Un polvorín llamado Hong Kong

Hoy se cumplen cinco días de movilizaciones en Hong Kong en defensa de un elección libre, sin terna previa y por sufragio universal del próximo jefe de Gobierno en 2017. Hong Kong se suma así a la larga lista de elementos de riesgo e inestabilidad que acumulamos este año. Se trata sin duda de la situación política más compleja a la que pontencialmente se enfrenta Pekín desde Tiananmen y conviene abordarla con inteligencia y cuanto antes. Si algo vamos aprendiendo, es que los problemas difícilmente se corrigen solos sino que, más bien, tienden, por naturaleza propia, a complicarse con el tiempo si no se hacen las cosas bien (lo que no siempre implica tomar un curso de acción). Hong Kong es ya hoy, si se me permite el juego de palabras, una china en el zapato de Xi Jinping. Tenemos pocos elementos de juicio para intentar dilucidar cual podría ser el curso de los eventos en el corto y medio plazo, pero si podemos trazar algunos elementos que contextualizan el conflicto y que, desde mi punto de vista, me hacen pensar que, pese a la situación de alto riesgo existente a día de hoy, es más plausible un escenario de pacto-estabilidad que uno de disenso-ruptura.

Hong Kong es para la República Popular de China una herida mal cicatrizada. El origen del enclave tiene una enorme significación para el gigante asiático ya que marca, hace ahora 155 años, el inicio de lo que los chinos se refieren como “siglo de humillaciones”: tras la primera guerra del Opio los ingleses imponían Hong Kong como hacienda aduanera lo que marcaría una etapa dura y humillante de dominación extranjera por parte de diferencias potencias. Este elemento, siempre es subestimado por Occidente pero en China, donde los tempos funcionan con otros ciclos y el sentido de la historia es más profundo, se trata de elementos que hoy siguen teniendo un peso emocional importante en la clase dirigente china. Durante años, los hongokoneses fueron ciudadanos de segunda bajo la dominación colonial de Londres que dictó sucesivos gobernadores para la región desde otro continente a más de 6.000 millas de distancia y atendiendo únicamente a los intereses de la corte de Su Majestad. En 1990, se introdujeron reformas en la antigua colonia (Basic Law) de manera que los habitantes de la península adquirieron el derecho de escoger a su jefe de Gobierno. Eso sí, entre los ya previamente incluidos en la terna de Londres. Exactamente el statu quo actual excepto que es Pekín y no Londres la que propone candidatos y, de alguna manera, condiciona quién ostenta el poder político en Hong Kong. La persona dela que estamos hablando es Leung Chun-ying, conocido como CY Leung, Gobernador de HK desde 2012 cuando inicio su mandato y de la que la revista Time en su último número publica una entrevista en profundidad.

Pocos temas hay más sensibles para China que los conflictos de soberanía territorial. Es un tema irrenunciable para Pekín. Desde el impulso de las reformas de Deng Xiaoping a finales de los setenta, el país no ha parado de crecer al tiempo que la economía se iba abriendo cada vez más a la economía global. Durante finales de los noventa y dosmil, Hong Kong, ya bajo soberanía china, jugó un papel predominante como “puerto de entrada natural” a los capitales extranjeros que entraban en China. Hoy este papel sigue siendo importante, aunque el desarrollo de otras plazas financieras en el continente ha ido diluyendo esta importancia. Con todo, la región autónoma de Hong Kong hoy tiene un rol parecido al que pueda tener Londres o Luxemburgo en Europa.

¿Cómo abordar las protestas? ¿Qué actitud adoptar? Es difícil no empatizar por alguien que lo que está pidiendo es votar. Incrementar la presión policial sería un error ya que solo alimentaría las propuestas. Dejando de lado cuestiones políticas, Hong Kong tiene mucho que ganar con China, y China puede y debería de tener una buena apoyatura en Hong Kong para el proseguir de sus reformas. El ámbito económico conduce, por lo tanto, a un escenario en donde el acuerdo es el resultado más plausible.

