Desentrañando el rompecabezas chino de mano de Hank Paulson

Como sucede con los grandes temas, el volumen de literatura sobre el tema abruma. Sucede como con Internet en donde saber seleccionar y categorizar la información es clave. El entendimiento de China es una de las grandes empresas intelectuales de nuestra generación. A finales de los 70s, y después de un “siglo de humillaciones”, varias guerras y tres décadas de comunismo, China se abría al mundo marcando uno de los grandes hitos del siglo XX y que cambiarían el orden global de manera definitiva: el mundo daba un golpe de timón del Atlántico al Pacífico; Estados Unidos y China -como antes EE UU y Europa-, pasaban a configurar la relación bilateral más relevante del mundo.

En este marco se encuadra el libro Negociando con China (Deusto) del antiguo secretario del Tesoro y antiguo CEO de Goldman Sachs, Hank Paulson. El libro aborda el tema de China a partir del hilo conductor de las vivencias personales de Paulson con aquel país que se inician a principios de los 90s y hasta nuestros días a partir de tres etapas bien diferenciadas: primero como máximo responsable de Goldman Sachs (sin duda una de las mejores compañías que han sabido enriquecerse con China), segundo como Secretario del Tesoro, y por último como presidente del Paulson Institute, organismo del tercer sector.

El lector es participe de este viaje a través del crecimiento del país -el libro resume y presenta los grandes acontecimientos de la Historia reciente del país (aunque ciertamente es muy poco teórico)-, al tiempo que se describen las peripecias de Paulson tratando con China tanto como alto ejecutivo como representante político. De este modo, el libro tiene la gran virtud de incorporar una gran cantidad de vivencias prácticas y casos reales de negociación con China lo que permite hacerse una buena idea de la complejidad del país y sus mecanismos de poder.

El libro describe por ejemplo, y lo hace bastante bien, la importancia de conocer bien el “quién es quién”, la historia detrás de la persona antes de negociar o tratar con ella y también la importancia de entender los símbolos y los detalles, elementos muy importantes dentro de la cultura china. De los diferentes casos de éxito y también fracaso en China, subyace siempre la importante idea que en la primera linea de negocios en el país, la de las grandes operaciones, a la realidad económica (el ángulo puramente de negocios) se combina siempre con la realidad del país (el ángulo geopolítico); ambos importantes y que normalmente confluyen en la misma persona: los altos cargos de las grandes empresas públicas y de los llamados sectores estratégicos (entre ellos la banca), son también altos cargos políticos dentro del Partido/Gobierno. En suma, la “gran empresa de China” es su transformación económica, asegurar su crecimiento y prosperidad, su integridad territorial y su capacidad para garantizar estabilidad política. Entender esta “agenda política” es imprescindible para las grandes aventuras comerciales en China y un elemento a tener en cuenta para cualquiera que se atreva a navegar por el gigantesco, dinámico y complejo mercado chino.

Entre otras muchas cosas el libro pone en valor la figura de Zhu Rongji, lo más parecido a Gladstone en versión china -figura, comentario al margen, con la que se intenta comparar Paulson en un pasaje que da, por hablar claro, vergüenza ajena-, y describe algunas de las estrategias para implementar las reformas pro-mercado como el hecho de adquirir compromisos con el exterior (p. ej. OMC) o la entrada de socios estratégicos e inversores extranjeros en las poderosas empresas estatales chinas (SOEs) mediante estudiadas operaciones de salida a bolsa (OPVs). Siendo el autor quién, todo sea dicho de paso, se echa en falta algo más de profundidad con respecto a las implicaciones de una OPV y los elementos que determinan su éxito.

El libro acaba siendo una mezcla de experiencia política práctica, un manual sobre como negociar y hacer negocios en China (muchas de estas observaciones son válidas en la mayoría de situaciones), todo lo anterior siguiendo el hilo conductor de la historia reciente del gigante asiático y salpimentando con el “Who is Who” de la política del país. Una lectura muy recomendable para cualquiera que quiera resolver el rompecabezas China.

9788423424993

Por qué fracasan los países, Acemoglu y Robinson

Desde que Adam Smith publicó La riqueza de las naciones en 1776, la gran cuestión de la economía ha sido, básicamente esa: es decir, indagar en las causas y motivos que explican por qué prosperan o fracasan los países. El volumen de bibliografía sobre el tema es enorme y oscila entre las posiciones más deterministas de los pensadores marxistas, en donde elementos como el clima o la historia son los determinantes principales del crecimiento, a las posiciones más liberales en donde los valores y las instituciones son los elementos que, a la postre, determinan la prosperidad de un país en el largo plazo. Max Webber, por ejemplo, de forma célebre señalo la importancia de ciertos valores protestantes (calvinistas para ser más exactos) en la configuración del sistema capitalista –con una ética del trabajo superior–, también con algunos de la dialéctica Marxista, para explicar el mayor desarrollo del Norte de Europa con respecto a otras regiones. Marx utilizó el materialismo histórico, una metodología que, aunque muy limitada, luego será recogida por la antropología moderna de Jared Diamond, el hoy muy popular Yuval Noah Harari, o también por influyentes historiadores deterministas (y seguramente por ello tan divertidos de leer) como Toynbee o Hobsbawn. Como recuerda Taleb, somos muy buenos “explicando la historia” que no es lo mismo que entenderla (‘narrative fallacy’).

