Nuevos tiempos, nuevos líderes

Vivimos en un mundo global e interconectado. Esta elevada integración entre las diferentes regiones del planeta es el resultado directo de la movilidad creciente de los factores de producción, especialmente intenso cuando hablamos de know how, capital y tecnología. Parece entonces lógico que las personas, el factor de producción más importante en la mayoría de industrias, también tenga que, de alguna manera, globalizarse, movilizarse, y por lo tanto también ser más flexible para también sacar provecho de las oportunidades globales. Pero por partes. Hablamos de la globalización y del impacto que ha tenido la emergencia de nuevas economías que han cambiado de una forma muy notable el escenario económico mundial en el transcurso de las últimas dos décadas. La cadena de valor, incluso de los productos más simples, se ha fragmentado y partes de la misma se han deslocalizado a otros países aprovechando las ventajas competitivas de cada economía. Esto se ha traducido en productos más económicos, en un incremento exponencial de comercio, y en una batalla por las materias primas que, su vez, ha obligado a revisar procesos y a invertir en eficiencia en las economías más desarrolladas para no quedarse fuera de los mercados. La competitividad es mayor que nunca, como también lo es el bienestar de aquellos países que han sabido integrarse en estas dinámicas con inteligencia.

Estos cambios, han tenido un impacto fortísimo en las economías desarrolladas. Desarollar una rápida respuesta con le mercado (un menor time to market), el servicio al cliente, o la capacidad para modificar y adaptar las estructuras organizativas y los procesos son sólo algunos ejemplos de las mejoras en la gestión que en los últimos años han ido adoptando las grandes compañías de las economías desarrolladas para hacer frente a la competencia de productos de precios bajos – y relativamente alta calidad -, procedentes de países emergentes.

Por otro lado, los problemas y conflictos ya no están en compartimentos estancos, quiero decir que ya no hay problemas que afecten a una sóla economía. En efecto, cambios en una parte del mundo, tienen impacto en otras partes debido a la interconectividad de los mercados financieros (pensemos en el contagio en el riesgo derivado del endeudamiento subprime generado en Estados Unidos), pero también por la integración de los sistemas políticos (y pienso en el G20 y la nueva regulación y normativa financiera), y también en los sistemas sociales (como hemos visto en el contagio de la caída del régimen de Ben Alí en Túnez y su contagio a otros países de la región, provocando la caída de Mubarack en Egipto, un conflicto armado en Libia, cambios en el gobierno de Jordania, y revueltas menores en todas las cleptocracias del arco mediterráneo).

El resultado de todo esto es un entorno caracterizado por rápidos cambios, muchas veces bruscos (como nunca antes se habían visto), muy complejo y, sobretodo, muy incierto. Son precisamente las palabras cambio, complejidad e incertidumbre las que mejor definen el entorno al que se enfrentará los directivos y líderes empresariales en las próximas décadas. En efecto, los líderes empresariales exitosos en el futuro, serán aquellos que con las nuevas normas del juego (cambio, complejidad, e incertidumbre) no se bloquen y sean capaces de tomar decisiones, que además se anticipen a los competidores y acierten con el momentum de la misma. Para ello, no sólo va a ser necesario ser conocedor de las herramientas básicas de gestión y de una estructura mental apropiada para la esquematización y solución de problemas, sino que, en sucinto resumen, el control de las emociones, el liderazgo de personas o la gestión valiente del riesgo, serán aspectos más vitales que nunca.

El control emocional y empático es imprescindible para la gestión efectiva de personas, punto crucial para cualquier mando directivo. Esta necesidad se acrecienta cuando existe una mayor interconectividad entre economías lo que hace más habitual la gestión de la diversidad y de la pluralidad en los equipos y cuadros de mando. En resumen, la gestión de personas se resume en la capacidad empática de cada uno: esto es, la capacidad de interpretar y gestionar las emociones y sentimientos de la otra parte. En equipos con gente de diferentes culturas y visión de las cosas, este aspecto es aún más crítico.

Un segundo elemento, estrechamente ligado a este, es el liderazgo de personas per se, necesidad que deriva directamente de la propia naturaleza del conocimiento disperso y generalmente tácito por definición, lo que hace que sea materialmente imposible disponer de todo el conocimiento necesario que se necesita para la toma de una decisión. Es aquello que se resume en la popular frase de: “más importante que saber, es saber quién sabe”. Es por eso, que construir equipos, relaciones de confianza con gente de solvencia, desarrollar el talento dentro de las organizaciones y, en definitiva, rodearse de los mejores (expresión que tomo prestada de uno de mis lectores además de mentor) son aspectos cruciales y que marcarán la diferencia entre los ejecutivos muy buenos y los ejecutivos estrella.

Finalmente, está el aspecto intangible que he llamado en esta pequeña reflexión bajo el epígrafe – algo difuso -, de gestión del riesgo. La idea que quiere transmitir es que, de alguna manera, necesitamos líderes valientes. Y me explicaré. En la cultura clásica, los valores, es decir cosas deseables no sólo para uno mismo sino para el conjunto de la sociedad, se definían como el punto medio entre dos extremos. De esta forma, por ejemplo, la valentía es un valor que se sitúa en un término medio entre la cobardía y la temeridad.

¿Por qué es importante un punto de valentía en los nuevos líderes? Principalmente porqué la asunción y gestión de riesgos, inherente a cualquier toma de decisiones, muy probablemente sea el principal hecho diferencial entre ejecutivos brillantes y ejecutivos muy muy buenos. Ya hemos mencionado, que el actual entorno está caracterizado por una gran incertidumbre y complejidad.

En este entorno, y pese a existir sofisticados sistemas de información y plataformas tecnológicas que permiten su transmisión instantánea, paradójicamente nos hemos hecho conscientes del hecho evidente de que en cualquier toma de decisiones nunca toda la información está dada y siempre tenemos que asumir un riesgo. Es por ello, que las empresas que sobresalgan en el futuro (parafraseando el clásico de Jim Collins) serán aquellas que tengan líderes preparados (por supuesto), empáticos (por supuestísimo), pero también que sepan gestionar la complejidad, y sean “valientes” a la hora de tomar decisiones, entendiendo por valientes aquellos ejecutivos que en entornos de gran incertidumbre no bloqueen sus organizaciones y sepan tomar las decisiones necesarias asumiendo de forma controlada y responsable los riesgos que se derivan de sus propias decisiones.

Disclaimer: El rol del directivo en el futuro acepta numerosas visiones y matices: es un dibujo que poco a poco se ha de ir perfilando. Este post sólo quiere reflejar algunas de las muchas directrices que seguramente sean claves para el desempeño exitoso de la función directiva en el futuro.

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