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Quo Vadis Barça? (Qatar 2)

Completo mi reflexión del otro día, por cierto, el post más leído de los últimos tres meses con más de 140 visitas. Ayer trate de explicar porqué me parecía una mala decisión el acuerdo alcanzo legítimamente entre el Barça y la Qatar Foundation. La argumentación era simple: es una decisión que no es coherente con la historia del club y que altera la proyección que se estaba intentando dar al club desde 2003. Enfatice la importancia en el planteamiento de la cuestión, porqué gran parte del debate se ha centrado en dos premisas que honestamente creo que tratan de confundir al socio y al simpatizante. Por un lado, la Junta, y medios afines, han subrayado una y otra vez que la situación financiera del club es dramática y que esta medida responde a la necesidad de poder hacer frente al repago de la deuda del club y al pago de las nóminas como señaló en rueda de prensa el propio presidente Sandro Rosell. Por otro lado, se ha insistido en las bondades del acuerdo concentrando todas las energías en tratar de convencer al socio de que Qatar no esta tan mal, que a Unicef le parece bien, que la FIFA celebrará el Mundial allí, etc.. Sin embargo, en mi opinión, las reflexiones que tenemos que hacernos como socios, es decir como legítimos propietarios del Club, son otras y afectan directamente a la estratégica global y el modelo de club que queremos para el Barça del futuro.

En 2003, la Junta entrante de Joan Laporta se encontró con las cuentas del club en un verdadero estado de alarma. El Barça se había quedado atrás en muchos aspectos y una nefasta política de fichajes había disparado los costes sin generar los ingresos esperados. El club no ganaba títulos y era habitual que el estadio no se llenase debido al desánimo general de la masa social. Recuerdo bien aquellos días. Sin embargo, la Junta entrante decidió enseguida ponerse a trabajar y mirar hacia adelante sin hacer demasiado escarnio de los gestores anteriores. En 2006, con el club remontando, pero todavía con muchas incertidumbres en el horizonte sobretodo en el aspecto financiero, se tomó la decisión de apostar por vincular la imagen del Barça a la de Unicef. No era una decisión fácil. En aquel momento la compañía de apuestas Bwin había hecho una oferta extraordinaria (110 millones en 5 años) en concepto de patrocinio pero la Junta de Laporta hizo una reflexión profunda sobre el significado y los atributos de la marca Barça y en especial en uno de sus activos más valiosos y vistosos: la camiseta del primer equipo. La Junta, con personas como Ferran Soriano a la cabeza, identificó que había dos pilares fundamentales en los que se sustentaba la marca Barça. El más importante: un fútbol ofensivo y vistoso. El segundo, aunque más difuso (sobretodo fuera del área de influencia natural del Club) sí incipiente y, sobretodo, con muchísimo potencial: la idea de que el Barça tiene un compromiso que transciende lo meramente deportivo, que es una entidad social (de los socios) y sin ánimo de lucro. La conjunción de ambos aspectos se resumía en la vieja idea de que el Barça es “més que un club”.

Desde la toma de posesión de la Junta de Sandro Rosell hemos visto como poco a poco, y haciendo su uso legítimo de su responsabilidad como administradores de la entidad, se han ido tomando decisiones en sentido contrario hasta el punto de que el modelo de club ahora es otro, diferente al que había hasta ahora. Las elecciones las gano el candidato opositor, no el candidato continuista. Y si bien, las formas tenían que cambiarse (como ya dije en mi post pre-electoral), el modelo había probado ser exitoso y parecía lógico que el siguiente paso tenía que ser su paulatina y progresiva consolidación. Resulta evidente que no es fácil decidir entre invertir en la marca Barça, que implica unas renuncias muy importante para obtener unos beneficios a muy largo plazo, con el alivio financiero que supone un acuerdo como el alcanzado con el Gobierno de Qatar, sobretodo si se tiene en cuenta el aval personal de más de 50 millones que seguramente haya pesado más entre los miembros de la actual Junta para proteger las cuentas del club durante los próximos 6 años. Pero era la decisión fácil. Legítima, pero era la decisión fácil.

