Un banquero catalán que se paseó por el mundo y cambio España

Agradezco a mi amigo y preescriptor RF la ayuda e inspiración en la elaboración de este artículo, y al profesor Jesús Huerta de Soto su generosidad de publicarla en la revista Procesos de Mercado.

En la época medieval, se conocía como Borne el espacio que tradicionalmente estaba reservado a las justas. Se trataba de un lugar ágorico, céntrico. La frase “roda el món i torna el borne” captura la idea de que todo acaba en el mismo lugar en donde empezó, con el matiz -si se quiere-, que borne en inglés significa a nacer; “torna al borne” significa volver a nacer: como si fuera posible tener dos vidas. Así exactamente sucede la vida del banquero, empresario, filántropo y benefactor Josep Xifré i Casas. He aquí una breve síntesis de su vida que bien merecería una novela. Mi intención es esa.

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Kissinger (el idealista)

the longer you can look back, the farther you can look forward.”

Winston Churchill

Niall Ferguson, probablemente el historiador libertarian-tory más relevante en el panorama internacional, vuelve al genero biográfico para enfrentarse a la ambiciosa empresa de bucear en la mente de Henry Kissinger, histórico de la diplomacia estadounidense y pieza clave para entender los avatares de la geopolítica global de las últimas cuatro décadas. El proyecto nació del propio Kissinger -que ya cuenta con notables biografías como la que le hizo Walter Isaacson– que escogió al historiador de Edimburgo personalmente. Explica Ferguson que al principio le costo decidirse pero que le resulto imposible negarse a dicha aventura cuando Kissinger en el momento en el que Ferguson le llamo para comunicarle que no aceptaría el encargo le dejo caer algo así como “una pena por qué justo hoy he encontrado nuevas cajas con cartas y documentos de mis años de formación.” Un caramelo demasiado goloso para el Indiana Jones de la historia.

La obra esta estructurada en dos partes. El primer volumen, Kissinger: 1928-1968: The Idealist, se centra en los años de formación del personaje, un poco con el mismo espíritu del célebre ‘My Early Years‘ de Winston Churchill. En él Ferguson se centra en los elementos y factores que configuran la mente y los antecedentes de quién luego será una personalidad clave a la hora de proponer normas, mecanismos e instituciones para re-configurar el gran tablero que configuran las relaciones entre paises y el “equilibrio global”, una de las ideas sobre las que ha pivotado la vida y obra de Henry Kissinger. En la declaración de objetivos de Ferguson no esta únicamente el objetivo de biografiar a Kissinger sino también reflexionar sobre la rica producción intelectual del personaje. Para entender esta producción, esta manera de pensar que luego tendrá una papel principal a la hora de definir la diplomacia contemporánea, es imprescindible el paso previo de comprender las vivencias vitales del personaje, sus lecturas de juventud y su manera de pensar.

Estamos pues, ante una obra de gran ambición y, además, ejecutada con gran maestría. El trabajo de Ferguson cuenta con inumerables cartas y documentos de Kissinger, entrevistas con amigos y enemigos e incluso con largas sesiones de trabajo con el propio protagonista lo que convierte la obra en un texto de estudio de gran interés no únicamente histórico -que lo tiene- sino también para cualquier estudioso o practicante en el ámbito de la diplomacia y con interés en las relaciones internacionales.

