Entrevista con el prof. Niall Ferguson vía ‘La Revista del Foment del Treball’

Adjunto la entrevista que puede hacerle al profesor de Harvard -pronto en Stanford- Niall Ferguson, uno de los grandes historiadores de su generación. Su último libro, una ambiciosa biografía autorizada sobre la figura de Henry Kissinger. La entrevista tuvo lugar en Nueva York, en la New York Historical Society, en Central Park West, justo al lado del célebre Museo de Ciencias Naturales, el 25 de febrero de 2016. Quedo muy agradecido al profesor Ferguson por su tiempo y amabilidad, y a Valentí Puig, editor de ‘La Revista del Foment del Treball’ por su confianza.

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Un banquero catalán que se paseó por el mundo y cambio España

Agradezco a mi amigo y preescriptor RF la ayuda e inspiración en la elaboración de este artículo, y al profesor Jesús Huerta de Soto su generosidad de publicarla en la revista Procesos de Mercado.

En la época medieval, se conocía como Borne el espacio que tradicionalmente estaba reservado a las justas. Se trataba de un lugar ágorico, céntrico. La frase “roda el món i torna el borne” captura la idea de que todo acaba en el mismo lugar en donde empezó, con el matiz -si se quiere-, que borne en inglés significa a nacer; “torna al borne” significa volver a nacer: como si fuera posible tener dos vidas. Así exactamente sucede la vida del banquero, empresario, filántropo y benefactor Josep Xifré i Casas. He aquí una breve síntesis de su vida que bien merecería una novela. Mi intención es esa.

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Kissinger (el idealista)

the longer you can look back, the farther you can look forward.”

Winston Churchill

Niall Ferguson, probablemente el historiador libertarian-tory más relevante en el panorama internacional, vuelve al genero biográfico para enfrentarse a la ambiciosa empresa de bucear en la mente de Henry Kissinger, histórico de la diplomacia estadounidense y pieza clave para entender los avatares de la geopolítica global de las últimas cuatro décadas. El proyecto nació del propio Kissinger -que ya cuenta con notables biografías como la que le hizo Walter Isaacson– que escogió al historiador de Edimburgo personalmente. Explica Ferguson que al principio le costo decidirse pero que le resulto imposible negarse a dicha aventura cuando Kissinger en el momento en el que Ferguson le llamo para comunicarle que no aceptaría el encargo le dejo caer algo así como “una pena por qué justo hoy he encontrado nuevas cajas con cartas y documentos de mis años de formación.” Un caramelo demasiado goloso para el Indiana Jones de la historia.

La obra esta estructurada en dos partes. El primer volumen, Kissinger: 1928-1968: The Idealist, se centra en los años de formación del personaje, un poco con el mismo espíritu del célebre ‘My Early Years‘ de Winston Churchill. En él Ferguson se centra en los elementos y factores que configuran la mente y los antecedentes de quién luego será una personalidad clave a la hora de proponer normas, mecanismos e instituciones para re-configurar el gran tablero que configuran las relaciones entre paises y el “equilibrio global”, una de las ideas sobre las que ha pivotado la vida y obra de Henry Kissinger. En la declaración de objetivos de Ferguson no esta únicamente el objetivo de biografiar a Kissinger sino también reflexionar sobre la rica producción intelectual del personaje. Para entender esta producción, esta manera de pensar que luego tendrá una papel principal a la hora de definir la diplomacia contemporánea, es imprescindible el paso previo de comprender las vivencias vitales del personaje, sus lecturas de juventud y su manera de pensar.

Estamos pues, ante una obra de gran ambición y, además, ejecutada con gran maestría. El trabajo de Ferguson cuenta con inumerables cartas y documentos de Kissinger, entrevistas con amigos y enemigos e incluso con largas sesiones de trabajo con el propio protagonista lo que convierte la obra en un texto de estudio de gran interés no únicamente histórico -que lo tiene- sino también para cualquier estudioso o practicante en el ámbito de la diplomacia y con interés en las relaciones internacionales.

