La economía a la intemperie (Deusto), A. González y R. Orsi. Los economistas que dudan y los que no.

La ciencia económica es, o debería de ser, ante todo eso,  una ciencia. Lo que le otorga esta categoría no es la matemática, como pensaran algunos.  La matemática, en el mejor de los casos, añade a la economía un falso barniz de sofisticación del mismo modo que el maquillaje puede servir a la mujer poco agraciada. Como dejo escrito Popper, lo que hace que podamos decir que algo es científico es su falsabilidad. Es decir, algo es ciencia cuando es falsable. Probablemente, debido a la poca tolerancia del ser humano a la incertidumbre –somos de largo el mamífero que peor a tolera–, y de nuestras ansias por controlarlo todo (Hayek hablaba de “fatal arrogancia“), históricamente los modelos matemáticos han contribuido a generar una burbuja de falsa seguridad a la hora de trabajar con la que, por otra parte, es la ciencia más compleja de todas. Algo similar a lo que ocurre con la creación de la entelequia del Estado del Bienestar a traves del cual intentamos vivir evitando asumir riesgos y eluyendo un cada vez mayor número de responsabilidades.

Digo todo esto para encuadrar la reseña de La economía a la intemperie (Deusto, con la inconfundible firma de Roger Domingo) de Andrés González y Rocio Orsi (filósofa, como la mayoría de los grandes economistas), ya que no se trata de un ensayo más sobre la crisis, sino que estamos ante una obra más compleja, profunda y completa en la que se aborda de manera valiente y rigurosa multitud de temas con la gran ambición de tratar de dar respuestas con criterio al estado general de las cosas; no se si hablar de crisis o resulta más preciso hablar gran zozobra y confusión general y generalizada en muchos ámbitos. El libro tiene la gran cualidad de las grandes obras y ayuda a expandir los horizontes mentales del lector siendo su lectura aconsejable tanto para neófitos como doctos en la materia.

Desde 2008 se han sucedido múltiples libros sobre la crisis de calidad, digamos, muy diversa. Este libro no es, como decía, un libro sobre la crisis, sino más bien una reflexión sobre el estado de las cosas. La gran crisis financiera sirve de hilo conductor en algunas de las piezas que componen el variado mosaico que configura la obra, pero la obra llega mucho más lejos. Su lectura me ha evocado otros ensayos recientes verdaderamente notables como La gran degeneración de Niall Ferguson (también con sello Deusto) o Los años irresponsables del siempre agudo Valentí Puig. En parte también incorpora elementos de la sociología que podemos encontrar en otro gran libro, que contiene grandes dosis de autocrítica, Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina (versión española al “mundo líquido” que ha popularizado el ya nonagenario Zygmunt Bauman).

Me valgo de todas estas referencias por qué me es difícil poner adjetivos que describan con precisión la profundidad a la que quiero hacer referencia. Pese a su brevedad, tan solo 190 páginas, el texto aborda muchos temas y muy diversos siempre con la doble perspectiva histórica y global, y con el foco puesto en el grueso de las sociedades Occidentales. Esto no es óbice para que los autores buceen en la realidad específica de cada uno de los asuntos tratados y utilicen la muleta del caso español, también ejemplos en otros países, para ilustrar los argumentos y apoyar las tesis con las que los autores cierran cada capítulo.

Esta quizás sea una de sus muchas y grandes virtudes: saber combinar perfectamente lo global con lo local; lo actual con lo histórico; lo general con lo específico, y además hacerlo de manera que el lector no se pierda entre las páginas del libro, sino que también el lector participa del proceso de  reflexión y de relación de ideas que permiten una mejor comprensión de la realidad que nos rodea con cada página.

LaEconomiaAlaintemperie

En un momento en el que la información abunda y el criterio es tan escaso, la lectura de González y Orsi resulta balsámica.

