España kilómetro cero

Este fin de semana España se ha vuelto a regocijar con la llegada del AVE a otra gran ciudad de la península. Sin embargo, el déficit en infraestructuras productivas, y su gestión, sigue clamando al cielo y, en opinión de este analista, existen pocos motivos para la alegría y sí, en cambio, para la preocupación. La nueva línea de alta velocidad entre Madrid y Valencia consolida el modelo radial en España cuando el mundo en su conjunto avanza justo en la dirección opuesta. Se trata de un modelo centralizado que responde a criterios estrictamente ideológicos, no económicos, en los que coinciden PP y PSOE. Se trata de un modelo tremendamente nacionalista. Sí, sí, ese nacionalismo que tanto incomoda al PP, y medios afines, cuando procede de la periferia. Pero en efecto, se trata de un modelo de construcción nacional que orienta sus esfuerzos en concentrar el poder en Madrid mientras, poco a poco, se desertiza la periferia. En la práctica, este modelo esta convirtiendo a Madrid en una gran megalópolis (con las consecuencias que ello implica en los niveles de bienestar y calidad de vida), mientras las regiones periféricas ven reducido su potencial. Se trata de un verdadero juego de suma cero macabro cuando ya el país, de por sí, acumula graves retrasos en materia de competividad e infraestructuras.

Resulta habitual ver el tono beligerante con el que se crítica desde la capital, y normalmente no sin falta de razón, las políticas (en minúscula) de los nacionalismos periféricos y el coste económico de dichas políticas que, se dice, suponen un lastre para el crecimiento económico de la región y del conjunto del país. Sin embargo, los costes del nacionalismo periférico resultan ridículos cuando se comparan con el coste inmenso que supone el modelo ideológico de corte jacobino impulsado desde Madrid por los dos grandes partidos en tema de infraestructuras. Este criterio a la hora de priorizar las inversiones en infraestructuras de la nación es la que hace que todavía hoy, la conexión con Francia sea una quimera, por citar el ejemplo más evidente, mientras hemos ido dilapidando ingentes cantidades de recursos en la construcción de líneas ferroviarias hacía ninguna parte.

Las inversiones en infraestructuras articulan el país y configuran la base de la competividad del tejido industrial y empresarial. En este sentido, y de forma muy sucinta, nuestra posición estratégica de puerta de entrada natural a todas las mercancías procedentes de Asia, la fábrica del mundo, hace evidente la existencia de una buena conexión con Europa para el transporte de mercancías que asegure el futuro de nuestro tejido industrial el día de mañana. Sin embargo, el corredor mediterráneo sigue bloqueado y ahora con la dificultad añadida que se deriva del pauperrimo estado de nuestras finanzas públicas y nuestro endeudamiento in crescendo que previsiblemente hará que las obras avance, si cabe, aún más lentas. Hemos priorizado mal en base a un modelo que ha ignorado por completo cualquier tipo de criterio económico y hoy ya estamos pagando las consecuencias. Y esto, sin entrar en aspectos de gestión que también responden a un modelo centralista que impide la competencia y, por tanto, una mayor eficiencia en la asignación de los recursos hoy, especialmente, apremiante.

En suma, la llegada del AVE a Valencia consolida la concepción radial del país y en ningún caso ha de ser un motivo de alegría. La lectura de España capital París (Destino) del profesor Germà Bel, en el que se hace un repaso histórico a la construcción de este modelo ideológico y se detallan los inmensos costes económicos que conlleva, resulta imprescindible para la perfecta comprensión de los érrores cometidos. Hemos utilizado los fondos de la Unión para infraestructuras para la construcción nacional olvidando cualquier tipo de criterio económico. Luego no nos extrañemos si nuestros acreedores dudan sobre nuestra solvencia futura.