 Del contenido de la obra destacaré un pasaje vivencial y una pincelada intelectual que creo que son dos buenas muestras que ejemplifican bien lo que podemos encontrar en la lectura de ‘Kissinger‘. La experiencia más definitoria de Henry Kissinger durante sus años de formación será su regreso a Alemania (abandonará su país de origen en 1938 con toda su familia para huir del nazismo) como soldado americano lo que le permitió un contacto directo con la crudeza del nazismo y la psicología de la guerra y de la barbarie nazi de primera mano. Unas vivencias de gran crudeza que ayudarán a configurar la idea de Europa del joven Kissinger.
Los primeros capítulos del libro, recuerdan que Ferguson es un experto en el periodo 10s/20s/30s de la historia europea que ya trabajó durante la gestación de otros libros notables: la biografía de Sigmund Warburg, y la obra (también en dos volúmenes) dedicada a la Casa Rotchschild. El libro describe de forma magistral el dramático ascenso del nazismo tras el convulso periodo que fueron los años 10s/20s para Alemania -especialmente durante los estragos de la hiperinflación- y luego con los efectos de la crisis económica del año 29-30, y sin los que es imposible entender el auge de Hitler. Con el regreso de Kissinger a Estados Unidos, el libro nos traslada a los primeros compases de la Guerra Fría, toda una época para el sistema de relaciones internacionales y donde se acabará de configurar la mente estratégico del que luego sería Consejero de Seguridad Nacional.
La importancia de la Historia
Desde el punto de vista intelectual, Ferguson haciendo gala de una gran maestría narrativa, explora las interacciones de Kissinger con sus principales referentes que configuraran, poco a poco, su corpus teórico.  Para quién escribe, pro ejemplo, ha sido una sorpresa descubrir como Kissinger no es hegeliano, sino que el pilar fundamental durante los años de formación será el inmenso filósofo prusiano (de nacimiento no de tanto de tradición filosófica, por ser justos) Immanuel Kant. Otra cosa, y eso supongo que se analizará en el segundo volumen y, en cualquier caso, daría para un ensayo, son las contradicciones en las que es imposible no reflexionar sobre las contradicciones entre la teoría y la praxis del personaje. De hecho, podría decirse que el libro es tanto una biografía como un ejercicio de “historia aplicada”. Kissinger, al igual que Ferguson, será un estudioso -y un apasionado- de la Historia desde sus primeros años como estudiante. Ferguson ironiza que titulará su trabajo de final de carrera con el “humilde” título ‘The meaning of History’ (no es casualidad que Kissinger le propusiera este trabajo a alguien como Ferguson). Todo esto es relevante por qué uno de los mensajes más importantes del libro es la importancia de la historia, y como el dominio de esta disciplina por parte de Kissinger es uno de los factores clave de éxito en el “statecraft” -que dicen los ingleses- kissingeriano, probablemente el Secretario de Estado más importante en la historia de Estados Unidos.
Un completo estudio y comprensión de la historia, no únicamente entendida como la suma de fechas y acontecimientos, sino también en su sentido más filosófico, más profundo, permite una mejor intuición del mar de fondo de los tiempos sobre los que se apoya la política y lo que, a la postre, se desprende de la monumental obra de Ferguson, explica el éxito de Kissinger a la hora de manejar los mecanismos de poder y gestionar la esfera de influencia de Estados Unidos hasta nuestros días. De hecho, el propio Kissinger ha remarcado siempre que el gran “déficit” del cuerpo diplomático estadounidense ha sido la historia y la filosofía que, sin embargo, son disciplinas que es necesario cultivar para una correcta comprensión de las fuerzas que juegan y configuran el escenario global. De hecho, cuando se incorporé a la administración Nixon, Kissinger destacará: “When I entered office, I brought with me a philosophy formed by two decades of the study of history.
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La polémica
Este primer volumen trata, sobretodo, con las relaciones de Kissinger con él mismo: se trata de un libro introspectivo del personaje más que las relaciones del personaje con el exterior, su definitoria acción de gobierno que previsiblemente centrará el relato del segundo volumen que arrancará en 1969 cuando sea nombrado en enero Consejero de Seguridad Nacional por el presidente Richard M. Nixon. Entre otras cosas, este segundo tomo previsiblemente confrontará algunas de las muchas críticas -algunas de ellas furibundas y que incluyen la acusación de crímenes contra la humanidad por parte de Kissinger- que rodean al preeminente diplomático.
En cualquier caso, este primer volumen si tiene que abordar la contradicción con respecto a la estrategia en Vietnam: Kissinger en 1965 reconocía que era imposible ganar militarmente la guerra con Vietnam y que únicamente acabaría mediante la negociación y sin embargo la guerra continuaría durante ocho largos años más. Sombras similares se extienden sobre el papel que pudo tener Kissinger en las Conversaciones de Paz en 1968 ejerciendo de ‘liason’ con la campaña de Nixon. Ferguson se limita a poner de relieve las multiples debilidades de la “teoría conspirativa” sin exculpar al personaje por falta de pruebas concluyentes en un sentido u otro.
La figura de Kissinger, como cualquier gran carácter, no deja indiferente a nadie. En cualquier caso, tanto para acólitos como para los detractores, el libro es una lectura imprescindible para aproximar una figura tan compleja como importante a la hora de definir el actual orden internacional, hoy, justamente, en profundo estado de transformación.

Los señores de las finanzas

El dinero sin medida forma los nervios de la guerra.”

Cicerón, Filípicas

El siglo XX dejó dos grandes episodios que marcarán de manera definitoria la historia económica y monetaria desde entonces: me refiero a la hiperinflación alemana (1919-1923) y la Gran Depresión de 1929 que se extenderá durante toda la década siguiente hasta practicamente la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el segundo suicidio colectivo de Europa en el lapso de tan solo una generación. Ambos episodios no únicamente serán relevantes por la magnitud de los hechos, sino por el fuerte eco que dejarán y que llegará, aún vibrante, a nuestros días con gran influencia sobre la sabiduría convencional sobre el origen y remedio de las crisis económicas. Bécker escribió que el recuerdo que deja un libro es más importante que el libro en sí. Con las crisis económicas pasa un poco lo mismo: tan importante es la crisis, como el poso que deja tras de sí; sobretodo en el ideario colectivo ya que marcará de forma definitoria la manera de afrontar futuros episodios de crisis y pánico financiero.

Con esta potente idea en mente -la importancia de la historia y de sus consecuencias como elementos de valor para entender el presente- se encuadra Los señores de las finanzas (@EdicionesDeusto, 2010) del economista Liaquat Ahamed. El libro repasa los intensos acontecimientos que tendrán lugar desde finales de la Primera Guerra Mundial hasta la caída en picado de Wall Street en octubre de 1929 y, aún más importante, las consecuencias del mismo durante el complejo periodo de 1929-33 y la posterior década de depresión de 1933 hasta 1944. La gran virtud de la obra, y el elemento principal que justifica su premio Pulitzer y su lectura, es que la historia se explica de forma pormenorizada, con una prosa que consigue atraparte desde el primer momento y a través de sus principales protagonistas. El autor acierta doblemente al poner el énfasis, como advertía Disraeli con respecto al estudio de la historia, en los protagonistas más que en los hechos; y segundo, por los propios personajes escogidos: Montagu Norman (Banco de Inglatera), Benjamin Strong (Reserva Federal de Nueva York, luego substituído por George Harrison), Hjalmar Schacht (Reichsbank), y Émile Moreau (Banco de Francia); es decir, los principales banqueros centrales de entonces.

La economía esta, sobretodo, determinada por la solidez de las instituciones monetarias; por tanto, su correcta comprensión resulta imprescindible. Como dijo célebremente Mayer .A. Rothschild, fundador del banco con el mismo nombre: “Dejadme emitir y controlar el dinero de una nación y no importará quién dicte las leyes.”

