El retorno de los chamanes: por una política “antifrágil”

Las personas tenemos, irremediablemente, y con independencia de cualquier circunstancia, una mayor predisposición por lo simple que por lo complejo; por lo inmediato con respecto al largo plazo. Esta idea tan sencilla ayuda a comprender en gran medida las reacciones a la crisis en España y otros países desde 2008, tanto en el ámbito económico y político. Víctor Lapuente, doctor en ciencias políticas por Oxford y con masters en gestión pública en la UAB, UPF y ESADE, desafía esta tesis, como un cohete espacial desafía la gravedad terrestre, en su fantástico libro El retorno de los chamanes (Península, 2015). El libro se diferencia mucho de cualquiera de los muchos volúmenes que han surgido tras la crisis, en su gran mayoría compendios infinitos de recetarios y formulas mágicas para todos los gustos (más aún si son del ámbito de la política), poniendo en tela de juicio la vieja división entre derecha-izquierda y plantea un relato en base a dos nuevos polos que rompen por el eje los esquemas tradicionales y que resultan mucho más reveladores para entender lo que sucede y por qué.

Lapuente nos habla de la política del “chamán” y la contrapone a la política de la “exploradora”; de manera similar a como el gran filósofo neopopperiano Nassim Taleb organiza su última gran obra (llamada ya a convertirse en un auténtico clásico) entre “frágil” y “antifrágil”. De hecho el libro de Lapuente transcurre en algunos de sus pasajes por los mismos senderos que los transitados por Taleb en sus obras.

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La gran virtud del libro de Lapuente (que también destaque de otro libro excelente: La economía a la intemperie de Andrés González y Rocío Orsi) es la actitud científica con la que aborda todos los temas; y relacionado con la actitud científica esta la virtud de la humildad. Aunque parezca un contra sentido, lo normal, cuando se ejerce la ciencia con solvencia es que cuanto más sabemos de un tema, más tomemos consciencia de lo mucho que ignoramos y lo poco que sabemos. El conocimiento debería de hacernos más humildes, pero en la práctica sucede lo contrario: nos suele hacer más arrogantes y más reticentes a ceder en nuestros postulados (pondría algunos ejemplos claros con nombres y apellidos pero apelaré a la imaginación del lector).

Esto que podría parecer lógico es la excepción a la norma y es justo lo que pone en tela de juicio el autor cuando habla de la “política de los chamanes”: la política que exhortan expertos y catedráticos desde la distancia, dividiendo a las sociedades y paralizando el progreso. La política de las vaguedades, en donde “la democracia es la nueva religión y el Estado el nuevo Dios”. Todo va de “asaltar al cielo” o “democratizar derechos” (consignas que repite Pablo Iglesias o Ada Colau, dos de los chamanes modernos más ilustres, cada vez que alguien les pone un micro delante). Cualquier grandilocuencia que sirva para atesorar el poder y evitar el debate serio sirve.

Ante la política de grandes expectativas y grandes esperanzas y que solo genera grandes frustraciones, Lapuente defiende la política incrementalista, la política pequeña, la que no da titulares en prensa, la que se basa en hechos y no en dogmas, la política concreta que no se escuda en vaguedades, la política que resulta medible y fiscalizable por los ciudadanos, la política, en definitiva, que SÍ PUEDE (de manera efectiva, dicho con toda la intención) marcar la diferencia entre el progreso o el envilecimiento institucional y social. Al final la gran consecuencia de la política del chamán, es la politización de toda la vida pública, de las instituciones, de los cargos, de las prensa, de cualquier organismo, ya sea público o semi-público, y con dicha politización el conflicto social y la parálisis económica.

El ensayo esta escrito de una manera ágil donde los argumentos se suceden de manera lógica y convincente. Destacaré un par de pasajes que me han resultado especialmente reveladores. El primero es como Lapuente analiza el largo deterioro desde 1898 hasta la Guerra Civil, como España escogió el camino de la política de chamanes (con personajes como Ortega, Azaña o Largo Caballero a la cabeza), y como contrapone el caso español con el caso sueco. Otro pasaje que ayuda a clarificar perfectamente las tesis y mensajes del autor es el capítulo en donde se desmenuza la mitología nórdica que permite entender que es Estatismo y que no, que es buena política y que es política de chamanes. Revelador.

