Excelente libro de Kissinger el historiador

Henry Kissinger ha desarrollado una doble -exitosa y preeminente en ambos casos- carrera profesional como diplomático (ejerciendo importantes cargos de responsabilidad durante el último tercio del siglo XX) y como académico. Recientemente se ha publicado en español Orden Mundial (Debate, 2016) su último libro (World Order), un repaso a la historia mundial, sintético y lúcido, a través de como en las diferentes regiones y civilizaciones del mundo organizan y estructuran las relaciones de poder. Kissinger ha hecho del estudio de la historia, y como concluye Niall Ferguson en su fantástica biografía sobre el personaje, una constante en su carrera que a la postre ha sido uno de los factores de éxito en el desarrollo de su carrera diplomática (biografía también reseñada en este blog). Churchill afirmaba: “the longer you can look backwards, the longer you can look forward.” Para Kissinger, su profundo conocimiento de la historia de las diferentes civilizaciones y su sensibilidad para con la filosofía de la historia, le ha permitido intuir el mar de fondo que subyace a los eventos políticos, económicos y sociales de la superficie y crear escuela con lo que respecta al pensamiento estratégico en el campo de las relaciones internacionales y de la diplomacia.

En este libro, Kissinger repasa la historia de cada una de las “grandes civilizaciones” -grandes regiones o modelos- desgranando sus aspectos clave, la arquitectura que configura su orden interno y su dinámica de funcionar. La manera de organizar la obra y de ver el mundo tiene ecos claros en los trabajos de pensadores como Toynbee. El arranque del libro, y concepto que articula parte del relato, es la paz de Westfalia, punto de anclaje importante en el pensamiento kissingeriano, y que le sirve al autor para explicar el concepto de “balance of power”, una de las ideas principales que ha guiado la acción política del autor. A partir del episodio de Westfalia y entendiendo la dinámica de “desestabilización” y “vuelta al equilibrio” que se ha dado en Europa desde antes de la Guerra de los Treinta Años (1618-48), Kissinger explora los modelos alternativos a la sensibilidad europea por la paz de Rusia, China, el Islam, o el modelo de corte occidental pero más uniteralista de Estados Unidos que ha marcado el acento de los asuntos globales en las últimas tres-cuatro décadas.

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En cada parada, Kissinger ofrece en un relato accesible y claro una síntesis con los eventos clave que ayudan a entender la historia y la cosmovisión desde las diferentes esquinas del planeta que todos habitamos y que nos tenemos que esforzar en compartir de forma pacífica. Especialmente de interés resulta el capítulo dedicado al modelo chino -quizás el que Kissinger más conoce- y que, en el nuevo siglo, es la pieza que en mayor medida puede configurar cambios importantes a la hora de establecer nuevas y buenas relaciones entre los diferentes países; entre las diferentes maneras de ver el mundo. China es el gran cambio estructural al que se esta enfrentando el actual sistema. Para su correcta integración en la red mundial, harán falta grandes dosis de realismo político como el que ha facilitado en sucesivas ocasiones la paz en la vieja Europa, únicamente que en el mundo actual la escala para aplicar dichos principios es global.

Ya queda lejos la idea de que la caída del Muro podía presagiar el fin de la Historia. Kissinger remarca como en un mundo de creciente diversidad y complejidad los principios westfalianos de red de instituciones internacionales y respeto a la soberanía interna de los Estados, son los únicos que han demostrado encajar con el carácter dinámico y por momentos anárquico del mundo. De alguna forma se puede relacionar los principios de Westfalia que identifica Kissinger con la visión del político “aventurero” de Víctor Lapuente (ver El retorno de los chamanes), y con el concepto de “antifragilidad” de Taleb (ver Antifrágil, llamado a convertirse en una de las obras de referencia del siglo XXI), si bien la acción política de Kissinger no siempre ha estado anclada en estos principios sino que muchas veces a pecado de exceso de frágil historicismo, pero eso es ya otro tema.

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