 Del contenido de la obra destacaré un pasaje vivencial y una pincelada intelectual que creo que son dos buenas muestras que ejemplifican bien lo que podemos encontrar en la lectura de ‘Kissinger‘. La experiencia más definitoria de Henry Kissinger durante sus años de formación será su regreso a Alemania (abandonará su país de origen en 1938 con toda su familia para huir del nazismo) como soldado americano lo que le permitió un contacto directo con la crudeza del nazismo y la psicología de la guerra y de la barbarie nazi de primera mano. Unas vivencias de gran crudeza que ayudarán a configurar la idea de Europa del joven Kissinger.
Los primeros capítulos del libro, recuerdan que Ferguson es un experto en el periodo 10s/20s/30s de la historia europea que ya trabajó durante la gestación de otros libros notables: la biografía de Sigmund Warburg, y la obra (también en dos volúmenes) dedicada a la Casa Rotchschild. El libro describe de forma magistral el dramático ascenso del nazismo tras el convulso periodo que fueron los años 10s/20s para Alemania -especialmente durante los estragos de la hiperinflación- y luego con los efectos de la crisis económica del año 29-30, y sin los que es imposible entender el auge de Hitler. Con el regreso de Kissinger a Estados Unidos, el libro nos traslada a los primeros compases de la Guerra Fría, toda una época para el sistema de relaciones internacionales y donde se acabará de configurar la mente estratégico del que luego sería Consejero de Seguridad Nacional.
La importancia de la Historia
Desde el punto de vista intelectual, Ferguson haciendo gala de una gran maestría narrativa, explora las interacciones de Kissinger con sus principales referentes que configuraran, poco a poco, su corpus teórico.  Para quién escribe, pro ejemplo, ha sido una sorpresa descubrir como Kissinger no es hegeliano, sino que el pilar fundamental durante los años de formación será el inmenso filósofo prusiano (de nacimiento no de tanto de tradición filosófica, por ser justos) Immanuel Kant. Otra cosa, y eso supongo que se analizará en el segundo volumen y, en cualquier caso, daría para un ensayo, son las contradicciones en las que es imposible no reflexionar sobre las contradicciones entre la teoría y la praxis del personaje. De hecho, podría decirse que el libro es tanto una biografía como un ejercicio de “historia aplicada”. Kissinger, al igual que Ferguson, será un estudioso -y un apasionado- de la Historia desde sus primeros años como estudiante. Ferguson ironiza que titulará su trabajo de final de carrera con el “humilde” título ‘The meaning of History’ (no es casualidad que Kissinger le propusiera este trabajo a alguien como Ferguson). Todo esto es relevante por qué uno de los mensajes más importantes del libro es la importancia de la historia, y como el dominio de esta disciplina por parte de Kissinger es uno de los factores clave de éxito en el “statecraft” -que dicen los ingleses- kissingeriano, probablemente el Secretario de Estado más importante en la historia de Estados Unidos.
Un completo estudio y comprensión de la historia, no únicamente entendida como la suma de fechas y acontecimientos, sino también en su sentido más filosófico, más profundo, permite una mejor intuición del mar de fondo de los tiempos sobre los que se apoya la política y lo que, a la postre, se desprende de la monumental obra de Ferguson, explica el éxito de Kissinger a la hora de manejar los mecanismos de poder y gestionar la esfera de influencia de Estados Unidos hasta nuestros días. De hecho, el propio Kissinger ha remarcado siempre que el gran “déficit” del cuerpo diplomático estadounidense ha sido la historia y la filosofía que, sin embargo, son disciplinas que es necesario cultivar para una correcta comprensión de las fuerzas que juegan y configuran el escenario global. De hecho, cuando se incorporé a la administración Nixon, Kissinger destacará: “When I entered office, I brought with me a philosophy formed by two decades of the study of history.
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La polémica
Este primer volumen trata, sobretodo, con las relaciones de Kissinger con él mismo: se trata de un libro introspectivo del personaje más que las relaciones del personaje con el exterior, su definitoria acción de gobierno que previsiblemente centrará el relato del segundo volumen que arrancará en 1969 cuando sea nombrado en enero Consejero de Seguridad Nacional por el presidente Richard M. Nixon. Entre otras cosas, este segundo tomo previsiblemente confrontará algunas de las muchas críticas -algunas de ellas furibundas y que incluyen la acusación de crímenes contra la humanidad por parte de Kissinger- que rodean al preeminente diplomático.
En cualquier caso, este primer volumen si tiene que abordar la contradicción con respecto a la estrategia en Vietnam: Kissinger en 1965 reconocía que era imposible ganar militarmente la guerra con Vietnam y que únicamente acabaría mediante la negociación y sin embargo la guerra continuaría durante ocho largos años más. Sombras similares se extienden sobre el papel que pudo tener Kissinger en las Conversaciones de Paz en 1968 ejerciendo de ‘liason’ con la campaña de Nixon. Ferguson se limita a poner de relieve las multiples debilidades de la “teoría conspirativa” sin exculpar al personaje por falta de pruebas concluyentes en un sentido u otro.
La figura de Kissinger, como cualquier gran carácter, no deja indiferente a nadie. En cualquier caso, tanto para acólitos como para los detractores, el libro es una lectura imprescindible para aproximar una figura tan compleja como importante a la hora de definir el actual orden internacional, hoy, justamente, en profundo estado de transformación.