En el otro extremo, pensadores como el Nobel Gary Becker (Teoría del Capital Humano), los también premio Nobel Douglass North y Robert Fogel (Instituciones), entre otros muchos como David Landes, el economista español Benito Arruñada, Mancur Olson, o Dierdre McCloskey, (la lista no se acabaría nunca), desarrollarán teorías más elaboradas y complejas en torno al binomio instituciones/valores como ejes principales que explican el éxito o fracaso en el desarrollo de un país.

En el ámbito de las ciencias sociales rara es la vez en el que el conocimiento es acumulativo sino más bien sucede lo contrario: con cada generación tenemos que recordar las mismas lecciones referentes al pensamiento humano una y otra vez, se ajustan los argumentos y se renuevan los ejemplos, pero el mar de fondo es parecido y se transita por caminos intelectuales, en la mayor parte de los casos, ya conocidos. Probablemente podemos afirmar que los trabajos de North y Fogel marcaron un hito importante al sistematizar muchos de los trabajos anteriores con respecto a la importancia de las instituciones –un elemento ya presente en los trabajos de Smith o Hume, por ejemplo–. Tras ellos, notables han sido, por ejemplo, del profesor Niall Ferguson, de carácter marcadamente divulgativo, y los de Daron Acemoglu y James Robinson, con carácter más científico, y que reseñamos aquí.

El libro Por qué fracasan los países (Deusto, 2012)de los economistas norteamericanos Daron Acemoglu (MIT) y James Robinson (Harvard) constituye la última de las grandes aportaciones en el campo del análisis sistematizado de las instituciones como principal elemento que determina el crecimiento de los países. Se trata de un trabajo que combina elementos de Teoría como, y muy principalmente, de Historia; siendo este segundo elemento también el más difícil de trabajar sino se quiere caer en las muchas miserias del historicismo de las que da buena cuenta Popper.

Acemoglu y Robinson analizan diferentes casos históricos y actuales de países que, compartiendo muchos elementos comunes (clima, historia, dotación de recursos naturales, etc.) tienen o han tenido en el pasado un comportamiento económico divergente. Con esta materia prima ambos investigadoras de Cambridge desarrollan la tesis de que las instituciones, es decir el conjunto de normas, leyes y costumbres de un país, constituyen el elemento central que marca las diferencias en el éxito o fracaso económico y social de los países. Cuando este marco institucional establece un sistema de incentivos que premia un comportamiento virtuoso donde se premia el trabajo, el esfuerzo o la responsabilidad individual, los países prosperan. Cuando este marco institucional por la agresión de los poderes políticos, grupos de poder, y un largo etcétera se debilita, los países fracasan.

Acemoglu y Robinson la virtud del libro es su lenguaje accesible y claro y la manera que tienen los autores en exponer sus argumentos de forma muy pedagógica y valiéndose de ejemplos históricos de gran interés. Buena prueba de lo anterior, es el ejemplo de las dos Coreas. Referido a Corea del Sur, por ejemplo, los autores señalan: “el éxito económico de lo países difiere [referido a ambas coreas] debido a las diferencias en sus instituciones, a las reglas que influyen en cómo funciona la economía y los incentivos que motivan a las personas.” Establecido esto, los autores señalan algunos de los elementos centrales que constituyen estas instituciones exitosas como la existencia de un sistema de libre mercado o la defensa de los derechos de propiedad: “[referido a la próspera Corea del Sur] los ciudadanos tienen incentivos que los animan a esforzarse y a destacar en la profesión escogida. Este país posee una economía de mercado basada en la propiedad privada […] si tienen éxito los emprendedores y trabajadores, saben que podrán disfrutar de los beneficios de sus inversiones y esfuerzos para mejorar sus condiciones de vida.” Un mensaje que parece que conviene recordar casi de manera constante.

