Posibilidad histórica para la CEOE

Hace unas semanas conocimos la noticia de que Juan Rosell, presidente de la histórica patronal catalana Foment del Treball, presentaba su candidatura a la presidencia de CEOE con la voluntad de aunar el mayor consenso posible. En la actualidad, es conocida y notoria la importante crisis de visión y liderazgo de la confederación de patronales empresariales en un entorno ya de por sí adverso. Se trata de una organización  muy compleja que después de la turbulenta etapa de Díaz Ferrán – que no en vano ha empezado la modernización de la organización –, afronta su propia reestructuración y rediseño. Ante este escenario, no muy alentador, emerge la posibilidad histórica de que un liberal (en su sentido clásico continental), catalán, tremendamente preparado y solvente como es Juan Rosell pueda liderar la asociación de asociaciones empresariales en España en un momento en el que esta se enfrenta a numerosos retos de los que en buena medida dependerá que salgamos con mayor o menor celeridad de la recesión que atravesamos.

Desde esta tribuna siempre pasamos de puntillas por la actualidad política pero por esta vez haremos una excepción. Se trata de una oportunidad histórica por diversas razones. En primer lugar, por que de nuevo Catalunya lideraría (de nuevo) la CEOE en un momento de falta de visión y de crisis de la organización que ayudó a crear de forma definitoria Josep Ferrer Salat, histórico presidente de Foment y del que Juan Rosell es heredero de sus mejores virtudes. En efecto, nuevamente, y si se me permite respondiendo a una cierta lógica, el empresariado catalán caracterizado por su naturaleza exportadora, de tamaño medio y familiar, lideraría (en su excepción más positiva) el empresariado del conjunto del país. España no se entiende sin el efecto regenerador y reformista que llega de tanto en cuanto desde la ciudad condal. Quizás ahora vuelve a ser momento de ayudar al conjunto de España a dar un golpe de timón.

En segundo lugar, Rosell acumula una larga trayectoria como empresario, como liberal, y como catalán. Sin estridencias ni exabruptos, Rosell ha mantenido una coherencia intelectual y de pensamiento encomiable, más aún en los tiempos que corren en los que los cambios de chaqueta o los valores de quita y pon te pueden facilitar tanto la existencia. Desde Foment del Treball, se ha ido armando durante los último años una estructura de pensamiento anclada en el liberalismo clásico, clara y coherente que ha venido defendiendo la economía de mercado abierta, la importancia de tener un marco institucional claro y simple, aplicable a todos por igual, un Estado pequeño y eficiente, una baja presión fiscal, siendo uno de los principales catalizadores de las grandes iniciativas que han mejorado la competitividad de nuestra economía durante los últimos años.

En suma, siempre ha sido un firme y constante defensor de un sistema capitalista en su sentido clásico, lo que se ha traducido en Fomento en impulsar una patronal dinamizadora de la economía y del empresariado, libre de ingerencias políticas y de etiquetas sino siendo una institución transversal, no mercantilista, anclada en unos principios sólidos que han recogido a su vez la función de la clase empresarial de liderar a la sociedad también en temas de ideas y pensamiento, defendiendo siempre un marco social justo y transparente en el que se pueda desarrollar la actividad empresarial en libertad cómo único camino para incrementar la riqueza y el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Finalmente, estamos ante una posibilidad única de ejercer un liderazgo de corte liberal clásico de verdad y a la “catalana” desde Madrid en uno de los momentos más convulsos que afronta nuestra economía desde los últimos años, y precisamente en un momento en el que las relaciones entre Madrid y Barcelona no atraviesan su mejor momento. Desde Foment, e instituciones afines, es hora de cerrar filas entorno a Rosell para capitalizar al máximo esta posibilidad histórica de influir positivamente en el conjunto del país lo que repercutiría, además, de forma muy positiva en Catalunya.