Los señores de las finanzas

El dinero sin medida forma los nervios de la guerra.”

Cicerón, Filípicas

El siglo XX dejó dos grandes episodios que marcarán de manera definitoria la historia económica y monetaria desde entonces: me refiero a la hiperinflación alemana (1919-1923) y la Gran Depresión de 1929 que se extenderá durante toda la década siguiente hasta practicamente la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el segundo suicidio colectivo de Europa en el lapso de tan solo una generación. Ambos episodios no únicamente serán relevantes por la magnitud de los hechos, sino por el fuerte eco que dejarán y que llegará, aún vibrante, a nuestros días con gran influencia sobre la sabiduría convencional sobre el origen y remedio de las crisis económicas. Bécker escribió que el recuerdo que deja un libro es más importante que el libro en sí. Con las crisis económicas pasa un poco lo mismo: tan importante es la crisis, como el poso que deja tras de sí; sobretodo en el ideario colectivo ya que marcará de forma definitoria la manera de afrontar futuros episodios de crisis y pánico financiero.

Con esta potente idea en mente -la importancia de la historia y de sus consecuencias como elementos de valor para entender el presente- se encuadra Los señores de las finanzas (@EdicionesDeusto, 2010) del economista Liaquat Ahamed. El libro repasa los intensos acontecimientos que tendrán lugar desde finales de la Primera Guerra Mundial hasta la caída en picado de Wall Street en octubre de 1929 y, aún más importante, las consecuencias del mismo durante el complejo periodo de 1929-33 y la posterior década de depresión de 1933 hasta 1944. La gran virtud de la obra, y el elemento principal que justifica su premio Pulitzer y su lectura, es que la historia se explica de forma pormenorizada, con una prosa que consigue atraparte desde el primer momento y a través de sus principales protagonistas. El autor acierta doblemente al poner el énfasis, como advertía Disraeli con respecto al estudio de la historia, en los protagonistas más que en los hechos; y segundo, por los propios personajes escogidos: Montagu Norman (Banco de Inglatera), Benjamin Strong (Reserva Federal de Nueva York, luego substituído por George Harrison), Hjalmar Schacht (Reichsbank), y Émile Moreau (Banco de Francia); es decir, los principales banqueros centrales de entonces.

La economía esta, sobretodo, determinada por la solidez de las instituciones monetarias; por tanto, su correcta comprensión resulta imprescindible. Como dijo célebremente Mayer .A. Rothschild, fundador del banco con el mismo nombre: “Dejadme emitir y controlar el dinero de una nación y no importará quién dicte las leyes.”

A parte del interés evidente que toma el relato que incluye un completo perfil de los personajes -no únicamente de los principales, sino también de los secundarios- y que esta lleno de anécdotas y vivencias personales de los mismos, sino que esta manera de estructurar la obra permite entender los hechos a partir del carácter y pensamiento de las personas encargadas de tomar las decisiones que determinaran esos hechos. En este sentido, la ambición de la obra no puede ser mayor. La obra, como decíamos, se centra en la importante institución del dinero, aspecto central de la economía y que, sin embargo (y muchas veces inexplicablemente), su debate parece estar limitado a unos pocos círculos de expertos quedando fuera de plano para el gran público. La obra repasa la historia monetaria del mundo en uno de sus periodos más intensos: fin del patrón oro clásico tras el pánico de 1907 en Nueva York y creación de la Reserva Federal (1913) y hasta el periodo de depresión global de 1933-1944 y que terminará de forma trágica con la Segunda Guerra Mundial. El autor da múltiples pinceladas sobre el funcionamiento de la banca y su relación con el proceso de rápida industrialización y globalización que tendrá lugar en la recta final del siglo XIX y 1913, así como el desarrollo industrial y social de principios del siglo XX todo, como decíamos, acercándonos la historia a través de los ojos de sus protagonistas.