Este mensaje constituye el tronco principal de un libro que tiene diferentes “sub-ramas”. Una de las más conocidas es la referente a las “élites extractivas”, utilizado a modo de síntoma de un orden institucional débil y, por lo tanto, que difícilmente podrá ser soporte a un crecimiento económico sano y sostenible. Dicho comportamiento se da cuando la élite de un país –la clase dirigente– es capaz de adueñarse de las instituciones y ponerlas a trabajar para sus intereses particulares en vez de por el bien común. Para ello se recurren a mecanismos arbitrarios que erosionan los principios que sustentan una democracia liberal como es el Imperio de la Ley o la igualdad ante la justicia. La existencia de estas élites extractivas, en contraposición a unas “élites inclusivas”, permiten el crecimiento de redes clientelares cautivas de intereses particulares lo que, a la postre, acaba limitando el potencial de crecimiento de las naciones y limita de facto la representatividad en las instituciones democráticas de amplias capas de la población. Karl Popper, en un plano más filosófico, desarrolló una idea similar cuando habla de sociedades abiertas o cerradas en su monumental obra La sociedad abierta y sus enemigos en donde se contraponen sociedades “abiertas” (élites inclusivas para Acemoglu/Robinson), es decir permeables al debate intelectual y cuyas instituciones políticas no están limitadas a un número cerrado de personas.

Fenómenos como la excesiva politización de las instituciones, el sectarismo partidista a la hora de gestionar lo público, o los excesos normativos (leyes específicas y en base a las circunstancias particulares de cada caso) son algunos de los elementos que favorecen un escenario crecientemente “extractivo”. Los ejemplos de regímenes actuales que en mayor o menor mediada tienden a favorecer élites extractivas –que se podrían poner algunos–, prefiero dejarlos a la sabia reflexión del futuro lector.

Como único PERO, destacaría algunos excesos de historicismo, quizás inevitables por la manera en la que ambos autores abordan el tema (especialmente notable, sin ir más lejos, en el primer capítulo del libro). En cualquier caso, lectura imprescindible, divertida y de gran interés histórico y práctico.

 

 

Una contribución al debate de las ideas

Epílogo libro M. King, ‘El fin de la Alquimia’ (Deusto, 2016)

La gran virtud del libro del que tengo el honor de escribir unas breves líneas a modo de epílogo, es que se trata de un libro sobre ideas. El texto no es una crónica de como el autor contribuyó a salvar el mundo –como suele suceder en las obras de este perfil–, sino que es una reflexión profunda, enriquecida con la dilatada y rica experiencia de quién escribe, sobre las causas últimas de la grave crisis financiera que tan importantes cambios y consecuencias han supuesto en el escenario económico global. De hecho, no se trata de un libro sobre la crisis propiamente dicha, sino de una obra sobre la banca y el dinero que se sirve de la crisis como hilo conductor. A diferencia de otras obras del mismo género, Mervyn King realiza un esfuerzo por profundizar en las causas últimas de la patología bancaria superado la tentación de meramente realizar un análisis epidérmico de los síntomas, como ha sido la tónica en otros libros (con las excepciones de rigor que se quieran poner). En este sentido, el autor no rehúye el planteamiento de ninguna de las cuestiones que resultan clave para dar con los porqués del comportamiento disfuncional generalizado por parte del sistema financiero que desembocó en la grave crisis de 2008.

El tono ligeramente disonante del que fuese antiguo gobernador del Banco de Inglaterra sirve para evidenciar algunas de las diferencias con respecto al diagnóstico que ha dominado la corriente mayoritaria, siendo este más completo y amplio a la hora de abordar las diferentes cuestiones. Seguimos a día de hoy sin contar con un consenso claro y mayoritario sobre cuáles fueron las causas de la última crisis. King se desmarca de las tesis defendidas por otros protagonistas preeminentes de la crisis que se han lanzado a escribir su visión con respecto a la crisis como Ben Bernanke, también Hank Paulson o Tim Gaithner, al remarcar en su análisis la importancia de los propios bancos centrales, y demás elementos de la arquitectura del sistema financiero, como causas fundamentales de la crisis al alimentar la “búsqueda desaforada de retorno” a toda costa por parte de las entidades financieras para compensar así las caídas en la rentabilidad derivadas de las políticas de crédito artificialmente barato por parte de los propios Bancos Centrales. Fueron estas políticas de dinero barato, señala el autor, las que en última instancia favorecieron un escenario de sobre confianza generalizada en los mercados y dieron lugar, entre otras cosas, a un crecimiento desaforado de los balances y una acumulación excesiva de riesgos en el sistema. El autor de El fin de la Alquimia señala acertadamente como este comportamiento hunde sus raíces en la asimetría entre ganancias y pérdidas con la que operan los bancos en donde con respecto a estas últimas, en última instancia, están cubiertas de forma tácita por el contribuyente. Todo esto deriva en un perverso sistema de incentivos que favorece un comportamiento disfuncional en las entidades. Incentivos y asimetrías, advierte el autor, que no han sido corregidas y que no hacen descartable que el conjunto del sistema financiero no vuelva a ser foco de problemas e inestabilidad en un futuro.

