“El modelo Prim” por Ramón Tamames

Estamos terminando el año de conmemoración del bicentenario del grande, inteligente y patriótico general Prim; que nació en Reus en 1814 y murió en Madrid en 1870. Ya se sabe: tras un atentado cuyos autores concretos son todavía objeto de controversia, aunque, desde luego, quienes contribuyeron a quitar la vida al gran prócer tenían una cosa bien clara: el «Modelo Prim» no les gustaba ni poco ni mucho. Y precisamente, para que no funcionara, decidieron dar muerte miserable al personaje político más importante e interesante de todo el siglo XIX en España. Ese modelo Prim sigue sin gustar a muchos, e incluso un notable historiador, Ricardo García Cárcel, de la Universidad de Barcelona, ha presentado una serie de objeciones a la idea, en su comentario a mi libro “¿Adónde vas, Cataluña”[1].

Eppur si muove, el modelo existe, como se corrobora en el nuevo, muy completado y perfeccionado libro del historiador Emilio de Diego, experto en Prim desde hace muchos años[2]. Un trabajo en el que resplandece la figura de quien fue un gran luchador contra la tiranía, en cualquiera de sus manifestaciones. Empezando por su contribución valerosa a favor del liberalismo en la primera Guerra Carlista, y sus enfrentamientos ulteriores con el general Espartero, que en 1843, como regente en la minoría de edad de Isabel II, cuando iba camino de convertirse en un dictador. Toda la vida de Prim desfila, en su complejidad histórica, con el protagonismo del personaje, que fue un ejemplo de decisión y coraje.

Después vendrían los no menos difíciles enfrentamientos, siempre contra la tiranía, debidos al autoritarismo de los generales O´Donnell y Narváez; un dúo de protagonistas en alternancia sucesiva, que acabó con las esperanzas que Prim había puesto en Isabel II como reina verdaderamente constitucional.

Hubo otros episodios en la vida de Prim: Puerto Rico, México, guerra de África (que le llevó al culmen de popularidad, por su valentía), guerra de Crimea, entrevistas con el sultán de Turquía y el presidente Lincoln, presiones de Bismarck y de la nueva República Francesa en 1870/71, para que España entrara en la guerra franco-prusiana, etc. Pero fue la Revolución de Septiembre del 68 la que consagró a Prim como revolucionario y estadista, formando parte principal del gobierno provisional, primero, y luego ya formalmente como presidente del Consejo de Ministros (julio 1869-diciembre 1970).

Prim, como verdadero estadista, promovió la Constitución de 1869, la más democrática de España hasta entonces, con la proclamación de la pertenencia de la soberanía nacional al pueblo español, el sufragio universal (de varones) y el respeto a los derechos políticos y humanos de la ciudadanía. Y en esa Constitución planteó también, frente a los inmaduros proyectos republicanos y federalistas que no le inspiraban mayor confianza, la monarquía constitucional: siempre bajo la supervisión de los poderes emanados del pueblo en términos de Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

El gran General representó además la superación, personalmente y como expresión de una nueva mentalidad, del largo conflicto de falta de entendimiento entre Cataluña y el resto de España. Y si bien en ciertas ocasiones –sus célebres discursos de 1843 y 1851– defendió los intereses de Cataluña con toda vehemencia por el trato y el menosprecio que desde el centralismo se infringía a muchos catalanes.

Lo que ahora llamo Modelo Prim tiene a mi juicio todo un sentido histórico y de futuro. Empezando porque representó la superación, personalmente y como expresión de una nueva mentalidad, del largo conflicto de falta de entendimiento entre Cataluña y el resto de España. Y si bien en ciertas ocasiones –sus célebres discursos de 1843 y 1851– defendió los intereses de Cataluña, lo hizo por el trato que se le infringía desde el centralismo. Pensando siempre en una integración plena de su patria de nacimiento con la nación española; por la que expuso valientemente su vida en una sucesión de batallas, hasta el mismo 27 de diciembre de 1870, cuando fue brutalmente abatido en Madrid por los sicarios de las fuerzas más oscuras y retrógradas.

Además, el gran soldado y político supo cómo plantear la modernización de la economía española, con la internacionalización de nuestro signo monetario, al crearse la peseta. Un proyecto que manejó su paisano Laureano Figuerola, y con el cual, se facilitó la internacionalización de la economía española, al entrarse de hecho en la Unión Monetaria Latina. Y un año después, se dio –aunque fuera con carácter sólo transitorio, por entonces– una solución conciliatoria del libre cambio y el proteccionismo; con el Arancel de Aduanas de 1869, también de la mano de Laureano Figuerola.

En definitiva, de cara al futuro, que es lo que ahora más nos importa, Prim constituye, a todas luces, un modelo de planteamientos democráticos, de posibilidad de entendimiento, de pacto para los intereses de la ciudadanía y pensando en el proyecto global de España como gran nación de naciones. Y eso es lo que me permití exponer en mi intervención, en el Monasterio de Poblet, el 26 de febrero de 2014, ante la Sociedad del Bicentenario del General Prim, que encabeza Pau Roca (de Reus, como Prim), y cuyo patronato presidió en la señalada ocasión el Príncipe de Asturias, de Gerona y de Viana, Don Felipe de Borbón, quien, a mi juicio, ha sabido asumir la grandeza del Modelo Prim.

[1] Ricardo García Cárcel, “Cataluña en la historia”, ABC Cultural, 22.XI.2014.

[2] Emilio de Diego, Prim. Mucho más que una espada, Editorial Actas, Madrid. 2014.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: