Decálogo para empezar a entender a China

Cualquiera que se aproxime a la economía de China tiene que tener en cuenta, con carácter previo, que el gigante asiático no es una economía emergente más y su proceso de auge requiere de un análisis más refinado, distinto, a la aproximación que podamos realizar a cualquier otro de los estado-nación de nuestro entorno.

Es por eso que, y sin ánimo de ser exhaustivo, antes de hacer ninguna incursión sobre el estado de la coyuntura china es importante listar algunas (probablemente no estén todas, pero si las principales) de las claves que conviene tener presente a la hora de tratar el tema chino.

En suma, se trata de desprendernos de la “lente occidental” que advertía Jonathan D. Spence (uno de los sinólogos más preminentes de nuestro tiempo) que muchas veces utilizamos para ver a China cuando para su correcta comprensión necesitamos de otras lentes diferentes sino queremos tener una imagen errónea y distorsionada de la realidad que pretendemos analizar.

(1) El fenómeno de China, su vertiginoso crecimiento y reformas constituye un cambio de proporciones históricas comparable a la caída de Roma o el auge de Estados Unidos en el siglo XIX.

(2) Siguiendo una doble lógica histórica y demográfica, China se convertirá en la primera economía del mundo durante la primera mitad del siglo XXI lo que no implica que Occidente quede subyugado a una posición de dominio por parte de la nueva potencia asiática.

(3) China no es un “estado-nación” es más bien lo que Martin Jacques ha venido a denominar un “estado-civilización”, la más longeva del mundo, hoy un imperio en reconstrucción.

(4) Durante más de un milenio (desde el colapso del Imperio Romano hasta que Europa lanzó su Revolución Industrial) la civilización china fue la más avanzada del mundo en todos los ámbitos: económico, político, social y tecnológico.

(5) China tiene una base de pensamiento diferente al existente en Occidente de base judeo-cristiana.

(6) Este pensamiento propio se articula en torno a las ideas desarrolladas por Confucio y se configura como un elemento transversal que incide en todos los ámbitos de la sociedad, especialmente visible en las estructuras políticas del gigante asiático (claramente diferentes a las existentes en Occidente).

(7) La modernización de China empieza después de un “siglo de humillaciones” por parte de diferentes potencias extranjeras y tras casi tres décadas de fanatismo ideológico marxista del régimen del siniestro Mao Zedong con el advenimiento de Deng Xiaoping en 1978.

(8) En 1978 Deng derribó la muralla ideológica que durante siglos caracterizó el tradicional aislamiento de la civilización china lanzando los primeros pasos del ambicioso proceso de “reforma y apertura” en el cual aún se encuentra inmerso en la actualidad el gigante asiático.

(9) El resurgir económico, político y social de China resultado de estas reformas (y de otras muchas que están por llegar) se configura como el mayor fenómeno global que viva nuestra generación y, por sí solo, está configurando un nuevo escenario global para el siglo XXI.

(10) El impacto de todo lo anterior es multidimensional y su comprensión exige un modelo de análisis más completo, con un horizonte más amplio y una mayor sensibilidad para poderlo aproximar con solvencia y entender la verdadera magnitud de los cambios que se están aconteciendo en la actualidad.

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