La gran conclusión del libro, que quién les escribe comparte plenamente, es que en última instancia la crisis económica ha sido consecuencia de una falla de ideas, de una equivocada comprensión de cómo funciona la economía realmente. Por eso no es de extrañar que la crisis financiera haya reavivado, más que menos, el debate intelectual con respecto a la propia ciencia económica. Se trata de un debate demasiadas veces encorsetado al terreno de juego que establece el Sanedrín académico neoclásico, sobre todo por lo que respecta a las grandes tribunas de pensamiento y grueso de responsables políticos. Suelen ser únicamente unas pocas voces sueltas, ajenas a las círculos de poder académico y a los altos cargos, versos sueltos, las que cuestionan los dogmas siendo categorizadas como heterodoxas de inmediato. Es bueno entender esto para poner el valor este tono disonante de King, un peso pesado dentro del establisment financiero y académico mundial, que pone una interesante nota de color, al demasiadas veces monocroma debate académico mainstream donde las diferencias son siempre de matiz, nunca de grado. Resulta meritorio, por ejemplo, que King aborde con claridad el tema, por otro lado crítico y fundamental, de la protección de los depósitos o el mismo sistema de reserva fraccionada, elementos ausentes en la ecuación de análisis del grueso de economistas y que, sin embargo, resultan piezas imprescindibles si queremos realmente alumbrar un sistema bancario y monetario que favorezca un comportamiento racional por parte de los bancos y permita a las economías crecer de forma sostenible y no de forma burbujeante como hasta ahora.

Se trata de un mensaje con toques contrarian del cual tuvimos algunas muestras en los compases iniciales de la crisis pero que, poco a poco, estas voces fueron quedando ahogadas por lo que fue configurando la sabiduría convencional con respecto a la crisis económica. Ahí esta la hemeroteca para quién la quiera consultar de voces que alertaron de algunos elementos equivocados en el diagnóstico que hizo Washington en los inicios de la crisis como Jean-Claude Tritchet, muy escéptico con respecto al diagnóstico de la situación de 2009 elaborado por la Reserva Federal y que dio pie a los programas de compra de bonos y que ahora tantas dudas despiertan entre amplias capas de analistas e inversores, Wolfang Schäuble, el actual ministro de finanzas alemán, o Axel Webber, antiguo gobernador del Bundesbank. Pese a todo, las tesis de Bernanke y compañía, que podemos resumir como: crisis de liquidez, cíclica debido a fallos de mercado por falta de regulación; se acabaron imponiendo a la visión más Europea de la misma: crisis de solvencia, estructural, cuyo origen se sitúa en las políticas de dinero fácil por parte de los bancos centrales que alimentaron la burbuja especulativa y el crecimiento de la deuda. Al final, con matices, Europa ha ido siguiendo el plan anti-crisis diseñado por Washington. El libro de King, aunque por momentos ecléctico y en donde el autor navega con mucha habilidad por ambas orillas, pone en valor muchos de los aspectos que configuraron en un inicio el grueso del diagnóstico europeo cuando realiza una visión crítica de la salida en falso que ha supuesto, en muchos aspectos, el grueso de medidas monetarias ultra expansivas adoptadas hasta ahora.

En la base de esta divergencia de visiones subyacen distintas maneras de entender como funciona la economía: una más matemática, optimizadora y equilibrista; la otra más humanista, dinámica y articulada alrededor de la acción humana. Ideas falsas, dan lugar a diagnósticos equivocados, y estos a políticas económicas que lejos de arreglar los problemas de raíz meramente alivian síntomas generando nuevas distorsiones, nuevos problemas sin solucionar los viejos, y que, en el mejor de los casos, únicamente generan una prosperidad ilusoria consolidando este escenario de economía burbujeante y de expectativas limitadas al que parece que poco a poco nos hemos ido resignando. El debate sobre el método, es decir de que manera verificamos teorías y extraemos conclusiones, no es nuevo: David Hume ya planteo de forma célebre el problema de inducción a mediados del siglo XVIII, que luego fue reformulado por Popper en el XX, y sofisticado de nuevo por Nassim Taleb en el XXI. La crisis ha subrayado la importancia del mismo ya que, en buena medida, de ello depende que sepamos dar con un diagnóstico acertado y remedios acorde a los males que lastran la confianza y limitan el crecimiento.

Con independencia de las discrepancias que inevitablemente suscitarán al lector muchos de los postulados de King, como le ha sucedido al lector que ahora les escribe –bienvenidos sean los discrepantes si vienen con argumentos–, el libro constituye una contribución de primer orden y de gran valor a la espinosa y difícil cuestión de cómo ordenar la banca y el sistema monetario en el siglo XXI.

Luis Torras

Barcelona, 10 de mayo de 2016

Mervyn King y el futuro del capitalismo“, La Razón, 19 de septiembre de 2016.