El coste de la reordenación bancaria

Nuestro sistema financiero históricamente ha mantenido los principios de banca tradicional de una manera más intensa lo que se ha traducido en una mayor resistencia de nuestros bancos y cajas a los avatares financieros de 2008-09. Las llamadas provisiones genéricas, un modelo de banca tradicional, y una mayor eficiencia relativa de nuestras instituciones crediticias nos dieron un margen de maniobra considerable en los momentos más complicados de la crisis financiera mundial. Sin embargo, este margen ha sido desaprovechado por nuestras autoridades que han desperdiciado el último año para desplegar una estrategia coherente de reordenamiento y saneamiento del sistema.

Por partes. Pese a lo que se ha dicho desde algunos medios, España no ha sido inmune a la acumulación de activos tóxicos, es decir ilíquidos, en los balances de los distintos bancos y cajas. En efecto, que un activo sea tóxico o no atiende al crédito consecuente y no al método de generación antecedente. En este sentido, en la medida en que en los balances de las entidades de crédito nacionales existen inversiones sobrevaloradas adquiridas mediante apalancamiento tenemos activos tóxicos en el sistema.

Una de las estrategias que se han barajado para el saneamiento del sistema financiero, paso ineludible para que el flujo de crédito vuelva a funcionar normalmente, ha sido la creación de un “banco malo”. Este “banco malo” estaría configurado por el sobre valor de estos activos con su consiguiente endeudamiento en su pasivo. Dicho de otro modo, el balance de este banco nos daría una idea aproximada del coste del agujero negro (activos que valen menos que la deuda con la que fueron financiados) de nuestro sistema financiero que estaría colapsado (situación de default) sino fuese por las fuertes medidas de liquidez impuestas por el BCE.

¿Cómo hemos llegado a esta complicada tesitura? El primero de los puntos clave a tener en cuenta, es que durante el último lustro hemos vivido un periodo de fuerte apalancamiento. Miremos las cifras. En base a datos del Banco de España, la consultora Freemarket presidida por Lorenzo Bernaldo de Quirós, ha calculado el ratio de saldo vivo de crédito bancario sobre el PIB: este ha pasado del 112% en 2004 hasta el 171% a finales de 2008. Este crecimiento exponencial muestra de forma fehaciente la borrachera de crédito vivida en los últimos años. Del mismo modo, se refuerza el argumento anterior al observar la evolución del crecimiento del crédito bancario con respecto el crecimiento del PIB nominal: pasamos del 11,7% en 2001, al 27,17% en 2005 en el apogeo del proceso de expansión crediticia.

En base a estos indicadores, vemos como a partir del estadillo de la burbuja, a mediados de 2007, el crédito empieza su particular contracción. Este es el momento en el que empieza el paulatino proceso de desapalancamiento que no se puede realizar a cabo de manera ordenada porque la menor disponibilidad de crédito desploma el precio de los activos financieros e inmobiliarios de manera caótica. Estamos ante los inicios de la recesión económica en la que todavía hoy estamos inmersos.

Ante este panorama el escenario más deseable hubiese sido una liberalización de los mercados y una decidida estrategia del Banco de España que hubiese tenido por objetivo la recapitalización de las entidades solventes: discriminando el trigo de la paja. Al mismo tiempo, se tendrían que haber dejado aflorado las minusvalías en los balances de las entidades financieras que hubiesen permitido identificar las entidades mejor y peor situadas ante la crisis. Por último, ante la burbuja de precios en el sector inmobiliario, lo deseable aunque doloroso, hubiese sido dejar ajustar los precios a la baja para que el mercado se reactivase de forma natural y espontánea aflorando las pérdidas de forma rápida. Esto a su vez, hubiese generado la base necesaria para volver a generar crecimiento sostenible en la economía (el que no se basa en estímulos crediticios o fiscales).

Por el contrario, estos dos años, se ha optado por una estrategia de “extend and pretend”, que dice mi buen amigo Antonio Gurrea, en la que la mayoría de bancos y cajas han ido posponiendo el ajuste a la baja de sus balances alargando el doloroso proceso de ajuste. El gobierno, por su parte, ha generado una gran incertidumbre regulatoria con respecto a las decisiones a tomar y el calendario para implementarlas, y conjuntamente con los planes de gasto público han contribuido a un ajuste agónico pero imparable de nuestra economía, que a la postre, únicamente ha servido para retrasar lo inevitable aumentando el coste de la solución para el contribuyente.

Una vez aceptada la hipótesis básica de exceso de valoración de activos financiados con un exceso de crédito bancario, cabe preguntarse cual es la magnitud de la catástrofe. Cómo vuelve a señalar Lorenzo Bernaldo de Quirós, esta cuantificación resulta fundamental para poder abordar con garantías de éxito un plan de saneamiento que efectivamente recapitalice las entidades de crédito para que estas puedan cumplir con su función fundamental de canalizar el crédito. En otras palabras, es necesario estimar el tamaño del balance de este “banco malo”.

El 90% de las pérdidas de las entidades crediticias se concentra en el importe de la rúbrica “Créditos a otros Sectores Residentes” (OSR). En base a estimaciones de probabilidad de impago y severidad de la pérdida (esto son pérdidas adicionales por la gestión de impagados derivados del impago de un crédito), la consultora Freemarket estima en 200.962 millones de euros la perdida final que arroja la cartera de préstamos y créditos concedidos a residentes en España, incluyendo tanto a familias y empresas. Este montante es el tamaño de nuestro particular “banco malo”, y el coste estimado de sanear el sistema financiero español (del que una parte muy importante recaerá sobre los hombros del contribuyente).

2 Responses to El coste de la reordenación bancaria

  1. Jordi Franch says:

    Considerando 201.000 millones de euros de pérdidas reales actuales y que el patrimonio neto agregado del sistema bancario español es de 175.000 millones de euros, las conclusiones son claras.
    El sistema bancario está quebrado.
    Por desgracia, aquí pagan justos por pecadores.

  2. Bo Derek says:

    Desgraciadamente nuestros acreedores han perdido la confianza en nuestro sector financiero. Se desconoce el tamaño del valor exacto del fraude ,y esto lleva a que los inversores internacionales sean cautos con respecto a España.

    A estas alturas es evidente que el regulador (todo sea dicho, bienintencionado) ha sido sobrepasado por el carácter de nuestro pueblo. La picaresca ha permitido a algunos esconder sus vergüenzas debajo de la alfombra evitando provisionar créditos de una forma honesta. Nuestros acreedores lo saben y ahora nos sorprende que desconfíen y que nos penalicen por ello.

    Es imperativo un acto de confesión y propósito de enmienda en favor de una mayor transparencia y objetividad para recuperar la confianza perdida.

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