A parte del interés evidente que toma el relato que incluye un completo perfil de los personajes -no únicamente de los principales, sino también de los secundarios- y que esta lleno de anécdotas y vivencias personales de los mismos, sino que esta manera de estructurar la obra permite entender los hechos a partir del carácter y pensamiento de las personas encargadas de tomar las decisiones que determinaran esos hechos. En este sentido, la ambición de la obra no puede ser mayor. La obra, como decíamos, se centra en la importante institución del dinero, aspecto central de la economía y que, sin embargo (y muchas veces inexplicablemente), su debate parece estar limitado a unos pocos círculos de expertos quedando fuera de plano para el gran público. La obra repasa la historia monetaria del mundo en uno de sus periodos más intensos: fin del patrón oro clásico tras el pánico de 1907 en Nueva York y creación de la Reserva Federal (1913) y hasta el periodo de depresión global de 1933-1944 y que terminará de forma trágica con la Segunda Guerra Mundial. El autor da múltiples pinceladas sobre el funcionamiento de la banca y su relación con el proceso de rápida industrialización y globalización que tendrá lugar en la recta final del siglo XIX y 1913, así como el desarrollo industrial y social de principios del siglo XX todo, como decíamos, acercándonos la historia a través de los ojos de sus protagonistas.

Desde el punto de vista de la teoría es donde, a mi juicio, el libro es resulta más flojo. De entrada, huelga decir que la gran depresión es quizás uno de los episodios cuya interpretación genera más divergencias entre economistas e historiadores (Niall Ferguson (@nfergus) hace esta misma observación en su magnifica obra Kissinger: 1923-1968: The Idealist), así que las discrepancias sobre estos temas son, hasta cierto punto esperables. La vulgata general con respecto a la Gran Depresión es que fue causada en gran medida por la arquitectura del sistema monetario (en aquel momento patrón oro-dólar, aunque muchos tienden a confundir este modelo con el patrón oro clásico que existirá hasta antes de la creación de la Reserva Federal en 1913), y que su posterior alargamiento fue debido al enfoque ‘laissez faire‘ adoptado por el (por otro lado, bastante nefasto) presidente (republicano) Herbert Hoover. Únicamente con la llegada del activismo gubernamental de Roosevelt, apoyado sobre el cuerpo teórico de pensadores como Keynes (otro de los grandes personajes secundarios de la historia) permitirá al conjunto de las economías escapar de la depresión. El otro gran chivo expiatorio será el patrón oro, el gran culpable, sobretodo para los banqueros centrales, ya entonces y también ahora, convertido en verdadero anatema desde entonces. Lo cierto es que, la evidencia de los datos, junto a una correcta comprensión de como funciona el mecanismo monetario y la institución del dinero, permite comprobar que nada más alejado de la realidad.

Hay un antecedente, la creación de la Fed tras el pánico de 1907 en 1913, que el libro no alcanza a entender sus importantes consecuencias. Este hecho permitirá con posterioridad mantener los tipos de interés artificialmente bajos lo que alimentará la burbuja expeculativa (y altamente apalancada) de valores bursátiles en Wall Street. El origen de esta política, que resultará letal, no esta en Estados Unidos sino en Gran Bretaña. El Reino Unido cometerá uno de los grandes errores en la política monetaria de este complejo periodo al hacer volver la libra al patrón oro al mismo tipo de cambio de antes de la Guerra tras la paz de Versalles (1919). Winston Churchill, entonces secretario de Hacienda, fuertemente presionado por Norman, volvió al patrón oro con el antiguo tipo de cambio de antes de la contienda lo que agudizó la deflación en aquel país tras la guerra. En efecto, al fijar un tipo “artificialmente” alto por motivos políticos -Gran Bretaña no quería perder importancia dentro del escenario financiero y geopolítico mundial-, no reconoció en la fijación del tipo de cambio de la libra esterlina con el oro la fuerte perdida de competitividad que había sufrido la economía durante laguerra. Esto deprimió la economía en un momento en donde, además, en ninguna de las grandes economías tenía en marcha una agenda reformista, sino todo lo contrario.

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Tras la guerra, las naciones europeas no solo quedaron mutuamente destruídas sino que quedaron altamente endeudadas y con menos de la mitad de las reservas de oro co. las que contaban. Estados Unidos, por el contrario, había hecho crecer enormemente sus reservas hasta el punto que duplicaban la del resto de potencias combinadas. El objetivo tras la guerra, era reanudar la economía (mejorar la competitividad) y reanudar los mecanismos de crédito. Lo primero no se hizo y lo segundo se forzó mediante una política por parte de la Fed de tipos bajos lo que suponía el necesario balón de oxígeno para que la dañada y disfuncional economía inglesa fuera tirando a trancas y barrancas durante aquellos años. Mientrastanto, una economía en plena fase de expansión y fiebre inversora (por primera vez, durante los felices años 20, la inversión en bolsa se popularizara enormemente y, además, parte importantísima de esta inversión se hará de forma apalancada) era distorsionada artificialmente por oleada de crédito barato cuyo resultado únicamente podía ser su irremediable ajuste.

Llegados a este punto, cabe subrayar que el gran elemento que explica la burbuja especulativa en la bolsa -que será especialmente aguda entre finales de 1925 y 1929- será la política de repetidos recortes de tipo de interés. Una vez llegado el ajuste, el activismo gobernamental y de la Fed. La administración Hoover aumentará el gasto público (importante será el aumento de partidas presupuestarias para la inversión en infraestructuras, como la propia presa Hoover), el control de precios y salarios y subirá la presión fiscal (intervencionismo económico que llegará al paroxismo con Roosevelt). Por su parte la Fed, contraerá la base monetaria entre 1929 y 1933 (cosa inédita en la historia como remarcarán Milton Friedman y Anna Schwartz en su gran obra A Monetary History of the United States) lo que complicará innecesariamente las cosas. En suma, un conjunto de errores de política económica derivados del prisma intervencionista (posteriormente keynesianimos) sin los que es imposible entender ni la gestación de la crisis ni su inusitada dureza y duración. Lo resume magistralmente Lorenzo Bernaldo de Quirós (@BernaldoDQuiros) en el fantástico libro ¿Estado o Mercado? (Deusto, 2010).

Ni en aquel momento, ni tampoco ahora, el grueso de la sabiduría convencional acertó en dibujar las alternativas ni separar lo que son “fallos” en el diseño del sistema monetario y lo que son fallos de política. En aquel momento se enfrentaron dos posturas: los favorables a la ortodoxia del patrón oro y los favorables -entre los más destacados Keynes o Roosevelt– de abandonar el sistema para poder emitir crédito sin reestricción. Lo cierto es que, como siempre, la virtud estaba “somewhere in the middle“: ni la naturaleza de la crisis se solucionaba inundando los mercados de liquidez (para muestra un botón con las actuales políticas de extraordinaria liquidez de la Fed entre 2009 y 2015 que únicamente han agravado la fragilidad de la situación); y, al mismo tiempo, fue un error fijar un tipo de cambio con el oro que no se ajustaba a la realidad de los países lo que llegado el momento distorsiono los flujos del comercio alterando, en consecuencia, también los diferentes flujos de oro entre los diferentes países lo que agudizó la depresión en algunos (i.e. Reino Unido), sobre estimulando la actividad en otros (i.e. Estados Unidos).

Recordaba John Mülller (@cultrun) hace poco en un notable artículo en El Español las palabras de Adous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.” Amén. Por eso resulta recomendable, al gran trabajo de documentación de Ahamed, complementarla con otras lecturas académicamente más completos (o mejor dicho, no “obsesionados” con la deflación). Y me permito recomendar dos al ya citado libro de Bernaldo de Quirós. El clásico de Murray N. Rothbard, America’s Great Depression (disponible en pdf en este link) que constituye el pilar principal de la explicación a la Gran Depresión fuera de los cánones de la sabiduría convencional (que se puede encontrar en The Great Depression 1929 de John K. Galbraith); y Currency Wars (2011) de James G. Rickards (@JamesGRickards), libro imprescindible, del que tengo pendiente hacer reseña.

Todos los puntos de vista son necesarios para un correcto entendimiento del fenómeno monetario que configura la base en la que se apoya la economía y sin el cual es imposible tampoco tener una visión completa del fenómeno social y político. Buena lectura y feliz 2016.

Grecia y el sueño europeo de JM de Arielza (ESADE)

Valery Giscard D’Estaing pronunció el 28 de mayo de 1979 un emotivo discurso en Atenas, en el que daba la bienvenida a Grecia a las Comunidades Europeas. El político francés presidía el Consejo Europeo, había apadrinado esta adhesión y no dudó en utilizar su buen griego clásico para cantar las alabanzas de la civilización nacida hace más de 2500 años. El hecho de que no muchos asistentes entendiesen sus loas no le impidió extenderse en ellas. Se trataba de la segunda vez que el club europeo abría sus puertas a un nuevo miembro. A diferencia de la ampliación de 1973, las Comunidades habían tenido muy en cuenta un imperativo político: la necesidad de anclar en las instituciones de Bruselas a la recién recuperada democracia griega.

Giscard apoyaba a fondo al primer ministro Konstantinos Karamanlis, quien había regresado del exilio para ganar las elecciones, aprobar la constitución de 1975 y formular la petición de adhesión a las Comunidades Europeas, invocando el acuerdo de asociación de 1961 que abrió a Grecia las puertas del Mercado Común.

La petición de ingreso fue acogida con reservas debido a los problemas sociales y políticos que arrastraba el país, la debilidad de su sistema financiero, una alta inflación y una agricultura poco modernizada. Pero el tándem franco-alemán impuso su visión geopolítica e invocó la pertenencia de Grecia a la OTAN desde 1953. Grecia ingresó en 1980 con un trato favorable para su agricultura y unos períodos transitorios generosos que permitieron ensayar su adaptación en otros sectores. La Comisión por primera vez estableció la siguiente condición: para convertirse en Estado miembro el candidato debía garantizar la democracia y el imperio de la ley.

Los socialistas y comunistas griegos votaron en contra de la ratificación del tratado de adhesión. A diferencia de España, no hubo un gran consenso pro-europeo detrás de esta decisión de tanto calado constitucional. Cuando Andreas Papandreou, líder del PASOK, ganó las elecciones en 1981 anunció que renegociaría los términos de la adhesión e incluso convocaría un referéndum para decidir sobre la permanencia en las Comunidades, una consulta que nunca llegó a realizar. El socialista consiguió a cambio un incremento de los fondos europeos. En Bruselas, los sucesivos gobiernos helenos se granjearon enseguida fama de hiper-nacionalistas por su tendencia a vetar cualquier aproximación a Turquía por parte de las Comunidades.

El peso político y económico de España, que empezaba a negociar en 1977 su ingreso, alertó a los negociadores comunitarios de que nuestro país podía ser una “gran Grecia” si, una vez dentro de Europa, imitaba el comportamiento de Atenas. El presidente Giscard no tuvo reparos en vetar varias veces estas negociaciones, que se alargaron ocho años años y acabaron con condiciones mucho más exigentes que las de la adhesión griega.

Por su parte, el país heleno no desarrolló, como otros recién llegados al proyecto de integración, un europeísmo que le llevase a un proceso de modernización de la economía y la sociedad. Nunca consiguió organizar un sistema eficaz para cobrar impuestos y desarrollar una cultura cívica para entender por qué pagarlos. Aunque parte de sus elites sí hicieron suyo el sueño europeo, la mayoría de los ciudadanos se conformó con entenderlo como un apoyo financiero continuado.

Una vez cayó el muro de Berlín, Grecia centró sus esfuerzos políticos en conseguir que Chipre ingresara en la Unión Europea junto con los países del Este. En 2002 consiguió unirse al euro ya en marcha sin hacer mucho ruido, presentando unas estadísticas oficiales sorprendentes en las que como por ensalmo había desaparecido la inflación y el déficit público quedaba en un 1,5%. En 2004 el nuevo gobierno conservador anunció que el verdadero déficit era del 8,3%. Pero la celebración de los Juegos Olímpicos ese año en Atenas llevó a aumentar la deuda sin reducir el gasto público, aprovechando que se podía financiar en las mismas condiciones que Alemania. Los acreedores no valoraron el riesgo de seguir financiando alegremente a un país que se endeudaba a toda velocidad.  Justo en ese año, Francia y Alemania, en vez de aceptar sanciones por incumplir los límites de gasto público señalados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, lo reformaron para hacerlo más flexible, una señal nefasta hacia países como Grecia.

