“Una contribución al debate de las ideas”, epílogo libro M. King, ‘El fin de la Alquimia’ (Deusto)

La gran virtud del libro del que tengo el honor de escribir unas breves líneas a modo de epílogo, es que se trata de un libro sobre ideas. El texto no es una crónica de como el autor contribuyó a salvar el mundo –como suele suceder en las obras de este perfil–, sino que es una reflexión profunda, enriquecida con la dilatada y rica experiencia de quién escribe, sobre las causas últimas de la grave crisis financiera que tan importantes cambios y consecuencias han supuesto en el escenario económico global. De hecho, no se trata de un libro sobre la crisis propiamente dicha, sino de una obra sobre la banca y el dinero que se sirve de la crisis como hilo conductor. A diferencia de otras obras del mismo género, Mervyn King realiza un esfuerzo por profundizar en las causas últimas de la patología bancaria superado la tentación de meramente realizar un análisis epidérmico de los síntomas, como ha sido la tónica en otros libros (con las excepciones de rigor que se quieran poner). En este sentido, el autor no rehúye el planteamiento de ninguna de las cuestiones que resultan clave para dar con los porqués del comportamiento disfuncional generalizado por parte del sistema financiero que desembocó en la grave crisis de 2008.

El tono ligeramente disonante del que fuese antiguo gobernador del Banco de Inglaterra sirve para evidenciar algunas de las diferencias con respecto al diagnóstico que ha dominado la corriente mayoritaria, siendo este más completo y amplio a la hora de abordar las diferentes cuestiones. Seguimos a día de hoy sin contar con un consenso claro y mayoritario sobre cuáles fueron las causas de la última crisis. King se desmarca de las tesis defendidas por otros protagonistas preeminentes de la crisis que se han lanzado a escribir su visión con respecto a la crisis como Ben Bernanke, también Hank Paulson o Tim Gaithner, al remarcar en su análisis la importancia de los propios bancos centrales, y demás elementos de la arquitectura del sistema financiero, como causas fundamentales de la crisis al alimentar la “búsqueda desaforada de retorno” a toda costa por parte de las entidades financieras para compensar así las caídas en la rentabilidad derivadas de las políticas de crédito artificialmente barato por parte de los propios Bancos Centrales. Fueron estas políticas de dinero barato, señala el autor, las que en última instancia favorecieron un escenario de sobre confianza generalizada en los mercados y dieron lugar, entre otras cosas, a un crecimiento desaforado de los balances y una acumulación excesiva de riesgos en el sistema. El autor de El fin de la Alquimia señala acertadamente como este comportamiento hunde sus raíces en la asimetría entre ganancias y pérdidas con la que operan los bancos en donde con respecto a estas últimas, en última instancia, están cubiertas de forma tácita por el contribuyente. Todo esto deriva en un perverso sistema de incentivos que favorece un comportamiento disfuncional en las entidades. Incentivos y asimetrías, advierte el autor, que no han sido corregidas y que no hacen descartable que el conjunto del sistema financiero no vuelva a ser foco de problemas e inestabilidad en un futuro.

La gran conclusión del libro, que quién les escribe comparte plenamente, es que en última instancia la crisis económica ha sido consecuencia de una falla de ideas, de una equivocada comprensión de cómo funciona la economía realmente. Por eso no es de extrañar que la crisis financiera haya reavivado, más que menos, el debate intelectual con respecto a la propia ciencia económica. Se trata de un debate demasiadas veces encorsetado al terreno de juego que establece el Sanedrín académico neoclásico, sobre todo por lo que respecta a las grandes tribunas de pensamiento y grueso de responsables políticos. Suelen ser únicamente unas pocas voces sueltas, ajenas a las círculos de poder académico y a los altos cargos, versos sueltos, las que cuestionan los dogmas siendo categorizadas como heterodoxas de inmediato. Es bueno entender esto para poner el valor este tono disonante de King, un peso pesado dentro del establisment financiero y académico mundial, que pone una interesante nota de color, al demasiadas veces monocroma debate académico mainstream donde las diferencias son siempre de matiz, nunca de grado. Resulta meritorio, por ejemplo, que King aborde con claridad el tema, por otro lado crítico y fundamental, de la protección de los depósitos o el mismo sistema de reserva fraccionada, elementos ausentes en la ecuación de análisis del grueso de economistas y que, sin embargo, resultan piezas imprescindibles si queremos realmente alumbrar un sistema bancario y monetario que favorezca un comportamiento racional por parte de los bancos y permita a las economías crecer de forma sostenible y no de forma burbujeante como hasta ahora.