Desde el punto de vista de la teoría es donde, a mi juicio, el libro es resulta más flojo. De entrada, huelga decir que la gran depresión es quizás uno de los episodios cuya interpretación genera más divergencias entre economistas e historiadores (Niall Ferguson (@nfergus) hace esta misma observación en su magnifica obra Kissinger: 1923-1968: The Idealist), así que las discrepancias sobre estos temas son, hasta cierto punto esperables. La vulgata general con respecto a la Gran Depresión es que fue causada en gran medida por la arquitectura del sistema monetario (en aquel momento patrón oro-dólar, aunque muchos tienden a confundir este modelo con el patrón oro clásico que existirá hasta antes de la creación de la Reserva Federal en 1913), y que su posterior alargamiento fue debido al enfoque ‘laissez faire‘ adoptado por el (por otro lado, bastante nefasto) presidente (republicano) Herbert Hoover. Únicamente con la llegada del activismo gubernamental de Roosevelt, apoyado sobre el cuerpo teórico de pensadores como Keynes (otro de los grandes personajes secundarios de la historia) permitirá al conjunto de las economías escapar de la depresión. El otro gran chivo expiatorio será el patrón oro, el gran culpable, sobretodo para los banqueros centrales, ya entonces y también ahora, convertido en verdadero anatema desde entonces. Lo cierto es que, la evidencia de los datos, junto a una correcta comprensión de como funciona el mecanismo monetario y la institución del dinero, permite comprobar que nada más alejado de la realidad.

Hay un antecedente, la creación de la Fed tras el pánico de 1907 en 1913, que el libro no alcanza a entender sus importantes consecuencias. Este hecho permitirá con posterioridad mantener los tipos de interés artificialmente bajos lo que alimentará la burbuja expeculativa (y altamente apalancada) de valores bursátiles en Wall Street. El origen de esta política, que resultará letal, no esta en Estados Unidos sino en Gran Bretaña. El Reino Unido cometerá uno de los grandes errores en la política monetaria de este complejo periodo al hacer volver la libra al patrón oro al mismo tipo de cambio de antes de la Guerra tras la paz de Versalles (1919). Winston Churchill, entonces secretario de Hacienda, fuertemente presionado por Norman, volvió al patrón oro con el antiguo tipo de cambio de antes de la contienda lo que agudizó la deflación en aquel país tras la guerra. En efecto, al fijar un tipo “artificialmente” alto por motivos políticos -Gran Bretaña no quería perder importancia dentro del escenario financiero y geopolítico mundial-, no reconoció en la fijación del tipo de cambio de la libra esterlina con el oro la fuerte perdida de competitividad que había sufrido la economía durante laguerra. Esto deprimió la economía en un momento en donde, además, en ninguna de las grandes economías tenía en marcha una agenda reformista, sino todo lo contrario.

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Tras la guerra, las naciones europeas no solo quedaron mutuamente destruídas sino que quedaron altamente endeudadas y con menos de la mitad de las reservas de oro co. las que contaban. Estados Unidos, por el contrario, había hecho crecer enormemente sus reservas hasta el punto que duplicaban la del resto de potencias combinadas. El objetivo tras la guerra, era reanudar la economía (mejorar la competitividad) y reanudar los mecanismos de crédito. Lo primero no se hizo y lo segundo se forzó mediante una política por parte de la Fed de tipos bajos lo que suponía el necesario balón de oxígeno para que la dañada y disfuncional economía inglesa fuera tirando a trancas y barrancas durante aquellos años. Mientrastanto, una economía en plena fase de expansión y fiebre inversora (por primera vez, durante los felices años 20, la inversión en bolsa se popularizara enormemente y, además, parte importantísima de esta inversión se hará de forma apalancada) era distorsionada artificialmente por oleada de crédito barato cuyo resultado únicamente podía ser su irremediable ajuste.