En la agenda de la CEOE: impulsar una reforma laboral que se ajuste al nuevo entorno competitivo y que permita cortar la hemorragia del paro y de la destrucción de empresas, reducir los trámites burocráticos para la creación de empresas, impulsar medidas de simplificación de la administración, eliminar leyes inútiles, o descentralizar la negociación colectiva entre otro retos. En definitiva, medidas y políticas que permitan y mejoren la actividad empresarial en un entorno de mercado libre y faciliten la creación de empresas lo que a la postre se traduce en una mayor creación de riqueza y con más y mejor empleo. Suerte Rosell.

Basilea III (1): nuevos y viejos requisitos de capital

La crisis financiera global, si alguna cosa ha puesto de manifiesto es la debilidad de la arquitectura financiera mundial, poblada de entes y organismo regulatorios que no han podido pasar de ser observadores de lujo del crac bursátil y de cómo el sistema llegaba al borde del colapso. Dentro del entramado regulatorio de los mercados financieros destaca el Banco de Pagos Internacionales (BIS en sus siglas en inglés) con sede en la localidad suiza de Basilea, organismo internacional  cuyo objeto principal es fomentar la cooperación entre los diferentes bancos centrales estableciendo pautas normativas comunes para la coordinación del sistema financiero internacional. En efecto, el BIS emite de forma periódica informes y recomendaciones comunes a todos los bancos centrales, con el objetivo de que estos los implementen en sus áreas de influencias.

Fruto de la presente crisis financiera, el BIS ha elaborado un nuevo marco de recomendaciones que se ha venido a llamar Basilea III. No ataca los fundamentos del sistema, pero si que establece directrices y recomendaciones que van en la dirección adecuada. La recomendación más importante de Basilea III es elevar el llamado “core capital” (capital básico) de un mínimo del 2% vigente a un 4,5%. El BIS define el ‘capital básico’ como la cifra de capital en su sentido clásico: esto es, el capital subscrito por los accionistas más las reservas o beneficios retenidos de ejercicios posteriores, más primas por ampliaciones de capital. De esta manera, el ratio de capital básico será el resultado de dividir los activos del banco ponderados según si riesgo partido capital más reservas.

¿Por qué no lo llamamos simplemente capital? Porqué la ‘calidad’ del capital de alguna manera no es homogénea. La sofisticación financiera de los últimos años, ha obligado a incluir distintas definiciones de capital según su calidad (eufemismo para reflejar instrumentos de financiación híbridos, que sin ser considerados capital, presentan alguna característica similar al concepto clásico de capital comúnmente aceptado). De esta forma, aparece el ratio Tier I (capital de primer nivel), que incluye el core capital  más las acciones o participaciones preferentes.

Las acciones preferentes (participaciones en el caso de las cajas de ahorros) son un híbrido entre acciones y bonos: obligan al emisor a pagar un dividendo fijo, siempre que haya beneficios (en esto, son como un bono); pero no hay obligación de pagarlo si no hay beneficios y, a veces, tampoco hay que devolver el principal, aunque son transferibles (en esto, son como una acción). A efectos de regulación bancaria, computan como capital para el cálculo del Tier I, aunque queda claro que si bien el Tier I siempre será superior al ‘core capital’ recoge capital que podríamos decir presenta una peor ‘calidad’.

Los bancos han emitido bastantes acciones preferentes, ya que permiten captar dinero más fácilmente que con las acciones ordinarias (ampliaciones de capital), te cuenta como capital, y con ello cumples con el regulador bancario y, sobre todo, la bolsa no te penaliza, pues no has aumentado el números de acciones y, por tanto, la rentabilidad del inversor no se verá penalizada. En suma, se trata de una alternativa válida para levantar financiación, aumentar la rentabilidad del accionista y cumplir con el regulador. En otras palabras, los híbridos generalmente sirven a la entidad emisora como una manera de aumentar la rentabilidad sin que parezca que se aumenta el riesgo. Este invento es de origen estadounidense, donde se usa mucho y desde hace muchos años. En España, los bancos lo empezaron a usar hace sólo unos 10 años, pero en esta década han sido asiduos emisores (especialmente las cajas).