En otoño de 2009, en plena crisis financiera y repitiendo la “confesión” de 2008, el gobierno recién elegido del PASOK hizo de nuevo las cuentas y comunicó a Bruselas un déficit del 14%, en lugar del 2,7%. Los líderes europeos con la ayuda del FMI tuvieron que improvisar en mayo de 2010 un primer programa de rescate, al que siguió un segundo programa y un verdadero rediseño de la moneda común para evitar que una pequeña parte de la economía de la zona euro pudiese amenazar la viabilidad del proyecto entero. Desde entonces, la financiación a Grecia por 240.000 millones de euros no ha impedido que crezca el desempleo, se hunda la economía y aumente la deuda hasta casi el 180% del PIB. Solo el gobierno de Antonis Samaras consiguió enderezar el rumbo por unos meses.

La victoria en enero de la coalición de extrema izquierda de Syriza puso fin a ese momento de esperanza. El comportamiento radical e incompetente del gobierno de Alexis Tsipras en Bruselas ha destruido la confianza de sus socios europeos. El primer ministro ha alimentado la frustración de sus conciudadanos agitando enemigos externos como la “troika”, Alemania, los bancos o una UE insolidaria. Ese peligroso juego ha culminado con el referéndum-chantaje del pasado domingo, el cierre de los bancos y la negociación al borde de la salida del euro para iniciar un tercer rescate, como era de esperar, con condiciones más exigentes que nunca. A nadie le sorprenderá que hace unos días el ex presidente Giscard haya propuesto una “salida amigable” de Grecia de la eurozona, para que “pueda ocuparse de sus problemas financieros, crecer fuera de una moneda fuerte y generar inflación”. De este modo, explica el político francés, “Grecia se prepararía para volver a ingresar en el futuro en el euro”. Para que se le entienda mejor, esta vez no lo ha dicho en griego clásico.

Grecia y los sueños rotos, M. Trías Sagnier (La Vanguardia)

Grecia ha estado presente en nuestro imaginario colectivo como un lugar de ensoñación. Una combinación de Kavafis y vacaciones por las islas del Egeo, evocadores del viaje odiséico, nos llevó a contemplar ese precioso país como algo cercano al paraíso en la tierra. En Grecia nos sentimos enraizados en lo más noble de la simbología cultural europea. La razón imponiéndose al mito, la democracia a la tiranía, el equilibrio frente a la desmesura. Y de allí la obra cultural helenística, Roma, el Renacimiento y la Ilustración, en un recorrido marcado por la luminosidad de Holderlein y el heroísmo de Lord Byron.

Pero el gran historiador Arnold J. Toynbee nos recordó que la Grecia moderna no es más heredera de la Grecia clásica de lo que lo somos los europeos occidentales, sino tal vez mucho menos. Grecia no tuvo propiamente renacimiento, ni la Ilustración asentó allí sus raíces. Se mantuvo cristiana, es cierto, pese a entrar en el ámbito del imperio Otomano, tras la caída de Constantinopla. Pero lo hizo en la órbita de la cristiandad oriental, una esfera compartida con los territorios cristianizados desde Bizancio: Rumania, Bulgaria, Serbia y sobre todo Rusia. Quedó al margen de la evolución cultural, artística y política que llevó a Europa a la Modernidad. El conjunto monástico del Monte Athos muestra en todo su esplendor la comunión cultural de ese mundo, que enarbola el águila imperial de dos cabezas como recuerdo de su origen bizantino.

La Grecia moderna es un país complejo, de marcado cariz balcánico, que encuentra sus raíces en la lucha contra Turquía. Lucha desgarrada que, tras la guerra de independencia, prosigue en las primeras décadas del Siglo XX con los intercambios poblacionales que obligan a los griegos de Asia Menor y de Estambul a abandonar sus hogares, al tiempo que los turcos de Tesalónica y otras zonas eran desplazados en sentido inverso. Así se conforman dos naciones de marcado carácter étnico en un territorio en el que estos grupos culturales antes convivían bajo la tolerancia del sultanato decadente. También contribuye a la conformación del moderno desgarro helénico la configuración geoestratégica surgida de Yalta. Tras la liberación de la cruenta invasión nazi, Grecia se debate entre la opción de buena parte de su pueblo por dar apoyo a los partisanos y el acuerdo entre Stalin y Churchill que sitúa a Grecia en la órbita británica. Una guerra civil frecuentemente olvidada acaba saldándose con la imposición de un régimen prooccidental.

El estado griego, carente de una tradición administrativa y sin una sociedad civil estructurada que lo apoyara surfeó por las aguas de la política europea, aprovechando sus recovecos que le permitieron la entrada en el Mercado Común y después en el Euro en un monumental ejercicio de falseamiento de cuentas. Pero las raíces de la rebeldía balcánica siguieron allá y Varoufakis nos lo ha evidenciado recientemente con toda su teatralidad. Y Grecia debe definitivamente decidir si quiere unirse a ese complejo fruto postmoderno de la Ilustración que es la Unión Europea o internarse en las no menos postmodernas aguas del bloque civilizatorio ortodoxo, confirmando entonces la tesis de Huntington de que, acabada la época de las luchas ideológicas, las divisiones étnico-religiosas van a conformar el mundo del siglo XXI.