Sin embargo, la compleja ecuación del conflicto no acaba en cuestiones económicas. En Hong Kong, ante todo, hay un doble conflicto de poder e identidad que amenaza en convertirse en un polvorín para China si este se reboza de populismo. Hong Kong se sintió aliviada de dejar de ser colonia británica. Por un lado, Hong Kong se había beneficiado de un curso de la historia diferente al de sus compatriotas del continente, en donde las instituciones económicas y políticas se habían ajustado a los estándares occidentales. Se producía una bifurcación histórica entre unos y otros. Después de muchos avatares, China continental, como decíamos, también se puso andar para converger en prosperidad y bienestar con sus vecinos de Hong Kong, y demás tigres asiáticos, que habían adoptado parte significativa del marco institucional occidental obteniendo resultados extraordinarios.

Sin embargo, aunque la convergencia es real y los resultados parecidos, China ha desarrollado este crecimiento económico desarrollando sus propias formulas, al margen de injerencias extranjeras y manejando sus propios tempos. Llegados a este punto, es cuando en 1997, los reformistas optan por la formula “un país, dos sistemas”. Una fórmula única en el mundo que quería reconocer esta anomalía histórica de manera que China recuperase la soberanía de su territorio al tiempo que los habitantes de Hong Kong no perdían sus libertades e instituciones económicas propias.

Tras 17 años bajo soberanía china, Hong Kong ha experimentado uno de los procesos de crecimiento más vertiginosos del mundo: por un lado ha sido “país” de entrada preferente en China con todas las ventajas fiscales y corporativas que eso suponía; por el otro, ha gozado de total autonomía para mantener y modificar sus instituciones hoy de las más robustas, sólidas y favorables al comercio y los negocios a tenor de la mayoría de rankings y estudios disponibles.

Parece lógico pensar que el futuro de Hong Kong pasa por China, pero también es legítimo pensar que es una decisión que únicamente compete a los ciudadanos de la península. Sin embargo, China no reconoce soberanía sobre Hong Kong que la considera parte indivisible de su territorio aunque disponga de libertades e instituciones propias. Ahí el choque, ahí la base del conflicto, y ahí el problema.

Pekín, por la propia naturaleza de sus estructuras políticas, no tiene las herramientas para ser flexible y hacer quiebros en el guion. Sabemos por otro lado que la democracia no exportable. Se ha intentado, pero a la larga imponer modelos no es la solución, como tampoco es la solución para China ahora forzar una situación que desde Hong Kong se perciba como una agresión grave hacia sus instituciones. En opinión de este analista, no creo que China realice ningún movimiento de fuerza en ningún sentido. El uso de la fuerza, como he señalado al principio, sería un grave error estratégico que limitaría la salida pactada al conflicto y alentaría aún más las propuestas. Con todo, es un riesgo altísimo que el conflicto salga a la calle y que entre comillas se descontrole y se intenten utilizar las legítimas y, hasta cierto punto, sanas las protestas de los ciudadanos de Hong Kong en una lucha por el poder en la península en donde el populismo es una baza muy golosa a la que pocos se resisten. No hace falta viajar muy lejos para ver qué pasa cuando el populismo barniza el debate y el debate se realiza al margen de las instituciones (por débiles e imperfectas que estas sean), este se hace resbaladizo y es casi imposible que no se caiga de las manos. Cuando eso pasa, todos pierden.

Esperemos que se impongan escenarios de entendimiento. Por un lado, Hong Kong debiera ver a China como una fuente de oportunidades crecientes, que lo es, y no tanto como amenaza a sus libertades. Por otro lado, China tiene que, si se me permite el símil, “mejorar sus modales” y tratar de seducir más que de imponer un modelo, dando un mayor protagonismo a Hong Kong y sus líderes en el conjunto de las estructuras de poder. Antes que la democracia, si es que algún día llega por completo al gigante asiático, China tiene que transicionar de un régimen autoritario de Partido único, hacia un régimen constitucionalista, como así se está debatiendo ya en la capital.

Digo todo esto, porque el principal reto, y para mi fuente del conflicto, son las diferentes velocidades y puntos de partida entre Hong Kong y China. Realidades muy dispares bajo un misma soberanía. Adecuar los tiempos entre la península y el continente es vital para que ambas partes que hoy, en lo político, corren a dos velocidades, vayan convergiendo y compartiendo un mismo proyecto. La estabilidad entre los lazos Hong Kong-China la juzgo de vital para que China pueda seguir avanzando con sus importante y ya de por sí retadora agenda de reformas, lo que as u vez, es el principal elemento que condiciona e influye en el crecimiento y prosperidad no sólo de China sino también de Hong Kong. En suma, esperemos que ambas partes reconozcan que aún teniendo dos sistemas, hay un mismo barco.

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