La fragilidad de nuestra economía (Boletín de coyuntura Marzo, 2)

Ayer, resumía las que en opinión de este analista son las principales causas del pobre crecimiento experimentado por nuestra economía y las pobres perspectivas de cara al próximo ejercicio. Es justo pues, explicar los riesgos y puntos débiles de nuestra economía causa última de este pobre crecimiento que amenaza con dejarnos al margen de la recuperación que ya empiezan a experimentar algunas economías de nuestro entorno.

El primer gran riesgo que amenaza nuestra economía es el todavía inflado mercado inmobiliario. España, junto con los Estados Unidos e Irlanda, fue una de las economías en las que se gestó una mayor burbuja inmobiliaria durante la etapa expansiva. Con respecto a 1995, los precios de la vivienda en España se incrementaron un 200% en 2008 año en el que el mercado de la vivienda empieza su corrección a la baja.  En Estados Unidos, el peak se alcanza en 2006 y la subida es de un 150% con respecto a los precios de 1995. En Irlanda, el ciclo también se agota en 2006 y en este caso la escalada de precios es aún más fuerte alcanzando un incremento del 315% desde 1995. Así pues, la burbuja en España ha sido algo más fuerte que en Estados Unidos, y bastante menor que en Irlanda. Sin embargo, la corrección en las tres economías ha sido muy dispar. Irlanda ha corregido el precio de la vivienda en un 40% desde su momento más álgido (2006). Este porcentaje es un 27% en el caso del mercado de real estate estadounidense, y sólo un 15% en el caso de la economía española. Si comparamos este 15% con el 27% en Estados Unidos, tenemos que como mínimo nos queda un 20-30% de corrección adicional para corregir por completo los sobre precios en el mercado inmobiliario.

Muchos analistas han escrito sobre la naturaleza de este ajuste dispar entre las economías anglosajonas y la española que tiene su origen en las  diferencias a la hora de establecer el régimen jurídicos de los préstamos hipotecarios en estos países. En efecto, en el caso español, las hipotecas no sólo están respaldadas por el colateral, sino también por los ingresos y el patrimonio del deudor. De esta forma, incluso en los momentos en los que la diferencia entre el montante de la deuda y la depreciación del colateral es más alta, la mora queda contenida y los precios de la vivienda se ajustan con mayor lentitud.

Sin embargo, la situación actual de la economía, en la que las reformas no se han emprendido con la suficiente fuerza para generar crecimiento económico (capaz de generar empleo), juntamente con el importante ajuste presupuestario que hemos de abordar durante el presente ejercicio, o el hándicap añadido de una reforma bancaria todavía lejos de cumplir con sus objetivos últimos (recapitalizar el sistema en su conjunto), hacen que estas tensiones latentes pudieran aflorar durante los próximos meses. Teniendo en cuenta lo anterior, la tasa de paro sólo puede mantenerse (esto es consolidar un escenario de estancamiento), o incluso aumentar hasta el 25% (escenario de recaída, hoy por hoy, no descartable).

Por otro lado, existen factores estructurales y coyunturales (en forma de shocks endógenos, Japón y Libia principalmente) que pueden añadir aún más presiones inflacionistas provocando una retirada de los estímulos monetarios antes de lo previsto. En efecto, la barra libre de liquidez que desde hace meses inunda los mercados a ambos lados del Atlántico (origen de la extrema fragilidad de nuestra coyuntura actual) está llegando a su fin. El repunte en los precios del petróleo obligaría a sucesivas subidas en el precio del dinero, lo que encarecería la carga financiera de muchas hipotecas (en España la inmensa mayoría de los créditos hipotecarios está referenciado al Euribor; lo que en el pasado también ha aliviado a las familias y empresas que se han beneficiado de tipos de interés inusualmente bajos), esto a su vez dispararía aún más la mora – que podría llegar a doblarse a finales de año –, y en suma provocar un nuevo periodo de contracción del PIB en verano/otoño de este año.

Estos son sólo algunas de las debilidades de nuestra economía pero hay más (competitividad, déficit crónico con el exterior, reforma educación, arquitectura ineficiente del Estado y sobre endeudamiento de las entidades locales, etc.). Es por ello que el Gobierno debe proseguir intensificando su actuación en tres ámbitos principales: (1) contención del gasto público, con especial atención a las partidas “estructurales” del Estado para ganar credibilidad en los mercados y reducir la sobre carga financiera que supone la prima por riesgo país; (2) ahondar en las reformas en la economía productiva para reactivarla de manera clara (sólo reforma que descentralicen de forma efectiva la negociación colectiva, alivien la carga financiera de pensiones y subsidios de desempleo, y liberalicen los mercados se traducirán en crecimiento económico); y (3) acelerar la reforma del sistema financiero liquidando cuanto antes aquellas entidades que resulten inoperantes y entorpezcan y encarezcan de forma innecesaria el proceso de recapitalización (paso ineludible para la normalización de los flujos de crédito).

Como decíamos el otro día, por desgracia todavía no llega la primavera a nuestra economía, aunque depende de nosotros emprender las medidas necesarias para disipar los nubarrones y recuperar la senda del crecimiento sostenido.

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