Dentro del amplio género de no ficción en el mundo anglosajón, cada vez más destaca un tipo de ensayo en el que se aborda una cuestión de manera accesible y multidisciplinar, sin renunciar un ápice al rigor propio del ámbito académico. Son temas que suelen estar centrados en mejorar la comprensión del mundo que nos rodea. En este amplio género, nos encontramos autores muy variados: desde librepensadores, a periodistas o economistas al uso. Destacan autores como Nassim Taleb (The Black Swan, Antifragile), Tom Harford (The Undercover Economist, Messy), Johan Norberg (Progress), Bill Easterly (The Tyranny of Experts), Steven Levitt (Freakonomics), Daniel Kahneman (Thinking Fast and Slow), Cass Sunstein (Nudge), Nicholas Carr (The Shalows), Michael Lewis (Moneyball, The Big Short, Undoing Errors) -podríamos poner muchos más-, o el propio Malcolm Gladwell, junto con Lewis, sin duda, de los más prolíficos.

En La Inteligencia Intutiva (Taurus, 2009), el célebre periodista del The New Yorker sigue con sus investigaciones sobre los misterios de la mente como ya hiciera en su libro The Tipping Point. En este caso, Gladwell se propone investigar sobre los resortes que activan lo que los psicólogos llaman el “inconsciente intuitivo”, es decir, esa parte de nuestra inteligencia que nos permite tomar decisiones en decimas de segundo disponiendo de muy poca información. Pensemos por ejemplo, como explica el propio autor, que cruzando la calle de repente vemos que se nos tira un coche encima. De forma automática, y según nos permita el cuerpo, actuaremos en consecuencia: un brinco, saltar, rápidamente un paso atrás; un acción instantánea tomada en pocos segundos y a partir de un diagnóstico de la situación hecho con rapidez y con poca cantidad de información. Estudiar estos mecanismos -a lo Kahneman/Tversky- es el propósito del autor. Por cierto, autores que sorprende por qué Gladwell no cita (no es la única referencia clave del texto que sorprende por su ausencia).

El próposito de la obra es investigar en la bisagra entre lo formal y lo informal, lo racional y lo instintivo, lo automático y lo meditado; cómo y cuando optamos por un camino o por otro, qué sesgos y resortes activamos y cuales son las consecuencias de todo ello. El libro discurre, como en otras obras del autor, entre los ámbitos de la psicología y la sociología reflexionando sobre qué explica que sepamos cosas que no somos conscientes que sabemos. La cognición rápida puede ser una potente alíada en ciertas situaciones, y un actuar como un imán en una brújula en otras situaciones; la clave esta en saber identificar cuando guiarnos por la impresión de los dos primeros segundos y cuando no.

En este sentido, la gran (y potente) conclusión del libro es que un mejor conocimiento del mapa de sesgos -muchos inconscientes- de la mente humana nos permite mejorar la manera en la que captamos y entendemos nuestro entorno, cambiar conductas y mejorar en nuestra capacidad de emitir juicios de valor y tomar deciones.

El único pero del libro es que en este caso Gladwell se queda muy cojo en la exploración de fuentes. Sorprende llamativamente que no se cite ninguno de los artículos seminales del hoy Premio Nobel de economía Daniel Kahneman, y de su colega Amos Tversky, padres de la economía conductual, que desde principios de los 70s habían escrito piezas importantísimas sobre el funcionamiento los mecanismos de la mente (tampoco se cita a Richard Thaler, el economista que popularizó estas tesis en EE UU). El libro de Gladwell salió en 2005, en 2011, Kahneman publicó el que hasta el momento es el libro más importante sobre la materia Pensar deprisa, pensar despacio (Debate, 2012), recopilando con carácter divulgativo la gran cantidad de material académico publicado con anterioridad. En cualquier caso, otro libro de Gladwell para cualquier, entre otros, directivo de marketing.

Advertisements