La gran divergencia, por Niall Ferguson (via TED)

Hablemos de miles de millones. Hablemos de los miles de millones pasados y futuros. Sabemos que han existido unos 106 mil millones de personas. Y sabemos que la mayoría han muerto. También sabemos que la mayoría viven o han vivido en Asia. Y también sabemos que la mayoría eran o son muy pobres… …y no vivieron mucho tiempo. Hablemos de miles de millones. Hablemos de los 195 mil millones de dólares de riqueza en el mundo actualmente. Sabemos que la mayor parte de esa riqueza fue creada después del año 1800. Y sabemos que la mayor parte pertenece actualmente a personas que llamaremos occidentales: europeos, estadounidenses, australasiáticos. El 19% de la población mundial actual, los occidentales, son dueños de dos tercios de esta riqueza.

Los historiadores economistas lo llaman “La Gran Divergencia”. Y esta diapositiva es la mejor simplificación de la historia de la Gran Divergencia que puedo ofrecerles. Se trata básicamente de dos proporciones del PIB per cápita, Producto Interno Bruto per cápita, el ingreso promedio. Una, la línea naranja, es la proporción del ingreso per cápita entre británicos e indios. Y a línea verde es la proporción entre estadounidenses y chinos. Y esta gráfica llega hasta el año 1600. Como pueden ver aquí, la Gran Divergencia es una exponencial. Comenzaron estando muy cercanas. De hecho, en 1600, el chino promedio era más rico que el estadounidense promedio. Cuando llegamos a la década de 1970, el británico promedio es 10 veces más rico que el indio promedio. Y eso se debe a las diferencias en el costo de la vida. Está basado en la paridad del poder de compra. El estadounidense promedio es 20 veces más rico que el chino promedio en la década de 1970.

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¿Por qué? No se trata solamente de economía. Si toman los 10 países que posteriormente se convirtieron en imperios occidentales, en 1500 eran muy pequeños; el 5% de la superficie terrestre mundial, el 16% de su población, y quizá el 20% de su ingreso. Para 1913, estos 10 países, además de Estados Unidos, controlaban vastos imperios globales… …el 58% del territorio mundial, el mismo porcentaje de su población, y una parte muy grande, casi tres cuartos de la producción económica mundial. Y noten, la mayoría se fue a la madre patria, a las metrópolis imperiales, no a sus posesiones coloniales.

Ahora bien, no se puede culpar de esto al imperialismo, aunque muchas personas han tratado de hacerlo, por dos razones. Primero, el imperio era lo menos original que hizo Occidente después de 1500. Todos hacían imperios. Vencieron a los imperios orientales preexistentes, como los mongoles y los otomanos. Así que no parece que el imperio sea una gran explicación para la Gran Divergencia. De cualquier manera, como recordarán, la Gran Divergencia alcanza su cenit en la década de 1970, un tiempo considerable después de la descolonización. Esta no es una pregunta nueva.

Samuel Johnson, el gran lexicógrafo, opuso esto mediante su personaje Rasselas en su novela “Rasselas, príncipe de Abisinia”, publicada en 1759. “¿Por qué medios son los europeos tan poderosos?; o ¿por qué, si pueden visitar fácilmente Asia y África para comerciar o conquistar, no pueden los asiáticos y africanos invadir sus costas, plantar colonias en sus puertos, y dar leyes a sus príncipes naturales? El mismo viento que los lleva de regreso podría llevarnos para allá?”

Esa es la gran pregunta. Y sepan que esta pregunta fue realizada aproximadamente al mismo tiempo por los “restales”, la gente del resto del mundo, como Ibrahim Muteferrika, un oficial otomano, el hombre que introdujo la imprenta, bastante tarde, al Imperio Otomano… …dijo en un libro publicado en 1731: “¿Por qué las naciones cristianas, que fueron tan débiles en el pasado comparadas con las naciones musulmanas, comienzan a dominar tantos territorios en tiempos modernos e incluso han derrotado a los otrora victoriosos ejércitos otomanos?” A diferencia de Rasselas, Muteferrika tuvo la respuesta a esa pregunta, y fue la respuesta correcta. Dijo que esto fue “porque ellos tienen leyes y reglas inventadas por la razón”. No se trata de la geografía.
Uds pueden pensar que podemos explicar la Gran Divergencia en términos geográficos.

Sabemos que eso es incorrecto porque hemos realizado dos grandes experimentos naturales en el siglo 20 para ver si la geografía importaba más que las instituciones. Tomamos a todos los alemanes, los dividimos aproximadamente en dos, y a los que estaban en el Este les dimos comunismo, y verán el resultado. En un increíblemente corto periodo de tiempo, la gente que vivía en la República Democrática Alemana produjo los Trabants, el Trabbi, uno de los peores automóviles del mundo, mientras las personas del Oeste producían el Mercedes Benz. Si aún no me creen, también se llevó a cabo otro experimento también en la Península de Corea. Y decidimos que tomaríamos coreanos de aproximadamente el mismo lugar geográfico con, noten, la misma tradición cultural básica, los dividimos en dos, y les dimos el comunismo a los del norte.

Y el resultado fue de una divergencia aún mayor en un periodo muy corto de tiempo que el que ocurrió en Alemania. No es una divergencia importante en términos de diseño de uniformes para los guardias fronterizos, sin duda, pero si, en casi todos los demás aspectos, divergen enormemente. Lo que me lleva a pensar que ni la geografía ni el carácter nacional, que son explicaciones populares para este tipo de suceso, sean en verdad significativas.
Son las ideas. Son las instituciones. Esto debe ser verdad porque lo dijo un escocés. Y creo que soy el único escocés aquí en el TED de Edimburgo. Así que permítanme explicarles que el hombre más inteligente de todos los tiempos fue un escocés.