No hemos de subestimar la innovación financiera, sino todo lo contrario: esta es una piedra angular para la economía y para que esta siga innovando. Sin embargo, es importante llamar a las cosas por su nombre y ser prudente a la hora de analizar el capital de una entidad financiera, ya que llegado el caso, es decir, cuando arremete la crisis (como la actual), y se descubren malas inversiones, lo único que nos servirá para mantener nuestra solvencia será el capital desembolsado por los socios y los beneficios no distribuidos, todo lo demás tiende a fallar (por su propia naturaleza cíclica) cuando todo falla.

¿Dónde invertir?

En mis pasados posts describía de forma sucinta que variables marcarán los avatares económicos en los próximos meses. Describía un escenario con dinámicas contrapuestas en las que coexistían expectativas de inflación con expectativas de deflación. Ahora bien, visto el panorama: ¿dónde invertir? ¿Cómo protegemos antes este escenario nuestro ahorro? En términos generales, desde el estallido de la crisis, los mercados se han mostrado convulsos, erráticos y extremadamente sensibles a cualquier chasquirreo con respecto a las decisiones de Gobiernos y Bancos Centrales y sus políticas en materia económica y sobretodo por sus políticas de rescate. Ante todo, nos enfrentamos a un escenario extremadamente volátil. Dicho esto, y aún a riesgo de convertirme en la bruja Lola y comerme con patatas este post desde la primera letras y hasta el último punto, me atreveré a compartir lo que yo considero pueden ser las grande guías de lo que podemos esperar en los mercados en los próximos meses.

En primer lugar tenemos la renta variable. En 2007, la Bolsa cayó en picado reflejando el crash económico y el pinchazo de la burbuja. Desde entonces, la Bolsa ha ido dando algunas alegrías, principalmente a inversores a corto que se han beneficiado de las políticas de rescate o de subidas en los valores debido a los masivos planes de estímulo. Este patrón se ha repetido en los últimos meses. En efecto, cuando parecía que el estímulo monetario y fiscal estaban completamente agotados, parece que el ‘helicóptero Ben’, como se conocen a las políticas expansivas del Presidente de la Fed, puede volverse a encender mediante la compra directa de activos, principalmente deuda americana, pero también se habla de otros activos financieros como cédulas hipotecarias. El objetivo: evitar a toda costa un escenario deflacionista que podría ser letal para la economía. Sin embargo, la economía sigue adoleciendo de importante desequilibrios estructurales. En mi opinión, estas nuevas políticas serán un fracaso y pueden ser tremendamente dañinas para la economía en su conjunto (ya están generando nuevas burbujas). En este sentido, parece razonable esperar subidas en los mercados de Renta Variable en el muy corto plazo, pero la recuperación todavía esta lejos de ser sostenida.

Del párrafo anterior se concluye que las políticas de demanda están completamente agotadas, también en el aspecto fiscal: los mercados financieros no van aceptar escaladas futuras del binomio déficit/deuda. Todos los países, con sonadas excepciones como es el caso de USA, están retirando, algunos a marchas forzadas, todos los estímulos fiscales con las consecuencias sobre el PIB que ello conlleva. Por su parte, la demanda privada todavía es frágil (por la misma naturaleza de la crisis se encuentra muy apalancada y con expectativas de subidas de impuestos en el corto-medio plazo) así que no es razonable esperar que esta pueda  reemplazar la demanda publica y evitar la caída. El resultado: una más que probable caída (‘double dip’) en el que el PIB, con su efecto sobre la Bolsa, vuelvan a contraerse de forma dramática acentuando el escenario de ‘W’. Estos episodios de expansión de las políticas de demanda, han tenido un efecto colateral con respecto a las cuotas a la exportación de los países ya que han motivado una escalada de depreciaciones competitivas entre las principales divisas: lo que se esta viniendo a llamar ‘la Guerra de las Divisas’. Este aspecto, no sólo incentiva seguir imprimiendo billetes, con los dañinos efectos que esto conlleva, sino que además puede convertirse en la antesala de una oleada de proteccionismo si los países no acuerdan mediadas globales para salir de la crisis. Pretender salir de la crisis a expensas del vecino, siempre ha sido un mal negocio.