Se trata de un mensaje con toques contrarian del cual tuvimos algunas muestras en los compases iniciales de la crisis pero que, poco a poco, estas voces fueron quedando ahogadas por lo que fue configurando la sabiduría convencional con respecto a la crisis económica. Ahí esta la hemeroteca para quién la quiera consultar de voces que alertaron de algunos elementos equivocados en el diagnóstico que hizo Washington en los inicios de la crisis como Jean-Claude Tritchet, muy escéptico con respecto al diagnóstico de la situación de 2009 elaborado por la Reserva Federal y que dio pie a los programas de compra de bonos y que ahora tantas dudas despiertan entre amplias capas de analistas e inversores, Wolfang Schäuble, el actual ministro de finanzas alemán, o Axel Webber, antiguo gobernador del Bundesbank. Pese a todo, las tesis de Bernanke y compañía, que podemos resumir como: crisis de liquidez, cíclica debido a fallos de mercado por falta de regulación; se acabaron imponiendo a la visión más Europea de la misma: crisis de solvencia, estructural, cuyo origen se sitúa en las políticas de dinero fácil por parte de los bancos centrales que alimentaron la burbuja especulativa y el crecimiento de la deuda. Al final, con matices, Europa ha ido siguiendo el plan anti-crisis diseñado por Washington. El libro de King, aunque por momentos ecléctico y en donde el autor navega con mucha habilidad por ambas orillas, pone en valor muchos de los aspectos que configuraron en un inicio el grueso del diagnóstico europeo cuando realiza una visión crítica de la salida en falso que ha supuesto, en muchos aspectos, el grueso de medidas monetarias ultra expansivas adoptadas hasta ahora.

En la base de esta divergencia de visiones subyacen distintas maneras de entender como funciona la economía: una más matemática, optimizadora y equilibrista; la otra más humanista, dinámica y articulada alrededor de la acción humana. Ideas falsas, dan lugar a diagnósticos equivocados, y estos a políticas económicas que lejos de arreglar los problemas de raíz meramente alivian síntomas generando nuevas distorsiones, nuevos problemas sin solucionar los viejos, y que, en el mejor de los casos, únicamente generan una prosperidad ilusoria consolidando este escenario de economía burbujeante y de expectativas limitadas al que parece que poco a poco nos hemos ido resignando. El debate sobre el método, es decir de que manera verificamos teorías y extraemos conclusiones, no es nuevo: David Hume ya planteo de forma célebre el problema de inducción a mediados del siglo XVIII, que luego fue reformulado por Popper en el XX, y sofisticado de nuevo por Nassim Taleb en el XXI. La crisis ha subrayado la importancia del mismo ya que, en buena medida, de ello depende que sepamos dar con un diagnóstico acertado y remedios acorde a los males que lastran la confianza y limitan el crecimiento.

Con independencia de las discrepancias que inevitablemente suscitarán al lector muchos de los postulados de King, como le ha sucedido al lector que ahora les escribe –bienvenidos sean los discrepantes si vienen con argumentos–, el libro constituye una contribución de primer orden y de gran valor a la espinosa y difícil cuestión de cómo ordenar la banca y el sistema monetario en el siglo XXI.

Luis Torras

Barcelona, 10 de mayo de 2016

Mervyn King y el futuro del capitalismo“, La Razón, 19 de septiembre de 2016.

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