El libro propone un recorrido extenso que va de la España actual al modelo nórdico, pasando por China (la actual y la imperial), Sudáfrica, Venezuela, el caso de Singapur y el de Jamaica, el análisis del modelo californiano de referéndums, los populismos en Europa y la complejidad llevada al paroxismo de sus instituciones, la regulación de las drogas o el problema de prohibir o no prohibir la prostitución. Cada uno de los temas es explorado desde diferentes ángulos nunca llevándose por el apriorismo del dogma, sino con la guía de los hechos, como un explorador en una selva, al igual que un ciego caminando equipado con un bastón. Para ello el autor se apoya en primeras espadas del mundo intelectual como el ya citado Nassim Nicholas Taleb, pero también el filósofo de referencia para los liberales y gran estudioso del método de las ciencias sociales, Karl Popper (su libro La misteria del historicismo” ha recuperado vigencia en esta última década, si es que la dejo de tener en algún momento), Adam Smith (del que el autor realiza una síntesis brillante de sus tesis), Diedre McCloskey, Benito Arruñada, William Easterly, Joel Mokyr, Daron Acemoglu, el historiador Gregory Clark (autor del bestseller A Farewell to Alms, muy recomendable), o Avner Greif uno de los que más y mejor ha analizado el fenómeno de las instituciones informales.

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La obra se convierte en una crítica demoledora a los proto-Napoleones (en feliz expresión del propio autor) como Pablo Iglesias (el de “hay que democratizar la economía por que no hay economía sin derechos”; no pueden decirse más vaguedades sin sentido en una misma frase) por poner solo el caso más evidente, resultando también demoledor para toda una “casta” intelectual que vive de opinar pero que, como bien identifica Lapuente apoyándose en la idea de Taleb de “skin in the game”, opinan sin jugarse su prestigio o sin ningún tipo de coste si tienen o no razón, si contribuyen o no a clarificar el debate o justamente a todo lo contrario.

En definitiva un ensayo a leer con el lápiz de subrayar en la mano, que invita a la reflexión seria sobre como queremos que sea la política en el siglo XXI y en donde subyace la verdad última de que si realmente queremos que nuestras sociedades e instituciones funcionen mejor la respuesta, sobre todo, esta en nuestra interior, ya que de nosotros depende reprimir la “chamán” que todos llevamos dentro, no dejarnos guiar por la indignación sino contribuir a templar el debate, sabiéndonos guiar por la verdad de los hechos y no por mitos o prejuicios.

Crónica de una situación anunciada

Por enésima vez el Gobierno con su presidente a la cabeza ha visto como la tozuda realidad se imponía a las palabras y las buenas intenciones. Ya lo advertimos en su día en elEconomista: “para que nuestra deuda soberana no siga su particular descenso en los ratings internacionales, no podemos permitirnos más salidas en falso. España únicamente recuperará la senda del crecimiento sostenido con importantes reformas estructurales que permitan depurar los excesos y errores del pasado”. Para ello, añadíamos, hacía falta valentía y determinación a la hora de cortar de forma drástica el gasto público y emprender las reformas estructurales que nuestra economía necesita.

Esta bajada en los ratings (con independencia de la credibilidad que puedan tener las agencias de calificación) agudiza las tensiones en el sistema financiero y encarecerá aún más el endeudamiento de la nación. En paralelo, las cifras del paro siguen subiendo dando a entender que no hemos tocado fondo: la falta de propuestas económicas claras esta alargando inútilmente el necesario ajuste interno al que se enfrenta nuestra economía. Ya es oficial: dos de cada diez españoles están en el paro. Cifra récord de 4,6 millones de parados, 1,2 puntos más respecto al último trimestre del año. Todo esto, mientras el ministro de Trabajo ha estado repitiendo una vez tras otra que la recuperación del empleo era inminente.

Pero esto no es todo. Desde el ministerio de Industria, dirigido por el buen keynesiano Miguel Sebastián (más socialista que Zapatero), se ha conseguido subir la factura energética dañando, aún más, la competitividad de nuestra economía. Ver para creer. En 2009, las renovables ingresaron 6.215 millones en concepto de primas. Estas fuertes primas han conseguido subir el recibo de la luz en un 36,8% entre 1998 y 2009, situándose ya por encima de la media de la UE. La crisis ha puesto de manifiesto lo insostenible de dichas políticas de primas y subvenciones y ahora hay que revisar a la baja y con urgencia dichas políticas (que por otro lado ya han creado su propio grupo de interés, rent seekers en terminología hayekiana). Con todo, la política energética del gobierno sigue siendo errática, condicionada al voto y los intereses cortoplacistas del momento, y sin objetivos claros (ver post).

Cómo dijo aquel político catalán: “fets no paraules”. Es hora de actuar, las palabras ya no sirven (si algún día sirvieron). Mostrar el descontento con las agencias de calificación como hizo recientemente la vicepresidenta Fernández de la Vega en Nueva York sirve de bien poco. La salud de nuestra deuda soberana puede que sea buena, pero las perspectivas sobre nuestra solvencia en el futuro es poco menos que alarmante si no invertimos las tendencias actuales. Una vez más repetimos: es necesario poner negro sobre blanco las políticas de austeridad y las reformas estructurales que permitan el necesario ajuste  interno de nuestra economía y, a la postre, permitan recuperar la credibilidad de nuestra deuda soberana en los mercados financieros.