Con el acuerdo de 2006, Unicef y el Barça se reforzaban mutuamente: el Barça ayudaba a Unicef, y poniendo el logo de Unicef en la camiseta el Barça comunicaba de manera muy clara y evidente al mundo del siglo XXI la idea de que es más que un club de fútbol. En otras palabras, se apostó por generar los ingresos cortoplacistas del hipotético acuerdo con Bwin mediante el posicionamiento que daba el activo magnífico de la camiseta en el mercado global de de fútbol como así fue. No ocurre lo mismo con el acuerdo actual: por eso los catarís tienen que pagar lo que pagan.

Finalmente, creo que es importante reconocer las cosas como son. El argumento más repetido estos días es que la Junta ha tomado esta decisión presionada por la precaria situación financiera del club y eso no es justo. Cuando los gestores del club en 2006 decidieron apostar por Unicef, el club tenía unos ingresos de tan sólo 208 millones y una deuda bruta de 292 (205 de deuda neta). Una situación bastante más delicada y compleja que la actual se mire por donde se mire (no es momento ahora, pero si es necesario explicaré los ajustes contables realizados por la firma Deloitte a las últimas cuentas presentas por Laporta, legítimas todas ellas, pero que en cualquier caso son salvedades en la auditoria que no afectan la solidez patrimonial del Club ni su capacidad para generar ingresos, notablemente superior a la existente en 2003). Sin embargo, se apostó por un modelo muy concreto de Club y se optó por reforzar el posicionamiento de la marca Barça con las sinergias que representaba el acuerdo con Unicef, asumiendo, por parte de los gestores, un riesgo financiero en el corto plazo muy importante que hipotéticamente hubiesen tenido que soportar ellos con su aval personal, pero que la Junta pensaba que era realmente lo más beneficioso para el Club y asumió ese riesgo. Acertaron, haciéndonos sentir más orgullosos que nunca de nuestros colores y de nuestra camiseta que representaba la defensa de unos valores universales de una forma muy clara y contundente.

Quizás esto nos lleve a preguntar que seguramente la arquitectura institucional del club es francamente mejorable ya que implica cada vez un aval mayor que en el futuro previsiblemente actúen como incentivos perversos para los administradores de la entidad haciendo que se dediquen, principalmente, y cada vez más a proteger las finanzas del Club en el corto plazo, olvidándose de las grandes decisiones estratégicas que suelen ser más arriesgadas y seguramente más beneficiosas (aunque ese beneficio sea en el largo plazo y difícil de capitalizar en un mandato). En este sentido, también es triste el antecedente del caso Laporta cuya gestión de la entidad ha acabado delante del juez.

El debate sobre qué modelo de club queremos y sus implicaciones y derivadas esta abierto. Esperemos que los actuales gestores del Club acierten, pero tienen unas ideas y sensibilidades diferentes a la anterior Junta (con sus aciertos y errores) y conviene remarcar estas diferencias para poder discutir sobre estas cuestiones con rigor. Sentar bien las bases del debate, empezando por llamar a las cosas por su nombre, es el primer paso ineludible si queremos llegar a conclusiones positivas que mejoren el Club y su desarrollo exitoso el día de mañana.

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La importancia del posicionamiento (Qatar 1)

El Barça ayer presento un nuevo acuerdo de patrocinio con la Qatar Foundation que pagará 165 M€ por vincular su imagen con la camiseta del F.C Barcelona (con todo lo que ello conlleva) durante los próximos 5 años. La pregunta resulta evidente: ¿es una buena decisión para el club?

Empecemos por analizar la decisión desde un punto de vista estratégico. El mercado del fútbol es ya un mercado global donde existen clubs de fútbol globales que compiten por los mejores jugadores, para ofrecer el mejor fútbol, tener el mayor número de aficionados posibles, las mejores audiencias televisivas y vender el mayor número de camisetas para, en suma, generar el mayor número de ingresos y así poder seguir ofreciendo el mejor fútbol posible prosiguiendo con el famoso círculo virtuoso. En este mercado global los clubs han de posicionarse. Es decir, conviene saber no sólo en qué mercado quieren jugar sino cómo. En este sentido, y en mi opinión, el Barça tiene (o tenía) uno de los mejores posicionamientos (incipiente aún en mi opinión) posibles: “més que un club”. Este posicionamiento tiene varias derivadas siendo la principal su apuesta por el juego bonito, el fútbol de ataque, el fútbol espectáculo, etc. Pero también incluía un compromiso con la sociedad que trascendía lo estrictamente deportivo.