A veces se hace la broma de que existen dos grupos de economistas: los liberales y los malos. Una broma cruel (quizás por lo que pueda tener de cierto). Uno de los grandes problemas del mundo, decía mi abuela (DEP), es “que los inteligentes dudan mucho y los ignorantes hablan sentado catedra”. Me venían a la mente ahora estas palabras, porque quizás la bisectriz más importante dentro del mundo económico no sea la que separa –y simplifico– hayekianos de keynesianos, sino la línea que divide los economistas que dudan de los que no. De hecho, tanto Hayek como Keynes pertenecían al selecto grupo de pensadores económicos que sí dudaban (no es el objeto de este artículo, pero un servidor habiendo leído la biografía de Keynes está convencido de que hoy Keynes no sería keynesiano, pero de eso les hablaré otro día). Todo lo anterior quiere remarcar el hecho de que González y Orsi pertenecen a este primer grupo -selectísimo- de economistas que dudan en el sentido más científico de la palabra. Con esto quiero decir que el libro rehúye el típico guion en el que el homo economicus de turno nos dibuja cual es la realidad que percibe (sin ni siquiera preguntarse si esta definiendo bien el problema) para, acto seguido, proponer un ratalía de recetas (suelen ser mágicas) que, de ser aplicadas por el político de turno (recuerden el mantra de que “el problema es la política”), la tierra se convertiría en un paraíso terrenal (sic). Lleven este discurso al paroximo y tienen el fenómeno Podemos.

La economía a la intemperie  describe los hechos al tiempo que se nos invita a reflexionar sobre la teoría y la historia que hay detrás de ellos; todo sin usar trampas semánticas, más bien todo lo contrario, se nos invita a ser rigurosos con el lenguaje y romper muchos de los esquemas mentales que hoy en día encorsetan y limitan el debate. Esta manera didáctica, científica, de abordar los asuntos económicos permite al lector participar de forma activa de la reflexión y llegar a sus propias conclusiones. Esto es lo que hace que el libro de González y Orsi sea agradable de leer incluso cuando uno no comparte los puntos de vista de los autores.

Quién escribe se ha llegado a desesperar muchas veces por lo que lee, pero nunca por la opinión o por el corolario al que llega el autor, sino que la desesperación (entre comillas) siempre viene cuando uno observa con impotencia y frustración como el economista de turno esta edificando su argumentación con una falacia detrás de otra, haciendo uso de ideas ya obsoletas y probadas falsas. Por eso, para mí, la gran virtud del libro es ta sensación que transmite de genuina búsqueda de la verdad; algo que debería ser la brújula de cualquier economista o científico social y que, por desgracia, demasiado a menudo es la excepción, no la norma.

Se trata además de un texto culto lleno de erudición. No únicamente por el buen uso de las alegorías clásicas –la crisis de deuda en Grecia las ha vuelto a poner de moda–, sino por la variedad de fuentes y autores a los que  hace referencia. Los diversos temas se van sucediendo de manera rápida y ágil, pero el hilo del libro no se pierde; al igual que sucedee en un cesto de mimbre, la ciencia económica se compone de la infinidad de ámbitos y aspectos que se refieren al hombre, todos ellos complejos y con multitud de puntos de encuentro entre ellos que se entrelazan una vez tras otra. Pretender estudiarlos de forma aislada y compartimentada solo conduce al sesgo y al error.

Si un juez me pidiera una prueba irrefutable, científica valga la redundancia, de que se trata de un buen libro sobre economía, simplemente me limitaría a constatar que la obra menciona (y repetidas veces) palabras como ahorro y capital o hace mención a un tema tan vital como olvidado: la demografía.

Quizás (por ponerle algún pero al libro) he echado en falta la inclusión de forma explícita del concepto de “riesgo” (ineluctable en los procesos de “creación de riqueza”), y también el tema central que para mi tiene la propiedad privada y el imperio de la ley. Quizás sea mi sesgo hayekiano, pero para un servidor causa principal de todo lo que nos pasa deriva de una manera u otra de la erosión de los principios del “rule of law” y la propiedad privada. En cualquier caso ya sabemos que con respecto a las personas todo es subjetivo y, por definición, la perfección nos es inalcanzable en este mundo. Además, los autores compensan de sobras esta ausencia con la inclusión en el texto de la palabra “whig”.

Buena lectura.

One Response to La economía a la intemperie (Deusto), A. González y R. Orsi. Los economistas que dudan y los que no.

  1. Juan Torras G. says:

    ..simplemente magnifico!!! Si puedes corrige algún tipo que no desmerece la calidad literaria y conceptual Felicidades!! Un abrazo J

    > El 9/6/2015, a las 22:49, Enjoy capitalism escribió: > > >

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: