Plan B

Entre ayer y hoy las alarmas por cubrir posibles contingencias de los Presupuestos del Gobierno han centrado el debate económico. El famoso Plan B de MAFO, al que hoy también se suma el FMI por voca del español José Vinyals, responde a los lógicos recelos que despiertan las “positivas” proyecciones de crecimiento que maneja el Ejecutivo y las importantes implicaciones que estas tienen en la estimación del déficit proyectado para los próximos ejercicios. Las predicciones no dejan de ser predicciones, y cualquier proyección que podamos hacer podría ser incorrecta (y muy probablemente no se cumpla). Sin embargo, la situación post-burbuja de la economía española sumada al profundo desapalancamiento que esta debe realizar hace pensar que inevitablemente nuestro crecimiento será débil o muy débil tanto en 2010, como en 2011, y previsiblemente también en 2012.

En su día ya alertamos desde esta tribuna sobre la importancia de acometer reformas estructurales de calado sino queríamos seguir con nuestra particular destrucción de empleo por una lado, y pérdida continuada de competitividad con la consiguiente destrucción de riqueza que ambas conllevan. Cuando estalló la crisis presupuestaria entre febrero y junio señalamos que la economía española había entrado en tiempo de descuento: las reformas y la contención fiscal se habían convertido en dos asuntos de urgencia y prioritarios para que el país no quebrara (ver Riesgo país de la economía española). Tanto es así, que el propio Zapatero tuvo que comerse sus palabras, una vez más, y ceder a las presiones de los principales organismos internacionales e impulsar un programa de recorte fiscal de 15.000 millones entre 2010-2011. El objetivo: recuperar el control sobre las finanzas públicas y la credibilidad pérdida ante nuestros acreedores.

Sin emabargo, este plan de contingencia muy probablemente se quede corto. No sólo se queda corto en la reducción del gasto que necesita nuestra economía, los recortes no atacan todavía partidas decisivas como las Pensiones ni incluyen reducciones drásticas en el número de funcionarios, anque se han dado pasos en la dirección correcta, sino que es excesivamente optimista en la proyección de los ingresos futuros. Estas proyecciones el Banco de España no se las cree, y lo que es peor, nuestros acreedores tampoco. En cualquier caso los pResupuestos del Gobierno estiman un crecimiento del 1,3 para 2011, el FMI por su parte lo estima en tan sólo un 0,7%, y proyecta una contracción del 0,3% para el presente curso. Los mercados financieros tienen monitorizada al céntitro nuestra economía y no tolerarán ningun “susto” adicional con respecto a nuestras finanzas. Como dijimos en su día, España está en tiempo de descuento.

La política tiene que anticiparse si quiere tener efecto y mejorar las expectativas de los mercados. En este sentido, el Gobierno haría bien en dar un golpe de timón claro para enderezar las cuentas públicas y mostrar su determinación con respecto a los temas puntales de pensiones y mercado laboral. Sólo así, recuperando la inicitaiva, quizás los mercados se lo pensaban y nos otrogaban cierto margen de confianza para los próximos meses. Veremos.

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