En cualquier caso, y sin tener en cuenta lo anterior, el refuerzo en la expansión del crédito por parte de la Fed difícilmente cumplirá con sus objetivos (espero detallar en sucesivos post las consecuencias de estas políticas), con lo que me parece evidente que las bases de nuevos repuntes de la Bolsa serán extremadamente débiles.

Esto significa que el ahorro ha ido buscando alternativas para protegerse. En este sentido, el oro va subiendo en tanto en cuanto se consolida como la única divisa que no se deprecia, mientras el inmobiliario en España evoluciona de forma muy desigual según la zona y el tipo de activo. Es de esperar que el oro siga subiendo en tanto en cuanto no se atisbe un indicio claro de que la recuperación va a ser sostenida, pero muy probablemente lo haga a niveles algo inferiores. En el sector inmobiliario a sufrido un severo ajuste, y su valoración es extremadamente heterogénea con activos ya estabilizados en su valor y otros que son completamente ilíquidos (como bien saben bancos y cajas). Una buena inversión en el mercado inmobiliario dependerá mucho de las circunstancias personales de cada uno, incentivos fiscales que uno se pueda aprovechar y su momento personal.

En suma, la Bolsa puede darnos algunas alegrías en tanto en cuanto nuestro ángulo de inversión sea el de especular a corto. En mi opinión, las bases de previsibles escaladas son todavía débiles y no exentas de posibles correcciones futuras. Resulta esencial comprender lo dramático de nuestra situación y la imperiosa necesidad de realizar un ajuste de naturaleza interna. Todo lo demás son salidas en falso y callejones sin salida que sólo añaden más leña al fuego y, como no nos cansamos de decir desde esta tribuna, posponer lo inevitable.

Perspectivas otoñales (2/2)

Ante este panorama desigual, ¿qué hacer? Sin que exista una receta clara en política económica (sobretodo en a las economías súper-intervenidas en las que nos ha tocado vivir), el FMI propone una serie de medidas que se establecen como recomendaciones de carácter general. En primer lugar, recomienda una política monetaria acomodaticia, esto es, mantenimiento de tipos de interés bajos. Esto no implica que desde el máximo organismo económico mundial no se observe con cierto escepticismo políticas que afectan la expansión del crédito de forma directa como la que se quiere llevar a cabo en Estados Unidos mediante la compra de activos. En la misma línea, desaconseja subidas de tipos aún cuando la ausencia de estas políticas suponga un riesgo añadido a la generación de nuevas burbujas para la que aconseja medidas “macroprudenciales”, estos es, medidas de naturaleza regulatoria pese a las implicaciones y dificultades que esto implica.

Con respecto a las políticas fiscales, y como ya hemos discutido en otras ocasiones, el FMI afronta un serio dilema: si bien la prioridad absoluta (sobretodo en países como España) en el medio plazo es recobrar el equilibrio en las finanzas públicas, una retirada masiva de los paquetes de gasto público efectuada de forma coordinada por parte de varios países podría afectar al crecimiento de forma dramática y tener graves tensiones deflacionistas en el corto plazo. En cualquier caso, los planes de contención son en la mayoría de casos una condición imprescindible impuesta, muchas veces, desde fuera de las propias economías, por los mercados financieros internacionales y parece difícil que estos se puedan demorar más. La retirada de estos estímulos significará una importante caída en la demanda agregada que difícilmente podrá ser reemplazada en el corto-medio plazo.

Por último, se aconseja seguir con todas aquellas reformas encaminadas a recapitalizar los diferentes sistemas financieros mejorando la solvencia de las entidades en el marco que establece Basilea III, y ahondar en las reformas estructurales consistentes principalmente en la liberalización paulatina de los mercados de trabajo y bienes y servicios para atajar el paro y mejorar la competitividad de las diferentes economías.