Llegados a este punto, cabe subrayar que el gran elemento que explica la burbuja especulativa en la bolsa -que será especialmente aguda entre finales de 1925 y 1929- será la política de repetidos recortes de tipo de interés. Una vez llegado el ajuste, el activismo gobernamental y de la Fed. La administración Hoover aumentará el gasto público (importante será el aumento de partidas presupuestarias para la inversión en infraestructuras, como la propia presa Hoover), el control de precios y salarios y subirá la presión fiscal (intervencionismo económico que llegará al paroxismo con Roosevelt). Por su parte la Fed, contraerá la base monetaria entre 1929 y 1933 (cosa inédita en la historia como remarcarán Milton Friedman y Anna Schwartz en su gran obra A Monetary History of the United States) lo que complicará innecesariamente las cosas. En suma, un conjunto de errores de política económica derivados del prisma intervencionista (posteriormente keynesianimos) sin los que es imposible entender ni la gestación de la crisis ni su inusitada dureza y duración. Lo resume magistralmente Lorenzo Bernaldo de Quirós (@BernaldoDQuiros) en el fantástico libro ¿Estado o Mercado? (Deusto, 2010).

Ni en aquel momento, ni tampoco ahora, el grueso de la sabiduría convencional acertó en dibujar las alternativas ni separar lo que son “fallos” en el diseño del sistema monetario y lo que son fallos de política. En aquel momento se enfrentaron dos posturas: los favorables a la ortodoxia del patrón oro y los favorables -entre los más destacados Keynes o Roosevelt– de abandonar el sistema para poder emitir crédito sin reestricción. Lo cierto es que, como siempre, la virtud estaba “somewhere in the middle“: ni la naturaleza de la crisis se solucionaba inundando los mercados de liquidez (para muestra un botón con las actuales políticas de extraordinaria liquidez de la Fed entre 2009 y 2015 que únicamente han agravado la fragilidad de la situación); y, al mismo tiempo, fue un error fijar un tipo de cambio con el oro que no se ajustaba a la realidad de los países lo que llegado el momento distorsiono los flujos del comercio alterando, en consecuencia, también los diferentes flujos de oro entre los diferentes países lo que agudizó la depresión en algunos (i.e. Reino Unido), sobre estimulando la actividad en otros (i.e. Estados Unidos).

Recordaba John Mülller (@cultrun) hace poco en un notable artículo en El Español las palabras de Adous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.” Amén. Por eso resulta recomendable, al gran trabajo de documentación de Ahamed, complementarla con otras lecturas académicamente más completos (o mejor dicho, no “obsesionados” con la deflación). Y me permito recomendar dos al ya citado libro de Bernaldo de Quirós. El clásico de Murray N. Rothbard, America’s Great Depression (disponible en pdf en este link) que constituye el pilar principal de la explicación a la Gran Depresión fuera de los cánones de la sabiduría convencional (que se puede encontrar en The Great Depression 1929 de John K. Galbraith); y Currency Wars (2011) de James G. Rickards (@JamesGRickards), libro imprescindible, del que tengo pendiente hacer reseña.

Todos los puntos de vista son necesarios para un correcto entendimiento del fenómeno monetario que configura la base en la que se apoya la economía y sin el cual es imposible tampoco tener una visión completa del fenómeno social y político. Buena lectura y feliz 2016.

Acabar con el paro es posible (reseña último libro Daniel Lacalle)

En pocos años Daniel Lacalle (@dlacalle) se ha convertido en una de las grandes referencias del pensamiento económico en España habiendo publicado hasta cinco libros, tres de ellos en solitario, el último Acabemos con el paro (Deusto 2015) y con sello de Roger Domingo (@RogerDomingo). En esta última empresa literaria, Lacalle aborda el que es, sin lugar a dudas, el gran problema de la sociedad española en la actualidad: nuestra desorbitada e injustificablemente alta tasa de paro.

Como bien señala el autor de inicio, el paro en España no es un problema nuevo, sino que viene de lejos y cuyas causas no únicamente se deben a un tema de ciclo económico sino que hunden sus raíces en parte en unas instituciones laborales deficientes, o mejor dicho poco ancladas en la realidad (en la mayoría de casos); y en parte también por una cultura con una enorme aversión al riesgo y al emprendimiento en general.

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El libro de Lacalle tiene la valentía de plantear el tema con los pies en el suelo y evitar las vaguedades o el ensoñamiento. Al contrario, se trata en de un ensayo escrito en clave de “política pequeña”: el autor baja a lo concreto y, con argumentos, realiza propuestas específicas para hacer frente a cada una de las disfuncionalidades que desembocan en los altos niveles de desempleo que arrastra todavía la economía española. El texto hace una análisis pormenorizado del estado de la cuestión, el diagnóstico, para luego proponer, propuestas concretas, algunas de ellas fruto de la experiencia en otros países, todas con un profundo anclaje en los valores de la libertad económica. Esto también incluye, y es igualmente importante, desmontar los múltiples mitos que existen alrededor del tema del empleo y en donde todavía persisten propuestas tan peregrinas –y alejadas de la realidad– como la contratación pública. Especialmente interesante, por ejemplo, resulta el repaso que el autor realiza con respecto a otros sistemas como el existente en el Reino Unido, los países nórdicos, o el caso Austríaco, todos ellos interesantes y de los que extraer conclusiones.

