Cicerón

El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado.

Marco Tulio Cicerón, año 55 a.C. (*)

(*) Cita apócrifa (sino e vero e ben trovato). Cita que podría subscribir cualquier pensador moralista (Hume, Tocqueville, Balmes)

La fatal arrogancia (Hayek)

En 1988, Friedrich Hayek publicaba la que sería su última obra: La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. En ella, se sintetizaba de forma magistral porqué los intentos constructivistas desde “arriba” (top-down) fracasaban debido, entre otros elementos, al carácter disperso del conocimiento que hace utópico cualquier intento de planificar la economía. Vía frágil. Sin embargo, la “arrogancia fatal” de los planificadores de la que nos advertía Hayek, parece que no ha calado demasiado hondo en el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero empeñado en salir de charco de lodo en el que nos encontramos adoptando una visión dirigista de la economía, esto es: una combinación de keynesianismo macro e intervencionismo micro cuyos resultados han sido repetidamente un fracaso.

Como sentencia Bernaldo de Quirós, ni la teoría económica más elemental ni la evidencia empírica a través de la historia sentencian que políticos y burocrátas tengan una ventaja competitiva sobre el mercado a la hora de seleccionar los sectores con más futuro, por mencionar sólo un ejemplo. Mediante rescates indiscriminados y ayudas o subvenciones a sectores como el del automóvil no vamos a salir de la crisis. Todo este gasto sólo sirve para debilitar aún más las finanzas públicas, retrasar y alargar el irremediable ajuste de estos sectores, y a la postre, poner más presión sobre futuras subidas de impuestos.

Ante un escenario recesivo: más mercado, no menos; menos gasto, no más.

“Downsizing government”: presupuesto año cero

El debate sobre la subida de impuestos vuelve a centrar el debate político. Dejando a un lado los argumentos económicos y morales sobre una hipotética subida de impuestos, hay un hecho previo en el que pocos reparan y es el cuestionarse el por que de tanto gasto (funcionarios, agencias, y diferentes partidas de gasto que aumentan de forma sistemática de una año a otro). El déficit fiscal se puede corregir aumentando los ingresos (lo que no implica una subida de impuestos, sobretodo en una coyuntura recesiva como en la que estamos inmersos) o mediante un ajuste en los gastos. Esta segunda opción siempre acaba en un segundo plano del debate.

Hace ya unas semanas, en el programa Àgora de TV3, Ramón Tamámes, keynesiano y nada sospechoso de ser liberal, exigia displina con respecto al gasto y se hacía eco a su vez del comentario del profesor José Barea quién en una charla reclamo un ejercicio de presupuesto cero, es decir, elaborar los presupuestos partiendo de una hoja en blanco – y no aplicando un aumento porcentual con respecto a los presupuestos del año pasado -, justificando así la utilidad social de cada una de las diferentes partidas. Toda partida de gasto público representa un coste económico (pérdida de eficiencia) y un coste social (pérdida de bienestar) por lo que es importante ser conscientes de este coste para no incluir gratuitamente partidas de coste que no son necesarias.

El Cato Institute de Washington ha empezado una serie de articulos con el sugerente título de Donwsizing the Federal Government. Dichos articulos pretenden desgranar cada una de las partidas de gasto del presupuesto federal y analizar su utilidad o no teniendo en cuenta su coste en pérdida de bienestar (ya que cada partida de gasto se ha de sufragar via impuestos, es decir, dinero que los individuos dejan de poder gastar libremente para delegar su gasto en el funcionariado de turno).

Conclusión: antes de plantear cualquier subida de impuestos conviene reflexionar a fondo sobre la necesidad de dicho impuesto. Es importante ser conscientes del enorme coste económico y social que implica el gasto público en pérdidas de eficiencia y bienestar. Esto último implica un gran reto y es del redefinir el rol del gobierno en nuestras sociedades modernas.

Presunto estímulo: el fracaso anunciado del keynesianismo fiscal

Los mal llamados planes de estímulo  –como el PlanE de Zapatero –, empiezan a surgir efecto, dicen los políticos y algunos analistas con poca vista o, dicho de otro modo, vista muy corto plazo. En Estados Unidos, por ejemplo, el vicepresidente Biden se congratulaba hace un par de semanas de como el plan de gasto de la administración Obama había evitado la destrucción de 750.000 puestos de trabajo según previsiones del propio Gobierno. La jugada, como explica muy bien Greg Mankiw, es la siguiente: los gobiernos han elaborado predicciones en donde la economía se pegaba una buena leche – por aquello de ser finos –, pero la leche, aparentemente, era mucho peor sin el presunto estímulo. En este sentido, políticos a ambos lados del Atlántico se han expresado en la misma línea subrayando el hecho de que la tasa de destrucción de empleo estaba creciendo pero a ritmos mucho menores gracias al estímulo (sic).

Sin embargo, los diferentes planes de gasto y presunto estímulo de la economía puede que no sean la mejor respuesta a la difícil coyuntura a la que se enfrentan nuestras economías sino más bien lo contrario, unas medidas que nos acaben de empujar hacia un escenario recesivo en el medio/largo plazo similar al de “estanflación” que sufrieron el conjunto de economías occidentales a finales de los años setenta del siglo pasado.

