Perspectivas del rescate luso

Poco a poco vamos conociendo los detalles del plan de rescate de la economía lusa. Según las primeras estimaciones, el monto total del rescate ascendería a 80.000 millones de euros (casi una tercera parte del PIB), correspondientes a los vencimientos de deuda pública de los próximos tres años – descontado futuros déficits adicionales –, quedando todavía un colchón de 20.000 millones para la recapitalización del sistema bancario. De esta forma, y después de muchas especulaciones y una larga agonía, Portugal se une a la cola de países que han solicitado formalmente un rescate financiero al no poder hacer frente a sus próximos vencimientos de deuda soberana o al menos no poder hacerlo a un tipo de interés razonable. Es la pescadilla que se muerde la cola: un elevado apalancamiento combinado con una anémico crecimiento económico resultado de una baja competitividad de la economía en su conjunto hace que cada vez que la economía tienen que acudir a más endeudamiento, y la calidad del deudor no mejora, el coste marginal del nuevo endeudamiento se dispara hasta que resulta insostenible.

Los Gobiernos, al igual que las empresas, pueden endeudarse para financiarse y como las empresas, también estos pueden caer en situaciones de insolvencia y caer en default. Según señalaba la semana pasada Luis de Guindos el Tesoro portugués tenía liquidez para hacer frente a las obligaciones de pago inmediatas, pero en junio Portugal hacía frente a nuevos vencimientos por valor de 10.000 millones de Euros, cuya renovación parecía imposible o, como decíamos, está hubiera sido a un coste prohibitivo – nuestros vecinos ya estaban colocando su deuda a niveles superiores al 9%. El Gobierno interino del Presidente Sócrates tiene convocadas elecciones precisamente para el próximo junio con lo que el nuevo gobierno se ahorrará el bochorno del rescate, pero sus próximas decisiones no serán para nada fáciles.

Como es obvio, el plan de rescate financiero por parte de la Unión Europea viene con su correspondiente contrapartida consistente principalmente en la imposición de un fuerte plan de choche para devolver el equilibrio a las finanzas públicas, privatización de compañías públicas, y reformas estructurales encaminadas a la liberalización de los rígidos mercados lusos –  muy especialmente en el mercado de trabajo.

Lo anteriormente descrito no es para nada un camino de rositas por diversos elementos. Los efectos de los planes de contención fiscal no tienen un efecto directo sobre el coste del endeudamiento en el corto plazo como de hecho ya estamos viendo en los casos de Grecia, al que hacíamos alusión antes, o Irlanda. Y resulta lógico ya que en el corto plazo, el efecto de los planes de contención fiscal es la depresión de la actividad económica con el consiguiente descenso, de los ingresos tributarios además del descontento social y previsibles resistencias que provocan inevitablemente este tipo de políticas de recorte drástico del gasto público. Esto hace que el ajuste fiscal sea una condición necesaria pero no suficiente a la hora de disipar las dudas sobre la solvencia de un país y devolver a valores razonables, por decirlo de alguna manera, las rentabilidades exigidas por los mercados.

¿Por qué sucede esto? Cómo ya nos hemos encargado de señalar en otras ocasiones desde esta misma tribuna, para el correcto análisis de las crisis presupuestarias la variable verdaderamente relevante no es tanto el volumen y dinámicas de endeudamiento, que también, sino la capacidad de repago del deudor. La economía portuguesa, al igual que la de España, arrastra una pérdida sostenida de competitividad cuyo indicador más claro es el crónico déficit por cuenta corriente que representa un 9,5% del PIB luso. Este hecho diferencial en su cuadro macroeconómico limita la capacidad y potencial de crecimiento de la economía lusa de en el corto-medio plazo. Y es esto precisamente lo que están penalizando los mercados, y seguirán penalizando mientras la economía lusa no sea capaz de reducir de forma drástica el binomio déficit/deuda mientras afronta con decisión las reformas estructurales necesarias que le permitan recuperar la competitividad perdida y reducir su déficit por cuenta corriente.

Con respecto a la crisis bancaria, las dudas sobre la solvencia de los bancos portugueses persiste si bien por motivos bien diferentes a los del caso español. Portugal, y a diferencia de Irlanda o España, no ha experimentado los efectos distorsionadores en la economía de la burbuja crediticia/inmobiliaria de manera que el sistema bancario tiene limitada su exposición a activos tóxicos, y a priori hace que este más saneado. Sin embargo, esta ventaja inicial queda en parte anulada por la elevada exposición que la banca tiene con la deuda pública portuguesa y por lo tanto su elevada exposición al riesgo soberano de su propio país.

En suma, y al igual que sucede en el caso de nuestra economía, Portugal se enfrenta a duras y dolorosas reformas estructurales, con el agravante de que a día de hoy la pérdida de su soberanía para pilotarlas es casi total. Dichas reformas deberían incluir prácticamente la totalidad de la economía, con especial énfasis en el mercado laboral para hacerlo más flexible y competitivo; el sistema educativo para hacerlo más exigente; el replanteamiento del Estado de Bienestar para liberar recursos del Estado de forma estructural; y la reforma profunda del sector público para hacerlo más ligero y eficiente. Dichas reformas necesariamente implicarán una reducción del bienestar en el corto plazo, pero resultan imprescindibles para el ajuste de la economía lusa al nuevo marco y entorno competitivo, paso previo ineludible para recuperar la senda del crecimiento sostenido, y devolver, a unos niveles razonables, las cifras de endeudamiento y gasto público asegurando así la solvencia futura del país en el medio-largo plazo.

Cuando las barbas de tu vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar. Conviene no ignorar y prestar especial atención a los avatares económicos y financieros de nuestros vecinos y actuar en consecuencia. Desde el inicio de la crisis que España vive instalada en el borde del precipicio financiero por el que hemos visto caer a Irlanda, Grecia, y ahora Portugal. Nuestros planes de contención siguen sin convencer, y las reformas estructurales, aun yendo en la dirección adecuada, siguen sin reactivar la economía, aspecto clave para la recuperación de la solvencia pérdida y para alejar de forma clara y rotunda los fantasmas del impago. Ninguna economía puede sostener tasas de desempleo del 20% y alegar que es solvente.

2 Responses to Perspectivas del rescate luso

  1. amartinoro says:

    Excelente el artículo, Luis!

  2. Eladio says:

    Hola Luis, me he leído tu artículo. Algunos comentarios:

    1/El mercado de trabajo en España es rígido, pero no más que el de Alemania y mucho menos que el de Francia (donde no hay despido libre). La fórmula para reactivar la economía no es sólo la flexibilidad laboral.
    2/Libre ajuste entre trabajador y empresario: Qué libre ajuste puede haber cuando la relación de fuerza es tan asimétrica? Yo creo que los trabajadores necesaitan unirse, si no a nivel nacional (lo que crea clientelismo), sí a nivel de la empresa.
    3/Da la sensación de que cada crisis se aprovecha para apretar más las tuercas a los que ya las tienen apretadas, en vez de cambiar las reglas del juego financiero, que casi nadie entiende y que no es productivo sino sólo especulativo. No es que la especulación esté mal, es que causa efectos que no controlamos.
    4/Intenta en tu próximo artículo ver las cosas desde el otro lado, es un buen ejercicio intelectual.

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