Cuándo Trump olvidó a Ricardo y a Keynes. Comentario de Ignacio Diez. CS Gestion SGIIC

La Fed reiteró su intención de subir tipos gradualmente a medida que el mercado laboral siga mejorando. El primer meeting del año de la Reserva Federal sonó ligeramente más optimista, ya que reconoció una mejora de la confianza del consumidor y de las empresas, así como del mercado inmobiliario. Los inversores se centrarán ahora en el dato de empleo del viernes para tomar posiciones tras la incertidumbre creada tras la investidura de Donald Trump en sus dos primeras semanas de mandato.

La Fed no hizo mención alguna a planes de reducción de balance. Continuamos pensando que habrá posiblemente dos subidas de tipos este año. La primera podría llegar más de cara al tercer trimestre, salvo que haya un repunte de la inflación por encima de lo esperado en el primer semestre. No obstante, estaremos muy atentos a las noticias en referencia al plan de estímulo fiscal anunciado por Trump.

La reacción del mercado a la decisión de la Reserva Federal se concentró principalmente en su divisa que se depreció contra el euro hasta niveles próximos al 1,08. La curva de tipos apenas se movió, ya que no hubo sorpresas.

“Simplicity does not precede complexity, but follows it.”

– Alan Perlis

“Stop trying to change reality by attempting to eliminate complexity.”

– David Whyte

Esta semana vamos a reflexionar sobre el acierto o no de los aranceles a la importación y la política fiscal expansiva . Vamos a tratar de ver las consecuencias de la política económica que es posible que acometa Trump.

Nos  gustaría desarrollar una falsa idea que corre por los medios basada en el cálculo del PIB por la vía de la demanda y como no  se puede incidir en él de forma aislada interviniendo un componente como las importaciones . El PIB, es la suma de la Demanda Interna de un país (Consumo Privado, la Inversión Bruta y el Gasto Público más la Demanda Externa (Exportaciones de bienes y servicios menos las Importaciones de bienes y servicios). Debido a que el PIB sólo calcula los productos producidos en el país, se deben restar las importaciones. Las exportaciones deben añadirse, porque una vez que abandonen el país, no se añadirán a través de gasto de los consumidores. Para tener en cuenta la importación y exportación, toma el valor total de las exportaciones y resta el valor total de las importaciones. A continuación, agrega este resultado en la ecuación. Si las importaciones de un país tienen un valor superior a sus exportaciones, este número será negativo. Si el número es negativo, resta en lugar de agregar. Aquí es donde nos gustaría centrarnos. El déficit de la balanza por cuenta corriente de bienes y servicios se compensan con la balanza de capital. Si se pretende por parte de la Administración Trump que una caída de las importaciones genere un superávit en la balanza por cuenta corriente no se da cuenta que el PIB caerá ya que producir en USA hará que los productos sean más caros, la inflación elevará los tipos de interés y se contraerá el Consumo y la Inversión.

Tipos más altos atraerían capitales y el dólar se apreciaría agudizando la caída de las exportaciones.  El mundo es global y no es posible revertir esta tendencia. Ya se intentó en los años 80 con el sector de autos y todos sabemos cómo acabó la industria en Estados Unidos.

Con el fin de no incurrir en errores, es importante saber que en el pasado a la hora de presentar los datos de balanza de pagos de los distintos países, y en la mayor parte de los libros de macroeconomía todavía en la actualidad, cuando se hace referencia a la balanza por cuenta corriente ésta incluye las transferencias de capital que en la actualidad se suelen presentar en una cuenta independiente.

Sin embargo; siguiendo la metodología recomendada en la actualidad por el FMI y seguida por la mayor parte de los países, la capacidad o necesidad de financiación vendrá determinada por la agregación de los saldos de la balanza por cuenta corriente y de la cuenta de capital.

Un desequilibrio por cuenta corriente no es en sí ni bueno ni malo, de modo que en ocasiones puede ser interpretado como beneficioso para el país en cuestión, mientras que en otras ocasiones se considerará perjudicial, dependiendo de las circunstancias económicas concretas del país.

Existe una identidad contable básica en economía internacional según la cual, la balanza por cuenta corriente a nivel mundial debe estar equilibrada, o lo que es lo mismo, deberá cumplirse que la suma de los saldos en cuenta corriente del conjunto de países debe ser cero. Por tanto, el saldo por cuenta corriente de los países superavitarios (que determina la capacidad de financiación a nivel mundial) deberá coincidir con la suma de los saldos en cuenta corriente de los países deficitarios (que determina la necesidad de financiación a nivel mundial).

Así, la contrapartida al aumento del déficit por cuenta corriente de Estados Unidos y al consiguiente aumento en las necesidades mundiales de financiación ha sido la expansión de los superávit en otros países.

David Ricardo (Londres, 18 de abril de 1772 – 11 de septiembre de 1823) fue un economista inglés de origen judío sefardí-portugués, miembro de la corriente de pensamiento clásico económico, y uno de los más influyentes junto a Adam Smith y Thomas Malthus. Es considerado uno de los pioneros de la macroeconomía moderna por su análisis de la relación entre beneficios y salarios, uno de los iniciadores del razonamiento que daría lugar a la ley de los rendimientos decrecientes y uno de los principales fundadores de la teoría cuantitativa del dinero. También fue un hombre de negocios, especulador exitoso, agente de cambio y diputado; logrando amasar una considerable fortuna.