Quo Vadis Barça? (Qatar 2)

Completo mi reflexión del otro día, por cierto, el post más leído de los últimos tres meses con más de 140 visitas. Ayer trate de explicar porqué me parecía una mala decisión el acuerdo alcanzo legítimamente entre el Barça y la Qatar Foundation. La argumentación era simple: es una decisión que no es coherente con la historia del club y que altera la proyección que se estaba intentando dar al club desde 2003. Enfatice la importancia en el planteamiento de la cuestión, porqué gran parte del debate se ha centrado en dos premisas que honestamente creo que tratan de confundir al socio y al simpatizante. Por un lado, la Junta, y medios afines, han subrayado una y otra vez que la situación financiera del club es dramática y que esta medida responde a la necesidad de poder hacer frente al repago de la deuda del club y al pago de las nóminas como señaló en rueda de prensa el propio presidente Sandro Rosell. Por otro lado, se ha insistido en las bondades del acuerdo concentrando todas las energías en tratar de convencer al socio de que Qatar no esta tan mal, que a Unicef le parece bien, que la FIFA celebrará el Mundial allí, etc.. Sin embargo, en mi opinión, las reflexiones que tenemos que hacernos como socios, es decir como legítimos propietarios del Club, son otras y afectan directamente a la estratégica global y el modelo de club que queremos para el Barça del futuro.

En 2003, la Junta entrante de Joan Laporta se encontró con las cuentas del club en un verdadero estado de alarma. El Barça se había quedado atrás en muchos aspectos y una nefasta política de fichajes había disparado los costes sin generar los ingresos esperados. El club no ganaba títulos y era habitual que el estadio no se llenase debido al desánimo general de la masa social. Recuerdo bien aquellos días. Sin embargo, la Junta entrante decidió enseguida ponerse a trabajar y mirar hacia adelante sin hacer demasiado escarnio de los gestores anteriores. En 2006, con el club remontando, pero todavía con muchas incertidumbres en el horizonte sobretodo en el aspecto financiero, se tomó la decisión de apostar por vincular la imagen del Barça a la de Unicef. No era una decisión fácil. En aquel momento la compañía de apuestas Bwin había hecho una oferta extraordinaria (110 millones en 5 años) en concepto de patrocinio pero la Junta de Laporta hizo una reflexión profunda sobre el significado y los atributos de la marca Barça y en especial en uno de sus activos más valiosos y vistosos: la camiseta del primer equipo. La Junta, con personas como Ferran Soriano a la cabeza, identificó que había dos pilares fundamentales en los que se sustentaba la marca Barça. El más importante: un fútbol ofensivo y vistoso. El segundo, aunque más difuso (sobretodo fuera del área de influencia natural del Club) sí incipiente y, sobretodo, con muchísimo potencial: la idea de que el Barça tiene un compromiso que transciende lo meramente deportivo, que es una entidad social (de los socios) y sin ánimo de lucro. La conjunción de ambos aspectos se resumía en la vieja idea de que el Barça es “més que un club”.

Desde la toma de posesión de la Junta de Sandro Rosell hemos visto como poco a poco, y haciendo su uso legítimo de su responsabilidad como administradores de la entidad, se han ido tomando decisiones en sentido contrario hasta el punto de que el modelo de club ahora es otro, diferente al que había hasta ahora. Las elecciones las gano el candidato opositor, no el candidato continuista. Y si bien, las formas tenían que cambiarse (como ya dije en mi post pre-electoral), el modelo había probado ser exitoso y parecía lógico que el siguiente paso tenía que ser su paulatina y progresiva consolidación. Resulta evidente que no es fácil decidir entre invertir en la marca Barça, que implica unas renuncias muy importante para obtener unos beneficios a muy largo plazo, con el alivio financiero que supone un acuerdo como el alcanzado con el Gobierno de Qatar, sobretodo si se tiene en cuenta el aval personal de más de 50 millones que seguramente haya pesado más entre los miembros de la actual Junta para proteger las cuentas del club durante los próximos 6 años. Pero era la decisión fácil. Legítima, pero era la decisión fácil.

Con el acuerdo de 2006, Unicef y el Barça se reforzaban mutuamente: el Barça ayudaba a Unicef, y poniendo el logo de Unicef en la camiseta el Barça comunicaba de manera muy clara y evidente al mundo del siglo XXI la idea de que es más que un club de fútbol. En otras palabras, se apostó por generar los ingresos cortoplacistas del hipotético acuerdo con Bwin mediante el posicionamiento que daba el activo magnífico de la camiseta en el mercado global de de fútbol como así fue. No ocurre lo mismo con el acuerdo actual: por eso los catarís tienen que pagar lo que pagan.

Finalmente, creo que es importante reconocer las cosas como son. El argumento más repetido estos días es que la Junta ha tomado esta decisión presionada por la precaria situación financiera del club y eso no es justo. Cuando los gestores del club en 2006 decidieron apostar por Unicef, el club tenía unos ingresos de tan sólo 208 millones y una deuda bruta de 292 (205 de deuda neta). Una situación bastante más delicada y compleja que la actual se mire por donde se mire (no es momento ahora, pero si es necesario explicaré los ajustes contables realizados por la firma Deloitte a las últimas cuentas presentas por Laporta, legítimas todas ellas, pero que en cualquier caso son salvedades en la auditoria que no afectan la solidez patrimonial del Club ni su capacidad para generar ingresos, notablemente superior a la existente en 2003). Sin embargo, se apostó por un modelo muy concreto de Club y se optó por reforzar el posicionamiento de la marca Barça con las sinergias que representaba el acuerdo con Unicef, asumiendo, por parte de los gestores, un riesgo financiero en el corto plazo muy importante que hipotéticamente hubiesen tenido que soportar ellos con su aval personal, pero que la Junta pensaba que era realmente lo más beneficioso para el Club y asumió ese riesgo. Acertaron, haciéndonos sentir más orgullosos que nunca de nuestros colores y de nuestra camiseta que representaba la defensa de unos valores universales de una forma muy clara y contundente.

Quizás esto nos lleve a preguntar que seguramente la arquitectura institucional del club es francamente mejorable ya que implica cada vez un aval mayor que en el futuro previsiblemente actúen como incentivos perversos para los administradores de la entidad haciendo que se dediquen, principalmente, y cada vez más a proteger las finanzas del Club en el corto plazo, olvidándose de las grandes decisiones estratégicas que suelen ser más arriesgadas y seguramente más beneficiosas (aunque ese beneficio sea en el largo plazo y difícil de capitalizar en un mandato). En este sentido, también es triste el antecedente del caso Laporta cuya gestión de la entidad ha acabado delante del juez.

El debate sobre qué modelo de club queremos y sus implicaciones y derivadas esta abierto. Esperemos que los actuales gestores del Club acierten, pero tienen unas ideas y sensibilidades diferentes a la anterior Junta (con sus aciertos y errores) y conviene remarcar estas diferencias para poder discutir sobre estas cuestiones con rigor. Sentar bien las bases del debate, empezando por llamar a las cosas por su nombre, es el primer paso ineludible si queremos llegar a conclusiones positivas que mejoren el Club y su desarrollo exitoso el día de mañana.

La importancia del posicionamiento (Qatar 1)

El Barça ayer presento un nuevo acuerdo de patrocinio con la Qatar Foundation que pagará 165 M€ por vincular su imagen con la camiseta del F.C Barcelona (con todo lo que ello conlleva) durante los próximos 5 años. La pregunta resulta evidente: ¿es una buena decisión para el club?

Empecemos por analizar la decisión desde un punto de vista estratégico. El mercado del fútbol es ya un mercado global donde existen clubs de fútbol globales que compiten por los mejores jugadores, para ofrecer el mejor fútbol, tener el mayor número de aficionados posibles, las mejores audiencias televisivas y vender el mayor número de camisetas para, en suma, generar el mayor número de ingresos y así poder seguir ofreciendo el mejor fútbol posible prosiguiendo con el famoso círculo virtuoso. En este mercado global los clubs han de posicionarse. Es decir, conviene saber no sólo en qué mercado quieren jugar sino cómo. En este sentido, y en mi opinión, el Barça tiene (o tenía) uno de los mejores posicionamientos (incipiente aún en mi opinión) posibles: “més que un club”. Este posicionamiento tiene varias derivadas siendo la principal su apuesta por el juego bonito, el fútbol de ataque, el fútbol espectáculo, etc. Pero también incluía un compromiso con la sociedad que trascendía lo estrictamente deportivo.

Para competir, y competir bien, esto es con solvencia y generando ingresos de forma sostenida, es necesario un buen posicionamiento en el mercado. Un buen posicionamiento se basa principalmente en atributos intangibles, y si se implementa con coherencia a lo largo del tiempo nos protege de la competencia diferenciándonos y haciéndonos únicos. Si algo exige un buen posicionamiento es una coherencia extrema en todas las tomas de decisiones que afectan al club. Y me explicaré. En 2003, la junta que presidía Joan Laporta tomó muchas decisiones que afectaron de forma directa y positiva el posicionamiento del F.C. Barcelona: se ficho a un entrenador que apostaba por el fútbol de ataque, se fichó a Ronaldinho, se apostó por los jugadores de la Masía, y se firmo un acuerdo (en 2006) con Unicef por el que el Club cedía el espacio de la camiseta al organismo de Naciones Unidas en defensa y protección de la Infancia. Todas estas decisiones fueron acertadas porqué se enmarcaban muy bien dentro de la tradición del propio club, de su historia y, en definitiva, de su naturaleza más íntima y que, en suma, reforzaban un posicionamiento de club en el mercado global en el que Barça de Laporta-Soriano y compañía se había marcado como objetivo competir, y competir con solvencia. Fueron muy buenas decisiones estratégicas que fortalecieron la imagen y la proyección del club dentro y fuera de nuestras fronteras.

Qatar, y su fundación para el deporte, no defienden ninguno de los símbolos ni valores del F.C. Barcelona se diga lo que se diga. Se trata de una extremidad del Gobierno absolutista de Qatar, y en este sentido creo que la actual Junta se equivoca al vender el acuerdo como una extensión de lo que se hizo en su día con Unicef. Sinceramente creo que la masa culé y los medios en España (el principal mercado para el Barça no lo olvidemos) no comprarán el discurso. Dicho esto, seguramente el asunto no generé tanta polémica en el exterior (basta ver las reacciones de la BBC, la CNN o el Financial Times, si quizás en The Guardian) porqué el Barça no genera tantas discusiones de este tipo, seguramente porqué este posicionamiento de “més que un club” todavía no es tan fuerte, y también por un desconocimiento de lo que representa el Club en nuestro entorno más próximo. Sin embargo, este hecho no quita que el acuerdo con Qatar, en mi opinión, es una muy mala decisión desde el punto de vista estratégico porqué no es coherente con el posicionamiento global que tiene la entidad.

Dicho esto, cabe preguntarse entonces si la decisión entonces se justifica desde un punto de vista operativo. En rueda de prensa, Sandro Rosell hizo en hincapié en las importantes necesidades financieras del club, de hacer frente al pago del sindicado (35 M anuales) y que, en cierta medida, el acuerdo no es tanto una decisión motivada por la propia Junta sino que es una decisión ineludible para hacer frente a la delicada situación financiera que atraviesa la entidad. Llegados a este punto la información de la que disponemos por ahora es más limitada al no conocer de primera mano las cuentas anuales del club en detalle. En cualquier caso el mensaje que se dio al socio en la Asamblea es que la delicada posición financiera del club tenía su origen en partidas de gasto innecesarias y superfluas, no en una falta de solvencia derivada de una falta de ingresos. Entonces la pregunta a formular a la junta es: ¿una vez eliminados los gastos superfluos (si es que los había) no debería de desaparecer el problema? ¿Realmente necesitábamos este acuerdo?

Honestamente, con la información que disponemos, se trata de una mala decisión. Y cabe preguntarse: ¿y si el Barça fuera capaz de generar más ingresos en el largo plazo con un buen posicionamiento (fruto de la constancia, la templanza en los momentos adversos y la coherencia en sus decisiones) que en la venta de la camiseta a una gente como la de Qatar? Supongo que ya nunca lo sabremos.

Por último, me referiré brevemente al trato de la noticia por parte de los medios (aunque no sea nada nuevo bajo el sol) que ha respondido a un análisis más bien pobre y cargado de ignorancia o pensamiento estratégico en el largo plazo aunuqe sus protagonistas se crean analistas perfectamente informados. Se ha señalado, también por parte de la actual Junta, el hecho de que otros muchos ya han pactado o han hecho contratos con Qatar y de que muchas empresas privadas hacen negocios con Qatar u otros países (mal de muchos, consuelo de tontos). Pero este hecho resulta irrelevante en la toma de decisiones. Resulta evidente de que lo que puede ser bueno para la Formula 1, el tenis, el Mundial o Pep Guardiola, puede no serlo para el Barça. Todo responde a si la decisión encaja o no con lo que eres y, sobretodo, con lo que quieres llegar a ser. Además el Barça es un club social, no una empresa privada con ánimo de lucro (que está fenomenal evidentemente). El Barça representa unos valores a los que honestamente traiciona (nos guste o no) con este acuerdo. Y esto es así. No se tarta de ser un romántico, es simplemente llamar a las cosas por su nombre.