El libro esta muy bien tejido, es exhaustivo, e incluye multitud de cifras y datos orientados a dar fuerza y peso a cada uno de los argumentos con multitud de referencias bibliográficas para el lector que quiera profundizar al tiempo y que permite tener una panorámica muy completa sobre el estado de la cuestión no únicamente en España sino dentro del marco de la OCDE. Al margen de las consideraciones y propuestas de carácter técnico que realiza Lacalle, la verdadera y gran aportación del libro, desde el punto de vista de este analista, es el mensaje de poner en valor la función empresarial en su sentido más amplio. Básicamente: sin arriesgar es imposible crear riqueza, crear empresas; y sin empresas es imposible generar empleo. El libro en Madrid se presentó en CEOE con la presencia de Juan Rosell quién en 1985 (hace tres décadas, que se dice pronto), publicaba junto con Juan Torras y Joaquín Trigo, el libro Crear 80.000 empresarios con mensaje similar. La tesis central del libro entonces guarda gran relación con el libro de Lacalle ahora: Felipe González había prometido 800.000 nuevos empleos a lo que los autores respondieron que bastaría con crear 80.000 nuevos empresarios para cumplir dicho objetivo. Es aquí donde esta la madre del cordero (antes y ahora).

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Nota foto: Daniel Lacalle señala como la gran brecha entre el coste laboral y lo realmente percibido (sueldo neto) es una de las causas que lastran el nivel de empleo en nuestro país.

Es por eso que la gran aportación del libro es que la solución al problema del paro pasa, sobretodo, por un cambio de mentalidad con respecto a una palabra clave (que sale varias veces en el libro; buen síntoma): el riesgo. Riesgo implica salir de la zona de confort, asumir responsabilidades y no pasarlas a terceros; en definitiva, vivir la realidad tal y como es y no escondido detrás del BOE o de cualquier otra burbuja. No tener miedo a equivocarnos, no tener miedo asumir responsabilidades. Dato ilustrativo que conviene remarca y recordar: un 70% de los universitarios españoles aspiran algún tipo de empleo público y solo un 7% quieren montar su propio negocio o empresa; en Estados Unidos el porcentaje de estudiantes que aspiran a ponerse por su cuenta y riesgo asciende al 40%.

Nos hace falta un cambio de actitud en frente al riesgo y con respecto a la cultura del error, hoy un estigma. Los errores de hoy están las empresas de mañana, las que generarán los empleos del futuro. El error es parte consustancial del emprendimiento, es imposible acertar siempre, y aún más acertar a la primera (sin error no hay tampoco experiencia o aprendizaje). Es importante facilitar la asunción de riesgos y la creación de empresas, por eso la solución al desempleo pasa por fortalecer la propiedad privada, favorecer el ahorro (sin ahorro previo no hay nadie que ni pueda ni deba, asumir riesgos), eliminar trabas administrativas, y bajar los impuestos que favorezcan la capitalización de las empresas (lo que permite crecer en tamaño y asumir riesgos mayores) o la contratación (España, como vemos en la tabla anterior, es de los países que más retenciones soporta a la Seguridad Social).

En definitiva el libro se sitúa en un doble encaje (y doblemente acertado). Por un lado, hace un planteamiento de la cuestión en base a los datos y sin tirar de recetario mágico, el ensayo es una contribución a la política pequeña justamente esta la que resulta más eficaz ya que puede evaluarse (recuerdo el último libro que reseñé que ponía justamente en valor esta tesis El retorno de los chamanes de Víctor Lapuente). Por otro lado, el libro tiene un mar de fondo muy claro de defensa de la libertad individual, la responsabilidad, y la capacidad de arriesgar (emprender) como ejes imprescindibles si verdaderamente queremos hacer frente con solvencia al lastre social y económico que supone el gran desempleo que soporta nuestra economía y que urge corregir. Solucionar el problema del paro esta a nuestro alcance y empieza con su correcta aproximación para la cuál el libro de Daniel Lacalle resulta imprescindible.