Para competir, y competir bien, esto es con solvencia y generando ingresos de forma sostenida, es necesario un buen posicionamiento en el mercado. Un buen posicionamiento se basa principalmente en atributos intangibles, y si se implementa con coherencia a lo largo del tiempo nos protege de la competencia diferenciándonos y haciéndonos únicos. Si algo exige un buen posicionamiento es una coherencia extrema en todas las tomas de decisiones que afectan al club. Y me explicaré. En 2003, la junta que presidía Joan Laporta tomó muchas decisiones que afectaron de forma directa y positiva el posicionamiento del F.C. Barcelona: se ficho a un entrenador que apostaba por el fútbol de ataque, se fichó a Ronaldinho, se apostó por los jugadores de la Masía, y se firmo un acuerdo (en 2006) con Unicef por el que el Club cedía el espacio de la camiseta al organismo de Naciones Unidas en defensa y protección de la Infancia. Todas estas decisiones fueron acertadas porqué se enmarcaban muy bien dentro de la tradición del propio club, de su historia y, en definitiva, de su naturaleza más íntima y que, en suma, reforzaban un posicionamiento de club en el mercado global en el que Barça de Laporta-Soriano y compañía se había marcado como objetivo competir, y competir con solvencia. Fueron muy buenas decisiones estratégicas que fortalecieron la imagen y la proyección del club dentro y fuera de nuestras fronteras.

Qatar, y su fundación para el deporte, no defienden ninguno de los símbolos ni valores del F.C. Barcelona se diga lo que se diga. Se trata de una extremidad del Gobierno absolutista de Qatar, y en este sentido creo que la actual Junta se equivoca al vender el acuerdo como una extensión de lo que se hizo en su día con Unicef. Sinceramente creo que la masa culé y los medios en España (el principal mercado para el Barça no lo olvidemos) no comprarán el discurso. Dicho esto, seguramente el asunto no generé tanta polémica en el exterior (basta ver las reacciones de la BBC, la CNN o el Financial Times, si quizás en The Guardian) porqué el Barça no genera tantas discusiones de este tipo, seguramente porqué este posicionamiento de “més que un club” todavía no es tan fuerte, y también por un desconocimiento de lo que representa el Club en nuestro entorno más próximo. Sin embargo, este hecho no quita que el acuerdo con Qatar, en mi opinión, es una muy mala decisión desde el punto de vista estratégico porqué no es coherente con el posicionamiento global que tiene la entidad.

Dicho esto, cabe preguntarse entonces si la decisión entonces se justifica desde un punto de vista operativo. En rueda de prensa, Sandro Rosell hizo en hincapié en las importantes necesidades financieras del club, de hacer frente al pago del sindicado (35 M anuales) y que, en cierta medida, el acuerdo no es tanto una decisión motivada por la propia Junta sino que es una decisión ineludible para hacer frente a la delicada situación financiera que atraviesa la entidad. Llegados a este punto la información de la que disponemos por ahora es más limitada al no conocer de primera mano las cuentas anuales del club en detalle. En cualquier caso el mensaje que se dio al socio en la Asamblea es que la delicada posición financiera del club tenía su origen en partidas de gasto innecesarias y superfluas, no en una falta de solvencia derivada de una falta de ingresos. Entonces la pregunta a formular a la junta es: ¿una vez eliminados los gastos superfluos (si es que los había) no debería de desaparecer el problema? ¿Realmente necesitábamos este acuerdo?

Honestamente, con la información que disponemos, se trata de una mala decisión. Y cabe preguntarse: ¿y si el Barça fuera capaz de generar más ingresos en el largo plazo con un buen posicionamiento (fruto de la constancia, la templanza en los momentos adversos y la coherencia en sus decisiones) que en la venta de la camiseta a una gente como la de Qatar? Supongo que ya nunca lo sabremos.