Todo lo anterior, constituye el recetario típico del FMI. Si miramos caso a caso, la prioridad en las economías emergentes es que se integren en los procesos de coordinación de políticas económicas. En este sentido, se ha instado a China, y a otras economías asiáticas, a retrasar los planes de consolidación fiscal y a que den mayor flexibilidad a sus políticas cambiarias. El objetivo, es incentivas un incremento de la demanda interna en estas economías para favorecer de alguna manera el desapalacamiento de las economías altamente endeudadas a costa de las economías que acumulan un mayor nivel de ahorro.

En suma, las perspectivas sobre el comportamiento de la economía mundial de aquí a Navidad son en general poco halagüeñas. Existe una gran incertidumbre en los mercados al aunarse expectativas de inflación (nuevos paquetes de estímulo fiscal y monetario, principalmente en Estados Unidos y Japón), unido a la retira de los estímulos fiscales en muchas otras economías (Alemania, España, o Reino Unido) que en algunos casos vienen impuestos desde fuero al haber agotado el crédito de sus inversores.

Por añaduría, las principales divisas internacionales, están en duelo debido a que todas quieren crecer vía exportaciones para salir de la crisis, lo que puede ser la antesala de un escenario proteccionista que sería letal para la economía en su conjunto. China mantiene un tipo de cambio artificialmente bajo, aunque no esta exento de motivos, y Estados Unidos y Japón ya han anunciado medidas adicionales de expansión del crédito para tratar de mejorar las exportaciones vía depreciación. Es el momento de hacer políticas de oferta, esto es reformas estructurales, que en muchas economías, como es el caso de España, son complejas y con un elevado coste político pero que resultan imprescindibles para que la recuperación sea vigorosa y sobretodo, sostenible. En suma, la coordinación entre los diferentes países para evitar escaladas proteccionistas y desajustes adicionales en los mercados de divisas y de capitales resulta esencial para que en Navidad podamos decir que estamos un poco más lejos de la crisis y un poco más cerca de la recuperación.

Perspectivas otoñales (1/2)

En los últimos seis meses, las perspectivas sobre la economía mundial y la salida a la crisis se han ido deteriorando paulatinamente como lo demuestran las últimas proyecciones del FMI. En efecto, en el último informe del FMI, similar al de otros organismos internacionales de naturaleza económica, señala como la recuperación es básicamente débil, desequilibrada, en donde persisten riesgos reales de que no sea sostenida en el largo plazo.

Uno de los factores que influye en esta visión pesimista es la lentitud con la que se está reequilibrando la economía mundial: en la mayoría de las economías desarrolladas persisten déficits a nivel macro que amenazan el crecimiento en el largo plazo. Desde esta tribuna, hemos alertado sobre la necesidad de reducir los abultados déficits como condición imprescindible para recuperar la senda del crecimiento. Sin embargo, parece difícil que la demanda privada pueda reemplazar la demanda pública visto su elevado nivel de apalancamiento y el efecto pobreza debido a la caída generalizada en el precio de los activos (ambas debidas a la propia naturaleza de la crisis).

En segundo lugar, persisten los desequilibrios en las balanzas de pagos entre las diferentes regiones monetarias, factor decisivo para alentar el crecimiento de la economía mundial en su conjunto. A nivel macro, Estados Unidos necesita exportar más. A tal efecto, se han destinado numerosos “esfuerzos” para depreciar el dólar y ganar competitividad vía devaluaciones. Este esfuerzo, se ha materializado en más “helicóptero Ben” (como se conoce ya en Wall Street las políticas de dinero fácil del presidente de la Fed Ben Bernanke) está vez, agotados los instrumentos tradicionales de política monetaria, dicha política expansiva se ha materializado mediante la compra directa de activos por parte de la Fed (esta medida previsiblemente se anunciará a pricnipios de noviembre cuando se reúna el consejo del instituto emisor). Este tipo de políticas también las ha realizado el Banco Centra Europeo con los rescates de Grecia e Irlanda, y recientemente el Banco de Japón también ha anunciado medidas en este sentido para contrarrestar en parte la apreciación que está sufriendo el Yen japonés con respecto al dólar.