Miopía en dos derivadas.

Primera derivada: como señala Mario Rizzo, los políticos están haciendo buena la falacia económica de causa falsa (o correlación coincidente), es decir, post hoc ergo propter hoc, esto es en su traducción al castellano: “después de esto, luego causa de esto”. Esta falacia asume que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero. A todas luces, una falsedad ya que correlación nada tiene que ver con causalidad.

Segunda derivada: el economista francés Frédéric Bastiat publicó en 1839 el artículo Ce qu’on voit et ce qu’on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve), en el que enfatizaba el hecho de que muchos malos economistas se fijan solamente en los “efectos visibles” de cualquier política o intervención en la economía sin ser conscientes, muchas veces, de los perniciosos efectos, distorsiones y costes de dichas políticas. Para ejemplificar su argumentación, Bastiat se hacía servir de un cristal roto por una gamberrada en una panaderia. Aparentemente, a los ojos del economista necio, el hecho que se rompa un cristal es bueno porqué genera trabajo para el cristalero. Sin embargo, continua diciendo Bastiat, este hecho no genera riqueza alguna ya que el efecto se neutraliza con los ingresos que deja de percibir, por ejemplo, el sastre, que no puede hacerle un traje nuevo al panadero que se ha gastado sus ahorros en sustituir el cristal – Sala-i-Martín utiliza la misma falacia para rebatir, por ejemplo, los planes renove del sector automoción (ver La Vanguardia 17/08/09).

Apliquemos la sencilla idea de Bastiat al PlanE del Gobierno. Pensemos en un caso típico: el gobierno se endeuda para abrir una calle para volver a pavimentarla después. En este caso, el “efecto visible” son los puestos de trabajo de las personas que trabajan tres meses en dicha zanja. Bien. Sin embargo, lo que no se ve es la destrucción de actividad económica en otros sectores por el aumento de la carga fiscal que la partida de gasto de la zanja inevitablemente conlleva. En otras palabras, la financiación de dicha zanja absorbe recursos del sector privado – lo que en el ejemplo de Bastiat era el sastre –, via una subida futura en la presión fiscal destruyendo actividad económica potencial en otros sectores de la economía.

El resultado es muy desalentador: el Gobierno con dichas políticas de gasto está hipotencando al país con un endeudamiento innecesario, y retrasando el irremediable el ajuste que tiene que realizar nuestra economía. De esta forma, los presuntos estímulos no hacen más que postergar lo irremediable, esto es el necesario ajuste después de las distorsiones y excesos del pasado, y nos condenan a una recuperación en L. Eso sí, cada vez con la cola más larga.

El correcto análisis de cualquier política económica no únicamente exige el análisis del impacto de dichas políticas en el corto plazo, sino también sus efectos en el largo plazo; no únicamente hay que tener en cuenta lo efectos “visibles” de dichas políticas, sino también aquellas consecuencias, seguramente no previstas, que no se ven y que pueden resultar letales en un escenario ya de por sí que arroja muchas incertidumbres y tremendamente frágil. Ante todo, falla el diagnóstico de la situación.

Adaptar-se per innovar (II)

Dilluns

Dinar al costat del Bernabeú amb M. Parlem de la crisi i de com sembla que el país no acabi de tocar fons. La clau per la recuperació: les reformes estructurals necessaries per revertir la situació. Parlem de la necessitat d’una reforma del nostre marc institucional en tres eixos principals: educació, fiscalitat i relacions laborals. En totes tres, els interessos creats i la falta de determinació política semblen obstacles insalvables. Canviar el món és impossible, però deixar-lo millor del que ens l’hem trobat és la nostra obligació.

Dijous

M’escriu E a propòsit del meu post Adaptar-se per innovar:

– Això de les institucions i la creativitat, ho pots desenvolupar una mica?

Li contesto:

El post es la síntesi d’un article en el que estic treballant.

Primera derivada: hi ha tres models principals amb el que un país pot competir: pots fer-ho econòmic, variable clau preu; pots fer-ho millor, variable clau qualitat; o pots fer-ho diferent, variable clau innovació (creativitat). És important entendre que aquest “model” no el tries tu, et ve marcat per la competència. Com els preus en un supermercat: no els fixa ni el productor ni el consumidor, sinó tots dos alhora en un ajust continu entre oferta i demanda.

Segona derivada: amb això al cap, necessites d’un marc institucional que s’adapti a les necessitats del teu model. La globalització ha canviat l’escenari econòmic mundial: països emergents – com India o Xina –, han innundat els mercats de mà d’obra barata disposada a treballar molt per molt poc. Aquestes economies, líders en costos, han obligat a les economies desenvolupades a fer les coses millor, en un primer moment, per passar a fer coses diferents, innovar, després. Aquest és l’origen de les importants reformes estructurals que cal fer al país (des de fa temps) si no volem perdre pistonada. En altres paraules: necessitem adaptar el nostre marc institucional als temps que corren.

En què consisteix les diferents reformes ho deixem per un altre dia…