El modelo de la ventaja comparativa es uno de los conceptos básicos que fundamenta la teoría del comercio internacional y demuestra que los países tienden a especializarse en la producción y exportación de aquellos bienes que fabrican con un coste relativamente más bajo respecto al resto del mundo, en los que son comparativamente más eficientes que los demás y que tenderán a importar los bienes en los que son más ineficaces y que por tanto producen con unos costes comparativamente más altos que el resto del mundo.

Esta teoría fue desarrollada por David Ricardo a principios del siglo XIX, y su postulado básico es que, aunque un país no tenga ventaja absoluta en la producción de ningún bien, es decir aunque fabrique todos sus productos de forma más cara que en el resto del mundo, le convendrá especializarse en aquellas mercancías para las que su ventaja sea comparativamente mayor o su desventaja comparativamente menor. Esta teoría supone una evolución respecto a la teoría de Adam Smith. Para Ricardo, lo decisivo en el comercio internacional no serían los costes absolutos de producción en cada país, sino los costes relativos.

De la teoría ricardiana sobre el comercio exterior solamente la teoría sobre los costes comparativos fue introducido en los libros de texto. La teoría de los costes comparativos sostiene que el comercio entre dos países es beneficioso para los dos países incluso en el caso que un país es más eficaz que otro en la producción de todos los productos.

El comercio internacional es beneficioso para todos ya que conduce a una mejor asignación de los recursos y una especialización orientada a mejorar el PIB per capita de cada economía. Trump debería darse cuenta que el PIB en Estados Unidos ha crecido gracias a la tecnología, biotecnología, shale oil y shale gas y otros sectores más productivos que ha hecho que en sectores con menos rentabilidad se haya trasladado el empleo a otros países. El comercio es el componente del PIB que más pesa en USA y este se ha disparado gracias a una mayor renta disponible como consecuencia de la bajada de precios de muchos de los bienes importados.

David Ricardo:

“En un sistema de comercio perfectamente libre, cada país, dedica su capital y trabajo a los empleos que le son más beneficiosos, utiliza más eficazmente las facultades peculiares y distribuye el trabajo más eficaz y económicamente. Con esto difunde el beneficio general, une por medio de los lazos del interés y el intercambio, la sociedad universal de las naciones, ya que es más fácil importar aquellas cosas que cuestan más producir y exportar aquellas que podemos producir más cómodamente (más beneficioso aplicar todo el capital a aquello en lo que somos buenos produciendo, que a aquello que nos cuesta más).”

En On the principles of Political Economy and Taxation David Ricardo explica esta teoría en media página de 350 páginas. Se puede decir igualmente que menciona este aspecto, sin darle gran importancia. Es otro ejemplo más para un fenómeno que podemos ver muy a menudo. Algo bastante irrelevante en la obra original llega a ser la afirmación central y aspectos mucho más importantes caen en el olvido. Es algo parecido a como se está desvirtuando a Keynes. Su política de expansión fiscal iba dirigida a períodos de contracción, no de picos de ciclo. No tiene sentido argumentar que la actual política económica estadounidense es keynesiana.

Ricardo es recordado por su profundidad intelectual y la forma excepcionalmente moderna con la que abordaba los problemas económicos, con un elevado y riguroso nivel de abstracción a pesar de que carecía de formación universitaria reglada. Igualmente todavía hoy Keynes, sigue siendo un economista ‘muy actual’, con reflexiones que aún hoy siguen haciéndonos reflexionar mucho sobre el ahorro y la política económica.

El keynesianismo es una teoría económica propuesta por John Maynard Keynes, plasmada en su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero, publicada en 1936 como respuesta a la Gran Depresión de 1929. Está basada en el estímulo de la economía en épocas de crisis.

Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado, política que se llamó política fiscal. La justificación económica para actuar de esta manera parte, sobre todo, del efecto multiplicador que, según Keynes, se produce ante un incremento en la demanda agregada.

Las escuelas monetarista y austríaca han intentado refutar el keynesianismo, sin embargo, éste sigue aplicándose en la mayor parte del mundo, y cierta parte de los economistas más influyentes del mundo son reconocidos keynesianos, como Paul Krugman y Joseph Stiglitz.

Al igual que establecer aranceles como hemos podido explicar es un error y lejos de crear empleo lo va a destruir, hacer una política fiscal expansiva en la parte final de uno de los ciclos más largos, es un error mayor que desembocará en un fuerte incremento de tipos, una recesión más profunda y un ajuste mucho mayor. Lo crea o no Trump el mundo sigue siendo Global, Digital y Renovable.

“Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secreta e inadvertidamente, una parte importante de la riqueza de sus conciudadanos (…) Pero cuando los fenómenos son tan complejos, los pronósticos no pueden señalar nunca un solo camino, y se puede incurrir en el error de esperar consecuencias demasiado rápidas e inevitables de causas que acaso no son todas las aplicables al problema.”

J.M. Keynes

“Economics in general has a problem. It wants to be seen as a true science, on the level of physics or biology or chemistry, rather than one of the soft sciences like sociology or history. At various times, economics has been called “political economy” or “philosophical economy.” Political economy was, in the words of Adam Smith, “an inquiry into the nature and causes of the wealth of nations,” and in particular “a branch of the science of a statesman or legislator [with the twofold objectives of providing] a plentiful revenue or subsistence for the people… and to supply the state or Commonwealth with a revenue sufficient for the publick services.”

John Mauldin

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