En este lance, países como China deben recorrer el camino inverso y potenciar sus mercados internos en parte, dejando que su divisa se aprecie principalmente con respecto al dólar. Desde China se arguye que los 800 millones de chinos que quedan en el campo, y que también negocian y comercian en yuanes, hacen imposible la apreciación del yuan por las tensiones sociales que pudiesen surgir debido a la naturaleza extremadamente dispar de la economía China. Se trata de un tema complejo del que no hay una respuesta correcta. En cualquier caso, China atesora cada vez más un volumen mayor de reservas de divisas en su Banco Central impidiendo que su divisa se aprecie. El resultado de estas tensiones cambiarias ha dado lugar a lo que se ha venido a llamar “La Guerra de las Divisas” y que se podría convertirse en la antesala de una espiral de proteccionismo si las principales economías no hacen esfuerzos adicionales para coordinar sus políticas económicas (ya se rumorea de un pacto entre Americanos y Chinos por el que unos pospondrían nuevos estímulos monetarios a cambio que los otros apreciasen su divisa aunque sea levemente).

La consecuencia de todo lo anterior es una recuperación con pies de barro y a velocidades dispares según país y región. Los países emergentes previsiblemente recuperen antes sus tasas de crecimiento, mientras que las economías avanzadas difícilmente crecerán por encima del 2%, en muchos casos insuficiente para la generación de empleo. Este crecimiento dispar pone de manifiesto como las economías emergentes, menos afectadas por el incremento irracional del crédito y la consiguiente burbuja inmobiliaria, están teniendo un crecimiento más próximo a su potencial, aún teniendo en cuenta la desaceleración de la economía mundial.

Una mala e incompleta reforma laboral

Hace dos semanas, vivimos una jornada de huelga general. Dejando a un lado sus implicaciones, idoneidad y seguimiento, dicha huelga venía motivada por una reforma laboral que según los sindicatos no favorece los intereses de los trabajadores. Seguramente sea así aunque no por los mismos motivos que arguyen los propios sindicatos. En cualquier caso, se trata de una reforma tímida, incompleta que no trata los principales temas

En primer lugar, huelga decir que se trata de una Reforma completamente necesaria e ineludible con independencia o no de la crisis financiera internacional. En efecto, la reforma (liberalización) de nuestros mercados de trabajo es una condición sine qua non para nuestra recuperación. En este sentido, es una reforma que llega tarde y que se ha escabullido de la agenda política por estar convenientemente encubierto por el bálsamo de dinero fácil que ha caracterizado el periodo 2002-2006, primero, y por tratarse de una reforma muy impopular que tiene que enfrentarse a numerosas resistencias de grupos e intereses creados. No en vano, la burbuja crediticia ha camuflado nuestro deficiente marco laboral que incluso en plena efervescencia económica a finales de 2006 no consiguió bajar la tasa de paro del 8% para el conjunto de la economía, un 6% en el caso particular de Catalunya.

En cualquier caso, la reforma es incompleta y no aborda una de las cuestiones claves en este asunto que no es otro que es el de avanzar en la paulatina liberalización de los mercados de trabajo, paso ineludible para acabar con la dualidad de nuestro mercado de trabajo y garantizar mejores condiciones de trabajo a las generaciones futuras. La reforma aborda dos temas principalmente: reduce de forma muy importante los costes de despido si se dan causas económicas objetivas al tiempo que trata de homogeneizar las indemnizaciones de los contratos temporales e indefinidos para fomentar el uso del contrato indefinido y reducir la alta temporalidad (junto con el paro, otro síntoma claro que nuestras instituciones laborales son claramente deficientes). Por partes.

La Reforma reduce la indemnización por despido en los contratos indefinidos: de los históricos 45 días por año trabajado a 20 (de los que además la empresa sólo tendría que pagar 12) siempre y cuando este contrato se rescinda por causas económicas objetivas. Sin embargo, la ley no específica estas causas de una forma clara dejando al juez la última palabra sobre la escisión de un contrato laboral. El Ministro Corbacho intentó que se aprobase el texto especificando que las causas económicas objetivas eran 6 meses en pérdidas pero la medida no encontró el consenso. De esta manera se genera una gran incertidumbre aunque es justo decir que es una medida que a priori ha de beneficiar sobretodo al empresario.