Fue Adam Smith, no Billy Connolly, no Sean Connery, aunque él es muy inteligente en verdad. (Risas) Smith -y quisiera que fueran y se inclinaran ante su estatua en la Royal Mile; es una estatua maravillosa… Smith, en su libro “La riqueza de las naciones” publicado en 1776… fue el evento más importante que ocurrió ese año… (Risas) Pueden apostarlo. Hubo una pequeña dificultad local en algunas de nuestras colonias menores, pero… (Risas)
“China parece que ha estado largo tiempo inmóvil, y probablemente hace mucho que adquirió una gran cantidad de riquezas, algo consistente con la naturaleza de sus leyes e instituciones. Pero este cumplido podría ser muy inferior al que, con otras leyes e instituciones, la naturaleza de su tierra, clima y situación podría alcanzar”. Eso es tan correcto y tan genial. Y él lo dijo hace mucho tiempo.

Pero Uds saben, esta es una audiencia TED, y si sigo hablando sobre instituciones, Uds se van a dormir. Así que traduciré esto en un lenguaje que puedan comprender. Llamémosle “aplicaciones asesinas”. Quiero explicarles que existen seis aplicaciones asesinas que separan a Occidente del resto del mundo. Y son muy parecidas a las aplicaciones de sus móviles, en el sentido de que parecen muy sencillas. Son como iconos; sólo hay que hacer clic. Pero detrás de ese icono, existe un código complejo. Es lo mismo con las instituciones. Son seis y creo que explican la Gran Divergencia. Una, competencia. Dos, revolución científica. Tres, derechos de propiedad. Cuatro, medicina moderna. Cinco, sociedad de consumo. Y seis, ética de trabajo. Pueden jugar y tratar de pensar en alguna que se me haya olvidado, o tratar de resumirlas en solo cuatro aplicaciones, pero perderán. (Risas)

Permítanme decirles brevemente a qué me refiero con esto, sintetizando el trabajo de muchos economistas historiadores en el proceso. Competencia significa no sólo que hubo cientos de unidades políticas diferentes en Europa en 1500, sino que dentro de esas unidades, había competencia entre corporaciones así como entre soberanos. El ancestro de las corporaciones modernas, la “City of London Corporation”, existió en el siglo 12. Nada de esto existió en China, donde sólo había un estado monolítico que cubría una quinta parte de la humanidad, y cualquiera que tuviera ambición tenía que aprobar una revisión estándar que duraba tres días y era muy difícil e involucraba memorizar un gran número de caracteres y un ensayo escrito estilo Confucio muy complejo.

La revolución científica fue diferente de la ciencia que se había alcanzado en el mundo oriental de varias maneras cruciales, la más importante fue que, mediante el método experimental, le dio el control al hombre sobre la naturaleza de una forma que no había sido posible antes. Ejemplo: La aplicación extraordinaria de Benjamin Robins de la física newtoniana de los proyectiles. Una vez que uno hace eso, su artillería se vuelve acertada. Piensen en lo que significa eso. Esa de verdad fue una aplicación asesina. (Risas) Mientras tanto, no hubo revolución científica en ningún otro lado. El Imperio Otomano, no está tan lejos de Europa, pero no hubo revolución científica ahí. De hecho, ellos demolieron el observatorio de Taqi al-Din, porque consideraban una blasfemia investigar la mente de Dios.

Derechos de propiedad: esto no es democracia, señores; es tener la regla de la ley basada en derechos de propiedad privados. Eso es lo que hace la diferencia entre América del Norte y América del Sur. Pueden aparecerse en América del Norte habiendo firmado el título de propiedad de una escritura diciendo: “trabajaré sin sueldo durante cinco años. Sólo tienen que alimentarme”. Pero al final de ello, tendrán 40 hectáreas de tierra. Esa es la concesión de tierras de la mitad inferior de la diapositiva. Eso no es posible en América latina donde la tierra es propiedad de una pequeña élite descendiente de los conquistadores. Como pueden ver existe una gran divergencia que ocurre entre la propiedad de bienes entre el Norte y el Sur. La mayoría de la gente de la parte rural de América del Norte fueron dueños de su propiedad para el año 1900. Difícilmente alguien de América del Sur lo logró. Esa es otra aplicación asesina.
La medicina moderna a finales del siglo 19 comenzó a tener grandes avances en contra de enfermedades infecciosas que mataban a muchas personas. Y esta fue otra aplicación asesina; lo más opuesto a un asesino, porque duplicaba, y a veces más que duplicaba, la esperanza de vida humana. Eso se hizo incluso en los imperios de Europa. Aún en lugares como Senegal, comenzando a principios del siglo 20, hubo grandes avances en salud pública, y la esperanza de vida comenzó a aumentar. Y no aumentó más después que estos países se vuelven independientes. Los imperios no fueron del todo malos.

La sociedad de consumo es lo que se necesita para que la Revolución Industrial tenga un objetivo. Se necesitan personas que quieran usar cientos de ropas. Uds han comprado algo de ropa el mes pasado; Se los garantizo. Eso es la sociedad de consumo, y eso impulsa el crecimiento económico más que el cambio tecnológico en sí. Japón fue la primera de las sociedades no occidentales en adoptarla. La alternativa, propuesta por Mahatma Gandhi, era institucionalizar y hacer la pobreza permanente. Muy pocos indios actualmente desean que India se hubiera ido por el camino de Mahatma Gandhi.

Finalmente, la ética del trabajo. Max Weber pensó que era algo peculiarmente protestante. Y se equivocaba. Cualquier cultura puede tener ética del trabajo si las instituciones están ahí para crear un incentivo al trabajo. Sabemos esto porque hoy la ética del trabajo no es un fenómeno protestante, un fenómeno occidental. De hecho, Occidente ha perdido su ética del trabajo. Actualmente, el coreano promedio trabaja mil horas más al año que el alemán promedio; mil horas. Y esto es parte de un fenómeno realmente extraordinario, que es el final de la Gran Divergencia.

