Lectura resultados 9N (publicado en Expansión)

El pasado domingo 9 de noviembre, los catalanes fueron llamados a las urnas en una jornada que ponía punto seguido al llamado “procés de transició nacional”. Sin entrar en la dimensión ideológica, política y jurídica del asunto, el propósito de este analista es simplemente contextualizar e interpretar las cifras -los resultados- de este proceso consultivo. Vaya por delante, que el 9N es un asunto básicamente cualitativo que requiere de respuestas y acuerdos políticos, pero si conviene saber la dimensión de cada una de las posturas y su potencial recorrido.
A nivel de conjunto el independentismo, que se asocia al SíSí, no llega al 30% (29,92): 1.861.753 votos (sin hacer el filtrado de menores de 18 e inmigrantes sin derecho a voto) sobre un censo total de 6.222.736. Dejando ajustes menores al margen, existen algunos elementos que invitan a pensar que el voto independentista está y estuvo prácticamente movilizado para el 9N y que, sin embargo, hay algunas consideraciones que, de realizarse un referéndum vinculante no reversible, en donde se preguntase de manera clara y directa sobre la independencia de Cataluña, el voto independentista podría desinflarse ligeramente.
Un primer elemento distorsionador es la manera de preguntar –la famosa doble pregunta- que invalida el Teorema de Arrow. En suma, la existencia de una segunda pregunta condiciona el resultado de la primera con lo que, de entrada, tenemos una pequeña turbulencia inicial que dificulta en análisis objetivo de los resultados obtenidos aunque sea de una manera menor.
Al margen de qué en la pregunta prevaleciesen criterios políticos y no técnicos y resultase siendo poco práctica para el objetivo que pretendía alcanzar, el elemento que más podría hacer disminuir el voto en favor de la independencia es que la consulta no era vinculante. Este hecho fundamental elimina la aversión al riesgo del votante de manera que el voto Sí no conllevaba ningún coste. No es lo mismo decir desde la orilla: “yo me tiraría desde lo alto de esa roca”; qué, una vez en lo alto de la misma, tomar la decisión de tirarse. Desde la orilla es fácil minusvalorar los riesgo o, directamente, no ser consciente de todos ellos. Cuando uno liga su análisis a una decisión en donde hay asunción de consecuencias, el resultado cambia. Parece razonable pensar que en caso de que se convocase un referéndum vinculante, el voto en favor de la independencia podría ser menor de lo esperado simplemente por aversión al riesgo.

Aunque probablemente sea un elemento secundario, al mismo tiempo, el realizar un referéndum vinculante también se desinfla aquel voto Sí que responde más a la coyuntura del momento – cansancio, voto castigo a Madrid por no permitir la consulta o directamente hartazgo – que al sentimiento. Parece razonable que en un proceso concluyente este voto no se daría.

Finalmente, hay una consideración a tener en cuenta y es que los resultados del 9N son el resultado de casi dos años de movilizaciones masivas y de una campaña de marketing político que se ha centrado en señalar las virtudes del independentismo que se ha asociado a todas las virtudes de un “un país nou”, muchas veces con múltiples elementos de populismo y propaganda, y poco o nada se ha dicho los costes e incertidumbres que conlleva el proceso independentista incluso de llevarse a cabo de manera pactada. En opinión de este analista, estos factores limitan mucho el recorrido del voto independentista al alza que, paradójicamente, su principal motor de crecimiento es exógeno y esta en Madrid. De lo mal o bien que se gestione la crisis de manera política desde Madrid el independentismo puede potencialmente crecer más o quedarse estancado este 1,8 millones de votos.
Con estos elementos encima de la mesa, si ajustamos el voto independentista –muy ligeramente– en los 1.825.000 votos y calculamos los porcentajes de un hipotético referéndum Si/No sobre un censo de 5.413.868 (correspondiente a las últimas elecciones al Parlament de Catalunya en 2012), y con una horquilla de participación del 75-85% (recordemos que la participación del referéndum escocés fue de un 84,5%), obtenemos que el No ganaría entre un 60/40 (participación elevada del 85%) y un 55/45 (con una participación moderada del 75%). Si repetimos este análisis, pero estimamos un voto independentista más elevado, el 1.861.753 sin aplicar ningún tipo de ajuste, y en base a los mismo porcentajes de participación (75-85%) obtenemos que el No se vuelve a imponer: 46/54 y 40/60 respectivamente.

Expansión (15/11/2014)

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