Por último, me referiré brevemente al trato de la noticia por parte de los medios (aunque no sea nada nuevo bajo el sol) que ha respondido a un análisis más bien pobre y cargado de ignorancia o pensamiento estratégico en el largo plazo aunuqe sus protagonistas se crean analistas perfectamente informados. Se ha señalado, también por parte de la actual Junta, el hecho de que otros muchos ya han pactado o han hecho contratos con Qatar y de que muchas empresas privadas hacen negocios con Qatar u otros países (mal de muchos, consuelo de tontos). Pero este hecho resulta irrelevante en la toma de decisiones. Resulta evidente de que lo que puede ser bueno para la Formula 1, el tenis, el Mundial o Pep Guardiola, puede no serlo para el Barça. Todo responde a si la decisión encaja o no con lo que eres y, sobretodo, con lo que quieres llegar a ser. Además el Barça es un club social, no una empresa privada con ánimo de lucro (que está fenomenal evidentemente). El Barça representa unos valores a los que honestamente traiciona (nos guste o no) con este acuerdo. Y esto es así. No se tarta de ser un romántico, es simplemente llamar a las cosas por su nombre.

Otro argumento ignorante durante la jornada de ayer fue el hecho de que el acuerdo se entiende perfectamente porqué sino nos gusta Qatar esto implica también revisar, por ejemplo, el acuerdo que el Barça mantiene con Nike poniendo a la compañía y al país en el mismo plano arguyendo que las dos son organizaciones que luchan por sus propios intereses. Madre mía. Supongo que no hace falta decir mucho más: no es comparable asociarse con una marca comercial como Nike, con sus legítimos intereses privados, pero que no obliga a nadie a comprar sus productos, con el sátrapa fan de Hitler que es el emir de Qatar en dónde convive la opulencia de unos, con la servidumbre extrema de otros.

En suma, la polémica no se ha tratado con la profundidad debida y sobretodo con el enfoque adecuado que no era otro que intentar desgranar si era principalmente una buena decisión estratégica para el club. En mi opinión se ha desaprovechado una ocasión única para reforzar, una vez más y a nivel internacional, el posicionamiento de “més que un club” de la entidad que tanto nos queremos habiendo renunciando a los petrodólares catarís y manteniendo la política de no “manchar” la camiseta uno de los grandes rasgos que nos diferenciaban de los otros clubs globales. Sólo el tiempo dirá si fue una decisión acertada o no. A mi no me gusta y hoy no me lo parece.

La pelota no entra por azar

Ahora que se acercan las elecciones a Can Barça parece un momento propicio para hacer balance sobre el estado de la institución y aprovechar la ocasión para repensar como mejor se le puede dar un nuevo impulso al club que lo consolide como uno de los mejores del mundo. Laporta, con sus errores y aciertos tanto en contenido como en forma, pasará como uno de los grandes Presidentes del club en toda su historia.

En primer lugar, Laporta y su equipo, me permito enfatizar la palabra equipo, han modernizado el club profesionalizando su gestión. El Barça ha dejado de ser, sobretodo en lo deportivo, un club presidencialista en donde es el presidente el que decide las grandes cuestiones deportivas, para pasar a tener un modelo de gestión que identifica y separa correctamente la función económica, de la deportiva y la social. No sólo se ha diseñado de forma correcta el modelo sino que se ha creído en él y se ha cumplido de forma estricta: desde 2003, dos entrenadores y un solo director técnico. En este aspecto, se ha de sumar el acierto de apostar por un modelo y estilo de juego acorde con la institución y respetar este modelo asumiendo los riesgos que tiene jugar al ataque y apostar por el fútbol espectáculo.

En segundo lugar, Laporta ha dado el salto global del club multiplicando por tres los ingresos y modernizando el modelo económico. Ferran Soriano en su libro sobre el mundo de la empresa y el fútbol, La pelota no entra por azar, señalaba la importancia de saber a qué juegas, esto es definir con acierto cuál es tu mercado – a quién te diriges –, y en función de que tipo de club quieras ser – global o doméstico –, diseñar el modelo de negocio, de club, adecuado para cumplir dichos objetivos. El Barça tiene una vocación de club global, capaz de aspirar a todos los títulos siempre, y jugando un fútbol espectáculo. Para eso necesitas contar con los mejores jugadores: de casa y de fuera. Y para eso necesitamos ingresos, y estos a su vez se consiguen si tu equipo genera audiencia televisiva por un lado (jugando muchos partidos y jugando un fútbol atractivo), y generando ilusión, que generalmente se traduce también en venta de camisetas. Estamos ante el famoso círculo virtuoso.

