y en el mundo. Y por otro lado, también se trata de presidir una institución con más de 100 años de historia, con unas raíces y una relevancia en el entramado social y civil catalán muy relevante que no puede ni debe se ser ignorado. En suma, la presidencia del Barça exige dotes diplomáticas, un gran conocimiento del país y de la institución y de su historia, y una gran discreción y humildad para respetar la propia naturaleza espontánea de la institución y no caer en la tentación de querer acentuar una u otra corriente en función de la opinión personal del Presidente en cuestión. Una especie de triple voltereta que requiere de un saber hacer y una educación muy específica.

¿Qué hacemos ahora?

Después de éxito económico, deportivo e institucional del club durante los últimos años, en donde evidentemente no han faltado tampoco los errores, el club inicia, en mi opinión, una etapa de consolidación de dicho modelo. En esto creo que coinciden, al menos en sus intenciones, los principales candidatos. Al final, el modelo ha mostrado su éxito y sus resultados. Ahora se trata de consolidar lo que funciona, el modelo deportivo, dando un nuevo impulso al aspecto económico y social.

El esquema deportivo parece que es el gran acierto de Laporta, apostar por un modelo de juego espectáculo y actuar en consecuencia, y lo que más importante resulta blindar para no caer en el intervencionismo deportivo que pudiese dilapidar la dinámica ganadora y de buen juego del vestuario. Estas dos fuertes apuestas nos han traído el mejor fútbol a nuestro estadio. Como se dice en Catalunya: “pau i que duri”.

En la parte económica, la diversificación de ingresos del club debe continuar. El posicionamiento y marca del club son ahora dos grandes activos que en el mercado global del fútbol pueden y deben ser nuevas y recurrentes fuentes de ingresos para el club. Estos ingresos han de servir para garantizar el modelo de éxito deportivo en lo que se ha venido a llamar círculo virtuoso. Es por eso, que seguir siendo coherente con la imagen de club comprometido con el buen fútbol, con el deporte, comprometido con la sociedad ha de continuar. Además que es hoy ya un motivo de orgullo de la masa social y los simpatizantes del club.

Finalmente, el aspecto social e institucional del club ha de seguir tendiendo hacia la excelencia. No en vano la masa social ha crecido de forma exponencial durante los últimos años y los retos que ello implica son innumerables. El club necesita una continua regeneración para garantizar su transparencia, su buena gestión, y la proximidad con sus socios los propietarios legítimos del mismo.

El 13 de junio hay convocadas elecciones. La mayoría de los candidatos han reconocido como exitoso la gran parte del mandato Laporta, aunque con matices con respecto a los desaciertos y salidas de tono del presidente saliente. En mi opinión, el quid de la cuestión se centrará en la credibilidad del candidato, su seriedad y el contar con un equipo solvente a su alrededor. Qué gane el mejor y, sobretodo, que gane el Barça!

Capear el temporal

En la actualidad existen tres grandes riesgos sobre la economía europea que conviene no ignorar. Por un lado, los efectos de la retirada del estímulo fiscal están por determinar. Una buena coordinación, en especial entre los miembros de la Unión Monetaria, será indispensable debido a que los ritmos de salida a la crisis son muy dispares. Por otro lado, las políticas de extraordinaria liquidez llevadas a cabo por el BCE tendrán también que ser retiradas de forma paulatina antes de proceder a cualquier subida de tipos. Por último, está por ver el alcance y profundidad de las necesarias reformas estructurales necesarias en la mayoría de economías de la zona euro de las que en buena medida depende la esperada recuperación.

En este escenario, resulta fundamental para nuestro sector privado, ahora más que nunca,  una correcta toma de decisiones para asegurar la viabilidad en tiempos tan revueltos. Por añadiría, una buena toma de decisiones durante el periodo de ajuste en el que estamos inmersos puede suponer una mejora sustancial de la posición competitiva en el mercado cuando la economía retome la senda del crecimiento. No en vano, las grandes fortunas de los últimos decenios se han empezado a generar durante los periodos recesivos. En este sentido, es posible extraer algunas directrices de carácter general que nos ayuden a orientar nuestra toma de decisiones en la presente coyuntura.

En primer lugar, resulta imprescindible que, con independencia de tamaño y sector, nuestras empresas miren hacia los mercados internacionales. El elevado nivel de apalancamiento y la necesidad de emprender reformas estructurales profundas, amenazan el potencial de crecimiento de la economía española. Es por eso, que resulta fundamental que nuestro sector competitivo oriente sus esfuerzos hacia el exterior. La crisis ha acelerado el proceso de convergencia con economías emergentes. En efecto, China, India o Brasil, tendrán una recuperación más rápida y vigorosa que en España u otros países de nuestro entorno y cada vez más las oportunidades de crecimiento pasarán por abrir mercados en países que tendremos que ir a buscar en el globo. En la actualidad, el grueso de las exportaciones de nuestro tejido industrial se concentra en Europa. Es por eso que resulta esencial que nuestras empresas den el salto global necesario para poder beneficiarse de las regiones del mundo que más riqueza generarán en el futuro.

El segundo aspecto fundamental en la actual coyuntura es la búsqueda de masa crítica. En este sentido, es importante rastrear bien el mercado en busca de oportunidades para posibles fusiones y adquisiciones en procesos de concentración que mejoren la competitividad y eficiencia del sector en su conjunto asegurando la supervivencia de las empresas más competitivas y solventes. Es precisamente en la actual coyuntura cuando pueden surgir más oportunidades de inversión en las que comprar a múltiplos bajos. Empresas que hayan mantenido un relativo grado de solvencia, con algo de liquidez, y que dispongan de un plan de negocio claro, pueden aprovechar la fase recesiva del ciclo para consolidar su posición en sus mercados de referencia.

Por otro lado, las compañías que la crisis les ha cogido excesivamente endeudadas, tienen que concentrar sus esfuerzos en reducir su apalancamiento y reestructurar su deuda, al tiempo que ajustan su estructura productiva para garantizar su solvencia y, a la postre, su viabilidad futura. De nuevo, la liberalización del mercado laboral, entre otras reformas, resulta un elemento imprescindible para la ansiada recuperación. Sólo permitiendo el ajuste a la baja de las estructuras de costes de las compañías, estas podrán seguir siendo competitivas y sobrevivir pudiendo mantener algunos puestos de trabajo, generando de nuevos cuando la economía vuelva a crecer. Por el contrario, si este ajuste no se produce, o su coste resulta demasiado elevado, más compañías no podrán reestructurarse y quebrarán, perdiéndose así todos los empleos, con el coste añadido de la importante destrucción de fondo de comercio que esto supone para la economía en su conjunto.

En suma, si bien para los próximos ejercicios el escenario macro económico no está a salvo de nubarrones, es precisamente durante la fase donde se depuran los desequilibrios y excesos de la etapa expansiva, en los que más oportunidades de inversión pueden surgir para aquellas empresas solventes y con una idea clara de futuro. No es por casualidad pues, que los economistas de la llamada escuela Austríaca de economía, la que de manera más completa y rigurosa ha explicado la teoría de los ciclos económicos, llamen a este periodo con el irónico apelativo de sana recesión.