Más medidas de estímulo monetario: el callejón sin salida

“Helicóptero Ben” es la expresión con la que se conocen en Wall Street las políticas expansivas de Ben Bernanke, Presidente de la Fed. Bernanke, buen conocedor de la Crisis del 29, desde el inicio de la Gran Depresión 2.0 se ha mostrado extremadamente proclive a solucionar los problemas a base de inundarlos de dinero. Con tipos de interés cercanos a cero, la única vía de inyectar más masa crediticia al sistema económico es mediante la compra de activos por parte de la Fed, en este caso, y principalmente, deuda pública americana lo que se conoce con el extraño término de “relajación cuantitativa”. Comprar deuda pública supone inyectar liquidez en la economía con el objetivo de alentar el consumo y la inversión, y a la postre el crecimiento económico. Otro tema, es si esta es la manera que queremos para hacer crecer nuestra ya maltrecha economía. ¿Es dar alcohol al borracho es la mejor manera de pasar la resaca?

Esta nueva oleada de estímulos monetarios basados en una relajación cuantitativa la empezó el Banco de Japón cuando el pasado 5 de octubre anunció un plan de compra de activos por valor de cinco billones de yenes (el equivalente en 44.000 millones de Euros). No ha transcendido exactamente el desglose de esta cartera pero si que incluirá paquetes de deuda pública japonesa, papel comercial, y fondos de inversión financieros e incluso inmobiliarios. Huelga decir que Japón es precisamente una de las economías que lleva más tiempo con su política monetaria convencional agotada (ver la Crisis de Japón I-IV) y que más ha tenido que tirar de medidas no convencionales aunque su economía este sumida en un largo letargo que dura ya dos décadas (Japón ya realizó una importante operación de este tipo en 2001).

En Estados Unidos las Bolsas ya dan por descontado nuevos estímulos por parte de la Fed (entre hoy y mañana se han de anunciar dichas políticas) y presumiblemente reaccionará favorablemente en el corto medio plazo (un rally alcista en los dos próximos meses me parece razonable). Sin embargo, mientras Wall Street previsiblemente aumente sus beneficios, la economía real sigue destruyendo empleo y el déficit fiscal aumenta debilitando cada vez más la primera economía del mundo. Por último, el Banco Central Europeo, también empezó en su momento su particular inundación de liquidez para evitar el colapso de dos de sus estados miembros más díscolos: Grecia e Irlanda pero ahora es el que se está mostrando más firme con respecto a “jugar” con la política monetaria para salir del hoyo que estamos cavando nosotros mismos (espero escribir próximamente sobre Axel Weber, Gobernador del Bundesbank y que ya se ha mostrado muy crítico con nuevos aumentos en el balance del Instituto emisor europeo).

Como reza el refrán: río revuelto beneficio de pescadores. Esto es lo que está pensando los inversores que apuestan a corto y el oro, gran triunfador en los últimos meses y que previsiblemente siga siendo activo refugio hasta que las expectativas simultáneas de inflación y deflación no se disipen de forma clara. Sin mencionar la llamada “guerra de las divisas” otro efecto colateral de la descoordinación de las políticas monetarias entre economías y que esperemos que no se convierta en la antesala de un clima proclive al proteccionismo que resultaría letal en la actual coyuntura. Keynes sostenía con ironía, pero no falto de razón, que en el largo plazo todo estaremos muertos. Sin embargo, este no es motivo de que aceleremos nuestra desaparición y no dejemos ni migas a los que vengan.

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