Más “currency wars”

Después de casi un año aguantando el tipo ante dólar y euro China reaccionó el lunes, a su manera y tempo, y precipitó la devaluación de su divisa con respecto al dólar. Un moviento que cogió desprevenidos a los mercados pero que tiene cierta lógica: China empieza a tomar posiciones para una más que previsible subida de tipos por parte de la Reverva Federal en otoño, la primera tras seis largos años de gran laxitud monetaria.

La necesidad de intervenir en el interbancario se suma a otros datos macro que apuntan a un clima desaceleración -la medida llueve sobre mojado-, lo que ha provocado una depreciación de casi el 2% del yuan con respecto al dólar, con el consiguiente efecto sobre el conjunto de bolsas mundiales y mercados de materias primas que buscan acomodo en el nuevo contexto. China es con diferencia el principal consumidor de materias primas del mundo, y cualquier estornudo de su economia tiene un impacto muy relevante en el precio de las principales commodities: níquel, cobre, estaño o aluminio ya han corregido a la baja. Habrá que seguir la evolución estos próximos días para ver la magnitud de la correción.

Este moviemto acaba con el tipo de cambio fijo que de facto existía entre el dólar y el yuan desde Marzo fijado en 6,1162; hoy en 6,2298 yuanes por dólar: mínimo histórico de los tres últimos años.

El Banco Popular de China (BPC) calificó su decisión de “excepcional”, recordemos que China llavaba tiempo lanzando el mensaje a los mercados sobre su intención de ampliar de forma paulatina la banda en la que cotiza el yuan e ir liberalizando de forma paulatina su cotización. Proceso que debería de ir acompasado de importantes reformas en el sector bancario y financiero que, por el momento, no llegan.

En cualquier caso, este ajuste a la baja del yuan busca un reealineamiento con el nuevo equilibrio general de los mercados, según palabras textuales del propio BPC. Detrás de esta devaluación, subyace la caída, en algunos sectores severa, en la actividad económica y sector exportador en parte debido a un tipo artificialmente alto que ha pretendido más salvaguardar la confianza de los inversores internacionales y mirar de ir posicionando el RMB como futurible divisa de referencia que ser un reflejo fiel de la temperatura económica del país, hoy en pleno proceso de cambio y reinvención.

La internacionalización del yuan, lo he remarcado en otras ocasiones, no es un objetivo per se sino que debería de ser la consecuencia, el reflejo, de que China acomete con éxito sus reformas pendientes en el capítulo financiero y que el conjunto de agentes económicos internacionales perciben estas reformas como satisfactorias y empiezan a utilizar el yuan normalmente. Para que eso ocurra, todavía queda pendiente una cadena de acontecimientos que excede los límites de esta nota.

En cualquier caso, este episodio vuelve a situar al gigante asiático en el epicentro de la actualidad económica mundial tras el severo ajuste bursátil del mes de Junio. Verano movido para Pekin que ve como por primera vez desde el inicio de las reformas sus prediciones -que sirven a la par de objetivos económicos- no se acaban de cumplir cuando esta venía siendo la tónica habitual: el Gobierno esperaba un crecimiento en el comercio exterior del 6% y este ya acumula una disminución del 7,3% en tasa interanual. Esta caída en la cotización del yuan también busca proteger en cierta manera estos objetivos de crecimiento del país que no debería ser inferior al 7%.

Lo anterior llega a España desinflando el Ibex -Arcelor Mittal se dejaba más de un 4% el mismo día del anuncio- y reduciendo la confianza general de los mercados ante un otoño que se presenta caliente para los inversores si finalmente la Fed sube tipos.

Con todo, y pese al caracter sorpresivo de la decisión, lo cierto es que el escenario actual es mucho mejor que el de hace tan sólo dos meses con una bolsa inflada -el índice de la bolsa de Shanghái, por ejemplo, acumulaba una revaluación interanual del 150% en junio-, una divisa relativamente apreciada con respecto al dólar, más aún con respecto el euro, y una economía zozobrante y en plena fase de ajuste. En el escenario actual las cifras macro de la intervenida economía china tienen un acomodo más próximo a la realidad del mercado lo cual siempre es positivo desde todos los puntos de vista.

Este último episodio de la “gran guerra de divisas” mundial todavía puede tener alguna derivada adicional. La devaluación China deja en jaque a otras economías como Corea, Brasil o incluso Australia. En definitiva, el efecto dominó del peligroso “quantitative easing” continua.

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