Otro argumento ignorante durante la jornada de ayer fue el hecho de que el acuerdo se entiende perfectamente porqué sino nos gusta Qatar esto implica también revisar, por ejemplo, el acuerdo que el Barça mantiene con Nike poniendo a la compañía y al país en el mismo plano arguyendo que las dos son organizaciones que luchan por sus propios intereses. Madre mía. Supongo que no hace falta decir mucho más: no es comparable asociarse con una marca comercial como Nike, con sus legítimos intereses privados, pero que no obliga a nadie a comprar sus productos, con el sátrapa fan de Hitler que es el emir de Qatar en dónde convive la opulencia de unos, con la servidumbre extrema de otros.

En suma, la polémica no se ha tratado con la profundidad debida y sobretodo con el enfoque adecuado que no era otro que intentar desgranar si era principalmente una buena decisión estratégica para el club. En mi opinión se ha desaprovechado una ocasión única para reforzar, una vez más y a nivel internacional, el posicionamiento de “més que un club” de la entidad que tanto nos queremos habiendo renunciando a los petrodólares catarís y manteniendo la política de no “manchar” la camiseta uno de los grandes rasgos que nos diferenciaban de los otros clubs globales. Sólo el tiempo dirá si fue una decisión acertada o no. A mi no me gusta y hoy no me lo parece.

Wikileaks

La presunta crisis diplomática por la filtración masiva de documentos confidenciales por parte de Wikileaks pone de relieve la lucha de los Gobiernos por el poder más que cualquier otra cosa. Me explicaré. La reacción en contra de Wikileaks por parte de los diferentes gobiernos se debe (casi en exclusiva) al descontrol de estos sobre el canal utilizado: Internet. ¿Por qué sino tanto revuelo? La filtración es una parte esencial del periodismo de investigación desde el celebre caso del Watergate, y la difusión de información supuestamente secreta es una práctica respetada amparada por la libertad de prensa.

Manuel Castells en una de sus obras de referencia Comunicación y poder, expone como el poder reside básicamente en el control de la comunicación. La reacción, histérica en muchos casos, contra Wikileaks, vendría a confirmar esta tesis: Wikileaks es un producto de Internet, un canal que se caracteriza precisamente por escapar al control de ningún Gobierno. Algunos analistas y periodistas respetados, han criticado el fenómeno arguyendo que la información no está contrastada. Sin embargo, nadie ha cuestionado la autenticidad o veracidad de las informaciones facilitadas por el portal que dirigía hasta hace poco el polémico Julian Assange, la mayoría de críticas son genéricas y hacen referencia a los posibles peligros que estas filtraciones, se dice, podrían tener sobre los propios ciudadanos.

Podemos ir aún más lejos. El periodismo tradicional tenía que hacer un importante ejercicio en el contraste de la información puesto que éste gozaba de una evidente situación de pribilegio con respecto al receptor del mensaje. Existía una asimetria de información muy importante entre emisor y recpetor. En la actualidad estas diferencias se han recortado enormemente hasta el punto que hoy el contraste muchas veces lo puede efectuar el propio receptor de la información. En efecto, el abaratamiento de la información y su difusión masiva a través de la gran plataforma que es Internet, facilita un acceso a la información amplio, económico y generalizado, que permite efectuar facilmente un contraste y configurarnos nostros mismos una idea de la realidad. Aunque este es otro debate.

Volviendo a la cuestión, la política de matar al mensajero no me acaba de convencer, y creo que pueden ser los primeros pasos de un sendero muy peligroso. Las reacciones contra Wikileaks se están intensificando poco a poco hasta el punto de poner a Assange en la cárcel por un presunto (y por lo menos extraño) delito sexual durante una estancia en Suecia. Lo que en cualquier caso, no tendría porqué obstaculizar o hacer peligrar la labor del portal web. Es cómo si ahora detuviesen a Amancio Ortega por conducir ebrío y la Policia empezase a cerrar tiendas de Zara.

De la misma manera, el mensaje de que la seguridad de los estados esta en juego no convence. Como también señala Castells, el tema principal sobre todo este asunto es el derecho del ciudadano a saber que hacen y piensan los políticos y altos funcionarios que ellos mismos financian. Así pues, quizás los esfuerzos se deberían concentrar no en cerrar plataformas como Wikileaks (por otro lado, tarea imposible tal y como funciona el mundo hoy en día: por cada Assange que se ponga en la cárcel saldrán 5 más), sino en tratar de hacer una diplomacia internacional más transparente y honesta.

La locura del Rey Bernanke

En la agenda económica hay dos asuntos que ocupan la actualidad económica. De un lado la aguda crisis de deuda que azota muchos países de la zona Euro y que esta provocando inestabilidad en los mercados y disciplina fiscal para muchos gobierno, y los nuevos impulsos de política monetaria al otro lado del Atlántico. Pese al retraso en mi crónica, hoy quiero centrarme en este segundo punto.

Ben Bernanke, Presidente de la Fed, aprobaba hace ya unas semanas nuevas medidas para inyectar liquidez mediante la compra directa de activos por valor de 600.000 millones de dólares. Esta nueva inyección de liquidez mediante una relajación cuantitativa ya ha propiciado los efectos a corto plazo que cabía esperar en los mercados. El dólar continua su particular descenso con respecto a otras divisas, los mercados financieros parece que se recuperan registrando máximos desde el fatídico otoño de 2008, mientras en general la rentabilidad de la renta fija se hunde aún más.

Sin embargo, las críticas a la Fed por sus continuadas políticas de expansión monetaria llegan por todas partes, y es que muy probablemente los efectos negativos en el largo plazo de estas superen con creces los exiguos beneficios corto placitas que pudiesen tener. Por un lado, economías exportadoras como Alemania, China, o incluso Brasil, se han afanado en criticar dichas políticas que suponen una pérdida de competitividad implícita. En general, la mayoría de analistas, han coincidido en señalar el enorme riesgo que estas políticas suponen en una economía anémica incluso después de haber sido azotada con estímulos fiscales y monetarios de todo tipo como es la economía Americana.

La locura del Rey Bernanke puede que tenga un punto de razón: evitar a toda costa un escenario deflacionista. Sin embargo, combatir endeudamiento con más endeudamiento no parece que sea el mejor planteamiento para superar las graves dificultades que presenta el cuadro de la economía mundial en su conjunto. Bernanke, buen conocedor de la crisis del 29 (de la que quiero hablar próximamente), está haciendo todo lo posible para garantizar que los títulos del Tesoro hasta 10 años, los que influyen de forma más directa en la financiación de las empresas, se mantengan a niveles muy bajos. El razonamiento de la Fed, y del propio Bernanke, es que estos bajos tipos de interés permitan facilitar el crédito a empresas y familias que a su vez podrían reanudar sus planes de inversión y consumo estimulando así la demanda agregada, evitando el temido escenario deflacionista.

Esta es la teoría (una mala teoría, todo sea dicho de paso). En la práctica, y cómo hemos podido comprobar en primera persona estos últimos meses, demuestra cómo por sí sola la política monetaria no tiene ningún éxito. Sobretodo ahora, cuando la Fed arrastra una larguísima serie de medidas expansivas  previas que suman ya más de 1,7 billones de dólares en estímulos y rescates varios y que no ha evitado que la tasa de paro en Estados Unidos se haya disparado. Dichas políticas efectivamente han mantenido los tipos de interés a niveles artificialmente bajos, pero no han generado la confianza entre los agentes económicos que haya hecho entrever nada que se asemeje a una recuperación de la actividad y el empleo.

Estos hechos deberían de hacer reflexionar a la Fed, y demás organismos decisores en Estados Unidos, y en otras regiones también, de qué la salida a la crisis pasa por otras vías. La credibilidad de la Fed esta agotada, al igual que en Europa muchos  Gobiernos han superado con creces los límites de crédito por parte de los mercados (como estamos experimentando con toda su crudeza estos días). Se trata pues de un callejón sin salida que lejos de acercarnos a la ansiada recuperación nos hunde más en el barrizal en el que nos encontramos. Por el contrario, necesitamos decisiones valientes que impulsen reformas estructurales encaminadas a recuperar la competitividad en nuestras economías. Única salida posible a la difícil situación en que nos encontramos.