Por otro lado, esta medida pretendía ahondar en el segundo gran objetivo de la reforma laboral, esto es incentivar la contratación indefinida homogeneizando la indemnización por despido a la del contrato temporal. Sin embargo, esta incertidumbre regulatoria que mencionábamos con anterioridad que deja al juez la última palabra, genera inseguridad jurídica con lo que sin duda actuara de forma disuasoria aquellos empresarios realmente decididos a convertir contratos temporales en fijos.

En suma, es una mala e incompleta reforma laboral que no afronta el verdadero problema de nuestro mercado de trabajo que es su profuso intervencionismo, falta de flexibilidad del sistema en su conjunto, su centralismo a la hora de negociar convenios, y poca adecuación a la realidad productiva del país constituida básicamente por autónomos, profesionales independientes, pequeñas y medianas empresas y pequeños comercios y tiendas. Así pues, todavía esta por ver quién le pondrá el cascabel al gato…

Plan B

Entre ayer y hoy las alarmas por cubrir posibles contingencias de los Presupuestos del Gobierno han centrado el debate económico. El famoso Plan B de MAFO, al que hoy también se suma el FMI por voca del español José Vinyals, responde a los lógicos recelos que despiertan las “positivas” proyecciones de crecimiento que maneja el Ejecutivo y las importantes implicaciones que estas tienen en la estimación del déficit proyectado para los próximos ejercicios. Las predicciones no dejan de ser predicciones, y cualquier proyección que podamos hacer podría ser incorrecta (y muy probablemente no se cumpla). Sin embargo, la situación post-burbuja de la economía española sumada al profundo desapalancamiento que esta debe realizar hace pensar que inevitablemente nuestro crecimiento será débil o muy débil tanto en 2010, como en 2011, y previsiblemente también en 2012.

En su día ya alertamos desde esta tribuna sobre la importancia de acometer reformas estructurales de calado sino queríamos seguir con nuestra particular destrucción de empleo por una lado, y pérdida continuada de competitividad con la consiguiente destrucción de riqueza que ambas conllevan. Cuando estalló la crisis presupuestaria entre febrero y junio señalamos que la economía española había entrado en tiempo de descuento: las reformas y la contención fiscal se habían convertido en dos asuntos de urgencia y prioritarios para que el país no quebrara (ver Riesgo país de la economía española). Tanto es así, que el propio Zapatero tuvo que comerse sus palabras, una vez más, y ceder a las presiones de los principales organismos internacionales e impulsar un programa de recorte fiscal de 15.000 millones entre 2010-2011. El objetivo: recuperar el control sobre las finanzas públicas y la credibilidad pérdida ante nuestros acreedores.

Sin emabargo, este plan de contingencia muy probablemente se quede corto. No sólo se queda corto en la reducción del gasto que necesita nuestra economía, los recortes no atacan todavía partidas decisivas como las Pensiones ni incluyen reducciones drásticas en el número de funcionarios, anque se han dado pasos en la dirección correcta, sino que es excesivamente optimista en la proyección de los ingresos futuros. Estas proyecciones el Banco de España no se las cree, y lo que es peor, nuestros acreedores tampoco. En cualquier caso los pResupuestos del Gobierno estiman un crecimiento del 1,3 para 2011, el FMI por su parte lo estima en tan sólo un 0,7%, y proyecta una contracción del 0,3% para el presente curso. Los mercados financieros tienen monitorizada al céntitro nuestra economía y no tolerarán ningun “susto” adicional con respecto a nuestras finanzas. Como dijimos en su día, España está en tiempo de descuento.

La política tiene que anticiparse si quiere tener efecto y mejorar las expectativas de los mercados. En este sentido, el Gobierno haría bien en dar un golpe de timón claro para enderezar las cuentas públicas y mostrar su determinación con respecto a los temas puntales de pensiones y mercado laboral. Sólo así, recuperando la inicitaiva, quizás los mercados se lo pensaban y nos otrogaban cierto margen de confianza para los próximos meses. Veremos.