El Barça ha sabido posicionarse de forma brillante durante los últimos años. El acuerdo de Unicef, el fichaje de Ronaldhino, el fútbol vistoso y al ataque de Rijkaard y Guardiola, la apuesta por Iniesta y Xavi, el juego mágico de Messi, la actitud poco beligerante y prepotente de sus jugadores, la discreción y seriedad de sus dos entrenadores, o incluir la senyera en la camiseta son decisiones que refuerzan el posicionamiento del club en una dirección muy determinada. Un club comprometido con la sociedad, con el fútbol espectáculo, que aspira ha practicar el mejor fútbol del mundo, y que no renuncia a su catalanidad, sino que la integra en su ADN de forma natural y la proyecta del mismo modo al exterior.

A día de hoy el posicionamiento del club es uno de sus principales activos junto con la Masia y una cultura y modelo de juego claro y bien definido. En cualquier organización es importante tener una cultura, una manera de hacer, una visión de hacer las cosas, que te permita orientarte y permita a los de fuera adaptarse. En este sentido, la gran herencia del estilo del “dream team” de Cruyff y la escuela Ajax ha sido asentar unas bases de jugar un fútbol espectáculo que se han ido transmitiendo en las categorías inferiores de tal forma que el esquema de juego se ha ido asimilando con el tiempo hasta el punto de que en la actualidad entrenador y pilares de la plantilla se han educado en el mismo estilo de fútbol.

Finalmente esta la gestión social y institucional. No es fácil. Quizás la excelencia institucional sea lo más difícil de lograr en un club como el Barça. Se trata de representar a más de 140.000 socios, no sólo en Catalunya, sino también en España y en el mundo. Y por otro lado, también se trata de presidir una institución con más de 100 años de historia, con unas raíces y una relevancia en el entramado social y civil catalán muy relevante que no puede ni debe se ser ignorado. En suma, la presidencia del Barça exige dotes diplomáticas, un gran conocimiento del país y de la institución y de su historia, y una gran discreción y humildad para respetar la propia naturaleza espontánea de la institución y no caer en la tentación de querer acentuar una u otra corriente en función de la opinión personal del Presidente en cuestión. Una especie de triple voltereta que requiere de un saber hacer y una educación muy específica.

¿Qué hacemos ahora?

Después de éxito económico, deportivo e institucional del club durante los últimos años, en donde evidentemente no han faltado tampoco los errores, el club inicia, en mi opinión, una etapa de consolidación de dicho modelo. En esto creo que coinciden, al menos en sus intenciones, los principales candidatos. Al final, el modelo ha mostrado su éxito y sus resultados. Ahora se trata de consolidar lo que funciona, el modelo deportivo, dando un nuevo impulso al aspecto económico y social.

El esquema deportivo parece que es el gran acierto de Laporta, apostar por un modelo de juego espectáculo y actuar en consecuencia, y lo que más importante resulta blindar para no caer en el intervencionismo deportivo que pudiese dilapidar la dinámica ganadora y de buen juego del vestuario. Estas dos fuertes apuestas nos han traído el mejor fútbol a nuestro estadio. Como se dice en Catalunya: “pau i que duri”.

En la parte económica, la diversificación de ingresos del club debe continuar. El posicionamiento y marca del club son ahora dos grandes activos que en el mercado global del fútbol pueden y deben ser nuevas y recurrentes fuentes de ingresos para el club. Estos ingresos han de servir para garantizar el modelo de éxito deportivo en lo que se ha venido a llamar círculo virtuoso. Es por eso, que seguir siendo coherente con la imagen de club comprometido con el buen fútbol, con el deporte, comprometido con la sociedad ha de continuar. Además que es hoy ya un motivo de orgullo de la masa social y los simpatizantes del club.