La importancia de la política económica

Ayer se presento en Madrid el libro España, claves de prosperidad (Gotaagota, 2010), coordinado por Luis de Guindos, antiguo secretario de Estado de economía y claro candidato a Ministro de Economía en un hipotético gobierno presidido por Rajoy. El libro sintetiza de forma clara y divulgativa las políticas económicas que caracterizaron el periodo 1996-2004: periodo único en nuestra historia económica en el que se convino crecimiento y estabilidad. Escrito por algunos de los ideólogos y teóricos en los que se fundamento gran parte de la acción de gobierno de aquellos años, como Lorenzo Bernaldo de Quirós, Alberto Nadal o José Manuel Romay, el libro fue presentado por José María Aznar, Rodrigo Rato, Mariano Rajoy, y el propio de Guindos.

El libro se centra en poner negro sobre blanco algunas obviedades de sentido común pero que sin duda parece que no esta de más recordar. Primero, resulta una lanza a favor de la últimamente demostrada función pública. La actual situación que atraviesa en la actualidad la economía española, subrayó Rajoy en su intervención, no es fruto de la casualidad sino de la inoperancia política del gobierno socialista que no esta sabiendo liderar y articular una política económica que permita afrontar la situación que estamos atravesando. No es que no sepamos qué hacer, es que el cauce político para hacerlo esta obstruido. Por el contrario, cuando se dispone de una buena política económica, con unos objetivos claros, y globales enfatizó Rato, y coherentes, los resultados en términos de mejoras en el crecimiento económico y de bienestar no tardan en llegar. En este sentido, el exministro también recordó cómo la política económica tiene que ser el resultado de un ejercicio teórico previo y no el resultado de la improvisación en base a la coyuntura del momento (política de bandazos a los que nos tiene acostumbrado Zapatero).

Segundo, el libro es un recordatorio de la evidencia empírica en cuanto a política económica se refiere, señalando los principios que funcionan y que sirvieron de grandes pilares en materia económica entre 1996 y 2004 en los que tan buenos resultados obtuvo España: (1) equilibrio presupuestario y (2) libertad económica. La primera se consigue con valentía y determinación política. La segunda, mediante profundas reformas estructurales. Otro de los mensajes que resalta el libro, y que me parece fundamental, es la importancia que tienen las ideas y a las que muchas veces no prestamos la atención necesaria. En efecto, sólo cuando uno aplica una política económica fundamentada en un marco teórico sólido y solvente que las economías crecen y son prosperas. En la actualidad, no estamos sino viviendo en propia carne los costes de una política económica fundamentada en un marco teórico en crisis, incapaz de dar una explicación coherente y completa a los problemas a los que se enfrenta nuestra economía, y del que sólo se derivan diagnósticos erróneos y falsos remedios.

Finalmente, se puso de relieve la importancia de contar con un equipo detrás para la consecución y buena aplicación de dichas políticas – no en vano en la elaboración del libro han participado hasta 20 autores. Los ponentes aprovecharon la ocasión para poner el dedo en la llaga en la inoperancia en términos económicos de los gobiernos socialistas. Por un lado en su incapacidad de aglutinar un proyecto coherente en materia de política económica, y de reunir a un equipo al uso. Por otro lado, porqué en el transcurso de nuestra historia nunca un gobierno socialista nos ha sacado de una crisis económica. Muchas veces, subrayó Rajoy durante el transcurso de su intervención, nos olvidamos que los derechos sociales no son sino fruto de un ejercicio previo de buena gestión económica, lo que a la postre permite realizar políticas sociales y de cohesión. Los socialistas, en su inoperancia económica y para afrontar de forma solvente la actual coyuntura, señaló Rajoy, están hipotecando el futuro de los españoles y debilitando las garantías sociales de nuestro modelo de bienestar.

En suma, el libro constituye como un activo para nuestra historia económica. Las cifras, como el algodón, no engañan. No entienden de siglas políticas y están allí para quién las quiera analizar. España no esta condenada a sufrir un letargo económico los próximos años. Por el contrario, nuestra economía ha demostrado que tiene un elevado potencial de crecimiento si se aplican políticas sensatas en materia económica. Como explica muy bien el libro: lo hemos demostrado en el pasado.

El buen gobierno

A wise and frugal Government, which shall restrain men from injuring one another, shall leave them otherwise free to regulate their own pursuits of industry and improvement, and shall not take from the mouth of labor the bread it has earned. This is the sum of good government.

Thomas Jefferson