El conjunto de normas de regulación financiera internacional es lo que conocemos como Basilea III. Se trata de las directrices básicas que rigen los requisitos de capital para la banca comercial y que se han incrementado y endurecido a raíz de la crisis financiera que ha dejado al descubierto algunas debilidades y fallos de bulto en el sistema financiero internacional. Es por tanto fundamental, conocer el espectro que cubre Basilea III y las implicaciones que se derivan de las nuevas normas de solvencia y liquidez que previsiblemente se empezaran a implementar en 2013 y hasta 2019 (origen de muchos de los movimientos corporativos que previsiblemente veremos en el medio-largo plazo).

El principal punto que trata la nueva regulación financiera es referente a la mejora en la calidad del capital. De un tiempo a esta parte la sofisticación financiera ha hecho más difusa la frontera entre lo que es capital y lo que no: existen productos financieros llamados híbridos debido a su naturaleza cambiante que puede funcionar como capital bajo determinados supuestos y como deuda bajo otros. Es por eso, que el capital de las entidades bancarias ya no es homogéneo si no que incorpora diferentes categorías según su capacidad de absorber pérdidas, por una parte, y por otro parte porqué su cartera de inversiones crediticias incorpora un grado heterogéneo de riesgo. Dejando los tecnicismos de un lado (de los que hablaremos próximamente), el Comité de Basilea ha reforzado la definición de capital, para que este sea de mayor “calidad”, es decir: tenga una mayor capacidad de absorber pérdidas.

Las acciones ordinarias y los beneficios no distribuidos configuran el core capital o capital básico que se convierte en el principal indicador de la solvencia de un banco. Con la mejora en la calidad del capital básico (definición que ahora acepta menos salvedades) el sistema gana notablemente en solidez. Un segundo elemento importante, es el incremento de los requerimientos mínimos de capital de las entidades, llevando el mínimo obligatorio de capital ordinario hasta el 4,5% (más del doble con respecto a Basilea II). El aumento es similar para el resto de ratios de capital de las entidades. La normativa, además, incluye un régimen sancionador para las entidades que no cumplan con los mínimos con exigencias directas por ejemplo en la restricción en el reparto de beneficios hasta que la entidad no haya asumido los niveles mínimos de capital regulatorio.

Ha esta medidas orientadas a mejorar la capitalización de las entidades, el nuevo marco regulatorio incluye medidas adicionales como un factor de apalancamiento ajeno al riesgo (para evitar excesivos ratios de apalancamiento en el futuro para el conjunto del sistema), un “colchón anti-cíclico”, así como una nueva ponderación (más estricta) del capital exigido en productos financieros estructurados, de manera que se traduzcan también en más requisitos de capital. En suma, Basilea III no sólo refuerza los ratios de capital de cada entidad sino que también añade “colchones” adicionales a estos según el grado de apalancamineto y la sofisticación de determinados productos de los que muchas veces ni el regulador financiero tiene visibilidad sobre su riesgo sobre el conjunto del sistema (como se ha visto en la pasada crisis).

El tercer elemento relevante en el nuevo marco de regulación financiera es el que proporciona la llamada visión macro-prudencial que tiene el ambicioso objetivo de hacer frente al riesgo sistémico. Por riesgo sistémico hacemos referencia aquellas alteraciones en el sistema financiero capaces por sí solas de desestabilizar la economía. Los dos principales pilares de la nueva regulación – más y mejor capital –, ya refuerzan la solidez del sistema pero siempre desde una óptica individual para cada banco. Sin embargo, es necesario adoptar también medidas genéricas para el conjunto.  En suma, y como se ha comprobado en la presente crisis, el riesgo total del sistema es superior que la suma de los riesgos individuales de cada entidad (en este apartado ha sido especialmente notable las aportaciones del regulador español).

Para Jaime Caruana, máximo responsable del Banco Internacional de Pagos y ex-Gobernador del Banco de España, Basilea III representa un giro fundamental ya que por primera vez de forma clara el regulador financiero complementa la regulación nivel micro con una dimensión macro prudencial. Esta dimensión macro prudencial se articula en dos pilares fundamentales. Por un lado se enfatiza la acumulación de capital en la fase expansiva del ciclo para poder disponer de él, evitando que los ratios de capital decaigan en los momentos de mayor tensión. Por otro lado, se incorpora una política de “colchón anti-cíclico” que de forma anti-cíclica de manera que el capital quede bloqueado en los momentos de expansión del crédito, cuando el riesgo sistémico se agrava, que podrá liberarse durante las fases bajistas del ciclo para aliviar tensiones y absorber potenciales pérdidas.

Por último, aparte de las medidas limitadoras de prociclicidad, el nuevo marco regulatorio también incluye un tratamiento con respecto a las interconexiones y exposiciones comunes entre instituciones individuales orientadas también a mejorar el tratamiento del riesgo sistémico en el sistema (básicamente medidas de coordinación entre los principales reguladores financieros y bancos centrales). El principio fundamental es asegurar que las normas se calibran con respecto a la contribución de cada institución al riesgo total del sistema en su conjunto.

Estas normas contemplan un calendario de implementación para el periodo 2013-2019, de manera que las entidades puedan captar recursos, capitalizarse y adaptar sus ratios de solvencia al nuevo marco regulatorio (véase FROB o la modificación de la ley de Cajas de Ahorros aprobada en julio). Cabe destacar que Basilea III es un elemento más, fundamental pero no el único. La coordinación decidida entre las principales economías, el no caer en la autocomplacencia, y las importantes reformas estructurales que necesitan muchas economías para recuperar el crecimiento, son aspectos colaterales, pero igualmente fundamentales para facilitar la recapitalización del sistema financiero en su conjunto y que el crédito vuelva a fluir normalmente aspecto fundamental si queremos volver a crecer.

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