Perspectivas otoñales (2/2)

Ante este panorama desigual, ¿qué hacer? Sin que exista una receta clara en política económica (sobretodo en a las economías súper-intervenidas en las que nos ha tocado vivir), el FMI propone una serie de medidas que se establecen como recomendaciones de carácter general. En primer lugar, recomienda una política monetaria acomodaticia, esto es, mantenimiento de tipos de interés bajos. Esto no implica que desde el máximo organismo económico mundial no se observe con cierto escepticismo políticas que afectan la expansión del crédito de forma directa como la que se quiere llevar a cabo en Estados Unidos mediante la compra de activos. En la misma línea, desaconseja subidas de tipos aún cuando la ausencia de estas políticas suponga un riesgo añadido a la generación de nuevas burbujas para la que aconseja medidas “macroprudenciales”, estos es, medidas de naturaleza regulatoria pese a las implicaciones y dificultades que esto implica.

Con respecto a las políticas fiscales, y como ya hemos discutido en otras ocasiones, el FMI afronta un serio dilema: si bien la prioridad absoluta (sobretodo en países como España) en el medio plazo es recobrar el equilibrio en las finanzas públicas, una retirada masiva de los paquetes de gasto público efectuada de forma coordinada por parte de varios países podría afectar al crecimiento de forma dramática y tener graves tensiones deflacionistas en el corto plazo. En cualquier caso, los planes de contención son en la mayoría de casos una condición imprescindible impuesta, muchas veces, desde fuera de las propias economías, por los mercados financieros internacionales y parece difícil que estos se puedan demorar más. La retirada de estos estímulos significará una importante caída en la demanda agregada que difícilmente podrá ser reemplazada en el corto-medio plazo.

Por último, se aconseja seguir con todas aquellas reformas encaminadas a recapitalizar los diferentes sistemas financieros mejorando la solvencia de las entidades en el marco que establece Basilea III, y ahondar en las reformas estructurales consistentes principalmente en la liberalización paulatina de los mercados de trabajo y bienes y servicios para atajar el paro y mejorar la competitividad de las diferentes economías.

Todo lo anterior, constituye el recetario típico del FMI. Si miramos caso a caso, la prioridad en las economías emergentes es que se integren en los procesos de coordinación de políticas económicas. En este sentido, se ha instado a China, y a otras economías asiáticas, a retrasar los planes de consolidación fiscal y a que den mayor flexibilidad a sus políticas cambiarias. El objetivo, es incentivas un incremento de la demanda interna en estas economías para favorecer de alguna manera el desapalacamiento de las economías altamente endeudadas a costa de las economías que acumulan un mayor nivel de ahorro.

En suma, las perspectivas sobre el comportamiento de la economía mundial de aquí a Navidad son en general poco halagüeñas. Existe una gran incertidumbre en los mercados al aunarse expectativas de inflación (nuevos paquetes de estímulo fiscal y monetario, principalmente en Estados Unidos y Japón), unido a la retira de los estímulos fiscales en muchas otras economías (Alemania, España, o Reino Unido) que en algunos casos vienen impuestos desde fuero al haber agotado el crédito de sus inversores.

Por añaduría, las principales divisas internacionales, están en duelo debido a que todas quieren crecer vía exportaciones para salir de la crisis, lo que puede ser la antesala de un escenario proteccionista que sería letal para la economía en su conjunto. China mantiene un tipo de cambio artificialmente bajo, aunque no esta exento de motivos, y Estados Unidos y Japón ya han anunciado medidas adicionales de expansión del crédito para tratar de mejorar las exportaciones vía depreciación. Es el momento de hacer políticas de oferta, esto es reformas estructurales, que en muchas economías, como es el caso de España, son complejas y con un elevado coste político pero que resultan imprescindibles para que la recuperación sea vigorosa y sobretodo, sostenible. En suma, la coordinación entre los diferentes países para evitar escaladas proteccionistas y desajustes adicionales en los mercados de divisas y de capitales resulta esencial para que en Navidad podamos decir que estamos un poco más lejos de la crisis y un poco más cerca de la recuperación.

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