¿Quién tiene la ética de trabajo ahora? Observen los conocimientos matemáticos de los jóvenes de 15 años. En la parte superior de la tabla de la liga internacional de acuerdo con el último estudio PISA (Programa Internacional de Logros de Estudiantes), está el distrito Shanghai, de China. La brecha entre Shanghai, el Reino Unido y los Estados Unidos es tan grande como la brecha entre el Reino Unido, los Estados Unidos Albania y Túnez. Probablemente supongan que se debe a que el iPhone fue diseñado en California pero ensamblado en China que Occidente aún es líder en términos de innovación tecnológica. Están equivocados. En términos de patentes, no hay duda de que Oriente está adelante. No sólo Japón ha sido líder desde hace algún tiempo, Corea del Sur ha llegado al tercer lugar, y China está a punto de superar a Alemania. ¿Por qué? Porque las aplicaciones asesinas pueden descargarse. Son códigos abiertos. Cualquier sociedad puede adoptar estas instituciones, y cuando lo hacen, logran lo que Occidente logró después de 1500… …sólo que más rápido.

Esta es la Gran Reconvergencia, y esta es la historia más grande de sus vidas. Debido a que están viendo cómo ocurre. Nuestra generación es testigo del final de la predominancia occidental. El estadounidense promedio solía ser 20 veces más rico que el chino promedio. Ahora sólo lo es 5 veces más, y pronto será de solo 2,5 veces.

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Así que quiero terminar con tres preguntas para los futuros miles de millones, justo antes del 2016, cuando Estados Unidos pierda su lugar como economía número uno ante China. La primera es: ¿se pueden borrar estas aplicaciones, y acaso estamos en el proceso de hacerlo en el mundo occidental? La segunda pregunta es: ¿importa la secuencia de descarga? Y… ¿podría África tener la secuencia equivocada? Una consecuencia obvia de la historia de la economía moderna es que es muy difícil la transición a la democracia antes de que se hayan establecido derechos de propiedad privada seguros. Advertencia: eso podría no funcionar. Y tercero: ¿podría tener éxito China sin la aplicación asesina número tres? Esa es la que John Locke sistematizó cuando dijo que la libertad tenía raíz en los derechos de propiedad privada y la protección de la ley. Esta es la base para el modelo occidental del gobierno representativo. Ahora esta imagen muestra la demolición del estudio del artista chino Ai Weiwei en Shanghai a principios de este año. Él está nuevamente libre, habiendo sido detenido, como saben, durante algún tiempo. Pero no creo que su estudio haya sido reconstruido.

Winston Churchill definió la civilización en una conferencia que dio en el fatídico año 1938. Y creo que estas palabras lo describen a la perfección: “Esto significa una sociedad basada en la opinión de civiles. Esto significa que la violencia, el dominio de guerreros y jefes déspotas, las condiciones de los campamentos y la guerra, de los alborotos y la tiranía, dan lugar a parlamentos en donde las leyes se hacen, en Cortes de Justicia independientes en las cuales, durante largos periodos de tiempo, estas leyes se mantienen. Esto es civilización… …y en su tierra crece continuamente la libertad, la comodidad y la cultura”, lo que a todos los participantes TED les importa más. “Cuando la civilización reina en un país, hay una vida más amplia y menos acosada para las masas de personas”. Eso es muy cierto.

No creo que la caída de la civilización occidental sea inevitable, porque no creo que la historia funcione en este tipo de modelos de vida cíclicos, las hermosamente ilustradas pinturas de Tomas Cole “Curso del Imperio”. La historia no funciona así. Occidente no surgió así, y no creo que sea la forma en que caerá. Occidente podría colapsar de pronto. Las civilizaciones complejas hacen eso, debido a que operan, la mayor parte del tiempo, al borde del caos. Esa es una de las más profundas reflexiones que resultan del estudio histórico de instituciones complejas como las civilizaciones. Ahora, nos podríamos detener, a pesar de las grandes cargas de deuda que hemos acumulado, a pesar de la evidencia de que hemos perdido nuestra ética de trabajo y otras partes de nuestro encanto histórico. Pero una cosa es segura, la Gran Divergencia ha terminado, amigos.

Muchas gracias.

(Aplausos)

Bruno Giussani: Niall, tengo curiosidad sobre qué piensas de la otra región del mundo que está surgiendo, América latina. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Niall Ferguson: Bueno, en realidad no estoy hablando solamente del surgimiento de Oriente; Estoy hablando del surgimiento del Resto, que incluye a América del Sur. Yo alguna vez pregunté a uno de mis colegas en Harvard, “Oye, ¿América del Sur es parte de Occidente?” Él era experto en historia latinoamericana. Y respondió: “No lo sé; tendré que pensar al respecto”. Eso te dice algo muy importante. Pienso que si observas qué está pasando en Brasil, particularmente, y también en Chile, que en muchos sentidos está liderando la transformación de la vida económica de las instituciones, tienen un brillante futuro, en verdad. Así que mi relato es sobre la convergencia en América así como en Eurasia.

BG: Y existe esta impresión de que América del Norte y Europa no están poniendo atención a estas tendencias. Ellos se preocupan unos de otros. Los estadounidenses piensan que el modelo europeo se va a deshacer mañana. Los europeos piensan que los estadounidenses van a explotar mañana. Y esa es la forma en que se está llevando a cabo esto.

NF: Yo pienso que la crisis fiscal que vemos en el mundo desarrollado actualmente, a ambos lados del Atlántico, es esencialmente lo mismo que toma diferentes formas en términos de cultura política. Y esta es una crisis que tiene su faceta estructural y en parte tiene que ver con la demografía. Pero también, por supuesto, tiene que ver con la crisis masiva que siguió a un excesivo apalancamiento, un préstamo excesivo en el sector privado. Esa crisis, que ha sido el foco de mucha atención, incluyendo la mía, pienso que es un epifenómeno. La crisis financiera es en realidad un fenómeno histórico relativamente pequeño, que ha acelerado este enorme cambio, que termina medio milenio de ascensión occidental. Yo pienso que esa es la verdadera importancia.