Finalmente, el aspecto social e institucional del club ha de seguir tendiendo hacia la excelencia. No en vano la masa social ha crecido de forma exponencial durante los últimos años y los retos que ello implica son innumerables. El club necesita una continua regeneración para garantizar su transparencia, su buena gestión, y la proximidad con sus socios los propietarios legítimos del mismo.

El 13 de junio hay convocadas elecciones. La mayoría de los candidatos han reconocido como exitoso la gran parte del mandato Laporta, aunque con matices con respecto a los desaciertos y salidas de tono del presidente saliente. En mi opinión, el quid de la cuestión se centrará en la credibilidad del candidato, su seriedad y el contar con un equipo solvente a su alrededor. Qué gane el mejor y, sobretodo, que gane el Barça!

“Tot guanyat. Tot per guanyar”: Homenaje al Barça de Guardiola

Hace un par de semanas, el Barça se proclamó como mejor equipo del mundo al ganar el Mundial de Clubs, antes copa Intercontinental, en Abu Dhabi. Este último título, seis de seis, lo acredita de forma oficial como el mejor club del mundo y firma la temporada perfecta. No se podía ganar nada más. El Barça se ha convertido de facto en el mejor equipo del mundo. Una frase que normalmente suena rimbombante y muchas veces la decimos con la boca pequeña, hoy parece quedarse corta.

En Abu Dhabi se puso la guinda a un pastel que se empezó a elaborar en 2003, cuando Joan Laporta, y su equipo, enfatizó la palabra equipo, ganaron las elecciones a la Presidencia del F.C. Barcelona. Desde mi punto de vista, el gran éxito de Laporta fue el dotar de una estructura de gobierno al club en donde se diferenciaba de forma clara el rol de la junta, el rol de la dirección operativa y, por último, y probablemente más importante, el rol de la dirección deportiva. La teoría parece fácil, pero en la práctica confundir alguno de estos roles es muy fácil.

El éxito deportivo del Barça, a diferencia del de otros clubs cuando consiguen gestas deportivas relevantes, hunde sus raíces en su fábrica de jugadores: La Masia. Este año, hasta 4 de los 30 mejores jugadores del mundo (Messi, Xavi, Iniesta, y Cesc) han sido producto directo de La Masia. La columna vertebral de la selección española que ganó la Eurocopa, con Xavi como jugador más valioso, también hundía sus raíces en la factoría del F.C. Barcelona. No en vano, el mismo Pep Guardiola es “made in La Masia”. Así pues, el origen de las victorias, nace de una filosofía de juego muy clara (juego vistoso y de ataque) y del compromiso con unos colores. Joan Vehils, director del Sport y una de las plumas más finas del periodismo deportivo, pedía una Masia, también, para entrenadores.

Llegados a este punto, y habiendo hecho los deberes en el tema económico y de gestión (factores higiénicos en un equipo de fútbol), aparece en el escenario Pep Guardiola, convertido hoy en paradigma del liderazgo y la motivación de equipos. Guardiola ha sabido rodearse de un excelente equipo de profesionales, empezando por sus hombres de confianza Tito Vilanova y Manel Estiarte, que han protegido el vestuario, y han sabido darle la tranquilidad y la dinámica ganadora que lo han convertido en una maquina de ganar partidos. La excelencia como bandera, y el trabajo como principal principio.

Los éxitos de esta temporada superan todas las expectativas razonables: seis títulos de seis títulos posibles. Sin embargo, por encima de los resultados, esta la actitud única que ha forjado la leyenda de este equipo. Una actitud ganadora, luchadora hasta el último segundo (con dos finales remontadas), con la ambición de cada día jugar mejor a futbol para el deleite de la afición o la humildad para aceptar deportivamente la derrota y nunca, nunca, perder el respeto al rival. El compromiso con Unicef, y la comunión con un fútbol que pocos clubs osan tan sólo intentar practicar ha dotado al club de unos activos intangibles, que dicen en marketing, que le ha permitido a la postre arrasar de forma clara en esta temporada de ensueño. Y ahora, con todo ganado, la actitud sigue siendo la misma: “Tot guanyat. Tot per guanyar.” Felicidades Barça por esta temporada histórica, por reforzar el carácter del club con vuestra actitud ganadora, y por el homenaje realizado a la excelencia y al trabajo.